Amantea
Segunda parte. Il Crespuscolo
SEGUNDA PARTE
Il Crepuscolo
LUNES, 2 DE ABRIL DE 1990
Buscar nuevas bocas que proclamen la pasión, que pregonen la incoherente letanía
del amor. Quedar bautizado por líquidas mentiras, como un ángel condenado al
averno. Indagar, seguir buscando. En otras horas, otras noches, otros días, que
aquéllos fueron vanos, ilusorios, estériles. Tiempo robado a lo inevitable para
inevitablemente llegar aquí, a esta amarga certeza, a esta sequía, a este rebuscar entre
palabras y personas incoherentes, y encontrar todo, todo, todo. Apenas nada. ¡Qué
pereza! Ni ellas, ni los besos, ni las manos cuentan. En este momento no hay nada.
Los sueños se pagan y se apagan. Hoy no espero tu regreso, tu llegada, no espero
nada, ni encuentro nada que merezca la alegría de esperar. Perdóname, pero ésa es
hoy la única evidencia.
No sólo perdí tu amor, todo el amor, la única certeza que jamás tuve de amar y ser
amado. Tras tu huida todo se cerró, todo quedó inutilizado, imposibilitado. Con tu
muerte, si es que has muerto, acabaron los sueños, cualquier esperanza de
normalidad, de cordura. Tal vez sólo has muerto para mí. Yo exclusivamente puedo
imaginarte viva. Viva y a mi lado. Soy un estúpido, un loco egoísta…
Por cierto, hoy es 2 de abril, ¡felicidades!
Cumples treinta y cuatro años. Yo he cumplido veintisiete días encerrado. Pero he
decidido salir esta tarde; subiré a la gran roca y desde allí lanzaré al mar tu regalo.
Tengo algo para ti. Lo he pintado febrilmente, con verdadera pasión, como entonces.
También tengo una buena noticia que darte: he vendido un lienzo, aunque siga sin
saber pintar para vender. Han pagado por él trescientas cincuenta mil liras, vendrán
bien. Diego me ha dejado un cesto de frutas con una nota tras la puerta. En ella me
dice lo del cuadro y me anima a salir, a volver a verle. También me ha dejado unas
pastillas, se las ha recetado el médico para mí, comenta que me sentarán bien. Dice
que está ensayando con «su banda» para la Semana Santa, que al parecer ya está
cerca, y para la fiesta de San Antonio, que será en junio. ¿Qué instrumento hará
sonar?, no puedo imaginarlo. Tal vez el trombón, o una tuba.
En la cesta, unas granadas persas, grandes y deliciosas. No imagino de dónde las
habrá sacado, que yo sepa esos frutos no maduran lejos del árbol y no lo hacen hasta
el verano. Cada una pesará cerca de medio kilo. He comido un par con verdadera
fruición, deleitándome en los jugosos y encarnados granos. Hacía ya cuatro o cinco
días que no tomaba nada, excepto agua. Es difícil recolectar granadas sin destrozarte
las manos con las descomunales espinas que protegen las ramas. Lo mismo sucede
con los recuerdos. La vida, como una granada que siempre intentamos desgranar,
separando las límpidas golosinas rojas del áspero manto amarillo que las envuelve,
aferrando con firmeza sus joyas. Queremos tomar sólo la dulce simiente escarlata,
pero es imposible. Este fruto, como la existencia, hay que saborearlo aceptando el contraste y el fastidio de su sabor agridulce.
No sé cómo Diego me aguanta. No he vuelto a verle, ni le he abierto las
innumerables veces que ha llamado, ni he contestado a los golpecitos de sus nudillos
en la ventana, ni a sus susurros tras la puerta, ni a los silbidos desde la calle. Una vez
más le ignoro. No le trato con desprecio, es algo peor que eso. Es injusto, lo sé. Él me
ha dado más afecto del que mi padre me diera jamás…
He lanzado tu regalo al mar. Si no fuera tan débil me lanzaría yo también. Le irían
bien a tus ojos estos acantilados y las olas, abajo, rompiéndose en estrellas de
espuma, en miles de gotitas heridas de sol. Hoy el viento sopla con fuerza. Todo está
húmedo, amarillo y plano, como la mirada del tiempo. Estoy muy fatigado. He tenido
que hacer un esfuerzo formidable para subir hasta aquí. Apenas tengo fuerza. Me
abandona la vida lentamente, ¿o acaso soy yo el que me alejo de ella?
Háblame antes de que suceda, háblame hoy, que este viento traerá tu voz. Dime
que un día volveremos a estar, a sentir, sin límites, sin medida. Aunque no sea cierto,
dímelo. Dime que la vida entonces será larga y la tristeza breve. Miénteme. Cuéntame
medias verdades partidas, fragmentos de mentiras que hablen del reencuentro. Alivia
con tu voz la carga de conocer todas las formas del verbo adiós. Desde todos los
puntos cardinales me llega tu recuerdo, tu inexistencia, destrozando todas las palabras
que pensé, todos los propósitos que planeé para olvidarte, para salvarme. ¿Sabes?, no
se puede medir esta oscuridad. Tendré que dejar de preguntar, pues sólo una
silenciosa quimera llega or respuesta. Tendré que dejarte, te dejaré definitivamente
olvidada. Seguiré pensando en otras cosas para no caer en el dolor de pensarte.
Aunque sigas en todo. Tal vez, de vez en cuando, te sueñe disimuladamente.
Qué espectacularmente hermosas son las montañas de esta región. Una
frondosidad de pinos, hayas, robles y castaños cubre sus laderas llegando hasta la
ensenada arenosa, en ocasiones hasta el borde mismo de las playas todavía solitarias.
Entre los pastos, en los prados, han brotado ya millones de flores salvajes. La lluvia
está colmando esta primavera. Será exuberante. El calor se acerca, lo noto. Se pueden
oler los buenos días del verano.
Los necesito…