Amantea

David Cantero · Capítulo 15 de 28

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Amantea

Segunda parte. Il Crespuscolo

SEGUNDA PARTE

 

Il Crepuscolo

LUNES, 2 DE ABRIL DE 1990

 

Buscar nuevas bocas que proclamen la pasión, que pregonen la incoherente letanía

del amor. Quedar bautizado por líquidas mentiras, como un ángel condenado al

averno. Indagar, seguir buscando. En otras horas, otras noches, otros días, que

aquéllos fueron vanos, ilusorios, estériles. Tiempo robado a lo inevitable para

inevitablemente llegar aquí, a esta amarga certeza, a esta sequía, a este rebuscar entre

palabras y personas incoherentes, y encontrar todo, todo, todo. Apenas nada. ¡Qué

pereza! Ni ellas, ni los besos, ni las manos cuentan. En este momento no hay nada.

Los sueños se pagan y se apagan. Hoy no espero tu regreso, tu llegada, no espero

nada, ni encuentro nada que merezca la alegría de esperar. Perdóname, pero ésa es

hoy la única evidencia.

No sólo perdí tu amor, todo el amor, la única certeza que jamás tuve de amar y ser

amado. Tras tu huida todo se cerró, todo quedó inutilizado, imposibilitado. Con tu

muerte, si es que has muerto, acabaron los sueños, cualquier esperanza de

normalidad, de cordura. Tal vez sólo has muerto para mí. Yo exclusivamente puedo

imaginarte viva. Viva y a mi lado. Soy un estúpido, un loco egoísta…

Por cierto, hoy es 2 de abril, ¡felicidades!

Cumples treinta y cuatro años. Yo he cumplido veintisiete días encerrado. Pero he

decidido salir esta tarde; subiré a la gran roca y desde allí lanzaré al mar tu regalo.

Tengo algo para ti. Lo he pintado febrilmente, con verdadera pasión, como entonces.

También tengo una buena noticia que darte: he vendido un lienzo, aunque siga sin

saber pintar para vender. Han pagado por él trescientas cincuenta mil liras, vendrán

bien. Diego me ha dejado un cesto de frutas con una nota tras la puerta. En ella me

dice lo del cuadro y me anima a salir, a volver a verle. También me ha dejado unas

pastillas, se las ha recetado el médico para mí, comenta que me sentarán bien. Dice

que está ensayando con «su banda» para la Semana Santa, que al parecer ya está

cerca, y para la fiesta de San Antonio, que será en junio. ¿Qué instrumento hará

sonar?, no puedo imaginarlo. Tal vez el trombón, o una tuba.

En la cesta, unas granadas persas, grandes y deliciosas. No imagino de dónde las

habrá sacado, que yo sepa esos frutos no maduran lejos del árbol y no lo hacen hasta

el verano. Cada una pesará cerca de medio kilo. He comido un par con verdadera

fruición, deleitándome en los jugosos y encarnados granos. Hacía ya cuatro o cinco

días que no tomaba nada, excepto agua. Es difícil recolectar granadas sin destrozarte

las manos con las descomunales espinas que protegen las ramas. Lo mismo sucede

con los recuerdos. La vida, como una granada que siempre intentamos desgranar,

separando las límpidas golosinas rojas del áspero manto amarillo que las envuelve,

aferrando con firmeza sus joyas. Queremos tomar sólo la dulce simiente escarlata,

pero es imposible. Este fruto, como la existencia, hay que saborearlo aceptando el contraste y el fastidio de su sabor agridulce.

No sé cómo Diego me aguanta. No he vuelto a verle, ni le he abierto las

innumerables veces que ha llamado, ni he contestado a los golpecitos de sus nudillos

en la ventana, ni a sus susurros tras la puerta, ni a los silbidos desde la calle. Una vez

más le ignoro. No le trato con desprecio, es algo peor que eso. Es injusto, lo sé. Él me

ha dado más afecto del que mi padre me diera jamás…

He lanzado tu regalo al mar. Si no fuera tan débil me lanzaría yo también. Le irían

bien a tus ojos estos acantilados y las olas, abajo, rompiéndose en estrellas de

espuma, en miles de gotitas heridas de sol. Hoy el viento sopla con fuerza. Todo está

húmedo, amarillo y plano, como la mirada del tiempo. Estoy muy fatigado. He tenido

que hacer un esfuerzo formidable para subir hasta aquí. Apenas tengo fuerza. Me

abandona la vida lentamente, ¿o acaso soy yo el que me alejo de ella?

Háblame antes de que suceda, háblame hoy, que este viento traerá tu voz. Dime

que un día volveremos a estar, a sentir, sin límites, sin medida. Aunque no sea cierto,

dímelo. Dime que la vida entonces será larga y la tristeza breve. Miénteme. Cuéntame

medias verdades partidas, fragmentos de mentiras que hablen del reencuentro. Alivia

con tu voz la carga de conocer todas las formas del verbo adiós. Desde todos los

puntos cardinales me llega tu recuerdo, tu inexistencia, destrozando todas las palabras

que pensé, todos los propósitos que planeé para olvidarte, para salvarme. ¿Sabes?, no

se puede medir esta oscuridad. Tendré que dejar de preguntar, pues sólo una

silenciosa quimera llega or respuesta. Tendré que dejarte, te dejaré definitivamente

olvidada. Seguiré pensando en otras cosas para no caer en el dolor de pensarte.

Aunque sigas en todo. Tal vez, de vez en cuando, te sueñe disimuladamente.

Qué espectacularmente hermosas son las montañas de esta región. Una

frondosidad de pinos, hayas, robles y castaños cubre sus laderas llegando hasta la

ensenada arenosa, en ocasiones hasta el borde mismo de las playas todavía solitarias.

Entre los pastos, en los prados, han brotado ya millones de flores salvajes. La lluvia

está colmando esta primavera. Será exuberante. El calor se acerca, lo noto. Se pueden

oler los buenos días del verano.

Los necesito…