Y el cerebro creó al hombre

Antonio Damasio · Capítulo 71 de 114

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Y el cerebro creó al hombre

El proto sí mismo

Desde el punto de vista de su implementación neural, la noción de espacio de imágenes que aquí proponemos difiere considerablemente de las nociones presentes en los trabajos de Bernard Baars, Satinislas Dehaene y Jean-Pierre Changeux. Baars acuñó la noción de «espacio de trabajo global», en términos puramente psicológicos, para llamar la atención acerca de la intensa intercomunicación existente entre los diferentes componentes de los procesos mentales. Dehaene y Changeux, por su parte, usaron la noción de espacio de trabajo en términos neuronales para referirse a la actividad neural extremadamente descentralizada e interrelacional que debe subyacer a la conciencia. En el estudio del cerebro, se centraron en la corteza cerebral como proveedora de contenidos de conciencia, y privilegiaron las cortezas de asociación, sobre todo la prefrontal, como un elemento necesario en el acceso a aquellos contenidos. En sus trabajos posteriores, Baars puso la noción de espacio de trabajo al servicio también del acceso a los contenidos de conciencia.

Por mi parte, me centro en las regiones que forman imágenes, el espacio en que los títeres se desenvuelven en el teatro. Los titiriteros y las cuerdas que sujetan los títeres quedan fuera del espacio de imágenes, en el espacio disposicional que se localiza en las cortezas de asociación de los sectores frontal, temporal y parietal. Este enfoque resulta compatible con los estudios realizados aplicando el conjunto de nuevas técnicas que permiten visualizar los procesos y las estructuras internas, así como con los estudios electrofisiológicos que describen el comportamiento de esos dos sectores distintos (el espacio de imágenes y el espacio disposicional) en relación a imágenes conscientes, en contraposición a su comportamiento con imágenes inconscientes, tal como en el trabajo de Nikos Logothetis o de Giulio Tononi sobre la rivalidad binocular, o en el trabajo de Stanislas Dehaene y Lionel Naccache sobre el procesamiento de palabras. Los estados conscientes precisan de un vínculo sensorial inicial y de la intervención de las cortezas de asociación, porque, en mi opinión,

desde allí los «titiriteros» organizan el retablo[105]. Confío que esta exposición del problema, lejos de entrar en conflicto, complemente el enfoque del espacio global de trabajo neuronal.

 

El proto sí mismo

 

El proto sí mismo es el trampolín que se requiere para la formación del sentido de sí que emerge en la conciencia central de sí. Se trata de una colección integrada de diferentes configuraciones neuronales que, un instante tras otro, registran en mapas los aspectos más estables de la estructura física del organismo. Los mapas que el proto sí mismo elabora se distinguen porque no generan sólo imágenes del cuerpo sino más bien imágenes corporales que son sentidas. Se trata de los sentimientos primordiales del cuerpo y se hallan espontáneamente presentes en el cerebro despierto normal.