Boulevard

Flor M Salvador · Capítulo 3 de 4 · parte 4/4

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Boulevard

2-julio-2011

Este capítulo es largo, así que está dividido en 4 partes.

—Y, si Luke es tu felicidad, corre y búscalo, por más estúpido que suene.— Al terminar de decir aquello, retirando algunos cabellos de su frente, se puso en cuclillas para levantarse y tomar su mochila, me dio una última mirada que gritaba «hazlo» y emprendió su camino lejos de mí, desapareciendo del campo y dejándome ahí con todas sus palabras revoloteando en mi cabeza una y otra vez, siendo un mismo caleidoscopio con imágenes y sonidos claros ante mí.

Dirigiendo mi vista a la hierba, pasé mis dedos sobre esta. El recuerdo de Luke regresó a mi mente y, sintiéndome tan débil, di un respingo.

Reprimí las ganas de querer ir a buscarlo en ese momento y, ahogando mis deseos de sentir sus brazos alrededor de mí, me dejé caer de espaldas sobre el césped. No buscaba la forma de presentarme ante él con mi cara de imbécil y después de haber actuado tan borde.

Suspendería Economía. La imagen del señor Abbys diciéndome que me vería en vacaciones hacía de mi comida algo muy desagradable: malas notas más una asignatura suspensa equivalía a mi madre horrorosamente enfadada.

La cafetería no era mi lugar favorito en esos instantes o creo que, sinceramente, nunca lo fue; solo me gustaba estar aquí por la compañía de Zev y sus amigos, los cuales ahora comían dos mesas más allá de donde yo me encontraba, y ni hablar de Matthew, que en una de las esquinas a la derecha estaba llamando la atención.

Por el rabillo del ojo podía ver cómo Ciara Palmer estaba sentada a su lado mientras lo cogía del brazo; una que otra vez su mirada se posaba en mi diminuto y mal cuidado cuerpo, mientras en mi interior gemía porque la desviase hacia otro punto.

Mis manos tocaron el batido de chocolate que tenía enfrente de mí para llevar la pajita a mis labios y sorber un poco de él. Esperaba a que Neisan llegase, sí, también me acompañaba en el almuerzo; apenas terminaba y me iba, él regresaba con los suyos, aunque creía que esta vez no sería así.

Sentí cómo mi estómago gruñó en el momento en que el esquelético cuerpo de Karla se posicionó enfrente de mí. Mi boca se secó y di un suspiro alargado.

—¿Ahora qué quieres? —Mi voz no ayudaba en nada, salía en un murmullo como si estuviera intimidada.

Y, bueno, quizá así fuera.

—Que me vuelvas a repetir lo que me dijiste en la mañana. —Su voz era serena y no había ninguna pizca de furia.

—¿Es en serio? —articulé.

La chica rodeó la mesa y se detuvo a un lado de mí, me dio una sonrisa y asintió. Nuevamente, ya varios alumnos se encontraban a nuestro alrededor.

—Sí, vuélvelo a repetir.

—¿Para qué? —solté incrédula, no entendía a qué se debía esto.

—Créeme que, si no lo haces, te vas a lamentar durante toda tu mediocre vida —dijo aún con su sonrisa.

—Estás loca, Karla.

Decidida, me levanté de la silla, dejando mi batido de chocolate en la mesa. Ella me echó una mirada recelosa y se hizo a un lado, lo que me hizo sentir confusa, aunque la ignoré por completo. Lo único que quería era salir, no deseaba verla otro segundo más, pero fui tan ilusa. Al instante en que quise pasar por su lado, metió su pie haciendo que yo cayera.

Esto no podía ser real.

Miré dolida a Karla, que sonreía con autosuficiencia, sus ojos desprendían felicidad y mi dignidad estaba igual que yo: en los suelos, aplastada y destrozada.

—¿Por qué lo haces? —susurré sin aliento.

Ella se acercó un poco a mí y susurró:

—Te dije que me las ibas a pagar. —Volvió a la distancia de antes y continuó con mi humillación—. No te bastó con Matthew y Luke, ahora estás enredando a Neisan. Matt hizo bien en mandarte al diablo, ahora sin amigo y sola, ¿qué se siente? —Gesticuló, su voz sonaba tan orgullosa que me daba asco, pena y rabia.

¿Por qué demonios no me levantaba y defendía?—. Vamos, Hasley, cuéntanos, dile a todo el instituto lo que se siente al ser una completa zorra y que, a causa de eso, ahora estés sola, aunque pensándolo...

Ella no pudo terminar con su discurso para mi desolación porque alguien más la interrumpió.

—No. —La voz de Luke sonó a mis espaldas—. Mejor cuéntanos tú cómo mierdas fuiste la puta personal de Alexis Debian o, mejor aún, cómo estuviste entre las sábanas de Paul Grigohl, aun sabiendo que mantenía una relación con Yolanda. Vamos, Karla, creo que lo tuyo es más emocionante que lo de Weigel.

Lo último resonó por toda la cafetería creando un silencio para después dar paso a los murmullos. Los ojos de Karla miraron al rubio con muchas emociones encontradas, desde sorprendida hasta espantada. De pronto, su piel bronceada se puso pálida. Sabía que estaba detrás de mí, pero me encontraba en tal estado de shock que no me atrevía siquiera a girarme sobre mi hombro.

—¡Es una completa mentira lo que estás diciendo! —chilló.

—Podré ser un «drogadicto» como muchos de aquí me llaman, pero mentiroso… —Luke soltó una risita—.

Oh, cariño, eso no lo soy.

—Deja de mentir, solo estás delirando con cosas que te estás inventando sin pruebas —atacó poniendo una postura firme.

—¿Quieres apostar? Aunque igual no las necesito.

—Dices mentiras solo para defenderla. ¡Mierda, Luke!

De pronto volví a la realidad cuando me apuntó, aún seguía en el suelo. ¿Qué demonios pasaba conmigo?

Pero todo se esfumó en el momento en que sentí el cuerpo de alguien junto a mí, no necesitaba ver para afirmar de quién se trataba.

Luke me ayudó a ponerme de pie y, en ese ínfimo tiempo, sus ojos hicieron contacto con los míos. Su brazo rodeó mis hombros, y aquella sensación de protección que no había sentido desde hacía mucho tiempo regresó, se hizo tan presente que quería llorar por tenerla de vuelta.

—No las necesito. Tú, los demás y yo sabemos perfectamente que es verdad.

Mi vista chocó con los ojos avellana de aquel chico que me defraudó. Entre el tumulto de gente nos observaba cauteloso y, a su lado, Neisan me miraba con una sonrisa reprimida.

—Escuchadme bien todos... —habló. Su voz se volvió dura, fría y seca—. El que se vuelva a meter con ella que tenga en mente que se mete conmigo, ¡atajo de imbéciles! Hasley no está sola, nunca lo ha estado ni lo estará. —Los ojos de Luke fueron en la dirección de Zev y siseó—: Yo no soy el tipo de persona que promete quedarse y fingir conocer a una persona para al final terminar huyendo como un cobarde.

Después de eso me llevó con él fuera de la cafetería, quedando en completo silencio. Una vez más me había sacado de un aprieto; una vez más había demostrado que estaba ahí para mí; una vez más había cumplido su palabra, su promesa. Luke siempre estaba para mí.

Al detenernos me di cuenta de que nos encontrábamos en las gradas donde lo había conocido y la nostalgia invadió todo mi ser, aquello hizo que un sollozo se escapara de mis labios.

—Silencio. —Luke susurró cerca de mí y el toque eléctrico recorrió todo mi cuerpo—. Te dije que siempre iba a estar para evitar que cayeses, aunque creo que llegué un poco tarde.

—Creo que te lo tomaste muy literalmente —mencioné en un tono muy bajo.

Él soltó una pequeña y diminuta risa, haciendo que yo lo hiciera de igual manera.

—¡Demonios! —jadeó—. He echado tanto de menos tu sonrisa.

Pasé el dorso de mi mano por mi nariz y miré cautelosa a sus ojos. Y yo extrañaba tanto poder verlos a esa distancia, lo necesitaba tanto que aquel sentimiento dolía. Sus ojos en ese momento brillaban y me tomé el descaro de apreciar su rostro: el aro de su labio ya no era negro, ahora era plateado y la poca barba que hacía presencia lo volvía más guapo de lo normal.

—Lo siento, lo siento —repetía entre llantos. Poniendo mis manos en su pecho bajé la mirada, incapaz de seguir observándolo—. Jamás me arrepentiría de haberte conocido, todo lo que dije...

—Cariño —me interrumpió tomando con una de sus manos mi mentón—. No hay nada que perdonarte, estabas asustada... Lo estás.

—Creí que alejándome de ti todo sería más fácil, pero resultó ser peor —confesé—. Lo lamento tanto, por decirte todo eso aquel día. Soy una egoísta que no pensaba en el dolor que nos causaría a ambos.

—Aunque me digas que me aborreces o que me odias y me lastimes de la peor manera, ten por seguro que te seguiré amando, en esta vida y otras mil más.

Me odié en ese instante por no decirle que yo igual y todo lo que sentía cuando estaba junto a mí. Luke me abrazó, proporcionándome su calor, su seguridad y su protección, haciendo de ese momento uno de los mejores, el mejor. Al momento de enrollar mis brazos en su torso, reprimí un gemido. Podía sentir sus costillas, había bajado mucho de peso y no pude evitar que la culpa me carcomiera de nuevo, sintiéndome aún peor.

Sus manos, que reposaban en mi cabello, bajaron para tomar mis mejillas e hizo que lo mirase directamente a sus ojos eléctricos, estos se hacían profundos gracias a las ojeras que reposaban alrededor de ellos, haciéndolo parecer cansado de todo.

—No tienes una idea de lo roto que me pone verte así —admitió en un murmuro—. Soy tan jodidamente débil cuando se trata de ti.

—Te quiero, yo te quiero de verdad —murmuré.

Antes de que yo pudiese decirle mis sentimientos, me besó.

No era nada apresurado, era lento, con una sincronización increíble, donde no había ningún roce de lengua, nada de morbo; un beso tan inocente y cálido que podía sacarte el alma y hacerte sentir la persona más afortunada del mundo; uno en el que sus labios acariciaban de una manera tan suave los míos tratando de no quebrarme, como si yo fuera la porcelana más frágil del mundo.

Sintiendo su frío aro de mental rozando mi labio superior, di un respingo, atrapó entre sus labios el mío y se mantuvo así por unos segundos, besó la comisura de mis labios. Aún con sus manos sobre mis mejillas, regresó a ellos y dio otro beso, los acarició y bajó una de sus manos a mi cintura, ladeó su cabeza procurando que yo tuviese más acceso a él y así fue enviando pequeñas sensaciones a mi sistema nervioso, pasé mis manos por su cabello, sintiéndolo áspero y largo, dio un jadeo y se detuvo. No se apartó, pero tampoco siguió. Se mantuvo así.

—Tengo miedo —musitó—, porque tú significas todo para mí y trato de ser lo mejor para ti, en serio que lo intento, pero a la vez no quiero que ames el desastre que soy y caigas conmigo, no quiero encerrarte en mi boulevard de los sueños rotos.

Y ahora fui yo quien lo abrazó, sintiendo el mundo entre mis brazos, odiándome por todo lo que ocurrió, pero dejando en claro que lo quería demasiado.

eigel, corre! —Pasando a mi lado, Luke gritó aquello. Le lancé una mirada confundida, dejándole claro que no entendía a qué venía eso, pero él, en lugar de detenerse, solo volvió a gritar entre risas.

—¡He tocado el timbre de una casa!

Oh, maldito.

—¡Estás loco, Howland! —reproché mientras corría lejos de allí.

Eso había sido tan infantil, sin embargo, era gracioso oír a Luke riendo. Hizo que yo lo hiciera de igual manera. Él, al ver que mi velocidad disminuía, tomó mi mano haciendo que obligara a mis piernas a ir más rápido, sentía cómo mis músculos empezaban a arder y tirarme al suelo era una de mis ideas principales.

Habíamos decidido ir al callejón, aunque el cielo comenzó a teñirse de un gris tan triste que preferimos volver a casa. Fue estúpido decidir ir caminando hasta mi casa, ya que esta estaba demasiado lejos. Luke iba haciendo bromas y fumando un cigarrillo tras otro.

—No vuelvas a hacer eso —le reprendí una vez que comenzamos a caminar con paso normal.

—Dios, Weigel, fue divertido —chasqueó sus labios con una sonrisa lobuna.

Le lancé una mirada diciéndole que no lo fue y él alzó las manos en señal de inocencia. Empecé a caminar por la orilla de la acera mientras extendía los brazos, mi equilibrio no era para nada bueno, pero hacía el mejor de mis intentos. Escuché cómo Luke rio.

—Recuerdo que mi hermano Zach y yo hacíamos eso —susurró a mis espaldas. Me detuve, girando sobre mis talones, y lo miré—. Mi madre solía decirnos que nos caeríamos y que podría haber un accidente con los coches, siempre ha sido muy paranoica.

Me sentí mal en ese momento por haberle recordado aquellos acontecimientos de su vida. Su cara tenía una sonrisa, una melancólica, y miraba hacia el fondo de la calle. Succioné mi labio inferior hacia dentro y traté de que sus ojos y los míos se encontraran.

—No quise recordártelo —murmuré apenada.

—No tienes que preocuparte, casi ya no duele como antes, he aprendido a sobrellevar las cosas —confesó y prosiguió—. Lo he hecho gracias a ti, contigo las cosas duelen menos, pero no cuando vienen de ti. Me entiendes, ¿verdad? —Mordí mis labios y bajé la mirada comenzando a sentir el ardor en mis mejillas. Me estaba sonrojando por dos cosas, una de ellas era por su confesión y la otra porque sabía a qué se refería con lo último.

Sentí las frías yemas de Luke rozar la piel de mi barbilla, en el instante en que alzó mi cabeza y me sonrió, el hoyuelo en su mejilla se dignó a aparecer y no pude evitar devolverle la sonrisa.

—Todo está bien, ¿de acuerdo? —pronunció.

Asintiendo, lo rodeé con mis brazos mientras ocultaba mi cabeza en su pecho, pero pronto volvimos a correr de nuevo, la lluvia estaba empapándonos por completo, ambos nos enfermaríamos. Estaba lloviendo en invierno y el clima frío no era bueno en estos momentos. De repente, el chico se detuvo y comenzó a palpar sus bolsillos.

—¿Qué ocurre? —pregunté al ver su acción.

—¡Mierda, mierda, mierda! —maldijo varias veces—. ¡Mi cajetilla se ha mojado!

—¡Luke! —farfullé—. ¡Podrás comprarte otra!

—Pero ¡ahí van más de diez cigarrillos sin encender! —se quejó—. ¡No son gratis, Weigel!

—¿Quieres darte prisa? —solté irritada—. ¡Hace frío!

Luke gruñó y a regañadientes continúo corriendo. Al llegar a mi casa entramos rápidamente, Luke se apoyó contra la pared y se dejó caer al suelo tiritando del frío, no lo culpaba, yo estaba igual o quizá peor.

—Voy por unas toallas —avisé, y subí rápidamente a mi habitación. Tomé dos de mi armario, al girarme de nuevo hacia abajo di un pequeño salto al ver que Luke se encontraba en el umbral de mi puerta enredado con una manta, mordía su labio, en la parte donde yacía aquel arito plateado de metal. Ya era costumbre por parte de él.

—¿Dónde la conseguiste? —inquirí apuntando aquella tela de algodón de color rojo.

—Estaba en el sillón. —Se encogió de hombros y se adentró en mi habitación para sentarse en el borde de mi cama.

—Mi madre me va a matar —jadeé, y él esbozó una sonrisa. Puse los ojos en blanco y le tendí la toalla, él la tomó y se quedó quieto en su lugar sin tratar de secarse—. ¿Pasa algo?

—No —murmuró—. Oh, bueno, sí, pero... no quiero que te pongas dramática, ni mucho menos que sientas lástima por mí, ¿bien?

—Bien —afirmé extrañada por su actitud.

Luke dio un suspiro profundo y a continuación se quitó la camiseta, donde pude ver de nuevo el tatuaje que acompañaba a la ruleta. Sin entender aún, le dediqué un gesto con mi entrecejo fruncido; él puso su dedo índice sobre sus labios indicando que guardara silencio y, acto seguido, se dio la vuelta. Entonces comprendí: de nuevo tenía algunos golpes en su espalda.

Llevé una de mis manos a mi boca y reprimí un jadeo. Aún no entendía por qué su padre le hacía eso, ni siquiera cómo podía seguir mirándolo a los ojos. ¿Cómo podía llamarse padre alguien que hacía eso?

Di pequeños pasos hasta acercarme a Luke y analicé cada moretón que había allí, se podían ver con mucha claridad, el color morado con verde resaltaba fácilmente contra su pálida piel.

—¿Duelen? —pregunté a Luke mientras ceñía con mi dedo índice una de las marcas que había.

Lo tenía enfrente con el torso completamente desnudo y sé que en otras circunstancias estaría nerviosa, aunque esta vez era diferente. Quería interrogarle por aquellos golpes en su piel, sabía quién era el causante de cada uno, pero quería saber el porqué de ellos.

—No tanto —confesó observándome por encima de su hombro.

—¿Seguro? —pregunté insistente.

Sin embargo, Luke se dio la vuelta conectando su mirada azul con la mía y asintió con el semblante vacío.

Di un suspiro hondo, dándole a entender que no lo creía pero también que no insistiría. Había descubierto que Luke tenía el mal hábito de mentir para no verse débil frente a mí. A pesar de que ya tuviéramos una buena relación y nos entendiésemos bien, no daba su brazo a torcer con su carácter de macho alfa.

—Deberías ir a bañarte —sugerí cambiando de tema, ya que el ambiente se había puesto incómodo y el silencio había reinado.

—Weigel, ¿tratas de decirme que huelo mal? —dijo fingiendo estar ofendido mientras alzaba una de sus cejas.

—¡No! —chillé negando unas cuantas veces—. Solo que tienes aún agua de lluvia y te puedes enfermar, yo también lo haré.

Él me regaló una sonrisa y después con su pulgar acarició mi mejilla provocando que mis ojos se cerrasen por inercia.

El tacto de Luke era el roce más cálido que había podido sentir, tal vez fuera porque venía siendo de él; la sensación más maravillosa que mis entrañas podían sentir cada vez que enviaba aquellos toques de electricidad o pequeñas vibraciones por todo mi cuerpo. Su piel contra mi piel se había hecho algo tan necesario y no de una forma pasional, sino de aquella manera sana y tierna, aquel roce que no se puede describir de tan perfecto que es; Luke Howland me hacía sentir así.

Sentí cómo sus labios tocaron mi frente, estaban secos y fríos, aunque me gustaban igual; con él todo estaba bien. Poco a poco, abrí mis ojos, dejándome ver aquella poca barba sobre su mandíbula que picaba sobre mi nariz, causando que la arrugara y gruñera.

—Me haces cosquillas —balbuceé. Luke se alejó unos cuantos centímetros de mí y rio—. ¿Quieres algo de comer? —ofrecí, él volvió a asentir, pareciendo un niño pequeño.

—¿Dónde está el baño? —preguntó mirando por toda la habitación.

—Es esa puerta de color crema —mencioné apuntándola. El chico solo alzó sus manos en señal de inocencia—. Yo iré al baño de mi madre.

Me dirigí a la puerta para salir de la habitación, cuando estuve a punto de abrirla, Luke tiró de mi brazo haciendo que girara sobre mi mismo eje y, sin previo aviso, pegó sus labios a los míos. No me importó nada, rápidamente puse mis manos en su cabello, enterrando mis dedos en él y tirando de él; él pasó una de sus manos por mi cintura y la otra se posicionó en mi mejilla, haciendo de este beso más profundo y, joder...,

¡era magnífico! Mi espalda tocó la pared y la mano de Luke bajó hasta mi pierna haciendo presión. Supe que tenía que detenerlo, aunque no fue necesario porque él lo hizo.

—Gracias —susurró.

—No hay de qué —respondí de igual manera.

—Ahora bajo —avisó dándose la vuelta para caminar hasta el baño. Me quedé viendo su espalda, no me agradaba la idea de que su padre abusara de él en aquel aspecto, detestaba a ese hombre sin ni siquiera conocerlo.

En la cocina yo no era buena. Luke miraba el plato que tenía enfrente de una forma extraña con la cabeza ladeada.

—¿Sopa instantánea? —preguntó ahora echando su cabeza hacia mí y con el ceño fruncido.

—Es lo que me hago cuando tengo frío —defendí.

—Estás fatal, Weigel.

—¡Solo come! —chillé golpeándolo levemente con una almohada, y él rio.

Agarró la cuchara y comenzó a comer, solté una risa al ver cómo una mueca se formaba en su cara.

—¡Diablos! ¡Me quemé la lengua!

«Luke Howland, eres un idiota».

Luke me lanzó una mirada fulminante y se tocó la lengua. La vista que tenía de él me gustaba, su perfil era demasiado hermoso. ¿Acaso todo en él era perfecto? Porque para mí lo era.

Su cabello rubio aún seguía mojado, haciéndolo parecer de alguna manera más atractivo de lo normal, pequeñas gotas rebeldes resbalaban por la parte de sus sienes. Él pasó una de sus manos por su pelo, haciendo que me salpicara, ante el impacto solo pude cerrar los ojos y soltar un jadeo en forma de quejido.

—Eso es por no decirme que estaba caliente —gruñó Luke—. Se me quemó la lengua.

Comencé a dar estruendosas carcajadas ante lo que había dicho, esto era divertido, su rostro era como el de un niño pequeño cuando está indignado y no quiere que lo toques. Él frunció sus labios y puso los ojos en blanco para mirar hacia otro lado.

—Era obvio que estaba caliente —apenas pude articular.

—Cállate, Weigel.

Cubrí mi boca para intentar detener las carcajadas, pero era imposible, mucho más cuando su rostro era de alguna forma gracioso para mí. Él volvió su mirada y negó unas cuantas veces. En un segundo, ya estaba en el suelo con Luke encima de mí haciéndome cosquillas.

—¡Detente! —exclamé intentando alejarlo.

Me estaba quedando sin aire hasta que Luke, por fin, se detuvo y, esta vez, quedando encima de él; nuestras respiraciones eran demasiado rápidas. Mi oído estaba apoyado sobre su pecho, oyendo claramente cómo su corazón latía frenéticamente.

Era impresionante cómo en ese corto tiempo podía olvidar todo lo que había pasado unos días atrás, cómo con Luke nada importaba, solamente éramos él y yo, y tal vez, solo tal vez, siempre había sido así: solo los dos. Me hacía sentir bien, siempre me sentía así con él, a su lado. Era como mi protección, mi seguridad y mi paz.

Todo estaba en silencio, solo se oía el sonido de la lluvia que comenzaba a caer. Escuchaba aún sus latidos, sin nada más, y no era un ambiente incómodo, era un silencio en el que no tienes que decir nada porque simplemente es reconfortante, es nítido, aquel tipo de silencio que puede decir más cosas que uno mismo con palabras, de esos que aparecen para que los sentimientos fluyan, aunque en un momento tenía que ser roto y fue por Luke.

—Weigel. —Su voz sonó tan ronca y su pecho vibró, sintiéndolo en mi mejilla.

Alcé mi mirada azul hacia la suya, esos ojos eléctricos me miraban serios, pero a la vez tan penetrantes,

estaban completamente llenos de luz. Este era Luke, mi Luke.

—¿Sí? —pronuncié en un murmullo.

Hubo tan solo unos segundos de silencio hasta que su boca se abrió, soltando en un suspiro las palabras perfectas:

—Te amo.

Y juro que en ese momento mi corazón se detuvo para después comenzar a palpitar con rapidez rítmica.

Jamás me imaginé que Luke diría aquello, no así, no en un momento como este. Probablemente quisieras oír ese «te amo» en el instante perfecto, pero... allí me di cuenta de algo y es que solo era especial si la persona de quien viniese lo era.

—Yo también te amo, Luke.

Y, sí, ese día también supe que había caído completamente en manos de Luke Howland.

—¿Qué clase te toca? —preguntó Luke apoyando su hombro en la taquilla al lado de la mía.

—Cálculo —respondí sacando y metiendo libros de mi mochila a la taquilla.

—Ugh. —Gesticuló—. Entonces te deseo suerte, me voy a escuchar los valores morales del ser humano.

Reí ante eso y negué, Luke estaba a punto de irse hasta que lo llamé haciendo que se girara. Me puse de puntillas para poder estar a su altura y le di un beso.

—Suerte para ti también. —Le regalé una sonrisa y él también lo hizo.

—Eso me gustó —confesó entrecerrando los ojos, y se alejó.

Si me viera a mí misma podría comprobar que tenía una completa cara de boba, de eso estaba muy segura. Regresé a mi taquilla para cerrarla y bajando mi mirada hasta mi mochila oí aquella voz que hizo erizar mi piel.

—¿Ya estás con Luke?

—Eso a ti no te importa —mascullé entre dientes.

—Solo es una pregunta sin ninguna intención, Hasley. —Matthew puso los ojos en blanco.

—Una que no me da la gana responder —solté—. Me tengo que ir a mi clase.

—Hasley... —sentenció.

—Ya basta —hablé firme sujetando la correa de mi mochila—. Yo ya te dejé en paz. No me he vuelto a meter contigo. Ahora hazlo tú.

Decidida a darme la vuelta e irme a mi aula sin tener que soportarlo más, él volvió a hablar, pero entre sus planes no estaba que solo los dos lo escuchásemos.

—¡Al menos debiste engañarme con alguien mejor! —siseó en un grito que se oyó por todo el pasillo.

Cabreo. Sí, en ese instante solo esa emoción me invadió. Por lo cual, no supe cómo ni en qué momento me vi dando un gran paso hacia él y en un corto tiempo mi puño ya estaba chocando con su rostro.

—Luke es mil veces mejor que tú —indiqué entre dientes, y giré sobre mis talones para irme de allí.

os dedos de Luke rozaban mi mano y, cortando la pequeña distancia entre nuestras manos, las entrelazó.

En su otra mano llevaba un cigarrillo, e iba dando pausadas caladas para expulsar después el humo. No me gustaba el olor, pero cuando el humo se combinaba con su perfume me resultaba de alguna forma maravilloso.

—Pareces una chimenea —comenté meciendo nuestras manos.

—Y te encanta —sonrió de lado.

—Narcisista —ataqué.

—Tonta. —Se acercó hasta mi oreja y la atrapó entre sus dientes causando que diera un gélido gruñido.

—No hagas eso, me hace cosquillas —lo reprendí, pero él no me hizo caso—. ¡Luke!

Se alejó de mí y por un instante creí que se daba por vencido, pero me equivoqué, aún con nuestras manos entrelazadas, me acercó hacia su cuerpo y con su otro brazo me abrazó enterrando mi cabeza en su pecho. Sentí el frío metal de su arito hacer contacto con la piel de detrás de mi oreja y dejó un pequeño beso allí. Hacía cosquillas y enviaba pequeñas sensaciones a través de todo mi cuerpo, estaba erizando mi piel, lanzó una pequeña risa y mordió mi lóbulo.

—Ya para —jadeé, pero él seguía sin obedecer—. Pushi...

En el instante en que dije aquello, se separó de mí, me miró con el ceño fruncido y torció los labios.

—Ni se te ocurra —advirtió—. Suficiente tengo con la perra de mi prima llamándome así y enviándome mensajes las veinticuatro horas para que lo hagas tú también.

—Pushi suena a nombre de gato —confesé—. ¿Por qué te llama así?

—Es una larga historia —gruñó.

Se quedó en silencio durante unos segundos para después soltar una carcajada.

—¿Qué es divertido?

—Jane lo es —respondió—. Siendo sincero, he pasado gran parte de mi infancia junto a ella, es mi única prima y la quiero a pesar de todo —admitió alejándose de mí—. Puede ser muy cínica y dura, pero es una gran chica, quizá juegue con los sentimientos de los chicos, aunque tiene sus razones, por eso la dejo hacer su vida. Sin embargo, la defiendo de cualquier cabrón.

Antes de que pudiese pensarlo dos veces, la pregunta salió de mi boca.

—¿Es por eso por lo que nunca le dijiste a Zev que lo engañaba?

Mierda.

Quise darme allí mismo una bofetada por estúpida. Luke me miró aturdido y movió sus labios de un lado a otro, pensando en mi cuestionamiento, hizo lo mismo los últimos diez segundos y habló:

—Conque ya lo sabes... ¡Vaya!

—No como yo esperaba, pero sí, lo sé.

—Pues sí, preferí no decirle a Zev porque Jane me lo suplicó. —Dio un suspiro—. Ella siempre me ha ayudado en lo que puede, por eso me vi con la obligación de callarme.

—Entiendo...

—No, no entiendes, amor.

—¿Por qué lo dices?

—Porque los sentimientos que se sienten en cada tipo de relación son diferentes y los míos con Jane no se comparan al de nosotros. Este último es más fuerte.

Sonreí.

Luke tomó una última calada para tirar la colilla al suelo y aplastarla, después palpó sus bolsillos y sacó una pequeña bolsa. Supe qué era al ver el polvo blanco dentro de ella.

—Si sigues así, te matará —sentencié.

No mencionó nada, solo me regaló una curvatura de labios. Se burlaba. Le eché una mirada fulminante y bufé poniendo los ojos en blanco. No entendía por qué Luke quería eso. De hecho, en ocasiones, no entendía nada de lo que viniese de él. Si en algo no me equivoqué fue en que la palabra «incógnito» lo definía demasiado bien.

—De acuerdo, pero ¿al menos puedes evitar hacerlo delante de mí?

Tenía razón. Podía hacerlo, pero no lo haría porque ambos sabíamos que él no querría que yo me fuese.

—Yo no te estoy reteniendo, te puedes marchar —agregó divertido.

Luke se sentó sobre la acera de aquella calle vacía donde se podía sentir el ligero viento. Me percaté de que cogió sus llaves, tomando el amuleto en forma de periquito con su cola plana para coger un poco y esnifar. La volvió a meter en su bolsillo. Humedecí mis labios y tragándome todo el orgullo me senté a su lado.

—He oído de ti últimamente por los pasillos del instituto —mencionó para romper el silencio y con un toque irónico finalizó—: Eso es nuevo.

—¿Sobre mí? —pregunté, extrañada, girándome a mirarlo.

—Seh —chasqueó sacando de su pantalón una cajetilla, y cogió un cigarro.

Al parecer, Luke consumía de todo, no le importaba ni dónde ni cuándo, solo lo hacía como si de un dulce se tratase.

El tabaco no me extrañaba. Ante los ojos de la sociedad eso era algo común, lo cual solía ser triste. Sin embargo, el que quisiera consumir todo al mismo tiempo, aunque fuese un día al mes, era mucha carga para su débil cuerpo.

—Así que le has dado un buen golpe en la cara a Matthew. —Me miró esbozando una sonrisa.

—Algo así —musité apenada—. Dicen que está más atractivo con él.

—Quizá —confesé, y fruncí la cara.

—¿Debería sentirme mal?

—No. —Me sonrió de lado—. Pero al menos ya entiendo por qué tu nombre resonaba por todos los pasillos nuevamente.

—Creen que soy patética —reí sin ganas.

—¿Sabes? —Él me miró—. Deja que se rían de lo patética que creen que eres, a fin de cuentas, todos terminamos igual —dio una calada a su cigarro y dejó escapar el humo—, en un boulevard de los sueños rotos.

Nuestros ojos se quedaron fijos durante varios segundos, para después mirar hacia el frente y él volver a dar una calada. Inflé mi mejilla izquierda y comencé a dar pequeños golpes a mi rodilla con la yema de mi dedo índice. Aún no entendía el significado de su frase.

Siempre pensé que mi mejor amiga era mi madre, y vaya que sí. En todos los aspectos y consejos que tenía, ella siempre estaba ahí. Nunca supe desde qué punto hablaba, si como madre, amiga, psicóloga o todo en uno… Lo único que sí sabía era que cada vez que lo hacía era porque me quería ver bien.

Terminé de colgarme el último pendiente y tomé asiento en el sillón a su lado, me sonrió a medias con su mejilla apoyada en el respaldo del sillón y le devolví el gesto.

—Necesito saber adónde irán —pidió.

—Era una sorpresa de su parte —le expliqué—, puedes preguntarle a él cuando llegue. Así tú tienes la respuesta y yo no me entero de nada, ¿qué te parece?

—Me parece inteligente —apoyó.

—¡Genial! —festejé.

—Me gusta verte feliz, me gusta verte así… ¿Cómo te sientes? ¿Él se comporta bien contigo? ¿Habéis tenido algún problema? Sabes que me puedes contar cualquier cosa, ¿verdad que lo tienes en cuenta?

Sonreí enternecida. Ella jamás se dejaría de preocupar por mí, y se lo agradecía de corazón porque a mí me encantaba serle sincera, aunque ciertas cosas de Luke no podía contárselas.

Que se drogaba y su padre lo golpeaba eran un ejemplo.

Me acerqué a ella, acortando la pequeña distancia que nos separaba. Dejé caer mi cabeza sobre sus piernas y llevó su mano a mi cabello para acariciarlo.

—Me siento bien, jamás imaginé que alguien haría ciertas cosas por mí, y no digo locuras, sino de esos pequeños detalles que se convierten en especiales y únicos. Luke es… increíble. Es un buen chico, tiene defectos como cualquier persona, pero siempre los intenta arreglar para mejorar. Nunca me ha tratado mal, al contrario: su único objetivo es cuidarme.

—¿Él bebe o fuma? —interrogó, peinándome con sus dedos—. Me interesa saber ese tipo de cosas.

Reí por ello.

—No, ahora que lo mencionas nunca lo he visto beber —musité—, pero sí fuma. Le he dicho que es una chimenea de dos patas.

—¿Chimenea de dos patas? —comenzó a reír mi madre.

—Luke fuma algunos cigarrillos al día —comenté.

—¿Cuántos?

—No lo sé —mentí.

Ella se quedó en silencio y cerré los ojos ante la calma que me daban sus dedos entre mis cabellos. La escuché suspirar y conecté mi mirada azul con la suya, la cual era del mismo color.

De pronto, esbozó una sonrisa que llegaba hasta sus ojos. Felicidad.

—¿Ocurre algo? —me atreví a preguntarle.

Se encogió de hombros, sin eliminar la sonrisa.

—Me gusta verte feliz después de esos días en los que solo te dedicabas a encerrarte en tu habitación.

Aún no me has dicho qué sucedió, pero sabes que estoy aquí para escucharte en todo lo que quieras.

Intentaré entenderte, te ayudaré y, si hay algún problema, entonces buscaremos una solución juntas.

Se me presentó un nudo en la garganta y mis ojos ardieron, la ola de sentimientos acababa de golpear, y la culpabilidad salió a flote. Nunca pude contarle lo de Matthew, ni mucho menos lo de Zev. De ser sincera, no me atrevía a hacerlo y tampoco quería: al menos para mí no tenía sentido traer los malos recuerdos a los mejores momentos.

Lo único que quería era disfrutar esto. Mi presente. Ella intentaría entender por qué Zev había hecho lo que hizo, y me cuestionaría como un detective: si bien a veces respetaba mi espacio, otras no lo hacía.

—Gracias, mamá. Te amo.

—Te amo más, Hasley —murmuró.

—No, yo te amo más.

—Estás equivocada, yo te amo más.

—No, mi amor es más enorme que el tuyo.

—Claro que no —negó—. Yo te amaba desde que eras un pequeño grano de arroz.

—Lo que sea, te amo más —insistí.

Ella rio entre dientes y sacudió su cabeza, juguetona.

Cuando digo que mi madre es lo más importante que tengo y tendré en mi vida, lo digo en serio.

A pesar de que no fuera el aparato tecnológico favorito de Luke y de que era rara la vez que mandaba un mensaje para avisar si estaba cerca o si se había presentado algo más. Me incorporé en el sillón y miré a un lado en busca de mi teléfono móvil.

—Oh, voy por mi móvil, lo dejé en mi habitación. —Me puse de pie—. ¡Me avisas si llega Luke!

Fui corriendo a mi habitación y traté de encontrarlo. Sin embargo, no di con él. Estuve alrededor de cinco minutos —o incluso más tiempo— buscándolo hasta que lo localicé entre el montón de ropa que había desordenado para escoger algo que ponerme por la noche.

Unos vaqueros y una sudadera gris habían sido los ganadores.

Me eché un ultimo vistazo en el espejo y salí. Desde el segundo piso divisé a mi madre y a Luke en la puerta. ¿Ya había dicho lo alto que era? ¡Cielos! ¡En verdad parecía un rascacielos! ¡Le sacaba dos cabezas a la mujer!

—¡Ya estoy lista! —avisé, asomándome por encima del hombro de mi madre.

Ella me dio paso para que saliera.

—Bueno, espero que os cuidéis. Por favor, evitad las calles oscuras y solitarias —sentenció la mujer.

Ambos asentimos como niños pequeños.

—No se preocupe, estará bien. La traeré justo como está saliendo de casa —afirmó Luke. Ambos se sostuvieron la mirada y mamá sonrió, asintiendo.

—Bien, nos vemos más tarde —se despidió y nos alejamos.

Él me llevó de la mano hasta la moto, me puso el casco y me lo abrochó. Después, hizo lo mismo con el suyo.

—¿Adónde iremos?

—Lo sabrás apenas lleguemos.

Apreté mis labios en una línea firme y asentí convencida. Él se montó y después lo hice yo, envolví mis brazos por su torso y apoyé mi mejilla sobre su espalda. Lo sentí reír por la vibración.

Luke encendió la moto y aceleró, iniciando nuestro recorrido: uno que para mí era una completa sorpresa. El camino fue alrededor de unos veinte minutos y todo tuvo sentido cuando llegamos a ese lugar al que me había llevado la otra vez, esa noche en la que viajamos en la furgoneta. Detuvo la moto y descendimos de ella. Lo vi sacar una bolsa de entre los arbustos para después vaciar su contenido en el suelo.

—¿Esos son...?

—Sí —me interrumpió—. Habías dicho que nunca has encendido fuegos artificiales, así que esta noche lo haremos. ¿Eso no es lo que siempre has querido?

Él me tendió uno y una sonrisa de entusiasmo se plasmó en mi cara, me acerqué para cogerlo y analicé el tubo. Nunca en mi vida había visto uno en directo, solo en fotos o cada vez que salían en películas.

—¿Y cómo se encienden?

—Bien, hay que colocar la parte inferior en el césped para que así la parte superior apunte al cielo.

Después se enciende la mecha. No tiene mucha ciencia, Weigel.

—¿Cuántos has traído?

—Menos de diez. ¿Quieres encenderlos todos o uno por uno? —preguntó levantando varios.

No quería encenderlos todos de golpe, pero me habría gustado ver algunos colorear el oscuro cielo a la vez. Me mordí los labios y pensé por un segundo que la mejor opción sería la mitad.

—Primero encendería la mitad, y la otra podría ser uno por uno, ¿qué te parece? —le expuse.

—Me parece perfecto —Luke esbozó una sonrisa—. Venga, hay que ponerlos en una fila.

Yo obedecí, él lo hizo primero y lo seguí, haciéndolo de la misma manera. Luke se burló de mí al darse cuenta de que mi emoción era como la de una niña pequeña. Avisé en voz alta de que había terminado y me pidió que me alejara para que él pudiera encenderlo. Lo mejor sería que él lo hiciera con estos y luego yo lo hiciera con los restantes.

Cuando los encendió, rápidamente se puso detrás de mí. No había pasado mucho tiempo cuando los cohetes ya estaban yendo hacia el cielo y los fuegos se dispersaron en él. Los diferentes colores se hicieron presentes: azul, rojo, amarillo y rosado.

—Otra vez, otra vez —le rogué—, ¡y yo quiero encenderlos!

—¿Segura que puedes? —interrogó. Yo asentí.— Cuidado con pegar tu piel a la mecha. Lo que menos quiero es llevarte a casa con la mano lastimada.

Me tendió el encendedor y lo cogí, coloqué uno de los tubos como lo habíamos hecho con los demás antes y lo encendí. Al ver que la mecha se había prendido, corrí metros atrás y miré al cielo colorearse de rojo una vez más.

—¡Esto es hermoso! —chillé celebrando.

Mis ojos no dejaban de ver los fuegos artificiales cada vez que encendía uno. Verlos de cerca era otra cosa. Mi emoción era enorme y Luke lo sabía más que nadie, pues era el único que estaba presenciándolo.

El hecho de que estuviera cumpliendo cada uno de mis sueños me resultaba tan hermoso, y me hacía creer que esto, de una forma u otra, estaba siendo un logro para ambos. Es decir, él abriéndose de una manera diferente de lo que era desde un inicio, y yo de estar con alguien que no me daba menos de lo que le daba yo..

Los momentos con Luke siempre serían mis favoritos.

Sentí que me rodeó por detrás, envolviéndome en sus brazos. Eché la cabeza sobre su pecho y puso su barbilla sobre ella.

—Gracias —le dije feliz.

—De nada —le restó importancia—. Aunque creo que soy yo quien debe darte las gracias.

—¿Por qué?

—Por darme esperanzas, porque cuando estoy contigo me siento malditamente completo —confesó—.

Porque esta noche soy demasiado feliz, y tú eres la razón de que me sienta así. Muchas gracias, Hasley Diane Derrick Weigel.

Él me besó la parte trasera de la oreja y sonreí.

Deshice su abrazo para girarme y verle con ternura. Luke era demasiado, a pesar de que tuviera su

propia forma de amar, aquellos defectos que a él le aterraban, aun con lo roto que se encontraba y su manera tan única de demostrar cuánto le importabas. Todo eso era algo que para mí resultaba maravilloso, con todo eso yo… Yo lo aceptaba.

—Te amo, Luke Howland Murphy —admití, toqué su mejilla con una de mis manos y la acaricié, sonriéndole—. Si esto fuera un pecado, no me importaría, podríamos hacer del infierno un buen lugar, juntos.

Solo bastó un segundo más para que cerráramos la diminuta brecha que nos separaba para besarnos.

Sus labios tocaron los míos y nos envolvimos en un suave beso, uno tierno y cálido que hizo revolotear esas mariposas dentro de mi estómago, un beso que me llevó al primero que nos dimos, pero ahora no estábamos en su habitación: ahora la luna era testigo de lo mucho que queríamos esto. Hacerlo funcionar.

Nunca me imaginé querida de esta forma, una en la que mis sueños se convirtieran en nuestros, o cada vez que yo asimilaba un acto hecho por él, llegaba con otro, sorprendiéndome más. Me sentía especial, querida, valorada y completa, me sentía que nunca debería merecer menos ni conformarme con un «solo eso».

Si bien se dicen muchas cosas del amor, de las decepciones y las caídas, con Luke no sentía que fuera así, no por el momento: con él merecía la pena arriesgarse y recoger luego los pedazos de mi corazón.

Se alejó de mí y pegó su frente a la mía, tomando un poco de aire por la boca.

—Weigel, somos tan perfectamente imperfectos —musitó.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro y nos mantuvimos así por mucho tiempo hasta que me cogió de la mano, entrelazando nuestros dedos para caminar de regreso a la moto. Decidí no mencionar nada al respecto, él descolgó mi casco para colocarlo, pero en el trayecto se tropezó con mi mirada cautelosa.

La curva de mis labios seguía presente, mientras que en su rostro se mantenía un gesto serio. A veces me habría gustado leer su mente, saber qué pensaba en momentos como estos, intentar comprender lo que pasaba por su cabeza y la razón de su expresión vacía.

Se acercó, sujetando mi cintura. Yo me puse de puntillas para besarlo y él me respondió al instante. A diferencia del otro, este beso fue más rápido al principio, con él llevando el control; no se trataba de uno salvaje, pero sí de uno que gritaba «piérdeme con tus labios».

Di unos pasos hacia atrás, choqué con la moto y me apoyé en ella, sentándome. Fui consciente de su acción, poniéndose entre mis piernas. La simple idea de tenerlo así me hizo sonrojar y la cara me ardió.

Tener a Luke así causó que mi piel se erizara, enviándome sensaciones de electricidad por todo el cuerpo.

La punta de su lengua jugó con mi labio inferior y decidí terminar con ello cuando atrapé su piercing con mis dientes. Lo escuché gruñir. Él profundizó el beso, sujetando mi rostro para tener más acceso a mi boca.

Sentí cómo subió mi sudadera y las yemas de sus dedos hicieron contacto con mi piel, el roce que creó me provocó un jadeo involuntario.

Quise desfallecer.

De pronto, él se alejó y, al principio, me quedé confundida. Todavía tenía la intuición de que mi piel quemaba, su toque me había acelerado y me di cuenta de que respiraba más de lo normal. Los latidos de mi corazón casi golpeaban mi pecho.

—No quise… —Fue el primero en tomar la palabra—. Perdón si te hice sentir incómoda, no era mi intención —susurró él. Una risa nerviosa se escapó de mi boca, ganándome una mirada confundida de su parte—. ¿Qué ocurre contigo?

—Todo está bien, no hiciste nada malo, al menos no algo que yo no haya querido.

—¿Estás segura?

—Lo estoy, Luke.

—Bien, porque no tendremos sexo en un lugar donde hay demasiada tierra —dijo con descaro. Mis ojos se abrieron, avergonzada—. Ni tampoco toqueteos, a menos que tú lo quieras así.

—¡No! —chillé y cubrí con ambas manos mi cara—. ¡Eres un idiota, Howland!

—¿Qué he dicho? ¿O acaso me estás negando el sexo? Que, si es el caso, está bien. Mi vida sexual ha estado inactiva durante mucho tiempo, puedo continuar con ello.

Apreté mis labios y negué. Había calor y no precisamente por el tiempo, sino por lo bochornoso que estaba siendo esto.

—¿Sabes? No quiero hablar de eso ahora, mucho menos de cuándo tu vida sexual dejó de estar activa.

Eres un cínico.

Luke se divirtió y se inclinó hacia mí para rozar nuestras narices.

—Pero un cínico al que amas.

—Ajá, y que no ha tenido sexo durante mucho tiempo —dije en un tono divertido.

—Oh, cállate, Weigel —murmuró, volviéndome a besar.

na vez más tiré del brazo de Luke intentando que entrara y él soltó un quejido, musitando entre dientes que estaba loca si creía que él iba a entrar allí.

—Oh, vamos —supliqué de nuevo.

—Nunca he entrado a una iglesia o, bueno, quizá sí, pero no quiero hacerlo ahora —indicó, y ordenó—:

¡Suéltame!

—Lo harás —sentencié, y me miró durante unos segundos.

—No sé para qué demonios quieres que entre —bufó—, pero está bien.

Soltó un suspiro y se liberó de mi agarre, sin rechistar más entró. Caminó entre el pasillo del lado derecho y optó por sentarse en uno de los asientos del fondo, intenté no decir nada al respecto, al menos había tocado el suelo de la iglesia.

—Es una cita, bobo —articulé mirándolo con una sonrisa.

—Entonces esta es la cita más rara que he tenido en mi vida —confesó en un murmullo.

—Silencio —susurré, y besé su mejilla.

Él alzó las manos y miró hacia el frente.

Ni siquiera yo tenía ni idea de por qué lo había traído hasta aquí, pero al menos los dos escucharíamos la misa y, de alguna manera, esto era gracioso para mí y molesto para él, comenzábamos a fastidiarnos mutuamente.

Toda la misa pasó entre preguntas y gruñidos por parte de él, aunque en un determinado tiempo todo terminó y Luke salió de allí como si su vida dependiese de ello.

—Weigel, tienes prohibido hacer citas para nosotros —indicó caminando con cierta rapidez.

Puse los ojos en blanco y traté de seguir su paso por detrás, caminaba demasiado rápido para mí; mis zancadas eran muy pequeñas en comparación con las suyas.

—¡Howland! —grité para que se detuviera y lo pudiese alcanzar.

—Esta me la vas a pagar —amenazó mirándome con recelo.

—Me gusta cuando te enfadas —le vacilé.

Luke me regaló una sonrisa cínica y me rodeó para abrazarme por detrás; pasando su brazo por mi cuello, rozó su barbilla por encima de mi cabello haciendo pequeñas cosquillas y haciendo que yo me removiera.

—Esto es por lo que has hecho.

Y, antes de que yo pudiera comprender lo que hacía o al menos hablar, él mordió mi mejilla.

—¡No! —chillé, y dio una gran carcajada.

—Y este es el comienzo.

Sonrió con picardía, metió sus manos en los bolsillos de sus vaqueros y, de nuevo, comenzó a caminar.

Moviéndome incómoda entre mis sábanas, una voz cálida sonó cerca de mi oído; ignorando por completo el acontecimiento, me enredé más entre mi sábana. Sin embargo, no pasó ni un minuto cuando sentí mi cuerpo siendo sacudido por alguien tomando de mis hombros.

—Weigel, despierta —dijo cantando.

Entreabrí mis ojos con pesadez para ver a una persona sobre mí; quise entrar en pánico hasta que su voz hizo presencia de nuevo, la poca luz que entraba a mi habitación hizo que pudiese verlo. El cabello rubio de Luke desprendía brillo gracias al umbral de la luna, sus ojos se cernían por toda mi cara y una sonrisa se plasmaba en la suya.

—¿Qué haces aquí? —murmuré soñolienta pasando mis dedos sobre mis ojos.