Boulevard

Flor M Salvador · Capítulo 3 de 4 · parte 3/4

Páginas del PDF

Boulevard

2-julio-2011

Este capítulo es largo, así que está dividido en 4 partes.

—Weigel —me llamó, y con su mano hizo una seña de que me acercara. No sabía por qué, pero le hice caso—. Él es André.

—Hola, Weigel —él saludó.

—Llámame Hasley —dije, tratando de no sonar tan grosera.

—Bien, Hasley. —Me regaló una sonrisa amistosa.

—Y ella es... —Luke intentó continuar, pero lo interrumpieron.

—Me llamo Jane, soy su prima favorita. ¿No es así, Pushi? —se presentó y le ofreció una sonrisa burlona a Luke.

Este la fulminó y puso los ojos en blanco.

—Eres mi única prima, perra —atacó Luke entre dientes. Mi boca se abrió mucho y oí a André reír.

—Ignóralo, está lo demasiado dopado para saber lo que dice —se defendió la chica.

—Estoy consciente —soltó el rubio.

—No lo pareces.

—Pues...

—Mierda, callaos los dos —regañó el del pelo negro—. Solo escuchaos, ambos lo estáis.

Solo miraba a los tres cautelosa, era la primera vez que veía a Luke en tal estado. Siempre fumaba marihuana enfrente de mí, pero jamás había llegado al grado de no saber lo que decía.

Jane se cruzó de brazos y siguió consumiendo aquel rollo. Luke empujó a André para acercarse a mí, sujetó una de mis manos y besó mis nudillos.

—¿Para qué has venido? —pregunté directamente, realmente quería saber.

—Estábamos en la casa de André, ya te había dicho que él vive cerca, de paso vi tu casa y quise pasar para disculparme —habló perezoso.

—¿Por qué?

—Por lo que hice en la mañana —contó sin mirarme. Luke seguía jugando con los dedos de mi mano con mucha delicadeza—. Tus dedos son bonitos.

—Dios, ¿qué has consumido? —pregunté riendo.

—Lo necesario para poder confesar lo mucho que te quiero —susurró—. Y que no me arrepiento de todo lo que te dije la noche de la furgoneta.

Sentía cómo cada célula de mi cuerpo se removía, quería besarlo allí mismo, pero la imagen de Matthew seguía aún presente.

—Luke.

—Sssh, no digas nada, solo quiero que sepas eso.

Iba a hablar cuando el móvil del chico volvió a sonar. Miré por encima de su hombro para percatarme de si era uno de sus acompañantes, pero me fijé en que los dos estaban cómodamente hablando. Luke bufó y observó la pantalla, vi cómo su mandíbula se tensó y me miró, sus ojos estaban oscuros, carraspeó y se alejó de mí para contestar la llamada. Mi ceño se frunció al ver su acción, ¿quién era para que actuara de tal forma?

Pasaron unos minutos y él se acercó a mí con el semblante preocupado, podía verlo en sus ojos, en su expresión y en cómo su mano se movía a través de su cabello.

—Me tengo que ir —avisó en un tono nervioso.

—¿Ha ocurrido algo? —pregunté con cierta preocupación, aunque él negó unas cuantas veces.

—No, no pasa nada. —Intentó sonreír, pero salió como una mueca—. ¿Me quieres?

Lo miré confundida, no sabía a qué venía esa pregunta, pero ¿lo quería? Realmente lo hacía, demasiado.

A pesar de sus cambios de humor, de la vida que tenía, el humor con el que afrontaba las situaciones, su forma sarcástica de responder, lo grosero que fuese, la manera en que te trataba o aun cuando intentara ser romántico, yo... lo quería. Quería demasiado a Luke.

—Sí, lo hago y mucho, ¿por qué? —Mi voz salió automáticamente, y no me quería arrepentir de aquello.

—Entonces termina con él, olvídate de él y ven conmigo. No quiero que salgas dañada por estos errores que estamos cometiendo —murmuró, sus ojos estaban húmedos, al borde de derramar alguna lágrima.

—Lo he pensado —confesé—, y sí, sería lo mejor, pero tampoco puedo dejarlo y empezar contigo de golpe, sería muy feo.

—¿Y lo que estamos haciendo a sus espaldas no lo es? Hagamos las cosas bien, quiero coger tu mano, besarte y sonreír como un idiota cada vez que te vea sonreír ante todos. Sin tener que esconderme. Dime,

¿a qué estás esperando? Llámalo y termínalo.

—No, si lo hago, sería de frente, no por teléfono.

Luke cerró los ojos y negó.

—Lo siento —murmuró y sentí un poco de miedo—. Tienes razón, aunque... —Él dejó la frase en el aire, me miró con sentimiento como si quisiese transmitirme todo a través de sus iris—. Solo acuérdate de que siempre estaré para ti, te quiero, en serio que lo hago, Weigel.

Dio un beso a mi frente y fue hacia los otros dos chicos, les dijo algo a lo que ellos asintieron y estos comenzaron a caminar con Luke detrás. Alargué un suspiro y decidí entrar a casa, pero antes de que abriera la puerta unos brazos me detuvieron.

Los ojos azules eléctricos de Luke me miraron y, sin poder decir nada, me besó. Fue uno lento, el tipo de beso que era tranquilizador, consolador, pero, sobre todo, aquel beso que no se puede describir. Él se separó y tomó mi barbilla para que yo pudiera verlo directamente, sin despegar su mirada me acarició con su pulgar.

—Juro que, pase lo que pase, estaré contigo porque solo yo sé quién eres en realidad —susurró para luego irse.

Me dejó allí parada, con el alma entre mis labios, sin saber a qué se refería. Pero estaba demasiado segura de algo.

Terminaría con Matthew mañana mismo.

as miradas de todos estaban sobre mí desde que bajé del coche de mi madre. Sentía la incomodidad apoderarse de todo mi ser, arrastré con pasos lentos mi cuerpo hasta llegar a mi taquilla, la abrí detenidamente una vez que estuve enfrente. Seguía sintiendo varios pares de ojos a mis espaldas, logré atisbar a varias personas mirándome sin disimulo alguno.

¿Qué ocurría?

Me mordí el labio con nerviosismo y comencé a coger las cosas que usaría, mis manos ya comenzaban a sudar y sabía que ese insufrible ataque de paranoia vendría pronto.

Cuando quise coger con mi mano uno de mis libros, me percaté de un papel amarillo doblado perfectamente por la mitad que había colocado en una esquina de la taquilla. Mi entrecejo se frunció y lo tomé con duda. Yo no recordaba haber guardado aquello, mucho menos pedirle a nadie que lo hiciera, estaba segura de algo y es que habían forzado mi taquilla para meter aquel sobre.

Lo desdoblé, dejándome a la vista el contenido de su interior. Mi cuerpo se tensó. Me helé y sentí cómo la pequeña sensación de presión en mi sien se hizo presente, al mismo tiempo que mi boca se entreabría haciendo que mi lengua se sintiera seca.

«Oh, Señor».

Ahora entendía por qué todos me miraban de esa manera.

—No, no... —repetí.

Era una foto de Luke conmigo, besándonos en la biblioteca.

Di un paso hacia atrás y me pasé la lengua por los labios, me di la vuelta para ver cómo algunos susurraban con su mirada sobre mí. De pronto, me sentí demasiado pequeña al obtener en ellas desaprobación, burla y demás.

—¡¡Hasley!! —gritaron.

Miré en la dirección de donde provenía aquella voz y supe que todo se había arruinado. Matthew venía hacia mí con grandes zancadas. Su rostro estaba serio, podía ver desde esa distancia cómo su enfado emanaba de su interior. Cuando estuvimos juntos pude visualizar la vena resaltada en su frente. Estaba hecho una furia, lo suficiente para poder intimidarme.

—Matt... —inicié, queriendo tranquilizar la situación, pero no me dejó hablar.

—¡¿Qué mierda es esto?! —gritó asustándome, haciendo que yo diese un paso atrás.

Su mano se levantó mostrándome su móvil, donde se veía la foto de Luke conmigo. Me quedé muda ante eso, mi vista solo iba de la imagen a sus ojos verdes; su mandíbula se tensaba. ¿Cómo ocurrió esto? ¿En qué

momento todo se me fue de las manos?

—¡¡Contesta!! —exigió con dureza, acercándose peligrosamente a mí, tanto que me asustó—.

¡Explícamelo ahora mismo, joder!

—No me grites... —tartamudeé—. Yo-yo no sé... No sé cómo ocurrió. —Demasiado tonto, pero no tenía nada con qué defenderme. Fue mi culpa por no haber medido las consecuencias, a pesar de que una noche antes me había planteado terminarlo, yo jugué con fuego y me estaba quemando. Entonces lo acepté.

Acepté que me gritara porque quien falló fui yo.

—¿No sabes? ¿Solo lo besaste y ya? —inquirió con ironía pura desbordando sus palabras—. ¡¿Desde cuándo me ves la cara de imbécil?! ¡Maldita sea, Hasley!

El alumnado a nuestro alrededor contemplaba aquella escena, que se convirtió en un drama total. Me gritaba enfrente de casi todo el instituto, la dignidad y el orgullo que tenía se murieron allí mismo, con los gritos de Matthew, los susurros de ellos y las miradas de todos.

—Matthew, de verdad, lo siento.

Quise sonar firme, pero fallé en el intento, no podía. Mis ojos comenzaron a arder y supe que pronto lloraría. Y así fue, bastaron menos de cinco minutos para que las lágrimas empezaran a descender por mis mejillas.

No sabía qué hacer, solo quería desaparecer, que todo fuera un sueño, ir con mi madre y llorar con ella, pero la realidad era esta: la que tenía en ese instante enfrente de mí, toda la escena desagradable.

Correr. Echarme a correr sin dirección alguna, huir como una cobarde, esa era mi única opción, la que me salvaría. Es lo que quería hacer.

—Te di mi confianza y la traicionaste, dejé que estuvieras cerca de él porque creía en ti —masculló—.

¡Quizá debí decirte a ti que no te acercarás a él! ¡Porque a fin de cuentas tú fuiste la única que me traicionó! ¡No me importaba él! ¡Me importabas tú, Hasley! ¡Maldita sea, qué estúpido soy!

Llevó ambas manos a su cabello y lo movió con frustración, desesperado. Su piel blanca tenía un color rojizo, y yo lloraba en silencio, sin querer sollozar mientras me abrazaba a mí misma.

—En serio que yo lo siento —dudé—. Mi intención nunca fue lastimarte.

—No —negó repetidas veces—. No quiero oírte, no quiero hacerlo, existe la posibilidad de que me vuelvas a mentir.

Sus palabras me dolían de una manera inhumana, atacaba de la peor forma que lo hubiera hecho, y era porque jamás había vivido algo como esto. Me destrozaba con cada palabra que salía de su boca, cada una, las cuales pronunciaba con asco, repugnancia y odio.

—¿Matthew?

La voz de Zev hizo que tuviese una pequeña esperanza de protección de alguien, pero al ver que sus ojos color miel que alguna vez me habían mirado con ternura ahora me veían con desaprobación, me di cuenta de que él no venía por mí. Mi mejor amigo no me daría su hombro esta vez.

—Ahora veo que las apariencias engañan —farfulló entre dientes el pelirrojo, mirándome fijamente—. No eres más que una chica bonita con cara de ángel sacada de una revista. Una mentira.

Oí cómo mi corazón crujió.

—Basta, Matthew, vámonos —insistió Zev—. Ya, para.

—Zev... —susurré en un pequeño gemido, teniendo la esperanza de contar con él.

—No digas nada —cortó—. Ahora sé quién eres en verdad.

—Zev —jadeé.

Y eso fue lo suficiente para que me rompiera en mil pedazos.

Mi amigo tomó del hombro a Matthew dándole un pequeño apretón en el hombro mientras lo sacaba del círculo de personas que se había formado alrededor de nosotros. Me quedé justamente ahí, de pie, con la visión completamente borrosa, sintiendo mis párpados pesados, con el nudo en la garganta y mi corazón en el suelo.

Algunos sonreían mientras otros negaban con la cabeza. Me habían hecho acabar de la peor manera. El mundo estaba en mi contra. Me sentía como el peor ser de la tierra. De pronto dejé de oír todos los susurros, que eran desde palabras ofensivas hasta frases dolorosas; mis tímpanos transmitían un sonido ensordecedor al instante que mi cuerpo se congelaba sin saber adónde ir o qué hacer.

Mis ojos se cerraron dejando que lágrimas cayeran, así como evitando que otras nuevas salieran. Creí que en cualquier momento caería. Lo sabía. Cuando mis piernas se flexionaron supe que ya no aguantaba más. Sin embargo, nunca llegué al suelo.

Y en ese corto tiempo solo pude escuchar una voz.

—Aquí estoy —dijo Luke a mi oído.

Sus brazos se envolvieron a mi alrededor evitando mi caída. Mi rostro se apoyó justamente en su pecho, oyendo cómo su corazón latía rápido. Su cuerpo me cubría de todos los que antes me miraban, dándoles la espalda. Fue como me di cuenta de que mi corazón ya no dolía tanto.

—Lu-luke… —murmuré entrecortado.

—Sssh... Aquí estoy, siempre estaré para evitar que caigas —susurró besando mi cabeza.

—Quiero irme, no quiero estar aquí —dije titubeante.

Él asintió comprendiendo y se alejó unos centímetros de mí.

Levanté mi vista manteniendo contacto visual con él, su semblante vacío y su mandíbula lo suficiente tensa. Mi vista era interrumpida por las lágrimas que todavía se acumulaban en mis ojos y unos cuantos mechones de pelo se esparcían por mi rostro, Luke se quitó su cazadora negra y la pasó por mis hombros.

Con uno de sus brazos me atrajo a él y comenzó a caminar empujando de mala gana a las personas que obstruían nuestro paso. Me di cuenta de que caminábamos hacia el aparcamiento.

—¿Qué fue lo que ocurrió? —pregunté en un murmuro una vez que llegamos.

—Alguien hizo pública la foto —respondió con la mirada baja—. Lo siento.

Quería enfadarme con él porque me había besado, pero no podía porque yo también era culpable. Lo fui desde que le seguí en el primer beso, aun sabiendo que Matthew ya era mi novio. Quería darme golpes contra algo por lo estúpida que era, por todo lo que ocurría, pero sobre todo porque, aunque quisiera odiar a Luke en esos momentos, lo único que quería era que estuviera ahí conmigo. Sentía cómo todo el peso caía encima de mí, era imposible poder detener el sentimiento que tenía en mi pecho. La angustia me mataba, quería gritar, golpear algo y llorar todo lo que pudiese, pero debía estar firme, no debía dejarme caer, mucho menos de una manera tan cobarde. La aflicción en mi mente y en mi corazón me envolvía en un gran dolor, todo volvía a repetirse en mi cabeza, desde las escenas con Matthew hasta las miradas de las otras personas.

—Esto no puede estar pasando... —Me pasé los dedos por el cabello y bufé en señal de frustración.

Me agobiaba. Debí acabar con esto desde un principio, no podía pensar con claridad.

—Weigel, cálmate. —Luke dio un paso adelante y al instante yo di uno hacia atrás negando repetidas veces—. Demonios, trata de no perder los estribos.

—¡Tú no eres el que está en la boca de todos en este instante! —Al instante, tras repetir mis palabras en mi mente, me retracté—. ¡Tú también! Pero... ¡Mierda, Luke!

Mi voz estaba rasposa y era porque mis gritos me desgarraban la garganta, sentía cómo quemaba con cada palabra que salía, pero era lo único que podía hacer, gritar, sabiendo que eso no serviría de nada.

—Realmente lo siento. —En cambio, él sonaba tranquilo.

Quizá eso fuera lo que me ponía de mal humor, acababa de ocurrir algo demasiado grave y él actuaba como si nada hubiera sucedido.

Pasé de nuevo mis manos por mi rostro con frustración y un jadeo salió de entre mis labios, me comenzaba a cansar de gritar, me dolía la maldita cabeza. En cualquier momento caería rendida, creía que mi mente jugaba conmigo, tenía la esperanza de que todo eso fuese un loco sueño, uno de mal gusto que no me gustaría recordar jamás porque aún dolería, pero estaba con los pies en la tierra y mi realidad era esa, en la que yo era un completa mentirosa y había sido infiel ante Matthew y todo el instituto.

No hallaba la mentira.

Mi respiración se dificultó y supe que tenía que calmarme para no caer en una crisis de nervios, pero ya era tarde, me había convertido en un manojo de ellos. Me volví a abrazar a mí misma tratando de controlar mi temor, el miedo que alimentaba mis oscuros pensamientos, el masoquismo que me hacía recordar todos los acontecimientos de unos minutos atrás, como si de un caleidoscopio se tratase, repetía las imágenes, los sonidos y con ello aumentaban mis lágrimas, desbordando por mis ojos.

No veía bien, mi vista se encontraba demasiado nublada a causa de todas las gotas saladas, pero pude distinguir cómo Luke dio un suspiro profundo al igual que unos pasos hacia mí. Se quedó enfrente sin decir ninguna palabra, se mantuvo callado durante varios largos minutos mientras el aire revoloteaba mis cabellos obstruyendo aún más mi visión. El silencio fue roto por él.

—No sé qué hacer para demostrarte lo mal que me siento por lo ocurrido, por verte en tal estado, al ver cómo sufres... por mi culpa. —Su murmullo fue un poco lento y su voz se cortó al final.

—Quiero irme a mi casa.

Mi madre no se encontraba en casa debido al trabajo entre semana, que era desde muy temprano hasta la noche, lo cual era una ventaja para que no pudiera verme en tal estado.

—Está bien, te llevo. —No fue una pregunta, sino una afirmación por parte de él.

—¿Cómo? —jadeé y lo miré directamente a los ojos.

Al verlo mi barrera de indignación y enfado se esfumó. No lo había podido observar bien, ni siquiera me detuve a apreciar su rostro y en cómo estaba; su imagen no era nada buena en comparación con otras, parecía como si sus días estuvieran de mal en peor, y quizá así era. Los párpados se hinchaban un poco y las grandes ojeras eran visibles, sus ojos azules no tenían aquel brillo eléctrico que desprendían cada vez que lo observaba, estaban húmedos, lo suficiente para saber que en cualquier momento derramarían una lágrima.

Una posibilidad era que se hacía el fuerte para no quebrarse ante mí.

—He traído conmigo la moto —comentó con cansancio, pero en ese instante no le presté atención.

A pesar de tener esa imagen de él, seguía siendo perfecto para mí. Y ahí entendí algo, comprendía que por algo pasaban las cosas y no de la mejor manera en que uno esperaba.

Traté de tragar un poco de saliva con mucha dificultad y tener una posición firme. Mi madre solía decirme que ante los problemas fuertes o graves no me deshiciera como un hielo, que fuera como un iceberg que tardaba mucho en desaparecer, que todas las cosas alguna vez terminaban, que nada duraba para siempre. Y también fue allí donde comprendí muchas cosas. Él nunca podría ser un corto o largo tiempo, así como el «para siempre» puede variar de diferentes formas. Eso pasa con la lástima, la dignidad, el rencor, la felicidad, la tristeza, el llanto, las emociones nunca duran para siempre, la fuerza algún día se acabará de igual manera que la resistencia y el dolor. Algún día los débiles se volverán fuertes, y los fuertes se volverán débiles.

Impotencia.

Esa fue la causa por la cual volví a bajar mi mirada hasta mis pies, quedando en el mismo silencio con el que habíamos iniciado. La ola de aire frío chocó con mi rostro, revoloteando unos cuantos cabellos por mi cara y dificultando mi visión. Las yemas frías de Luke rozaron mi mejilla y me sentí como un copo de nieve siendo tocado por una llama de fuego. La sensación que transmitía su piel a mi cuerpo era tan relajante que me hacía pensar que ya nada importaba, que dejaba volar mis problemas a un lado lejos de mis pensamientos.

—Estaremos bien después de esto —susurró llevando los mechones de mi cabello detrás de mi oreja—. Te lo prometo, cariño.

Y quizá mi único error fuera solo una cosa. Creerlo.

a escasa lluvia se hacía cada vez más densa, tenía la impresión de que en cualquier instante se iría la luz, aunque en ese momento nada me preocupaba; aún el sol estaba, escondido entre las nubes grises, pero seguía allí. Pasé la manga de mi sudadera por mi nariz, la ventana estaba abierta, aportando un poco del aire fresco que había fuera hacia dentro de la casa. Mis pies descalzos tocaban el frío suelo, debía preocuparme porque podría enfermarme, sin embargo, no lo hacía, mi mente seguía entre los vagos recuerdos que no querían alejarse, me seguían torturando.

Mi madre no llegaría hasta muy tarde, había tenido un problema con su jefe, según él, decía que se estaba perdiendo el control con algunos pacientes, no eran asuntos de ella, pero por tener una gran equidad decidió aportar su ayuda y dejarme sola; aunque estaba bien, no quería que me viera en tal estado: ojos rojos e hinchados, voz ronca y sacudidas de nariz. Una imagen demasiado fea y preocupante para ella.

Era sábado, ya había pasado más de una semana de lo ocurrido con esa fotografía y me sentía fatal porque aún no lo pasaban por alto, aunque ese día podía descansar de las miradas y susurros por todo el instituto. No sabía nada de Luke.

El día en que me vino a dejar, me bajé de la moto y le pedí que me dejara sola, lo hizo sin rechistar. Tuve mucho tiempo para pensar con tranquilidad, sin que nadie me estropeara mis pensamientos; analicé las cosas y llegué a la conclusión de alejarme de Luke mientras se calmaba la situación, seguir a su lado me traía muchas consecuencias, él ya tenía demasiados problemas para agregarle otro y yo era demasiado débil ante todos ellos.

Algo me decía que Luke sabía sobre aquella fotografía, puesto que la noche anterior me había pedido que terminase con Matthew, aunque no quería sacar conclusiones, no quería echarle la culpa, porque era de ambos.

Pero sobre todo mía.

No tenía ganas siquiera de que se me acercara y sí, repetía, él no tenía toda la culpa, pero casi todas las ofensas iban dirigidas hacia mí, ya que había dañado al indefenso capitán de baloncesto y eso era lo peor porque Zev estaba con él, y eso equivalía a que todas las chicas del instituto estuvieran en contra de mí.

No entré a las clases con la profesora Kearney, no me acercaba a las gradas —cabía mencionar que por Zev, Matthew y Luke—, ni siquiera comía en la cafetería, trataba de llegar tarde a las clases e irme lo más temprano que pudiera. Y, aunque Luke intentó acercarse a mí, solo le pedí que se alejara por ahora.

Me dolía, pero era por el bien de los dos. Lo era. Maldije varias veces al profesor Hoffman, porque, si no hubiese sido por él, el día que me había dejado fuera de la clase, yo no sabría de la existencia de Luke

Howland. Y estaría bien así.

Entre las personas que no me habían dejado sola estaba Neisan, el cual me seguía hablando. Él juraba creerme, realmente el chico era muy comprensivo. Había discutido con Zev sobre el tema, no le tenía miedo aunque fuera el capitán y realmente valoraba mucho eso por parte de él, por ahora era mi único hombro en el cual llorar.

Unos toques en la puerta principal hicieron que mi concentración se dirigiera hacia allí. Dudando entre mis pensamientos y mi propio cuerpo, avancé. Mi mano hizo contacto con el frío metal del pomo de la puerta haciendo que diera un respingo cuando la abrí, ya que pude ver a la persona del otro lado. Mis sentidos se despertaron alarmándose de una manera abrupta. Luke rápidamente entró sin mi permiso y se apoyó contra la pared, estaba temblando al grado de que sus dientes sonaran. Su ropa estaba completamente empapada y su piel tenía un tono muy pálido, tanto que creí que desaparecería en cualquier instante. Sus piernas se flexionaron causando que cayera al suelo abrazándose a sí mismo.

Su aspecto era de lo peor.

Bien, no podía dejarlo de tal manera, no era tan despiadada. Di un suspiro y fui hasta mi habitación a por una toalla y una manta, busqué alguna camisa grande y conseguí una blanca demasiado ancha. Cuando bajé, él aún se encontraba en el suelo.

—Creo que es mejor que te quites la ropa y te cubras con esto.

Me arrepentí en el instante en que dije eso. Luke hizo el mayor de sus esfuerzos y me lanzó una mirada pícara, era increíble que, aún en su estado, malentendiera las palabras. Aunque le eché una mirada de desaprobación poniendo los ojos en blanco, él solo me devolvió una sonrisa de lado. Me fijé en que su arito ya no estaba en su labio y quise indagar, pero supe que ya no era de mi incumbencia.

Él se alejó un poco de la pared y comenzó a despojarse de su ropa, llegando al grado de quedarse solo en bóxer. ¡Por Dios!, estaba demasiado delgado. Me sentía incómoda al verlo en esa situación y, claro, ya era un manojo de nervios. Ese siempre sería el efecto de Luke sobre mí.

Sin embargo, no pude evitar que mis ojos tropezaran por su torso, dejándome ver por completo aquel tatuaje que ya había visto antes. Pero ahora había otro dibujo de tinta que acompañaba aquella ruleta, no entendía su significado. Entonces apreté los labios cuando volví a ver aquello.

La equimosis hacía presencia.

Todos mis pensamientos se disolvieron como el azúcar en el agua caliente cuando la tos de Luke apareció. Repentinamente regresé a mi realidad y parpadeé unas cuantas veces para concentrarme en lo principal.

—Ten —susurré pasándole la camisa y la toalla, después de que se la pusiera le di la manta.

—¿Y mi ropa? ¿Y si tu madre entra y la ve? —cuestionó alzando una de sus cejas.

—Yo después te la doy —respondí con una seña de que no importaba tanto en estos momentos—. Aparte, ella no vendrá hasta muy avanzada la noche y para esa hora tú ya te habrás ido.

Demonios, cuánto dolía decir aquello, podía sentirlo de una manera tan horrorosa que hasta a mí me lastimaba, pero era eso o nada. Y realmente me estaba cansando de esta situación, de todo, solo quería acabar con esto.

Luke me miró unos segundos y asintió.

—Tienes razón.

Todo se volvió un silencio, su mirada contra la mía. Y no podía decir que lo veía del todo bien porque era mentira, su piel estaba muy pálida, su cuerpo muy delgado, sus ojos, oscuros, con aquellas ojeras que parecían unas medias lunas hundidas y su barba de unos días.

Quizá él no estuviera bien.

—¿A qué has venido? —rompí el silencio, atreviéndome a preguntar.

—Quise venir a verte, saber cómo estabas, me importas. —Su voz sonó rasposa, encogiéndose de hombros—. No me has hablado en estos días y duele. Duele tu maldita indiferencia hacia mí. ¿Alguna vez te has roto un hueso? —preguntó, y mi entrecejo se frunció hacia su pregunta. Decidí no decir nada y asentí—.

Si es así, multiplica ese dolor por diez y de esa forma se siente mi estúpido corazón por el trato que le das.

—Oye... —intenté hablar, pero me lo negó.

—Es un idiota por dejarte entrar tan fácilmente, por aceptarte sin que hicieras el mínimo esfuerzo de ganártelo, por dejar que seas el casi noventa y ocho por ciento de él, por latir por ti, por quererte. ¿Y qué recibe él a cambio? ¡Tus mierdas! ¡Diablos! ¡He dado todo por ti y lo seguiré haciendo aunque me odies! ¡Te dije que, aunque me destroces el corazón, seguiré sonriendo con su sangre solo por ti! ¡Te confesé de una manera tan patética y que jamás creí poder hacer que estoy enamorado de ti!

De pronto, sus ojos ya estaban desbordando lágrimas y, sí, me sentí la persona más cruel del mundo. Si antes me sentía mal, no sabía cómo definir ese sentimiento en ese momento. Solo podía quedarme allí de pie frente a él, viendo cómo me gritaba.

Luke dio unos pasos hacia atrás llevándose ambas manos al cabello y tirando de él con frustración, enojo

e impotencia. Me miró directamente con los ojos rojos y creí que me gritaría, pero no lo hizo.

—No puedes entrar en la vida de alguien, hacer que te quiera y luego marcharte —sentenció—. Esas cosas no se hacen, Weigel. Mucho menos cuando entras para darle esperanzas a su patética vida. ¿Sabes?

Cuando empiezas a querer de verdad a alguien haces de todo para poder mejorar el maldito desastre de vida que tienes, para estar bien con esa persona y no envolverla en tu mierda. ¿Sabes qué es lo peor? Que lo estoy haciendo por ti, que trato de mejorar quién soy. Trato de dejar todo lo malo que hay en mí, pero a la vez te quiero mantener lejos porque solamente te traigo problemas.

—No es... —Quería hablar, decirle que no era así como pensaba porque no, no lo era, sin embargo, no me dejó.

—He dado todo por ti, he hecho tantas cosas y tú... Hasley, las personas se cansan al dar tanto y no recibir nada a cambio... Y no esperaba algo material porque aquello es basura, esperaba tu apoyo, motivos por los cuales seguir. Te lo he dicho casi todo, he intentado protegerte, aunque tú no notes de quiénes... Mi vida es un desastre y tú lo sabes. Sé que todo esto es estúpido porque yo era consciente de que te quería y de que tú querías a Matthew; aun así, metí mi necio corazón porque no me importó, porque eras tú.

—No debiste hacerlo. —Mi voz quemaba de una manera sobrenatural, el nudo en mi garganta ya se estaba haciendo presente.

—¿No debí hacerlo? —murmuró incrédulo—. ¡¿No debí hacerlo?! ¡¿Cómo querías que no lo hiciera si fuiste tú la que se metió en mi puta vida?! ¡Tú fuiste el jodido chicle que estuvo siempre detrás de mí!

Querías conocerme, ¡¿no?! ¡Lo hiciste! ¡Lo hiciste y te estás yendo como una maldita cobarde, Hasley!

Luke bajó la mirada unos cuantos segundos dejando todo entre nosotros en un silencio sepulcral, todo tan frío.

—Prometiste no alejarte de mí aunque rompieras mi corazón —susurró, un suspiro entrecortado salió de entre sus labios y volvió su vista hacia mí—. Pero es hora de que deje de creer en las promesas de las personas.

—¡Yo quería ayudarte! —grité al borde de las lágrimas—. ¡Quería ayudarte porque temía por ti! ¡Tu actitud hizo que me quedara contigo! ¡Porque, porque...!

—¡Porque sentiste lástima por mí! —me cortó en un grito demasiado alto, desgarrador y potente.

—¡No! —reprendí—. No es como tú piensas, no pienses en dejarme como la mala —defendí lo poco que tenía, pero todo me estaba consumiendo, no quería decirlo—. ¡Yo no te pedí que me quisieras!

Realmente no quería decirle eso.

—¡Y yo no pedí que entraras en mi vida! ¡No pedí tu ayuda! —soltó, trató de tranquilizarse y tomó una gran bocanada de aire—. Sin embargo, te dejé... —Echó una risa amarga y pasó sus manos por su rostro—.

Joder, por un momento pensé que cambiaría todo.

—Luke... —susurré su nombre con tanto miedo, él me miró y proseguí—. ¿Has llegado a pensar cómo serían las cosas si nada de esto hubiese pasado?

—Quizás —balbuceó—, pero yo no me arrepiento, jamás lo haría, porque al menos ya sé cómo se siente uno al enamorarse y cuando le rompen el corazón. —Dolía, en realidad dolía—. Es absurdo, en serio, creí ver todos mis sueños en una sola persona, pero no fue así... Tengo que admitir que me siento mejor desde que nos conocemos, desde que te resbalaste de la grada y me reí de la mancha de pasta dental en tu blusa, porque aún recuerdo la primera vez que te vi... Créeme, Matthew no habría hecho ni la mitad de las mierdas que yo hice por ti, ni siquiera Zev, y lo sabes, lo has visto con tus propios ojos, sabes que no te miento.

«Lo sé».

Mi voz no salía, no lo hacía y era porque, si hablaba, aquel nudo que tenía en la garganta se desataría, causando que mis sollozos salieran, causando que las lágrimas retenidas se desencadenaran y me hicieran parecer débil. Me estaba hartando, me estaba hartando de llorar por todo, por lo más mínimo.

—Joder, te estás comenzando a comportar como una egoísta, eres una... ¡Demonios! ¡Un día me necesitarás y yo ya no voy a estar! Pero eso es mentira, ¿sabes por qué? ¡Porque me importas más de lo que deberías! ¡Lo haces y tú no lo entiendes porque eres una maldita idiota! ¡Estás pensando solo en ti, eres una jodida egoísta! —gritaba tantas cosas al aire. Apreté mis labios para no soltar un jadeo y lo miré durante varios segundos, sin decir nada—. ¡Demonios! ¡Di algo! —sentenció al ver que mi silencio era lo único que estaba presente.

Sí, la decisión más difícil fue esa, la línea entre el querer y el deber, pero quería que él estuviera bien y sabía que juntos nos haríamos más daño, porque eso hacíamos, nos creábamos problemas. Era una niñata y yo no merecía a Luke. Los problemas crecían, al entrar en su vida tan solo lo llené de falsas esperanzas, fue en ese momento cuando tuve que comprender muchas cosas y tal vez tomé la decisión equivocada, aunque las cosas pasaban por algo, ¿no? Entonces que fuera el destino quien decidiera, y lo más irónico de esto era que yo no creía en el destino y, aun así, hablé:

—Adiós, Luke.

Los ojos azules del chico me miraron neutros, con una mirada vacía, como él solía hacerlo desde que nos conocimos. Sin embargo, lo conocía demasiado bien para decir que eso le había dolido. Sus pupilas se dilataron y sus fosas nasales estaban temblando.

—Hasley, te quiero y sabes que siempre estaré ahí cuando me necesites. —Dio un suspiro pausado y prosiguió—: Pero, aunque intentes olvidar el color de mis ojos, recuerda que son del mismo color que los tuyos. Sí, eso fue lo especial en tu mirada.

Él se dio la vuelta y recogió su ropa, poniéndose su pantalón mojado y dejándome la manta y la toalla en el sillón, tomó entre sus manos las prendas húmedas y se dirigió hacia la puerta; antes de girar el pomo me miró serio y entreabrió sus labios.

—Adiós, Hasley.

Y finalizó saliendo de la casa, mirando el picaporte con lágrimas en los ojos y yéndose con el corazón dolorido.

unes por la mañana. Y el único sonido que podía oír entre las paredes de la minúscula cocina de mi casa era el crujir de los cereales que hacían mis dientes al aplastarlos.

La cabellera oscura de mi madre hizo su presencia al entrar, haciendo que el olor de su perfume se impregnara en el aire y llegara hasta mi nariz. Tranquila, comenzó a sacar algunas cosas de la despensa y, de igual manera, de la nevera para prepararse un sándwich. Sus ojos se quedaron fijos sobre mi pequeño cuerpo y, cautelosa, me observó.

—Últimamente te has estado despertando más temprano, ¿a qué se debe? —preguntó con sumo interés, pasando sus dedos por el pan. En ese momento no quería contestar a sus preguntas, por lo cual me limité a encogerme de hombros, dando por hecho mi cansancio. Ella, dejando salir un poco de aire de sus pulmones, movió las cosas a un lado y me miró fijamente poniendo sus manos sobre la encimera—. Hasley, ¿me puedes decir qué es lo que ha ocurrido? Llevas un par de semanas así, los sábados no te despiertas hasta tarde, los domingos no sé siquiera si comes o haces el intento de salir de tu cama —soltó un poco irritada por mi actitud—. Pareciera como si yo fuese la única que vive aquí.

Llevando otro poco de cereal a mi boca, sacudí mi cabeza de un lado a otro, pero ella me reprendió con la mirada, respiré hondo y decidí contestarle.

—No ocurre nada —mascullé.

—No mientas —habló con la voz más fuerte—. No he visto a Zev por aquí o ni siquiera al chico pelirrojo que te llevó al cine y tampoco al rubio de esa noche en la que fuiste una completa grosera. —Al oír que mencionó a cada uno sentí cómo se formó el nudo en mi garganta y la presión en mi pecho se presentó, aunque, de igual manera, le dio acceso a mi furia, que inundó mis venas—. Cariño, puedes decírmelo.

—Estoy bien, ¿vale? —espeté bajándome del taburete para ofrecerle una mirada fría—. No soy uno de tus pacientes, no me trates como a ellos.

Sus ojos azules se abrieron con asombro, estática en su lugar, entreabrió los labios pero no dijo nada.

Ella estaba perpleja. Yo sabía que esa no era la forma de contestarle, pero estaba harta de darle vueltas al mismo tema, solo que ya no lo quería recordar y ella me lo sacaba de nuevo.

—Hasley...

—Me tengo que ir —avisé cortándola.

Sin mirarla, salí de la cocina a pasos rápidos, tomé mi mochila y, colgándola por encima de mi hombro, cerré la puerta principal detrás de mí. Comencé a andar por la calle sin detener el paso ni un segundo, sentía cómo mis piernas se impulsaban cada vez con más fuerza, el aire del invierno golpeaba suavemente

mi rostro.

Traté de respirar hondo y superar el hecho de que le había contestado de una manera fatal a mi madre.

Calmándome por lo sucedido, me fijé en la hora sin ningún apuro, era temprano. Últimamente me despertaba antes de mi hora habitual y se debía a que en casi toda la noche no podía conciliar el sueño, ni unas cuantas horas, tenía en mente que mi imagen cada día iba de mal en peor, no era la mejor y, en realidad, me importaba un carajo. En poco tiempo mis pies tocaron la entrada del instituto y una oleada de nerviosismo, como de inquietud, se asomó por mi mente. Me tocaba clase con la profesora Kearney, alargando una inhalación me di la valentía de entrar sin preocupaciones, pero una voz me impidió que lo hiciera.

—Hasley. —La voz pronunció firme mi nombre y me giré para encarar a la persona—. ¿Te has enterado de que Matthew tiene nueva novia?

Karla, una chica de piel bronceada, me miraba fijamente junto a otra. Eran unas de las animadoras del equipo de rugby, el de Zev. Sus miradas eran burlonas, así como sus sonrisas, y quise poner los ojos en blanco, pero me contuve.

—No me interesa —mascullé entre dientes.

—Tanto le dolió que le fueras infiel que a la semana ya se había buscado a otra —se burló ignorando por completo lo dicho antes por mi parte—. Se nota lo reemplazable que puedes llegar a ser.

Y su comentario por alguna razón me dolió. Mostré una postura más firme y apreté las mangas de mi sudadera intentando no ir hacia ella y estampar mi puño contra su rostro, aunque sabía que no lo haría por el simple hecho de que era débil y que la agresividad no era parte de mí. Algunas personas ya estaban presenciando la escena y no quería que otro es- cándalo más se armase.

—Te dije que no me interesa —repetí en un balbuceo con mi voz ronca.

—¿Cómo sienta que te reemplacen, Hasley? —dijo, poniendo énfasis en mi nombre, volviendo a ignorar lo que dije—. Por fin se deshizo de la basura, ¿no es así?

Aunque esta vez no dejé que siguiera.

—No, no lo hizo porque aquí sigues.

Se escuchó un coro de «uh» y su boca se abrió al igual que sus ojos, me miró indignada y, después, dejó que la furia gobernara su rostro y se puso roja del cabreo.

—Me las vas a pagar —siseó a regañadientes, para darse la vuelta e irse de allí.

Las miradas se posaron sobre mí y me arrepentí de haber dicho lo anterior, así que opté por lo primero que mi subconsciente me gritó: huir. Girando sobre mi propio eje entré al aula, en donde mi cuerpo se heló, pues el rubio ya estaba allí y su rostro tenía una media sonrisa que se fue desvaneciendo en un fruncido de labios poco a poco. Agradecí en mis adentros notar que no éramos los únicos en el aula, así que rápidamente tomé mi asiento y esperé a que la profesora llegara.

Mi día estaba comenzando con el pie izquierdo y podía asegurar que no terminaría con el derecho.

Y lo confirmé cuando a la cuarta hora ya no pude soportar a otro profesor regañándome por mi distracción y falta de concentración. Resignándome, me fui hasta el campo para poder liberarme un poco de todo, desvaneciendo todos mis recuerdos y echando mis preocupaciones hacia el fondo de mi cabeza.

—¿Sabes que lo que estamos haciendo es incorrecto?

Al frente de mí, Neisan repitió una vez más, volviendo a enarcar una de sus pobladas cejas. Se había unido a mi escapada cuando me vio cruzar la puerta que daba hacia las canchas y no era la primera vez que pasaba algunas horas de fuga conmigo.

Bajando la mirada inflé una de mis mejillas mientras con una voz baja le susurré un «¿por qué?», aunque ya tenía la respuesta por mi cuenta, solo quería seguir matando el tiempo.

—No está bien que faltes a clases, Hasley, y yo no debería estar pasando la hora contigo —se lamentó dando una respiración honda—. Esto ya se está haciendo una costumbre.

Tirando de la hierba del campo, desinflé mi mejilla, aún sin contestarle le devolví la mirada, sus ojos tropezaron con los míos y lancé un poco de los hierbajos que había arrancado en su dirección. Él torció sus labios e hizo chascar su lengua indicando que mi acción le había disgustado, sin embargo, solo se sacudió.

Aún en silencio por mi parte, el chico estiró una de sus piernas colocándose con ellas en forma de uve y volvió a hablar.

—Deberías hacer algo por ti misma —pronunció ladeando la cabeza; le dediqué una arqueada de cejas y él echó una risita—. No te ofendas, pero no se te ve bien.

—Lo sé —hablé después de mantenerme callada desde que mi trasero y el del chico habían tocado el césped.

Desvié mis ojos a lo lejos del campo, el cual se encontraba por completo solitario, sin ninguna persona andando por allí. Dediqué unos cuantos segundos más a ver la nada, dejando que el aire fresco de invierno diera contra mi cara, causando que mi piel se erizara, pero lo pasara por alto. De nuevo, la voz intranquila de Neisan volvió a irrumpir.

—¿En qué piensas tanto? —inquirió, su voz suave más el acento británico me hacía querer pedirle que me cantara una canción para que yo pu- diese dormir.

Volviendo mi vista hacia sus ojos, me quedé en silencio nuevamente. Frunciendo los labios me encogí de hombros, aunque supe que no quería eso como respuesta cuando me miró con recelo, así que opté por dejar a un lado mi personalidad borde y comenzar a entablar una conversación sana con el chico que me había estado ayudando esas semanas.

—Creo que no hace falta decirlo, Neisan —mascullé comenzando a tirar de la hierba otra vez—. Sé lo que quieres decir. Vamos, sé directo.

Neisan soltó un suspiro exagerado, humedeciendo sus labios negó unas cuantas veces para dedicarme una sonrisa a medias. Mis ojos miraban los suyos fijamente y, aunque probablemente bajaría la mirada en un momento, la sostuve hasta que entreabrió sus labios para hablar.

—Falta algo en tu mirada —indicó recibiendo un fruncido de cejas por parte de mí—. O, quiero decir, alguien.

—¿De qué hablas? —pregunté solicitando a mi rostro que mostrara una mueca de confusión, pero lo rechazó.

—Necesitas a Luke. —Fue directo—. Siempre lo has hecho.

Mi rostro se puso serio y sentí mi mandíbula ponerse tensa, bajando la mirada negué en varias ocasiones.

Mis dedos se entrelazaron unos con los otros, comenzando una pequeña guerra de nerviosismo; mi mejilla derecha se infló y volví a negar dejando que una pequeña risita llena de inquietud saliera de mis labios.

—Estás loco, Neisan.

—Hey, soy con el que más tiempo pasabas del equipo, después de Zev, claro está —recordó acercándose un poco más a mí—. Puedo intuir lo que pasa por tu mente y lo único que puedo decirte es que vayas, lo busques y arregléis las cosas —susurró sin perder el tono firme en su voz—. Hasley, mírame —pidió, y cedí

—. Los dos os necesitáis en estos momentos.

—Ya no hay nada que yo pueda hacer, él no olvidará tan rápido cómo me he portado ni me perdonará —

musité sintiéndome pequeña ante los ojos oscuros del chico.

—Oye, oye, ¿tan poco lo conoces? Luke es un gran chico y tú lo debes de saber —aseguró.

En ese momento, la pregunta que mi mente había estado procreando desde hace algunos meses hizo presencia y el letrero de lotería apareció ante mis ojos.

—Neisan —lo llamé—. ¿Desde cuándo Zev conoce a Luke?

La pregunta llegó tan de repente que observé cómo sus pupilas se dilataron, pasó su lengua unas cuantas veces por sus labios y adoptó una postura más firme que la de antes; apreciaba cómo su cuerpo se había puesto tenso por mi pregunta, no se esperaba eso y, siendo honestos, yo tampoco.

—Para ser exactos, hace como dos años —confesó. Ahora fruncí mi ceño y solo bastó eso para que él prosiguiera—. Zev conoció a Jane, la prima de Luke, en alguna fiesta. Ellos comenzaron a salir, aunque era como una relación fantasma, es decir, casi nunca se lo veía con la chica. Él hablaba maravillas de Jane, pero nunca se mostraron como algo formal. Poco más tarde, Zev ya se hablaba con Luke, porque Jane le había contado sobre su primo. Algo curioso es que a Luke no le importaba su prima, pero todo sucedió tan rápido.

Los dos comenzaron a hablarse hasta que se llegaron a conocer más de lo normal, las cosas marchaban de maravilla, hasta que Jane engañó a Zev.

La explicación de Neisan me dejó un poco aturdida y, aun uniendo las cosas lo más rápido que podía, intenté descartar varias partes. Cuando tuve mi rompecabezas casi armado, supe que faltaba más. Algo no encajaba aquí entre ellos y supe de qué se trataba cuando mi boca se abrió para inquirirle:

—Pero ¿por qué Zev y Luke se dejaron de hablar?

—Porque el rubio sabía que Jane había estado engañando a Zev casi desde que habían empezado aquella relación y él nunca dijo nada —respondió torciendo sus labios—. Ya sabes, es su prima, la familia es lo primero. Ahora Zev vive con ese pequeño resentimiento hacia Luke, aunque él lo niegue.

—¿Cómo es que yo nunca me enteré? —dejé salir en un susurro.

—No sé. —Neisan se encogió de hombros—. Lo más probable es que se deba a que su amistad igual fue poco sincera o al simple hecho de que todo eso pasó en cinco meses.

—Oh... —solté—. Eso fue lo que ocurrió.

—Sí, tengo mis razones para defender a Luke, es por eso por lo que te digo que no es mala persona, solo necesita ayuda, como todos alguna vez.

Mi menté rápidamente se fue al tema principal con el que habíamos empezado y quise huir en ese momento, pero era imposible, así que me limité a negar, nuevamente.

—No puedo —farfullé—. No puedo ir y decirle que me perdone así de la nada, escuchar lo que hablan los demás me lo impide, hace que se vuelva aún más difícil.

—¡Al diablo con la gente! ¡Al diablo las personas y sus malditas opiniones! —gritó alzando sus brazos al aire—. Tienes que decidir por ti misma, ver por tu bien sin tener que pensar en qué dirán las demás

personas. Al final siempre será tu mierda y la de ellos es su problema... No puedes renunciar a alguien que está en tus pensamientos todos los días.

—Neisan... —pronuncié su nombre con un tono como si le rogase, intentando que se detuviera. Él no cedió.

—Hasley, eres tú y no es egoísmo, es bienestar propio. Tú vas a decidir, ellos no van a arreglar tus problemas, ¿entiendes? Deja de pensar en los demás, deja de pensar en Matthew y en Zev. ¡Al diablo con ellos igual! Y, si quieres, ¡al diablo conmigo también! Solo tú tienes la decisión y la tienes que tomar lo antes posible. Nunca sabes en qué momento podría ser demasiado tarde y, cuando te des cuenta de la realidad, te vas a lamentar. Si tú eres feliz, hazlo; si eso te llevará a tu bien, tómalo; pero haz lo que tú creas que es correcto y recuerda que, hagas lo que hagas, va a estar bien, si así tú lo deseas. No puedes vivir atada a los susurros de los demás, a las suposiciones o a las acusaciones que te imponen, no puedes. Si quieres algo, levántate, búscalo y consíguelo. —Él se acercó hasta mí y tomó mis manos entre las suyas haciendo que nuestras miradas se unieran aún más—. Porque, Hasley, lo único que cae del cielo es la lluvia, el granizo y los rayos.

Sus ojos oscuros miraban los míos azules, tenían una pizca de comprensión. Lo que dijo me dejó prácticamente muda, dijo todo lo que necesitaba para poder darme las fuerzas necesarias y, aunque mi miedo no me dejara hacer las cosas que deseaba, ahora se estaba eliminando por cada palabra del chico.

Cerró los ojos unos cuantos segundos, los volvió a abrir, colisionando de nuevo nuestra mirada, dando un suspiro con pesadez y tratando de tranquilizar su respiración frenética y exaltada. Finalmente, se alejó de mí a una distancia considerable, por muy minúsculos que fueran los segundos, los estaba aprovechando cada uno en ese instante.

Seguir: parte 4 de 4