Boulevard
2-julio-2011
Este capítulo es largo, así que está dividido en 4 partes.
Le miré un poco apenada y él enarcó una ceja, mirándome incrédulo sin poder creer lo que estaba tratando de decir.
—Matthew...
—Déjalo, Hasley —masculló—. Espero que lo que te tenga que decir sea más importante. Hasta luego.
Intenté abrir la boca, pero, antes de que hablara, Matthew ya se había alejado de mi casa hecho por completo una furia; eso no debió haber terminado así, aunque lo peor de todo era que no me sentía tan afectada o preocupada de que mi novio se hubiera enfadado.
Solté un suspiro y le indiqué a Luke que entrara, cerré la puerta detrás de mí y lo miré tratando de buscar su mirada, pero él no cedió.
—¿Qué pasó?
—He olvidado algo —murmuró apretando los labios en una fina línea, con la mirada perdida en sus pies.
—¿Qué cosa? —pregunté confundida, dando unos pasos hacia él.
Luke levantó su rostro haciendo que nuestros ojos se miraran. Se quedó en silencio unos segundos y pasó la lengua por sus labios.
—Qué se siente al ser feliz.
eprimía las ganas de reír al ver cómo Zev miraba su cóctel de frutas de mala gana. Había comenzado un plan de alimentación que al inicio le resultó genial, pero que a las dos semanas se resumió en un «ya no quiero seguir así».
—¿Piensas continuarlo? —cuestioné, llevándome una cucharada de gelatina a la boca. Él lloriqueó.
—Debo. Mi madre es feliz cocinando de esta manera. No puedo hacerle sentir mal, mucho menos cuando se supone que soy el ejemplo para mis hermanos, es un fastidio.
Arrugué la frente y me incliné un poco sobre la mesa para hablar.
—¿No crees que te estás presionando, Zev? Eres el hermano mayor, sí, pero no es razón para sentirte obligado. No siempre tienes que hacer cosas que no te gustan solo para hacer feliz a tu familia. Tomas responsabilidades que tampoco te corresponden…
Él negó con la cabeza y picó otro poco de fruta con su tenedor.
No me agradaba que Zev comenzara a sentirse obligado a cargar con responsabilidades que no eran suyas. Si bien era el mayor de los hermanos, no tenía que hacerse cargo de las emociones de su familia, ni tampoco intentar ser la cabeza cuando su madre todavía estaba; e igual su padre que, aunque no regresara, también tenía el deber de cuidar de sus hijos.
—¿Qué quieres que haga, Hasley? —preguntó sin muchos ánimos.
Carraspeé para eliminar el pequeño nudo que se formaba en mi garganta. Quise hablar, aunque una tercera voz me lo impidió.
—¿Interrumpo algo? —Luke apareció en un extremo de la mesa con sus manos dentro los bolsillos de su pantalón. Llevaba una sudadera negra y el pelo despeinado.
Sentí cómo el ambiente se puso tenso, e incluso demasiado incómodo. Miré a Zev de reojo, esperando alguna facción de disgusto por su parte: así fue, pasó menos de un minuto cuando su mandíbula se tensó y sus ojos se pusieron en blanco.
Zev volví a picar de su cóctel de frutas, pero sin llevarse nada a la boca. Se podía notar su mal humor, era evidente que la presencia del rubio le estaba desagradando. Por si fuera poco, Luke se sentó a mi lado, sonriendo con descaro, su hoyuelo hizo presencia y chocó su hombro con el mío.
—¿Qué haces? No puedes venir cada vez que quieras, estoy con Zev —murmuré cerca de su oído para que mi mejor amigo no lo escuchara.
—No vengo por ti, Weigel… —se rio. Me sentí avergonzada, él arrastró su mano por la mesa y la elevó, apuntando con su dedo índice al chico frente a nosotros—. He venido por él.
Si mi mandíbula no estuviera encajada a mi cabeza, esta se hubiese encontrado en el suelo. Mi entrecejo se frunció, confundida, y al parecer no fue a la única que le sorprendió, ya que Zev lo miró de la misma manera.
—¿Qué? —dijimos juntos él y yo.
Zev se giró a verme y luego a Luke.
—Lo que escuchaste, quiero hablar contigo, Zev —dijo en un tono de voz tranquilo, sin prisa ni pausas—.
Necesito hacerlo, ¿tienes tiempo?
—¿Conmigo? ¿Para qué?
Yo no dije nada, solo me dediqué a mirarlos.
—¿Debo repetirlo? Sí, contigo, Zev Nguyen.
—¿Para qué? ¿Qué quieres?
—Si no te molesta, me gustaría que fuera a solas —mencionó, dando énfasis en la ultima palabra.
Me indigné.
—No tengo nada que hablar contigo.
—Sí que lo tienes.
—¿Qué quieres?
—¿Puede ser a solas? ¿O de verdad quieres que lo escuche ella?
Intenté, juro que intenté, comprender lo que estaba pasando en ese momento, pero mi cabeza no enlazaba nada, solo se quedó ahí, bloqueada, sin tener nada que unir. No tenía ninguna teoría, mucho menos alguna razón por la cual esto estuviera sucediendo.
Dirigí mi vista a mi mejor amigo, amenazándole, él la sostuvo por unos segundos duramente; sin embargo, lo ignoró porque volvió a Luke, quien seguía esperando por él.
—¿En este instante? —preguntó.
Apreté los labios, evitando decir algo.
—Ajá, es ahora. No pienso quitarte mucho tiempo —afirmó y se puso de pie—. Estará de regreso en menos de diez minutos.
Cuando pude observar mejor su rostro, vi aquel moretón en uno de sus pómulos: el golpe se esparcía y esos tonos verdes/morados le pigmentaban la piel. La verdad es que quise preguntarle, saber qué había ocurrido por esta ocasión, pero no pude, porque ellos ya se estaban alejando.
Me quedé sentada mirando sus espaldas y hecha un signo de interrogación.
¿Qué había sido todo eso?
Zev tiró sus cosas al casillero sin molestarse en ordenarlas y lo cerró de golpe. Me mantuve con los brazos cruzados mirándole con los ojos entrecerrados, intentando persuadirlo. Sin embargo, no estaba funcionando.
—Entonces, ¿de qué habéis hablado? —volví a preguntar.
Después de que su «charla» con Luke terminara, él regresó y su cara no mostraba felicidad. Esa conversación había sido de todo menos amigable, pero ahora tenía algo claro: ambos sabían del otro más de lo que me querían decir.
—No te lo diré.
—¿Por qué?
Lanzó un suspiro y me ignoró, comenzando a caminar. Lo seguí.
—Zev, por favooor —supliqué.
—Cielos, Hasley. No fue nada, ¿por qué no vas a buscar a tu novio y le molestas a él?
Mi boca se abrió, sintiéndome tan indignada por lo que dijo. A él no pareció importarle mi expresión.
—Gracias, eso haré —mascullé y me alejé.
Pensé por un segundo que detendría mi escena dramática, pero no le importó, porque no lo hizo; al contrario, cuando miré sobre mi hombro, él ya no estaba en el mismo sitio. Rendida, bufé y me dirigí hacia la parte de los baños del campo. Matthew había mencionado que estaría con el equipo para quedar más tarde con ellos.
Al girar por el pasillo, pude visualizar a Luke junto a una chica castaña. Tenía que pasar frente a ellos.
Me aferré a mi mochila y caminé a paso rápido. Mucho antes de llegar, sentí la mirada de alguien sobre mí y después una mano agarrar mi brazo para hacerme girar.
—¿Qué quieres? —demandé en un tono quejoso sin mirarle.
—¿Adónde vas? —preguntó Luke.
Decidí mirarle para responder.
—Estoy buscando a mi novio —le dije, remarcando las últimas palabras.
Su semblante cambió a uno serio, haciéndome saber que eso no le había gustado, pero en realidad mostré que no me importaba demasiado como para tener en cuenta lo que le agradaba o no.
—A tu novio —repitió con burla.
—Sí —afirmé. Miré de reojo a la chica que seguía de pie y la señalé con mi cabeza—. Ahora suéltame, que te están esperando.
Luke soltó una risa divertida y negó varias veces. Su actitud comenzaba a amargarme de nuevo.
—No te muevas —sentenció, apuntándome.
Fruncí el ceño, confundida al no entender a lo que se refería. Él se acercó a la chica. Mientras tanto, yo me mantuve en la misma posición y en el mismo sitio.
—Bien, te llamo para avisarte. ¿Está bien este fin de semana? —dijo en voz alta.
—Por supuesto. Hasta luego.
Ella le dio un beso en la mejilla y él se lo devolvió. Algo se removió dentro de mí y supe que no era nada bueno, no podía estar sintiendo esto, ¿acaso eran... celos? No, no, no.
Apreté mis dientes y comencé a caminar, alejándome de ahí. Sin embargo, ese día Luke había optado por ser un pesado porque se puso delante de mí, impidiendo que yo continuara.
Desvié la mirada.
—Matt no está aquí —anunció, burlándose del nombre.
—¿Cómo lo sabes? —ataqué.
—Estaba hablando con Daliaah cuando pasó a nuestro lado, yéndose con sus amigos —explicó.
Pude haberle recriminado algo sobre lo que me había mencionado de Matt o decirle algo referente a eso, pero hice todo lo contrario, ya que lo único que salió de mi boca fue algo que estaba muy lejos de lo que realmente debía decir, pero muy cerca de lo que quería saber.
—¿Quién es Daliaah? —cuestioné mirándolo.
La comisura de los labios de Luke se curvó.
—¿Celos?
—Jamás en tu vida —dije, no muy segura de mi respuesta.
Él dio un paso hacía mí y yo di otro hacia atrás, alejándome de su cercanía amenazante.
—Weigel... —musitó.
Llevó una mano a mi cara y las yemas de sus dedos rozaron la piel de mi mejilla.
La sensación que su tacto transmitía a mi cuerpo era algo completamente nuevo para mí, una sensación que quizás no debería sentir con alguien que no fuera mi novio. ¿Me sentía mal? Claro que sí, porque yo no estaba soltera y mi relación con Luke había ido un poco más lejos de la que tienen los amigos.
Mis ojos se cerraron, disfrutando de ese toque inocente. De pronto, lo sentí cerca. Su respiración y… sus labios.
Aunque no fue un beso lo que me arrebató un suspiro, sino una lamida en mi mejilla.
Mis ojos, tanto como mi boca, se abrieron de golpe, aturdida y confundida por lo que acababa de hacer.
No esperaba eso, ¡pero por supuesto que no! Al parecer, mi expresión le hizo mucha gracia porque de su garganta salió una fuerte carcajada.
—¡Eso ha sido asqueroso! —grité pasando mi mano sobre mi mejilla para quitar la humedad.
—Pero ¿no que juntemos nuestra saliva al besarnos? —me vaciló.
Mis mejillas ardieron de vergüenza.
—¡Cállate! —pedí.
Eso lo provocó más, pues el sonido de su carcajada se hizo más fuerte. Junté las cejas y me crucé de hombros. Tal vez habría podido aprovecharme de su estado de animo para preguntar sobre su charla con mi mejor amigo: era eso o acabar con su buen humor.
—¿Para qué buscaste a Zev?
Luke dejó de reírse, pero mantuvo esa sonrisa alegre en su rostro.
—Es un asunto que prefiero tratar con él... sin terceras personas —respondió, usando un tono burlón.
—¡Es mi mejor amigo, tengo derecho a saber!
—No, el que seas su mejor amiga no te da derecho a entrometerte en sus cosas personales —corrigió—.
Yo digo que respetes eso, ¿o por qué no le preguntas a él?
—Es lo que hice.
—Entonces ríndete —finalizó—. No te lo diré.
—Cretinos —murmuré.
Olvidé por completo que venía por Matthew, que encontrarlo se colocó en segundo plano. Luke se quedó a mi lado caminando hacia las aulas y yo me mantuve igual.
—Weigel —me llamó. Giré un poco mi cabeza a un lado para verlo, haciéndole saber que podía continuar
—. ¿Estás libre este viernes?
—¿Para qué?
—Es una sorpresa —canturreó—. Tómalo como una pequeña cita. Estás en todo tu derecho de sentirte culpable, pero al menos escucharemos buena música en la radio y eso te perdonará un pecado cuando la escuches.
Me dediqué a observarlo por unos segundos.
Salir con Luke me gustaba mucho, más que con otras personas, aunque eso sonara un poco cínico. Sus salidas no eran tan típicas, siempre eran especiales y yo siempre guardaba en un lado de mi corazón ese tipo de momentos para tenerlos siempre de recuerdo.
—¿Valdrá la pena?
—Demasiado —asintió—. Vamos.
Luke me cogió de la mano, obligándome a avanzar más rápido.
—¿Adónde?
—Toca Kearney y no queremos llegar tarde —dijo de manera obvia.
Mis dedos se entrelazaron con los suyos, y me sentí nerviosa por muchas cosas. A veces las imágenes que venían a mi cabeza se volvían un caleidoscopio y no sabía cómo detener esto, sabiendo que estaba muy mal.
Si de verdad mis sentimientos por Luke comenzaban a afectar mi relación con Matthew, lo mejor sería terminar.
¿Por qué las cosas malas se sienten tan bien?
e suponía que debía estar con Matthew ahora mismo cenando en alguna parte de la ciudad, donde fuera que él hubiese querido llevarme, pero todo se arruinó después de discutir en la escuela por lo que ocurrió en mi casa. Me había echado en cara que prefería al rubio antes que a él, que era mi novio. Por más que intenté hacerle entrar en razón diciéndole que Luke estaba mal, él soltó todos los pensamientos que tenía sobre el chico, llegando al grado de llamarlo drogadicto y una persona que solo buscaba atención.
Ahora era yo la que estaba enfadada con él. ¡Ni siquiera lo conocía! ¡No sabía nada de Luke para opinar sobre él! Y a Zev, días antes, le exigí que me dijese sobre lo que había hablado con Luke, pero me respondió con un grito de «¡déjame en paz!». Decidí ignorarlo... y él a mí. Algo que al parecer no era tan difícil para ninguno de los dos.
—¿Me estás escuchando?
Moví mi cabeza hacia Luke y le dediqué una mirada penosa. Había llegado a mi casa con una sonrisa invitándome a salir a la oscuridad de la noche; acepté porque no me encontraba del todo bien.
—Lo siento —arrullé abrazándome a mí misma.
—¿Estás bien? —El chico se acercó un poco a mí. No quité mis ojos de los suyos—. Weigel...
—Matthew se ha cabreado. Nos hemos peleado una vez más —murmuré cabizbaja.
Luke llevó su mano a mi rostro y con las yemas de sus dedos acarició la comisura de mis labios.
—Hey... —susurró—. No me gusta verte así.
—Me molesta que se comporte como un cabezota —mascullé.
—Tranquila. Solo está celoso. Yo igual lo estaría si se tratara de ti —murmuró. Guardé silencio durante unos segundos mientras Luke me miraba y yo a él, su entrecejo se frunció y ladeó la cabeza—. ¿Y Zev? Esta semana no lo vi contigo.
Puse los ojos en blanco y di un suspiro profundo. No quería amargar la noche, pero el rubio ya había sacado el tema, aunque no lo culpaba.
— Tuvimos una pequeña discusión. —Me encogí de hombros y mordí mi labio inferior—. Creo que no ha sido mi mejor semana.
Era verdad. No lo había sido y tal vez vendrían más cosas. Algo me decía que este año no sería el mío, no me trataría con delicadeza, hasta creo que tendría que preparar mi ataúd por si acaso.
Luke dio unos cuantos pasos hacia mí y lamió su arito. Por mi mente pasó la idea de que me besaría, pero nunca hubo contacto de sus labios con los míos. Arrastró su mano por mi mejilla y acarició mi cabello, me regaló una media sonrisa de lado para después entreabrir sus rosados labios.
—Quería que fuéramos el viernes a un lugar, pero yo sé que te gustará esto... Aunque tú no estés enterada —musitó, mirándome de una forma tan sencilla como si aquel acto fuese lo más inocente que tuviese—. ¿Y sabes por qué lo sé? Porque nadie te conoce mejor que yo.
Aquello hizo que algo en mi interior se removiera, como si se hubiese producido un clic en algún lugar de mi corazón y lo hubiera movido todo, así como mis pensamientos; el pequeño sonrojo se apoderó de mis mejillas, aunque después de su frase mi entrecejo fruncido hizo presencia.
—¿Qué cosa? —pregunté confundida.
—Ven —me indicó tomándome de la mano. Comenzamos a caminar en dirección a su moto y se subió en esta, me ofreció un casco, pero, antes de tomarlo, con su otra mano sujetó la mía para acercarme hacia su cuerpo, llevó sus labios a mi oído y susurró—: Hagamos nuestra la ciudad por esta noche y la mejor de nuestras vidas. ¿Confías en mí? —preguntó Luke.
Lo miré detenidamente, apreciando cómo la tenue luz hacía que sus ojos azules brillaran con cierta fuerza. Presioné mis labios unos segundos y sonreí.
—Demasiado —admití.
El semblante capcioso de Luke cambió a una sonrisa enorme, el hoyuelo de su mejilla se hizo notorio y pude comprender que su felicidad era sincera, era verdadera, y lo mejor de todo era que yo la había producido.
—Bien —pronunció—. Cierra los ojos y solamente camina conforme yo te vaya guiando.
Me humedecí los labios y asentí. No sabía dónde estábamos, me había traído a un tipo de lugar que se parecía a un campo abierto, pero cualquier lugar me daba igual si estaba al lado de él, porque junto a Luke me sentía segura, protegida y, sobre todo, con confianza.
Sentí la mano fría del chico envolver la mía para comenzar a caminar. Me iba diciendo lo que había en mi camino hasta que quitó su mano y el nerviosismo me consumió; sin embargo, mi subconsciente me gritaba que todo estaría bien. Me calmé cuando oí su voz gritar mi nombre.
—Cuando te diga que los abras, lo haces, pero solamente cuando yo te diga —indicó, y de nuevo asentí.
Escuché cómo la puerta de un coche se cerraba y quise abrirlos, pero no lo hice; pasaron unos segundos, los cuales sentí como horas, hasta que Luke volvió a hablar—: ¡Vamos, Weigel, ábrelos!
Y le hice caso. Fui abriéndolos poco a poco hasta que mi vista enfocó bien el panorama que tenía enfrente de mí. Mi boca se abrió en una perfecta letra o cuando vi de qué se trataba todo. Era tan grande mi sorpresa que no sabía cómo actuar.
—No puede ser... —susurré.
Una furgoneta con distintos colores estaba estacionada enfrente de mí. Luke estaba a un lado con su sonrisa despampanante. Sin pensarlo dos veces, corrí hasta él, dejándome caer en sus brazos, los cuales ya estaban preparados para eso, los enredó alrededor de mi cintura haciendo presión, y hundí mi rostro entre su cuello y su hombro susurrando tantos agradecimientos.
—Calma, Weigel —rio—. Fue un gusto para mí hacerlo; aparte, quiero saber qué se siente al viajar en una de estas cosas.
—¿Y adónde vamos a ir? —pregunté todavía sin deshacer el abrazo.
—Donde tú quieras —murmuró.
Fue ahí cuando recordé que me había dicho que le gustaría recorrer una carretera sin sentido alguno, donde solamente las llantas y la gasolina nos condujeran. Me alejé un poco para poder verlo y responderle con una sonrisa traviesa.
—Conduzcamos sin sentido alguno.
—¿Adonde nos lleve la furgoneta? —preguntó con una sonrisa lobuna.
—Sí —respondí—. Adonde sea.
—¿Junto a mí?
—Junto a ti.
Sus ojos azul eléctrico me miraron serios, se tornaron un poco oscuros, pero, de alguna manera, con brillo en ellos.
—Bien, sube. —Sus labios formaron una sonrisa enorme y dio la vuelta a la furgoneta para subirse al asiento del copiloto—. ¡No esperes que te abra la puerta, Weigel! ¡Lo caballeroso a la antigua no se me da muy bien! —Aquello me hizo soltar una carcajada, tal vez en otros tiempos le habría dicho lo grosero que era, pero en esta ocasión estaba feliz, se me hacía tan diferente su forma de actuar, y en un instante me pareció tierno, tan tierno de una manera tan extraña.
Empezó a conducir sin sentido alguno, solo pasábamos árboles tras árboles, todo estaba en calma hasta que decidió poner música, la tarareaba con calma hasta que una canción llamó tanto su atención que decidió ir cantándola en voz alta.
—¡Adoro esta canción! —jadeó—. ¡Canta conmigo, Weigel!
—¡No! —exclamé entre risas. Sabía cuál era, pero no quería hacerlo.
Luke siguió insistiendo y yo me negaba—. ¡Mi voz es fea!
—¡No importa! —le restó importancia y sonrió—. ¡Canta conmigo el estribillo!
Reí ante su expresión. Él dio unos cuantos golpes al volante siguiendo el ritmo de la música. Su voz era demasiado dulce y tranquila.
Conocía la canción, sabía perfectamente de cuál se trataba, era de una de sus bandas favoritas y, justamente, aquella canción era una de su lista de «las mejores» y, aunque no la escuchaba tanto como las otras, me animé a seguirle el juego.
Comenzamos a cantar al unísono y su sonrisa se ensanchó. Estaba divirtiéndome, eso era inigualable y magnífico, metafóricamente era como querer vivir en las nubes y jamás caer.
My shadow’s the only one that walks beside me
My shallow heart’s the only thing that’s beating
Sometimes, I wish someone out there will find me
‘Til then, I walk alone…
Vacilaba con cambios de voz, haciendo que yo soltara una risa. Luke era tan divertido en ocasiones, jamás habría imaginado que alguien como él tuviera este lado emocional. Por momentos dejaba de ver su camino para mirarme a mí, y aquello... me gustaba.
Si pudiera atrapar la mirada de ese chico y conservarla durante toda mi vida, así como su sonrisa, lo haría. Amaba aquello de Luke, lo hacía tan angelical. Me encantaba la forma en que sus ojos podían penetrar en los míos, como si supiera lo que pensaba, lo que querría decir. Su sonrisa era de aquellas simples, pero aun así era la más significativa. Quizá Luke fuera una especie de kriptonita, aquella que no podía dejar que se escapara de mis manos. Luke era como un cielo azul, uno que era bello, pero había días en los que derramaba gotas.
La canción terminó, dando paso a una con melodía meliflua. Su rostro decayó, sus ojos se estrujaron y, antes de que comenzara la letra, la cambió.
Decidí no mencionar o preguntar algo respecto a eso. Después de que pasaran varias canciones, Luke se detuvo en algún lugar donde ya no había árboles, pero me llevé la sorpresa cuando vi el barranco que había enfrente: se podía ver la ciudad desde atrás. Las luces de esta hacían un hermoso contraste, todo se iluminaba perfectamente. No sabía si eso era conducir sin sentido o solamente había aparcado sin saber.
La última canción se fue acabando poco a poco. El chico apagó el estéreo, dejando todo en un silencio en el que solamente se podían oír nuestras respiraciones o cuando ambos tragábamos saliva.
Pasaron dos minutos hasta que él habló.
—Eres como un pequeño boulevard de esperanzas... —murmuró.
—No entiendo —negué de igual manera que él.
Desvió su rostro y apoyó su frente en el volante.
—Joder, Weigel, ¿no te das cuenta? —farfulló un poco en voz alta.
—¿De qué? —Lo más probable que ganaba con esa pregunta era un letrero que decía «Idiota» en mi frente. O yo era tan lenta de entender o él no se explicaba muy bien.
—De que yo...
Su voz empezó tan decidida, pero la detuvo de golpe. Me miró todavía desde el volante y sus dedos tocaron sus labios, sus ojos se cerraron con presión y salió un profundo suspiro. Los orbes azules volvieron a hacer contacto con los míos y negó unas cuantas veces hasta que una sonrisa débil se plantara en su rostro.
—Me siento menos solo desde que te conozco, tu compañía me hace sentir menos gris. Hay momentos en los que te observo durante unos segundos y me dan ganas de que mis esperanzas se despierten, pero después recuerdo lo que soy, que vivo a base de sustancias que me destruyen —susurró despacio, tragó saliva y vi cómo sus ojos se empañaron—. Y lo peor de todo es que... —Tembló su voz y en mi mente pasó el pensamiento de que se quebraría en cualquier momento—. Metí en mi cuerpo una droga más fuerte que cualquier otra... Una que te mata y te hace sentir vivo, la cual va hacia el corazón y solo le hace dos cosas: si eres afortunado, junta tus piezas y vuelves a querer seguir, pero si estás jodido, romperá los trozos en piezas más diminutas.
Pude intuir cansancio en su voz. Sabía que lo que decía tenía doble sentido. Sin embargo, solo imaginaba uno. Mi mano quiso tocar uno de sus brazos, pero no pude porque él levantó su cabeza del volante y, sin quitar su mirada de mis ojos, pasó sus dedos por su rubio cabello, delineó su arito del labio con su lengua y cerró los ojos.
—Luke... —susurré queriendo hablar, pero guardé silencio cuando volvió a abrirlos.
—No importa —murmuró—. Tendré amor también para ti, aunque no seas para mí.
Sus pupilas se dilataron y parpadeó unas cuantas veces. El color blanco de sus ojos se puso rojo y, antes de derramarse la primera lágrima, salió con rapidez de la furgoneta, dejándome sola allí. Me quedé
mirando cómo su silueta desplazaba una de sus manos hasta el bolsillo trasero de sus vaqueros negros. No necesitaba saber qué estaba buscando, porque todo tuvo respuestas cuando llevó el rollo a sus labios, encendiéndolo con desesperación. Este desencadenó mucho humo y Luke se apoyó en el maletero.
Bajé con lentitud y me situé a su lado. La parte superior de su brazo le daba pequeños roces a mi hombro.
El silencio era un poco denso, pero a la vez cómodo, solo escuchaba su respiración, y veía cómo el humo se esparcía en el aire. El cielo estaba teñido de un azul oscuro haciendo reluciente a la luna y las estrellas.
Luke comenzó a caminar un poco más hacia delante, donde el barranco terminaba, se dejó caer en el suelo llevando sus rodillas hasta su pecho; aquella acción me hizo recordar el día en que lo encontré detrás de la cafetería destrozado en llanto. Entonces, mi piel se erizó.
Di grandes zancadas y me puse de cuclillas delante de él, obteniendo su mirada. Mi respiración se entrecortó y lo que estaba pensando me aterraba.
—Quítate la cazadora —ordené intentando que mi voz saliera firme, pero fue temblorosa.
Sus ojos se oscurecieron y con eso supe que mi idea era cierta. Di un respingo desviando mis ojos a sus brazos, que estaban cubiertos por aquella tela negra de cuero. Llevé una de mis manos a su abdomen y la arrastré a un lado con delicadeza.
—Ya no duelen casi —admitió encogiéndose de hombros, se quitó la chaqueta pasándola por sus brazos y me la dio.
Los golpes ya no eran tan visibles, pero aún se mostraban como manchas. Deslicé la yema de mi dedo índice por su brazo descubierto con lentitud, su piel estaba cálida mientras que mi dedo estaba frío, pasé mi lengua por mi labio superior, mi recorrido se detuvo cuando llegué a la cicatriz de su muñeca.
Por fin la podía ver de cerca, la estaba sintiendo, y lo más afortunado era que no había intentado siquiera moverse un poco. Sentía cómo aquella marca brotaba de su piel lisa, era de un rosa pálido.
—¿Qué fue lo que pasó? —me atreví a preguntarle, pero no a verlo directamente.
—Esta marca no es porque yo hubiese querido que estuviese ahí.
—¿Ocurrió algo? —Tomé la valentía suficiente para encararlo, su rostro estaba mirando hacia la nada, y sus ojos azules ya estaban llorosos, me sentía débil delante de aquella imagen de él.
Se alejó un poco de mí y se abrazó a sí mismo, sus labios se movían como si quisiera hablar, pero no podía, su voz no salía.
—Y yo... Yo... —Una lágrima se resbaló por su mejilla y sentí la necesidad de abrazarlo, pero por sus actos entendía que no era el momento—. Por mi culpa murió mi hermano.
Sus palabras se dispararon con rapidez y mi mente se detuvo, todo en mí lo hizo.
—¿Qué?
Un sollozo salió de la garganta de Luke y mi respiración se entrecortó.
—Estaba lloviendo, íbamos por la carretera, regresábamos de Brisbane... Veníamos discutiendo, le dije que era un mal hermano, lo odioso que era conmigo... —Su voz se quebró dándole paso a sollozos, intentó controlarlos para seguir y dio un respingo—. Él me gritó que me callara y comenzamos a decirnos cosas, ninguno de los dos vio que nos salimos del carril y nos metíamos en el de sentido contrario... Un camión que venía hacia nosotros hizo sonar su bocina, pe-pero era demasiado tarde, chocó del lado de Zachary, causando que el automóvil se diera la vuelta, y yo metí el brazo para evitar caer, el cristal del parabrisas se rompió cortando mi muñeca... Zach no tenía el cinturón de seguridad, por-porque habíamos comenzado a pelear desde antes... Él se había bajado para intentar calmar su ira, aunque fue en vano... Cuando volvió a subir no se lo abrochó, solo bastaron unos cuantos minutos más para que volviéramos a pelear y todo ocurriera. Esta marca es como si fuera el vivo recuerdo de que yo tuve la culpa, por mí él ya no está, ya no le oigo cantar sus canciones de desamor, ya no toca el piano, él ya no está conmigo...
Mi voz había desaparecido, no sabía qué decir, fue una confesión demasiado delicada, mi cuerpo se sentía denso y pesado, como si quisiera derrumbarme junto a Luke, pero tenía que estar allí, para sostenerlo si él caía, en los dos sentidos: literal y figurado. Imaginarme a un Luke indefenso, lleno de culpabilidad por la muerte de uno de sus seres queridos, era doloroso. Podía sentir cuánto lo amaba por todas las veces que me hablaba de él, mostrándolo como la persona más bella y generosa del mundo. Sintiéndose orgulloso de su hermano. Pero quizá no sabía cuánto dolor sostenía en realidad.
—Luke..., tú no tuviste la culpa de nada, no vivas con ese pensamiento, fue un accidente, uno que te dejó un enorme trauma, pero no por el cual tengas que seguir atado a la culpa.
Arrastré mis piernas por la hierba para acercarme a él, llevé ambas manos a sus mejillas para hacer que me mirara.
—Hasley...
—Yo estoy aquí y siempre lo voy a estar para ti, sin importar nada. Cariño, tú no tuviste la culpa, no debes sentirte así porque no fue culpa tuya.
—Para mi padre sí, sobre todo para mi padre, es como si yo hubiera arruinado sus planes, creo que para
él todo estaría bien si yo hubiese muerto y no Zach.
—No, Luke, no. No pienses así, tu padre está frustrado, créeme que estaría igual si hubieses sido tú, Luke... Soy feliz de que estés aquí conmigo, me aterra el pensamiento de qué sería de mi vida si no te hubiera conocido, ¿sabes lo aburrida que sería?
—El boulevard no tenía sentido desde su muerte, no hasta que tú llegaste —confesó.
Sentí un cosquilleo por todo mi cuerpo y las famosas mariposas recorrieron mi estómago. Sabía que aquel callejón significaba mucho para Luke, era como su tesoro más preciado y no se lo mostraba a nadie; si él me decía esto, entonces era algo serio. Sus sentimientos hacia mí lo eran.
—¿Por qué lo dices? —susurré acariciando su mejilla con mi pulgar.
—Porque cuando estoy triste, tengo días malos, cuando quiero llorar o gritar, tú apareces y siento que soy invencible a tu lado.
—Luke...
—Porque nunca nadie me había importado tanto como tú, y sé que estás con Matthew. Me siento feliz cuando estás con él, aunque yo me derrumbe por dentro porque, Hasley, tengo suficiente amor para los dos.
Aun cuando tú le des tu corazón a alguien más, yo te daré el mío y con la sangre de él pintaré mi sonrisa solo para ti. Ahora sé que la droga más fuerte de un ser humano es otro ser humano.
Mi boca estaba entreabierta, no sabía qué decir, me encontraba en shock y me quise golpear varias veces al no poder responderle y quedarme como una estúpida allí solo viéndolo. Por puro reflejo, alejé mis manos de su cuerpo y cubrí mi boca, sorprendida. Negué unas cuantas veces.
—Y yo... no entiendo, no sé qué decir… —dejé la frase suspendida mientras seguía negando.
—¿Qué no entiendes? ¿Que te acabo de confesar uno de mis recuerdos más sensibles, personales y dolorosos, o que te he dicho de la manera más extensa que puedo que estoy enamorado de ti, maldita torpe?
En circunstancias diferentes me habría ofendido lo último, pero lo más sensato no era pensar lo ofensivo que había sido aquello, porque era verdad. Estaba procesando todo y necesitaba que alguien me diera una bofetada porque las que yo me daba mentalmente no hacían ningún efecto en mí.
—Mierda, Hasley, no tienes ni una jodida idea de lo mucho que necesitaba decirlo, es horrible vivir con esta agonía.
—Luke, es que yo… —Mi voz salía como un balbuceo, ni podía hablar de una manera que se entendiera.
—¿Sabes? A la mierda Matthew.
Dicho esto, apoyó una de sus rodillas en el suelo y con una de sus piernas recargadas se abalanzó hacia mí, capturando mis labios. Sus suaves y fríos labios albergaron a los míos, sintiendo cómo toda la presión en mí se iba. No me importaba nada en esos momentos. Seguí el beso y quizá con eso ya había dado mi respuesta a su confesión.
Su lengua delineó mi labio inferior para después, sin permiso, entrar en mi boca, rozándose con la mía.
Sentí cómo caía sobre la hierba poco a poco. Mi espalda tocó el suelo, Luke se puso a horcajadas encima de mí sin dejar de hacer contacto conmigo, una de sus manos pasó con lentitud desde mi hombro hasta mi cadera descubierta, con la yema de su pulgar fue haciendo círculos en mi piel.
Estaba perdida y no me importaba en absoluto. Sin embargo, él detuvo el beso unos segundos y se separó unos centímetros para mirarme de una manera tan penetrante. Humedeció sus labios con lentitud y dio un suspiro profundo.
—Y, si te enamoras de mí por esta noche, ten en cuenta que seré el mismo todos los días.
al vez nunca fui consciente de todas las cosas que pasaron en mi vida, tampoco era consciente de que, si continuaba con algo que sabía que estaba mal, pronto eso acabaría de la misma forma. Pensar mucho y pensar poco siempre fue algo en lo que nunca fui buena.
¿Hay cosas que me gustaría cambiar de mi vida? La respuesta podría ser sí, pero… ¿de verdad quería? La respuesta era no. Es decir, todo lo que hice y dije me llevó a ese punto. Nuestro punto: inicio y final.
—Deja de reírte —le susurré a Luke intentando ser seria, pero no funcionaba.
—No puedo —balbuceó él entre risas.
—Nos van a echar.
Luke puso su cabeza entre sus brazos sobre la mesa intentando ahogar las risas que escapaban de su garganta, estaba segura de que alguien se quejaría, lo que haría que nos echaran de la biblioteca. Se suponía que íbamos para leer el libro que la señorita Kearney nos había dejado para una tarea, pero el chico no superaba lo de la mancha de pasta de dientes que había sobre mi blusa.
—Eres muy torpe, Weigel —murmuró mirándome todavía con su cabeza sobre la mesa.
—No es la primera vez que me ves con una mancha —farfullé poniendo los ojos en blanco.
—Es que ahora tiene más sentido.
—Ya. —Elevé una de mis cejas—. ¿Cuál?
—Que me gusta alguien que se mancha con pasta —respondió cómodamente con una sonrisa burlona en sus labios—. Así que eso lo hace aún más gracioso que antes.
Yo negué, intentando ocultar mi sonrojo.
Detestaba que Luke tuviera ese efecto en mí, con tan solo unas simples palabras podía ponerme de cualquier manera, hacía efecto y prendía todas las chispas que quisiera cuando fuera.
Coloqué los codos sobre la mesa y miré a Luke, sonriendo como una tonta. Él enarcó una de sus cejas, curioso. Las ojeras no se veían tanto como otras veces, aunque todavía se podían notar, aún podía percibir el olor a cigarro y eso me ponía un poco —muy— feliz.
—¿Sigues yendo a terapia? —pregunté.
Luke asintió.
—Por desgracia… —vaciló—. Me ha ido bien, pero Blodie me aburre demasiado. Conversa más de lo que yo quiero hablar y me pone a dibujar cosas. Me invitó a un dónut la sesión pasada.
—¿Y estaba rico el dónut?
—Muy rico. Era glaseado y con relleno de chocolate: no es mi favorito, pero tampoco me quejo.
Que siguiera asistiendo a terapia me dejaba tranquila. Desde un inicio, siempre dije que la necesitaba. Lo de Luke no era algo simple que considerar, ni mucho menos algo que pasaría con el tiempo. La ayuda profesional de alguien podía tener su ventaja en situaciones en las que él se encontraba.
—Tu psicóloga… ¿Tu psicóloga sabe lo de tu padre? De los… golpes.
Él se removió incómodo en su asiento y miró su libro.
—No —respondió. Mi ceño se frunció—. No lo sabe, nunca se lo he contado, lo único que le he dicho es que tengo una mala relación con él, pero evito entrar en detalles.
—¿Por qué?
—Es mi padre, Hasley… —se lamentó—. Además, si asisto a terapia es porque él la paga. Mi madre apoya la idea de que vaya con un profesional y lo que menos quiero es hacerle pasar a ella un mal rato: es lo más sagrado que tengo, no quiero imaginarme cómo se pondría si supiera la verdad. Sería un completo escándalo.
—¿Seguirás cubriendo a tu padre?
No podía creerlo. ¿Cómo Luke podía guardarle las espaldas a una persona que le hacía pasar tan malos ratos? ¿Por alguien que solo le causaba dolor de varias formas? ¿Cuánto podía quererlo para seguir aguantando todo eso?
Enfado e impotencia, esas eran las dos únicas cosas que podía sentir ante esa situación; para mi desgracia, por más que quisiera hacer algo, no estaba en mi mano si Luke no quería hacerlo. Me había dejado claro que no haría nada en contra de su padre, él prefería ignorar lo que ocurría con tal de…
protegerlo, básicamente.
—No puedo creerlo, Luke —me desanimé.
—¿Podemos cambiar de tema? —pidió—. Sabes que no…
—No te gusta hablar de esto, lo sé —lo interrumpí—, pero, mientras esta situación no se detenga, yo seguiré preguntándote. Tienes que entender que está mal.
Cogió una bocanada de aire y la dejó salir segundos después.
—Mi hermano Pol me ha mandado seis discos porque el mes pasado no lo hizo, así que… —dijo, cambiando de tema —, a eso le puedo sumar los quinientos tres, ¿no?
Quería continuar la conversación sobre su padre, pero conocía a Luke y sabía que ese tema ya había terminado. Así que me limité a tragar saliva de mala gana y continuar con lo otro que había dicho.
—Ahora son quinientos nueve. Faltan… —Me quedé pensando, mis matemáticas eran muy lentas.
—Once —se rio—. Solo once para mi quinientos veinte.
—Muy poco para tu «te quiero» —murmuré, un poco contenta.
Pasé mi mano por su cabello y él arrugó la nariz, confundido. Ya estaba algo largo, podía enredar mis dedos sin esforzarme demasiado. Algo que me gustaba mucho de su cabello era la raíz café que amenazaba con hacer creer a los demás, porque el rubio de encima parecía teñido.
—¿Pasa algo? —preguntó.
—No, solo que insisto en que tu cabello parece teñido.
—Culpo a mi madre de eso.
Me reí.
Luke se acercó a mi rostro y sentí su respiración cerca. Estaba a pocos centímetros de mí, tanto que podía oler el cigarrillo que se había fumado antes de entrar a la biblioteca. Siendo sincera, admitía que me había acostumbrado al olor, tanto que lo podía soportar, llegando a colarse entre mis favoritos, quién lo diría, ya que unos meses atrás lo detestaba.
Rozó su nariz con mi oreja y eso provocó que me hiciera a un lado, pero no lo detuvo porque lo volvió a hacer, acompañándolo de una risita.
—No, basta —lo regañé.
Él hizo un ruido en forma de negación y se acercó una vez más susurrando algo que no pude entender. Lo miré directamente a los ojos, seria. Él cargaba una sonrisa arrogante con sus ojos azules.
«Tienes novio».
—No hagas esto, no aquí. —Puse mis manos en su pecho intentando alejarlo.
—¿Por qué?
—Porque hay gente —expliqué.
—¿Y eso qué? —replicó, encogiéndose de hombros.
No quería ser explícita, pero él me estaba dando razones. Con una de sus manos me tomó de la nuca para volver a unir nuestros labios; esta vez no me opuse, ni siquiera me alejé. Seguí el beso, sabiendo que estaba mal y exponiéndome a mucho. Su arito me hacía cosquillas en el labio inferior.
Reaccioné en el instante en que la imagen de Matthew apareció en mis pensamientos y ejerciendo fuerza lo alejé. Esta vez él me miró con un rostro cansado. ¿Ahora él era el digno? Luke sabía perfectamente que ante todos yo tenía novio y, claramente, no era él. Dio un suspiro y miró a la nada con el semblante serio.
—Luke... —le hablé, pero me ignoró. No quería decir lo que tenía en mente, pero mi lengua me ganó antes de que pudiera tragarme mis palabras—. Dios mío, Luke, sabes que varios conocen a Matthew y con eso saben que soy su novia, no quiero que... —Él me interrumpió parando mis palabras.
—¿Que sepan que lo has engañado con el drogadicto? —siseó entre dientes, haciendo que la vena de su cuello se resaltara.
—¿Qué? —dije frunciendo el ceño—. ¡No! ¿Qué demonios dices?
—Sé que muy en el fondo piensas eso —afirmó, y sus ojos azules penetraron en los míos con severa seriedad—. Aunque tienes razón, no puedes tener una vida al lado de alguien que no sabe cómo manejar la suya.
—Luke, yo no...
No pude terminar porque se levantó de la silla con mucha brusquedad, haciéndola sonar, y se fue a pasos demasiado rápidos de allí, mientras yo me quedé viéndolo anonadada. ¿Qué había sido eso? Ni siquiera había tenido ningún pensamiento sobre aquello. Pensé que ya estaba acostumbrada a sus cambios de humor, pero esta vez su cambio fue más allá de lo normal. ¿Cómo podía pensar de esa manera en sí mismo?
Ya no podía seguir así.
asley, ayúdame —rogó mi madre.
—¿La psicóloga necesita ayuda? —me burlé, y ella me echó una mirada fulminante—. Voy, voy.
—Tengo que ordenar unos expedientes y agregar lo que he avanzado con mis pacientes —comentó dándome unas cajas.
—¿Ya hay avances?
Puse sus cosas en el suelo de la sala y la miré. Tomó asiento en uno de los sillones y dio una bocanada de aire demasiado profunda. A veces me sentía mal por todo lo que trabajaba para sacarme adelante, esa era una de las razones por las cuales intentaba seguir en el instituto.
—Afortunadamente sí, he visto a dos de mis pacientes más relajados, regalándome sonrisas y dejando de hablar con monosílabos. ¡No sabes qué frustrante es que hagan eso!
—Oh, créeme que lo sé...
Sabía perfectamente cómo se sentía aquello, Luke era mi ejemplo de eso. Es como querer tirarles un ladrillo para que dejen de ser tan secos y hablen con la misma naturalidad. La comunicación es algo fundamental para que dos personas se entiendan y, así, una de ellas pueda ayudar a la otra, pero Luke no era de esa manera.
De tan solo recordar lo que ocurrió esa mañana, mis entrañas me dolieron y sentí cómo mi pecho se presionaba. Joder, me había vuelto tan sensible con todo lo que tuviera que ver con el rubio.
—¿Por qué esa cara? ¿Ha ocurrido algo? —preguntó en un tono suave. Negué unas cuantas veces y dejé salir un suspiro—. Hasley...
Sabía que no la podía engañar, por dos cosas: una de ellas es que soy su hija y me conoce muy bien, y la otra es que su especialidad estudia con mucha paciencia los comportamientos de las personas.
—Lo odio —mascullé refiriéndome al chico que era dueño de mis pensamientos en estos momentos... y de todo mi tiempo.
—¿A quién? ¿A Zev? —Al oír mi madre decir el nombre de mi mejor amigo sentí como mi ser decayó y quise tirarme al suelo a llorar, fruncí los labios y me dejé caer al sillón a su lado—. ¿Estáis peleados? ¿Ahora qué ha ocurrido?
—Creo que invadí su espacio —comenté sin pensarlo.
—¿Por qué dices eso, cariño? —La mano de mi madre tocó mi pierna dándome pequeñas palmadas.
—Exigí que me dijera de qué habían hablado él y... —no sabía cómo definir a Luke; enfadada aún por el incidente puse los ojos en blanco y dije lo que se me vino a la mente— alguien. Solo quería saber, no era
para que me gritara.
Mi madre dio un suspiro y me miró:
—Hasley...
—¡Sé que no debí exigirlo, pero era importante para mí! —grité desesperada.
—¿Por qué piensas que era importante para ti? —inquirió con una ceja alzada—. ¿Crees que hablaron de ti o era un tema que también te incumbía?
Su pregunta me dejó pensando durante unos segundos, tenía razón. Odiaba que siempre dijera algo con lo cual me callara, ¿por qué no me daba la razón un día?
—No, pero... es mi mejor amigo, se supone que no me debe esconder secretos —balbuceé y ella me miró incrédula.
—A veces como personas queremos mantener algo solamente para nosotros, algo personal, y no, no es porque te esté traicionando y no sea un verdadero amigo. Las personas tienen derecho a guardarse algo solamente para ellas mismas, no seas egoísta, Diane.
—¡No me llames Diane!
—Pero si también es parte de tu nombre —insistió burlándose.
—Voy a la cocina —gruñí levantándome del sillón y me dirigí a esta.
—¡Tráeme un vaso de zumo! —gritó mi madre desde el salón, y puse los ojos en blanco.
Oí que el timbre sonó y por un momento a mi mente vinieron varias personas que podrían estar detrás de aquella puerta, pero también había posibilidades de que fuera alguien del trabajo de mi madre, aunque quise descartarlo rápidamente, porque si algo que teníamos en común ella y yo era lo asocial, y además ya era un poco tarde.
Decidí ignorar el hecho de quién fuera esa persona y buscar el zumo. Saqué dos vasos y vertí un poco del líquido en ellos. Con pasos lentos me dirigí de nuevo al salón. Mis ojos se detuvieron en las dos personas que estaban paradas a un lado del sillón hablando. Estaba incrédula, si no hubiera ejercido fuerza en los vasos, estos habrían acabado cayendo al suelo, así como mi mandíbula si no estuviera sujetada a mi rostro.
Cuando se percataron de mi presencia se giraron hacia mí y sentí mi cuerpo congelarse.
Dos pares de ojos azules me miraban fijamente. Los de mi madre y los de Luke.
—¿Qué haces tú aquí?
—¡Hasley! —me reprendió mi madre.
—Quería hablar contigo —respondió neutro encogiéndose de hombros con las manos en los bolsillos de sus vaqueros—, pero veo que mi visita no te gustó. Un placer, señora Bonnie.
Luke se dio la vuelta para comenzar a caminar hacia la puerta, recibí una mirada de desaprobación por parte de mi madre y solté un suspiro.
—Luke... Espera. —Di unos pasos para estar cerca de ellos. Luke se detuvo y se volvió hacia nosotras—.
Mamá, él es Luke, mi compañero de clase... Pero veo que ya os habéis presentado.
—Me alegra que tengas más amigos, Diane —comentó la mujer y le dirigí una mirada asesina. Luke soltó una risita por lo bajo—. Voy a por zumo para tu amigo.
Me quitó de la mano uno de los vasos que traía y se fue, dejándome a solas con el rubio. Él me miró con una sonrisa torcida.
—¿Sabías que me encanta tu nombre completo? Suena tan británico.
—No lo es.
—No me importa.
—Qué majadero.
—Guarda silencio, Diane.
—¿Ahora me llamarás así? —cuestioné alzando una ceja.
—No, ya te he dicho que me gusta llamarte Weigel, así que ni pienses que lo cambiaré —confesó, y dio unos pasos atrás. Su voz se oía más ligera, y sus ojos eran de un color rojizo. Estaba extraño. Su móvil comenzó a sonar y lo tomó para ver la pantalla, dio un gruñido y contestó—. ¿Qué quieres? —espetó al aparato—. Joder, esperad un momento... ¡No! ¡Bien, bien, ahora salgo! —Luke colgó y me miró—. Vinieron conmigo André y mi prima.
—¿André? —pregunté confundida.
—Sí, mi mejor amigo —susurró, y se dio la vuelta para salir de mi casa.
Me quedé parada mirando por donde había cruzado el chico y me mordí el interior de la mejilla. «No tengo amigos». «Amigo». «Mejor amigo». Luke me confundía lo suficiente para querer perder la cabeza.
—¿Y tu amigo? —La voz suave de mi madre me hizo dar un pequeño brinco. Me giré hacia ella para ver que traía consigo dos vasos de zumo.
—Estaré fuera —avisé.
Antes de que pudiera decir algo al respecto, dejé mi vaso en la mesita de centro y salí con rapidez.
Vi a tres personas hablando. Luke estaba de espaldas con una sudadera negra y sus vaqueros del mismo
color; a su lado había un chico moreno con una camiseta gris y del otro una chica con una minifalda y una blusa escotada. Era la misma del cine. En los labios de la chica descansaba un cigarrillo, o eso creía.
El moreno se percató de mi presencia y le dio un pequeño golpe en el hombro al rubio. Este, al instante, se volvió hacia mí. Igual que la chica, se encontraba fumando.