Boulevard
2-julio-2011
Este capítulo es largo, así que está dividido en 4 partes.
Entonces recordé, era la misma fecha que había con un borrón en su libreta el día en que me senté con él por primera vez en la clase de la profesora Kearney. Despertó mi curiosidad, pero la mandé al fondo de mi cabeza. No necesitaba que Luke se pusiera de mal humor en estos instantes. Así que decidí leer otra nota.
—Primer tatuaje... —susurré. Esta vez, me giré para verlo, él me miraba detenidamente sin ninguna emoción en su rostro—. ¿Tienes un tatuaje?
—Ajá. —Asintió varias veces con la cabeza como un niño pequeño.
—Y desde hace seis meses —declaré, y él volvió a asentir—. ¿Dónde?
—En el lado derecho del pecho —indicó. Puso su mano en dicho lugar y lo palpó dos veces seguidas—. Si me pongo una camisa de cuello en forma de uve se puede notar.
—¿Qué es? —pregunté curiosa.
—¿Quieres ver? —El rubio levantó una de sus cejas con diversión y me sentí palidecer.
—Ummm, n-no, no —respondí en un tartamudeo. Luke se rio y desvié mi mirada al suelo, mientras miraba los dedos de mis manos entrelazarse.
—Solo tendrás esta oportunidad —sentenció.
—No me importa, ¿vale?
Tragué saliva y alcé de nuevo mi vista.
Ay, no.
Mis ojos se abrieron a la par y supe que en cualquier momento caería al suelo. Mis mejillas me picaron
tomando un color rojo y mis manos sudaban por el nerviosismo. Veía el torso desnudo de Luke. Su piel cubierta era más pálida y, justamente, como había dicho, el lado derecho de su pecho estaba tatuado.
—¿E-esta es tu forma de-de ligar? —Las palabras se me enredaban y tenía la necesidad de hundir mi rostro en una almohada.
—¿Quién dijo que estoy ligando? ¿Y contigo? ¡Qué modesta eres, Weigel! —se divirtió. Lo miré a los ojos, queriendo huir de esto—. Sin embargo, todavía no lo he hecho.
—Esto es incómodo —dije. Luke bufó poniendo los ojos en blanco. Sabía que detrás de mi curiosidad había algo más cuando volví a mirar el dibujo con tinta en su piel—. ¿Qué se supone que es?
—Una ruleta. —Se encogió de hombros—. Tengo pensando hacerme otro.
—¿Otro? ¿De qué se trata? ¿Llenar tu cuerpo con tinta sin sentido? —me mofé.
—Para mí tienen sentido... —gruñó.
Empezó a divagar con sus palabras mientras volvía a ponerse su camisa, caminó al otro extremo de la habitación y se detuvo en un estante. Paró de hablar y pasó sus dedos por encima de este, sus ojos observaban detenidamente hasta que se detuvo y sacó una caja plana.
—Me dijiste que conoces los discos de vinilo —señaló—. Así que… esto es lo que te quería enseñar, desde hace un tiempo los colecciono. Tal vez para ti no sean tan especiales o de valor, pero para mí son como un tesoro retro. Me gusta lo clásico.
—¿Tienes muchos? —Di unos pasos hacia donde él se encontraba y me puse a su lado para poder ver la estantería.
—Creo... —confesó dejando en el aire la palabra. En realidad, eran demasiados.
—¿Cuántos son?
—Alrededor de cuatrocientos y pico, no todos están aquí, pero desde que tengo catorce años los empecé a coleccionar, me han regalado también, tenía más, pero se terminaron dañando varios.
—¿Cuántos tenías en total?
Su nariz se frunció y pensó. Yo guardé silencio, esperando su respuesta.
—Tal vez unos quinientos, no lo sé. Pero eran muchos. Mi hermano mayor me manda algunos de ediciones especiales cada mes, y yo consigo otros por mi cuenta.
—¿Entonces tú ya tuviste tu quinientos veinte? —pregunté, curiosa.
Luke se rio.
—Ya sé por dónde vas.
—¡Piénsalo! Es una adicción muy loca, ¡y son demasiados! El dinero de la cadena Village da mucho de sí,
¿no?
—Basta, Weigel —dijo divertido.
—Te obligo a que cuentes todos —ordené—. Quiero saber cuántos tienes con exactitud, me dijiste que aplicarías mi propósito. Ahora seré parte de eso.
Él negó con gracia.
—Lo haré, pero no prometo nada. ¡Son muchos! ¡No terminaré de contarlos todos!
—¡Venga! Necesito un número.
Luke puso los ojos en blanco y se inclinó un poco hacia delante para mirar en el estante, leyendo algunos títulos. Yo reprimí una sonrisa y se volvió a erguir después de escoger un disco.
—Los contaré, pero tú escucha esto.
Caminó hacia el tocadiscos y lo colocó, a los segundos empezó a sonar. La melodía era suave y relajante, me gustaba. Luke comenzó a tararear la canción mientras caminaba alrededor de la habitación. Su sonrisa era demasiado enorme, sus ojos se achinaban y su hoyuelo, tan carismático, se marcaba con tanta profundidad. La felicidad de Luke se podía sentir.
—Acompáñame —me pidió; no sabía a lo que se refería hasta que tiró de mi mano y choqué con su cuerpo.
—Oh, no. —Negué varias veces al darme cuenta de lo que quería—.Yo no bailo.
—Ni yo, solo estoy dando vueltas —se burló.
Y es que solo Dios sabía cuánto amaba la risa de Luke.
—¡No! —chillé cuando di una vuelta con él.
La canción terminó y pensé por un segundo que sería el final de mis vueltas junto al chico, pero me equivoqué: apenas terminó esa empezó la siguiente y Luke apretó más su agarre.
—¡Me encanta esta! —jadeó con un saltito, sonrió despampanante y empezó a tararear la canción ladeando la cabeza.
Y allí nos encontrábamos, en medio de su habitación, dando vueltas sin un sentido específico, solo oyendo su voz y la del cantante. Aquella escena me causaba demasiada gracia y no podía evitar reír. Momentos como estos eran por los que sabía que Luke no era solo frustración, hierba y mal humor; era más que eso, desgraciadamente nadie se daba cuenta de ello y lo catalogaban como alguien de mala influencia.
Me centré en los ojos azules del chico y él me miró detenidamente. Su sonrisa se desvaneció, pero sus ojos seguían manteniendo el brillo. Sentí una presión en el pecho en ese instante, mi respiración entrecortada al igual que la de él. Nunca me había detenido a admirar bien a Luke, él era atractivo, demasiado, era algo que todos podían ver a simple vista y no podrían negar.
Detestaba que mi sensatez no se despertara, que no hiciera caso a mis llamadas de alerta; no tenía nada en mente, salvo el rostro del chico rubio y las ganas de besarlo. No entendía qué ocurría con aquel pensamiento, pero tener a esa distancia a Luke no me hacía pensar con claridad.
Sentí su aliento chocar con el mío y supe que para arrepentirme ya era tarde, aunque, siendo honestos, no quería hacerlo; esto parecía eterno y que jamás ocurriría, podría jurar que ya habían pasado más de cinco minutos, pero en realidad eran solo unos segundos.
Los labios de él se acercaron a los míos, rozó su nariz con la mía. Cerré los ojos por inercia con la respiración detenida. Podía sentir su aliento sobre mis labios; sin embargo, no hubo contacto. No quería lanzarme a los suyos como si mi vida dependiera de ello, porque no era así. Su labio inferior rozó el mío y se alejó unos centímetros.
Me torturaba.
—Si no hago esto ahora, me arrepentiré después... Aunque creo que lo haré de todos modos.
Su jodida voz sonaba tan ronca que envió un pequeño escalofrío por todo mi cuerpo. Sentía mis piernas flaquear.
Después de tanto tiempo, sus resecos labios se sellaron sobre los míos, se rozaban con tanta lentitud. La punta de su lengua jugueteó con mi labio inferior, entonces lo odié porque me hacía sentir tan bien... Creía que todo terminaría ahí, pero no fue así, una de sus manos se posó en mi mejilla y lo peor fue cuando llevé mis manos a la parte trasera de su cabeza.
Nuestros dientes chocaron, causando que Luke riera sobre mis labios. Me gustaba, sus labios eran suaves y hacían el beso un poco lento y cálido con pequeños momentos de intensidad. No sabía por qué no me detenía o él lo hacía. Estaba claro que él no me atraía y viceversa... o eso quería hacerme creer yo misma. Mi mente se transformaba en un desastre, jugaba de mala forma conmigo.
Luke detuvo el beso sin despegar nuestros labios aún. Poco a poco abrí los ojos, encontrándome con los azules océanos de él mirándome fijamente a mí. Se alejó unos centímetros y dijo:
—Esa fue «Wonderwall».
Estaba muda, no pronunciaba nada. Claramente seguía en shock. Ni siquiera me había fijado en que la canción ya había terminado o en que había empezado otra.
Di un paso hacia atrás, desconcertada, sin darme cuenta. El ruido de algo cayendo al suelo y el vidrio quebrándose me hizo salir de mi burbuja. Chillé y me giré para ver la lámpara de Luke hecha añicos en el suelo.
—Mierda —maldije.
Me giré hacia el chico, que no mencionó absolutamente nada, sus ojos solo miraban las piezas de cristal.
Sin decir nada salió de la habitación dejándome ahí sola, donde solo se oía la música en reproducción.
Algo en mi mente daba vueltas, no sabía qué era peor, haber besado a Luke o que me hubiera gustado.
as gradas se llenaban poco a poco mientras pasaban los minutos; me encontraba en uno de los partidos de Matthew. Me había invitado con la condición de que estuviera cerca para que fuera su amuleto de la suerte, según él.
Ya no sabía cómo sentirme.
Sobre el beso con Luke, no lo había mencionado a nadie por dos razones: no tenía a quién hacerlo y prefería guardar aquel acontecimiento para mí. Después de eso, Luke no mencionó nada, el ambiente se puso incómodo y preferí huir del lugar; no asistió los últimos dos días de la semana al instituto y me preocupaba, así como también me hacía sentir mal.
¿El beso había sido un error? ¿Sería eso lo que lo mantenía distante? ¿O era algo más?
Muchas preguntas giraban en mi cabeza y ninguna tenía respuesta.
El lugar estaba lleno, solo se esperaba a que el partido empezara para que todos los gritos de los espectadores se hicieran presentes apoyando a cada equipo. Matthew había estado a mi lado esos últimos días en la hora de comer, en los horarios libres y acompañándome hasta mis clases cada vez que tenía tiempo. Era algo muy tierno por su parte, ya no me ponía tan nerviosa cada vez que sacábamos algún tema de conversación, ahora nuestras charlas fluían con más serenidad y confianza, todo estaba bien. Quería creer eso.
Sentí cómo alguien se sentó a mi lado y por instinto me giré hacia la persona. Fruncí el ceño al ver al rubio a mi lado con dos vasos de refresco y mirando hacia la cancha. No mencionaba nada, solo estaba allí con su mirada entretenida al frente.
—¿Qué haces aquí? —me atreví a preguntar sonando un poco grosera.
—Vine a ver el partido, el aire es libre, ¿no, Weigel? —respondió sin mirarme.
—¿Viniste a ver cómo lo pasan bien humillando a otros? —contrataqué con las mismas palabras que me había respondido el día en que me había mostrado el callejón.
Luke se volvió a verme lentamente y sonrió de lado, levanté una de mis cejas y su sonrisa se agrandó aún más.
—Y a ver cómo pierde el instituto —completó suspirando—. Ten. —Me ofreció un vaso de refresco.
—Casi nunca pierde nuestro equipo de baloncesto —defendí porque era verdad, solían ganar casi todas las temporadas—. ¿Me compraste uno?
—Tú lo has dicho, «casi nunca», quizá hoy sea su día de mala suerte —se mofó haciendo comillas—. Y en realidad estaban de promoción, dos por uno. Ofertas así en la vida no se deben rechazar.
—Eres muy negativo. —Puse los ojos en blanco—. Guau, qué romántico.
—Solo con la gente que me cae mal —susurró regresando la mirada a la cancha.
Fruncí el entrecejo al no entender a cuál de las dos cosas se refería, si al ser negativo o a mi sarcasmo, aunque preferí no volver a hablar, sabía lo irritante que lo ponían mis preguntas «sin sentido»
supuestamente para él. Después de varios minutos en silencio por parte de los dos, el partido comenzó y cuando salió el equipo del instituto encabezado por Matthew tuve que cubrir mis oídos al escuchar todos los gritos a mi alrededor, prácticamente gritaban más el nombre del chico que el del equipo.
—¡Ugh! —dejé salir poniendo los ojos en blanco. La risa de Luke me hizo girarme.
—Tranquila, Weigel, no sientas celos. Ellas serán quienes terminarán sintiéndolos —dijo con amargura.
—¿Por qué lo dices? —demandé.
—Me he enterado de que Jones y tú habéis pasado más tiempo juntos —confesó sorbiendo de su pajita.
—¿Cómo demonios sabes tú eso?
Luke sonrió astutamente y lo miré extrañada.
—Weigel —carraspeó—. Estamos hablando de Matthew Jones, el capitán del equipo de baloncesto, y tú, que, sin ofender, no eres tan importante cuando se trata de ellos dos, pero eres la amiga de Zev y la chica de Matthew.
Abrí mi boca un poco indignada por lo que había dicho, pero la cerré al instante. Luke era a veces tan molesto que ya ni siquiera sabía cómo actuar o qué decir.
—No sé cómo sentirme respecto a lo que has dicho, pero tampoco me aclara nada, se sup... —No pude terminar, porque él me interrumpió moviendo su mano de un lado a otro.
—Concéntrate en apoyar al chico que te está mirando.
En el instante que mencionó aquello, miré hacia la cancha, donde los ojos de Jones me miraban detenidamente, y después a Luke. Regresé mi mirada al rubio y este solo le dedicó una sonrisa amarga al otro chico. Divisé cómo Matthew se acercaba hacia nosotros y sentí sudar mis manos, no me daba buena espina tener a los dos juntos, no entendía por qué, pero estaba muy claro que no debían estar en el mismo lugar.
—Hoy eres mi amuleto de la suerte —dijo Matt sonriente. Sus palabras hicieron que le ofreciera una sonrisa bobalicona, pero desapareció al escuchar la risa burlona de Luke. El pelirrojo arrastró sus ojos hacia él—. ¿Qué es gracioso?
—Que Weigel no es de buena suerte; al contrario, es un imán para la mala suerte —gruñó divertido.
—Tal vez contigo, pero no conmigo —respondió—. Me tengo que ir.
Matthew me guiñó un ojo y regresó a la cancha creando un círculo con su equipo.
—Patético —farfulló Luke.
Reí por lo bajo. El partido comenzó y todos empezaron a apoyar a los equipos, me limitaba a tratar de entender en qué consistía cada cosa del juego, pero no era algo que se me diera bien, los deportes no eran mi fuerte. Pasaron los minutos rápidamente y el marcador mostraba un claro empate, todos comenzaban a exasperarse, solo faltaba un tiempo para ver qué instituto se llevaba el premio.
—Weigel —me llamó Luke, y dirigí mi mirada a él—. ¿Beso bien?
Abrí los ojos completamente y sentí mis mejillas arder, dejando de poner atención al juego. No podía estar preguntándome esto, estaba loco, ¿cómo se le ocurría tan siquiera? Tragué saliva con dificultad y parpadeé varias veces; en cambio, él estaba con su postura cómoda, como si la pregunta fuera la más común del mundo.
—¿Por qué me preguntas eso?
—Solo es una pregunta. —Se encogió de hombros—. ¿Tiene algo de malo? ¡Oh, ya sé! Temes que lo escuche Matt.
Usaba el diminutivo como yo lo llamaba para burlarse de él, Luke siempre hacía eso: encontraba una forma de usar como arma lo que uno decía.
—Cállate, Luke —lo reprendí avergonzada.
—¿No me vas a responder? —inquirió levantando una ceja.
—¡No! —chillé.
Él bufó por lo bajo y se cruzó de brazos, volviendo a mirar al frente. Yo lo observé, obsesionándome un poco más con su perfil, la punta de su nariz y la manera en que sus labios se entreabrían, creando una perfecta silueta.
El beso entre Luke y yo regresó a mi cabeza, dejando que me sonrojara con tan solo imaginarlo, y con ello trajo la vergüenza, recordando que había roto su lámpara; si bien él no dijo nada, su acción de salir solo de la habitación me hizo sentir mal.
—Lamento lo de tu lámpara, sé que te enfadaste…
—Descuida —y me interrumpió—, la lámpara ya era vieja, desde hace días estaba pensando en tirarla —
se mofó—, y no, no me enfadé, ¿por qué lo haría? Nada más se trata de algo material, ¿ya?
—Es que… te fuiste.
—En busca del recogedor —aclaró—. ¿Querías que dejara las piezas rotas en el suelo? Nada arruinó el momento, Weigel. Por favor, deja de disculparte por cosas tan insignificantes.
Me mordí los labios y asentí, apenada por tener ideas erróneas. Luke se quedó en silencio y yo hice lo mismo, miré al frente y me di cuenta de que el partido estaba acabando y, con eso, el instituto triunfaría una vez más.
Luke se puso de pie, ganándose mi atención.
—¿Adónde vas?
—Ya termina —señaló—, y el instituto va a ganar. No necesito quedarme.
Él se alejó y lo vi perderse entre la gente. No quería que se fuera, estaba teniendo buena compañía, o al menos no de esa forma, una en la que me dejaba intranquila.
—¡Luke! —grité por encima de otros gritos, pero fue en vano.
En el momento en el que me levanté dispuesta a seguirlo, todos lo hicieron y los gritos eufóricos de los espectadores me hicieron pegar un grito. El partido había terminado, el instituto había ganado. Por más que quise buscar al rubio, fue imposible, él se había ido.
Por una muy extraña razón todo se calmó, de los gritos a los susurros, los integrantes del equipo del instituto se pusieron en medio de la cancha y sus ojos se dirigían hacia mí. De pronto, sentí más miradas alrededor y quise desfallecer.
No sabía qué ocurría, hasta que Matthew se posicionó en medio de todos ellos y sus ojos verdosos me miraron; todo tuvo sentido cuando los chicos extendieron aquella lona que cargaban.
«Ay, no.
»Decidme que esto no es cierto.
»No está haciendo esto».
Mi corazón se detuvo y mis ojos se abrieron al igual que mi boca. Mis ojos no daban crédito a la escena que tenía enfrente.
El chico caminó hasta las gradas y se posicionó al pie de ellas, me miró con una de sus sonrisas despampanantes. Su cabello rojizo cobre brillaba demasiado y no sé si era por la ocasión, pero todas las luces se dirigían a él. Él rodeó su boca con sus manos y pronunció la frase que había escrita en el cartel:
—¿Quieres ser mi novia?
Todo el aire se me fue y sentía mi corazón latir a mil por hora, mi cerebro no procesaba con exactitud lo que el chico había dicho, estaba en estado de shock.
Sentí un poco de vergüenza y también cómo caía sobre mis hombros la presión de los demás para que mi respuesta fuera positiva, alucinando y sin tener criterio propio. Mis labios no se movían y mucho menos mis ojos, pero eso cambió, porque, como si de una fuerza inexplicable se tratase, sentí una única mirada entre tantas, y odié el hecho de haberme girado.
Luke me miraba desde el extremo contrario al de Matthew, donde había más personas observando la escena. Cargaba un paquete de patatas fritas. Mi corazón se encogió, doliéndome, y en ese instante supe algo: sentía algo por él. Algo fuerte.
Su mirada fue neutra, sin sentimientos, como solía ser casi todo el tiempo. Se pasó la lengua por los labios y miró hacia abajo y después arriba. Su gesto cambió, sonrió de lado, burlón y cínico. Mis ojos viajaron de nuevo a Matthew, que seguía esperando mi respuesta con una sonrisa; este momento lo estaba viviendo en cámara lenta y sentía que ya había pasado una eternidad.
Volví la mirada a Luke y pude leer sus labios pronunciar tres palabras.
Maldita sea, Luke.
Tal vez nos hubiésemos ahorrado muchos problemas, pero siempre te gustaba complicarlo todo.
Dirigí mi mirada a mis pies y cogí una gran bocanada de aire para realizar mi siguiente movimiento. Bajé las gradas con lentitud y, sin esperar absolutamente nada, lo abracé. Matthew no se hizo esperar y me cogió la cintura.
No quise responder, solo esperaba que el abrazo lo tomara como un «sí». Se separó de mí y sonrió. Él tomó con una de sus manos mi mejilla y dio un corto beso a mis labios.
—Hoy es mi día de suerte.
Y con eso volvió a unir nuestros labios.
atthew jugaba con la pajita de su refresco mientras uno de sus brazos estaba por encima de mis hombros. Nos encontrábamos en la cafetería junto a Zev, literalmente me ignoraban, solo hablaban de los equipos de fútbol, sobre lo cual yo no entendía nada. Me aburría estar en medio de ellos dos solo como un objeto.
Creí que ser novia de Jones sería genial y, aunque lo era, en esta semana que llevábamos de noviazgo no podía negar que tenía sus momentos dulces y extrovertidos, pero por el momento mi novio prefería a mi mejor amigo que a mí.
—Necesito ir a clase —avisé interrumpiendo su charla animada.
—¿Tan rápido? —Matthew miró la hora en su móvil y después hizo una mueca—. Faltan quince minutos.
—Sí, pero quiero llegar temprano.
—¿Qué clase te toca?
—Historia —respondí confundida.
Mi novio se quedó un momento pensando y miró a mi mejor amigo para después volver a mirarme.
—Vamos, te acompaño —se ofreció levantándose.
—Pensé que querías seguir aquí con Zev. —Puse los ojos en blanco.
—¿Estás celosa de mí? —me molestó Zev divertido con una risita.
—Cállate —mascullé.
—Oh, venga —se burló.
—Igual me voy, eh, tengo que ir al campo —bufó y se alejó.
Matthew me miró divertido.
—¿Vamos?
—Vamos.
Me puse de pie y me acerqué.
Pasó su brazo por mis hombros y me atrajo a él para empezar a caminar hacia la salida de la cafetería.
En los pasillos las miradas por parte de todos iban dirigidas hacia nosotros y aquello era demasiado incómodo, no estaba acostumbrada a obtener la atención de tantas personas, a pesar de que ya hubiera pasado cuatro días teniéndola.
—¿Qué harás por la tarde? —preguntó el chico ganándose mi atención.
—Diría que debo hacer deberes, pero realmente siempre los dejo para la noche —confesé—. ¿Por qué?
—Porque quiero hacer algo contigo —se encogió de hombros y lo miré—, como ver películas en tu casa o,
no sé, no tengo buenos planes... Lo siento.
Él me miró un poco apenado entrecerrando los ojos y me causó tanta ternura. Llegamos a mi aula y nos detuvimos a un lado de la puerta. Le sonreí reconfortante y tiré de una de sus mejillas.
—Ver películas me parece una buena opción —lo animé dándole crédito a una de sus ideas.
—Bien, iré a las seis de la tarde para ir a coger unas cuantas y comprar palomitas, ¿te parece? —propuso, y asentí con la cabeza con una sonrisa.
—Estaré lista —confirmé.
Me sentía feliz por el simple hecho de que haríamos algo juntos como una pareja oficial, no como amigos o algo así. Ver películas en casa ya estaba demasiado sobrevalorado, pero realmente no importaba cuando se trataba de Matthew: había sido él quien lo había propuesto, por lo cual estaba feliz, pasar tiempo con él me haría bien.
Rodeó con uno de sus brazos mi cintura y se acercó a mí inclinando su cabeza para rozar sus rosados y tibios labios con los míos. Movió su nariz con la mía haciendo como si fuera un gato, aquello causó una risa por mi parte y él ronroneó.
—No hagas eso —reprendí divertida, y él volvió a repetirlo—. ¡Basta, Matt!
—Matt —murmuró—. Me gusta cómo suena.
Besó la comisura de mis labios, lentamente. Subió una de sus manos a mi mejilla y profundizó el beso.
Estaba a punto de seguirlo cuando algo, o más bien alguien, lo impidió.
—Joder, la garita del conserje queda a solo tres metros de aquí, ¡largo! —gruñó Luke hacia nosotros mirándonos con el semblante vacío.
Desvié mi mirada hasta mis pies y me mordí el interior de la mejilla, sabía que estaba sonrojada por el ardor que sentía en mi cara. Matthew me soltó y dio un paso hacia atrás.
—Solo fue un beso, pero gracias por la información —habló el pelirrojo.
—Claro —ironizó el rubio—. Ahora quitaos de la puerta porque me impedís el paso.
Sentía la mirada de Luke encima de mí, algo me decía que esperara a que él entrara. Sin embargo, mis ojos ya estaban dirigidos a sus pupilas.
—Se pide permiso, ¿no sabes lo que implica el respeto? —solté de mala gana.
—¿Respeto? —preguntó incrédulo, y soltó una risa amarga. Se acercó hasta mí sin importarle que Matthew estuviera enfrente de nosotros y susurró en mi oído—: Entonces aprende a respetar un corazón roto.
Dicho esto, le lanzó una mirada creída al otro chico y con su hombro lo empujó para abrir la puerta y entrar. Me quedé viendo un punto fijo mientras sus palabras rebotaban alrededor de mi cabeza. ¿Por qué me había dicho eso? ¿Qué se suponía que había hecho ahora?
—¿Qué te ha dicho? —inquirió Matthew.
Elevé mi vista hacia él y volví a la realidad.
—Nada importante. —Hice un gesto negando con la cabeza.
—Has... —sentenció.
—En serio, nada por lo que debas preocuparte —insistí, y él suspiró.
—Bien —se rindió—. Necesito ver los próximos horarios de los partidos, cuídate.
Me dio un beso rápido en los labios y salió corriendo por el pasillo. Suspiré con pausa y entré al salón.
Busqué rápidamente a Luke para ir directa hacia él, me senté a su lado y lo miré.
—¿Qué ocurre contigo?
—No entiendo a qué demonios te refieres —masculló sacando un refresco de su mochila y agitándolo.
—Hace días que no me hablas y cuando por fin te dignas a hacerlo es para ser tan, tan... ¡Ugh! —gruñí fastidiada—. ¿Qué hice?
—Tú no hiciste nada —habló entre dientes—. Nací con mal humor, ahora cállate y déjame sacarle el gas a mi refresco.
—Eres tan odioso —murmuré.
—Y tú tan tonta para no ver las cosas.
—¿De qué hablas? —pregunté confundida. Ya no entendía nada, con Luke nunca podías entender bien o al menos yo no lo entendía—. ¡Vamos, dime!
—Eres muy gruñona —confesó, y quise decirle lo mismo, pero me contuve. Él siguió agitando el refresco y eso me hacía desesperar aún más.
—¡Deja de hacer eso! —grité.
Le arrebaté la botella de plástico de sus manos y me arrepentí al instante. La tapa se cayó y todo el líquido se derramó sobre Luke y yo. Me estaba preparando mentalmente para lo que fuera a decirme, pero nunca lo hizo. Él frunció el ceño y me miró furioso.
—Luke, lo siento… —intenté disculparme, pero me lo impidió.
Sus acciones fueron suficientes para que no dijera nada, puso los ojos en blanco y se levantó del asiento,
cogiendo sus cosas para salir del aula.
Eché mi cabeza hacia atrás y me sentí demasiado culpable.
staba tratando de controlar mi respiración e ignorar el sentimiento de decepción, no tenía que ponerme así. Matthew me había llamado para cancelar nuestra cita, disculpándose porque no podría venir, ya que entre los planes de su madre había una comida familiar. No me enfadé, tenía que entender la situación, pero no negaba que me sentía triste.
Pensé en hablar con Zev para continuar con mis planes. Sin embargo, decidí no hacerlo. Él, sus hermanos y su madre estaban retomando esas salidas que hacían con su padre. Comenzaba a ponerse todo en orden, el proceso legal todavía era algo que no se concretaba. Apenas ayer por la noche me había contado por mensajes que había salido con su padre el fin de semana anterior, y el señor no tenía intenciones de regresar. Eso era oficial.
Zev lo tomó de la mejor manera y prefirió ya no opinar sobre la vida de su padre. Lo único que le pidió fue que no se alejara de sus hermanos, sobre todo de Alex, a quien, al ser el menor, la separación le afectaba más. Por otro lado, su madre quería estar mejor.
Pasé ambas manos por mi rostro y suspiré con pesadez. Ahora no tenía ningún plan para evitar aburrirme. La casa estaba vacía, mi madre seguía en su oficina de trabajo y no llegaba hasta las ocho de la noche porque siempre tenía que ver los expedientes de sus pacientes para valorar sus avances. Esto era lo malo de ser hija única, no tener a nadie que te haga o a quien hacer la vida un desastre, pero que no te haga sentir tan sola como el pan de sándwich que nadie quiere.
Caminé hasta la cocina para abrir la nevera y ver qué podía comer por entretenimiento. Me prepararía algo y me iría al salón a ver algún programa sin sentido de la televisión. Saqué mermelada de fresa, dulce de leche, chispas de chocolate y crema de cacahuete; cerré la puerta de la nevera, bajé el pan y las tostadas y lo llevé todo a la mesita baja, me senté en posición de loto en el suelo y encendí la tele. Con una cuchara comencé a untar crema de cacahuete en uno de los panes y después mermelada, y repetí con todas las mezclas. Muchos dirían que esto era extraño o incluso asqueroso, pero el sabor resultaba especial. Unos golpes suaves en la puerta principal me dieron una pequeña esperanza de que fuera Matt. Me levanté tan rápidamente del suelo que ni siquiera me di cuenta de que llevaba en mi mano la cuchara y el trozo de pan, puse el trozo de pan entre mis labios y abrí la puerta.
Las esperanzas fueron sustituidas por una pequeña sorpresa al ver a Luke parado enfrente de mí. Fruncí el entrecejo y él elevó una de sus cejas acompañando su rostro con una sonrisa de lado.
—Quinientos tres. Mis cuentas fueron malas.
Eso fue lo primero que dijo.
—¿Ah?
—El total de discos de vinilo.
Mis ojos se abrieron, sorprendida.
—¿Qué? Luke, son muchísimos, ¡¿de dónde sacaste tantos?!
—Mi padre es fan de los vinilos, pero dejó de ponerlos y preferí quedármelos —explicó—. Aunque no están en mi habitación, los ha metido en el garaje y fui a contarlos. Me llevó mucho tiempo, no creí que fueran tantos. Fue alrededor de todo un día.
—Te dije que tenías una obsesión loca. Eso no es bueno…
Él se encogió de hombros. Le di un mordisco a mi pan y su gesto burlón apareció.
—¿Estás cocinando?
Negué con la cabeza e hice un ruido. Él rio y con una de sus manos tomó el pan de entre mis labios y lo quitó. Con la yema de su dedo pulgar limpió la comisura de mis labios y el ardor se apoderó de mis mejillas.
Luke miró el pan y frunció las cejas.
—¿Es cacahuete con mermelada?
—Ahm... —Estaba desconcertada por el simple hecho de su acción y de igual manera por tenerlo aquí.
Sacudí todos los pensamientos de mi mente y me obligué a mí misma a volver a la realidad—. Sí, es una mezcla...
—Rara —interrumpió completando mi frase, asentí y él se encogió de hombros—. Es deliciosa.
—¿Deliciosa?
—A mí me gusta —explicó, sin nada más, y le dio un mordisco al pan.
—¡Hey! —me quejé—. Era mío.
—Era —recalcó. Le saqué la lengua y sonrió—. Infantil.
—¿Qué haces aquí? Creí que estabas enfadado conmigo por lo que pasó en el instituto.
—Tu torpeza es algo que no puedo evitar... —habló desganado—. Fui a la casa de un amigo y tomé este camino, me acordé de que tu casa quedaba por aquí y decidí tocar la puerta para ver qué sorpresa me traía la vida —explicó diciendo lo último con ironía.
—Se supone que no tienes amigos —ataqué. El chico solo chasqueó y mordió de nuevo el pan.
Divisé por encima de su hombro que su moto estaba aparcada y comprendí todo. Nadie más dijo nada y ahí nos veíamos de nuevo en silencio, yo mordiendo el interior de mi mejilla y solamente el ruido de él masticando. Di un suspiro profundo y hablé:
—¿Vas a pasar?
—En realidad se me ha ocurrido una idea, ¿quieres venir? —sugirió dando el último mordisco al pan.
—¿Adónde? —inquirí.
—Solo ven —insistió dándose la vuelta y caminando hacia su moto.
Tuve que pensar rápidamente qué hacer, pero al final acabé regresando al salón para apagar la televisión, dejar la cuchara, tomar mi móvil y salir de casa.
—Estoy casi en pijama —me quejé.
Luke se dio la vuelta y me miró neutro.
—Te ves bien con cualquier cosa, al menos para mí. —Se encogió de hombros y se montó, extendiéndome el casco. Mis mejillas tomaron un color carmesí y reprimí una sonrisa cogiéndolo—. Sube, solo intenta no recargarte en mi espalda.
Le hice caso a su indicación un poco dudosa, pasando mis manos por su cadera y sin apoyar mi rostro en su espalda. Todavía sentía algo de inseguridad, no por parte de él, sino de las personas que venían en dirección opuesta.
Iba a oscurecer en unos pocos minutos y tenía que avisar a mi madre si no quería otro castigo. Luke detuvo la moto poco a poco mientras frenaba y aceleraba a propósito.
—¡No hagas eso! —lo regañé tajante.
—Es divertido sentir cómo te sujetas a mí aún con más fuerza. —Soltó una carcajada y le di un manotazo en la espalda.
Él emitió un quejido deteniéndose por completo y sentí sus músculos tensarse. Entonces mi rostro cayó con culpabilidad al entenderlo todo.
—¿Lo hizo de nuevo? —susurré.
Luke no dijo nada, seguía con sus manos en los extremos de la moto, pero apretando tanto el manillar que se notaban las venas en ellas. Me sentí mal, al igual que sentí el enfado e impotencia emanar de mi cuerpo. Detestaba saber que Luke estaba en un mal momento y yo no podía hacer nada. Había cosas que aún no entendía, pero tenía en claro que su padre no debía golpearlo hasta lastimar su piel ¿Qué ocurría por la cabeza de ese hombre?
Me bajé de la moto y me puse a su lado, su rostro estaba caído mirando hacia el suelo, puse mi mano sobre su hombro y sus músculos se relajaron. Una lágrima descendió por su mejilla y mi corazón se rompió.
—Esto no estaba entre mis planes —murmuró.
—¿Qué cosa? —pregunté sin entender.
—Que me vieras así, enterarte de que no he tenido una buena semana para nada —me explicó alzando la mirada hacia mí—. Prefiero no hablar de eso, de verdad que no. —Movió su cabeza y pasó el dorso de su mano por sus ojos—. ¿Cómo te ha ido con Jones?
—Tampoco quiero hablar de eso —admití.
—¿Por qué? Ha sido espectacular la forma en que te pidió que fueras su novia —admitió con una sonrisa de lado—. Me alegra que seas feliz con él, lo digo en serio, al menos no todo son caras tristes.
No tenía nada que decir ante sus palabras, me sentía incómoda hablando del chico pelirrojo, no podía negar que estaba feliz por ser su novia. Había deseado tanto serlo, pero ahora que por fin lo era no me sentía tan bien, y creo que al negarse a verme me hacía sentir más atracción hacia él.
—No es lo mismo, ¿sabes? —Me abracé a mí misma y le dediqué una sonrisa torcida.
Luke se bajó de la moto y se me acercó a tan solo unos centímetros; observando bien la escena y el momento, él era casi dos cabezas más alto que yo, siempre lo había sido.
—¿Tan incómodo es el tema? —murmuró con la voz ronca enviando una sensación de electricidad por todo mi cuerpo—. ¿O lo es el momento?
No podía articular ni una palabra, mis ojos miraban fijamente los suyos sin parpadear, y no podía hacer otra cosa que respirar y parpadear.
—Luke...
Apenas susurré cuando sus labios tocaron los míos de nuevo. Sabía que tenía que detenerme, decirles a mis pies que se alejaran, a mi mente que reaccionara, y a mis labios que no se movieran, pero me olvidé de todo ello cuando el contacto de los dos era uno solo. Otra vez nos movíamos al compás sintiendo el mundo detenerse y solamente a nosotros dos moverse. Tranquilo, pero arrollador, así era este sentimiento que sentía y así era Luke.
Él se detuvo y alejó su rostro unos centímetros de mí, lamió su arito mirándome y elevó una de sus manos a mi mejilla para acariciarla con la yema de su pulgar.
—Hasley —pronunció lento y suave—. Nos estamos destruyendo de la forma más hermosa y bella que hay, ¿te das cuenta?
—Creo... —susurré todavía tratando de asimilar lo que había dicho.
—Estamos creando nuestro propio boulevard, solo que este tendrá un final para uno de nosotros, y déjame decirte que no me arrepentiré.
Y volvió a unir nuestros labios, creando una perfecta tormenta de dudas y preguntas sin respuestas en mi cabeza.
er novia de Matthew podía parecer un sueño para muchos… y hacía meses era el mío. Meses. Ahora ya no parecía lo mismo, y sé que todos creían que yo había ganado la lotería. Sin embargo, no era así. Las únicas veces en las que reía de verdad era cuando jugábamos a los videojuegos, y todo porque yo resultaba ser malísima en ellos.
Justo como ahora.
—¡Déjame ganar! —chillé una vez más, apretando cualquier botón de aquel control.
—Jamás en la vida —se carcajeó Matthew a mi lado y volvió a ganar.
—¡Esto es una broma! —farfullé dejando el control con cierto enfado sobre su cama.
Él volvió a reír y se puso de pie, me crucé de brazos echándole una mirada con el entrecejo fruncido.
Habíamos decidido venir a su casa después de las clases, se suponía que veríamos películas, pero ahora nos encontrábamos jugando con algunos de sus videojuegos favoritos en su habitación.
Era como la quinta vez que me ganaba en menos de una hora. Era un desastre para eso: ni siquiera sabía qué botón servía para disparar, y estaba un poco frustrada porque él solo sabía reír cada vez que me quejaba. Aunque no podía negar que me divertía un poco escucharlo reír, nuestra relación estaba yendo un poco mejor, ya no me daba tantas excusas, se había vuelto más cercano que antes y cada vez que me veía seguía coqueteando aunque fuera su novia.
Matt se inclinó un poco hacia mí, clavando sus ojos verdes en mis iris azules con detenimiento. Su mirada era sarcástica y divertida. Yo seguí en mi posición, sin moverme, y él no apartó su mirada de mí. Con su dedo índice me tocó la nariz y soltó una pequeña risa.
—Vamos, no seas tan gruñona —murmuró burlón—. Jugaremos una vez más y te dejaré ganar, pero quiero un beso.
—¿Esa es tu condición? —cuestioné arqueando una ceja.
Él frunció los labios y ladeó la cabeza como si estuviese pensando en algo sumamente importante.
—Sí —afirmó, y una de sus tantas sonrisas coquetas se plasmó en su rostro.
—Eres un malvado —susurré entrecerrando los ojos.
—Ajá…
Acercó su rostro hasta el mío y besó mis labios, su toque era suave y lento, puso una de sus manos sobre mi mejilla, con su pulgar dio varias caricias a esta y se separó un poco.
—Te dejaré ganar dos veces por el solo hecho de que me ha encantado este beso —confesó con una pequeña sonrisa y volvió a besarme.
Mis manos se fueron hasta su cuello y profundicé el beso, él soltó un gruñido y me separé esbozando una sonrisa satisfactoria.
—Pero que no sea el mismo juego —advertí.
—Trato hecho —concluyó, irguiéndose de nuevo y alzando su mano. Matthew caminó hasta su consola y me miró—. ¿A cuál quieres jugar?
Me levanté de la cama y caminé hacia él, poniéndome a su lado y observando todos los videojuegos que tenía.
—Este me llama la atención —mencioné pasándoselo.
—Perfecto —sonrió.
Sacó el disco y lo intercambió con el otro, regresé de nuevo a la cama y me senté en posición de flor de loto tomando el mando entre mis manos, Matt se puso a mi lado y suspiró. Esperamos a que cargara y seleccionamos lo indicado, volvíamos a jugar y yo empecé con mis quejas. Maldita era la hora en que escogí este juego, me estaba desesperando y eso al chico lo entretenía.
—Eres un desastre en esto, Has —murmuró entre risas.
—Cállate —refunfuñé.
Aunque, después de todo, se dejó ganar y, a pesar de que yo lo sabía, me alegró, mirándolo con superioridad y sacándole la lengua de una forma infantil.
—¿Qué quieres hacer ahora? —preguntó, tirándose de espaldas a la cama.
—No sé. —Copié su acción—. ¿Podemos ir a comprar algo de comida?
—No es mala idea —indicó—. Después podría dejarte en tu casa, ¿está bien?
—Por supuesto. —Asentí. Nos quedamos en silencio así, hasta que él se acercó hasta mí y comenzó a hacerme cosquillas—. ¡No, no, no! ¿Qué haces? ¡Detente! —Comencé a gritar, sus dedos me hacían cosquillas por todo mi cuerpo, me estaba quedando sin aire—. ¡Matthew, ya!
—¡Es divertido! —gritó. Yo trataba de alejarlo, pero era imposible, tenía mucha fuerza y me ganaba siempre; después de tantas súplicas para que se detuviera, lo hizo, levantándose de encima de mi cuerpo y la cama—. Bien, vamos a por comida, bebé.
—¿Bebé? —cuestioné burlona por la manera en que me había llamado.
—Sí, bebé —afirmó, mirándome con sarcasmo y diversión. Me reí.
Me puse de pie, arreglando mi blusa y mi cabello.
—Es chistoso el apodo.
Matthew se encogió de hombros restándole importancia, apagó todo y fue hasta el baño para salir en poco tiempo. Tomó su móvil, que se encontraba entre las sábanas, y se puso a mi lado, caminó hasta la puerta de su habitación y me miró.
—Son más divertidos los apodos de animales —confesó. Salí antes que él y cerró la puerta detrás de mí—.
Esos de osito, leoncito, gatito o iguanita.
—¿Iguanita? —inquirí soltando una risa—. ¿Quién le dice a su pareja iguanita?
—Lo he escuchado, créeme. —Negué divertida y llegamos hasta el salón—. ¿Y tu mochila?
Miré detrás de mí y gruñí. Era cierto.
—Ugh.
—Tranquila, iré a por ella. Yo la llevo.
Sin esperar respuesta de mi parte, regresando a su habitación, solté un suspiro pesado y mordí mis labios. Apoyé todo mi peso sobre una de mis piernas y comencé a tararear una canción, Matthew regresó con mi mochila sobre su hombro y esbozó una sonrisa.
—Ok, vamos —indicó abriendo la puerta y saliendo.
En el camino comenzamos a hablar de muchos temas, desde la escuela hasta los gustos particulares de cada uno para entretenerse. Murmuraba cosas sin sentido y después explotaba entre carcajadas, ¿qué ocurría con él? Sin duda alguna me hacía reír, causando que cubriera mi boca con ambas manos para después tratar de calmarme y recuperar mi ritmo de respiración normal.
—¿Qué vamos a comer? —pregunté, enrollando mis brazos alrededor de su torso.
—Mmm, no sé, ¿pizza? ¿Quieres helado? ¿O comida china?
—Comida china —repetí, y arrugué la nariz negando.
—¿No te gusta la comida china? —preguntó, con los ojos abiertos e incrédulo. Yo negué y dramatizó más sus acciones—. ¿Cómo puede no gustarte la comida china?
—Solo no me gusta. —Puse los ojos en blanco—. Mejor compremos pollo empanado.
—La comida china es deliciosa, pero me gusta más la japonesa —indicó, metiendo el dedo en la llaga. Yo reí—. Está bien, vamos a por pollo, ¿podemos comer en tu casa?
—Claro —accedí—, pero tengo que avisar a mi madre, no sé si está en casa.
—Lo que la señora quiera —dijo él.
—Por supuesto —la seguí.
—¿Tu madre tiene oficina propia o trabaja para algún hospital? —preguntó de repente—. Me refiero a si es independiente o le llegan pacientes que le mandan de sitios como escuelas, hospitales, centros de apoyo…
—Comprendo. Es parte de un centro de apoyo, aunque su consultorio pertenece a varias escuelas, y llegan chicos de diferente procedencia. Algunos se quedan y otros abandonan la terapia al segundo día.
—Te llevas bien con ella, ¿no es así?
—Tenemos una gran relación, se ha basado en la confianza y el respeto, ella es muy abierta conmigo, y si tengo problemas sé que puedo contárselos. Me gusta saber que, aparte de ser mi madre, también es mi mejor amiga.
—Es genial. Yo peleo todo el tiempo con mis padres, quizá por la mala relación que tuvieron con los suyos y que adquirieron la misma forma de ser.
—Pasar las costumbres de generación en generación. Fatal, ¿eh?
—Fatal.
Matthew sonrió de oreja a oreja y me envolvió en un gran abrazo.
—Te quiero, Has.
—Yo también.
—No toques esa pieza, es mía —advirtió Matthew apuntando una de las tantas que había.
—¡Por Dios! —reí—. ¡Hay muchas!
—No me importa —dijo como un niño pequeño, adoptando una posición más cómoda en el sillón—. Estás advertida, Hasley Weigel.
Puse los ojos en blanco divertida y centré toda mi atención en la película. Matthew estaba también con su mirada fija mientras seguía comiendo. Había avisado a mi madre y me había dicho que no estaba en casa porque seguía viendo más expedientes. Quería terminarlos en la oficina: no quería hacerlo en casa puesto que solo llegaría a dormir. Me preguntó sobre quién era y le respondí con alguna que otra mentira que me echó en cara, pero al final aceptó. El chico terminó de comer la última pieza y se quejó de que había comido demasiado, me levanté del sillón y recogí todo para llevarlo a la cocina con Matthew siguiéndome.
—Vengo a lavarme las manos —anunció cuando le ofrecí una mirada confundida. Le indiqué dónde hacerlo y él se dirigió allí. Después de tirar las cosas a la basura, me lavé las manos cuando él terminó—.
¿Puedo cambiar la película? Me aburrió esa.
Asentí, él salió de la cocina y yo me quedé, abrí la nevera en busca de un poco de refresco y tras beber regresé de nuevo al salón para encontrarme con Matthew terminando de poner la película.
—¿Cuál has puesto?
—Una comedia de Adam Sandler —me explicó—. Tienes demasiadas de él.
—Las tengo por Zev —informé—. Lo adora, dice que es su actor favorito —confesé. Siempre que salía una película de él, iba al estreno y también los días que aún seguía en cartelera, y además las compraba después.
—Genial —festejó.
Caminó hasta mí y me atrajo hacia su cuerpo con una de sus manos, juntó nuestros labios y me llevó con él hasta el sillón de nuevo. Su otra mano tomó mi mejilla para profundizar el beso, se sentó y así quedé yo encima de él. La mano que tenía en mi cintura bajó hasta mi cadera y empezó a trazar pequeños círculos sobre mi piel desnuda con las yemas de sus dedos.
—Sabes a pollo —comenté divertida y un poco incómoda.
Pero no se detuvo, al contrario: sin despegar sus labios de mi piel, recorrió desde la comisura de mis labios hasta mi cuello y bajó a mi clavícula. Poco a poco me recostó sobre el sillón quedando encima de mí.
Sus labios se movían sobre mi piel y succionó la parte trasera de mi oreja.
—Ya empezó la película —mencioné, tratando de que se detuviera y regresáramos a nuestras posiciones.
Sabía lo que quería. Él estaba acostumbrado a eso, pero yo no estaba lista. ¿Quería tener sexo con Matthew? Tal vez sí, pero en un futuro, no ahora. Le quería decir que no estaba preparada para ello y que por favor comprendiera y respetara mi decisión.
Lo tomé de los hombros soltando un suspiro, armándome de valor para sacarlo de encima de mí, cuando se escucharon unos toques en la puerta. Jamás me había sentido tan feliz de oír aquel sonido. Él se detuvo y gruñó como un cascarrabias. Incorporándose, se dejó caer a un lado del sillón y me miró con una ceja alzada; me encogí de hombros respondiéndole que no sabía de quién se trataba. Me levanté arreglando mi blusa y caminé hasta la entrada.
—Hey —saludó Luke apenas abrí la puerta.
Yo fruncí el ceño. Confundida por su aparición, pude observar que sus ojos estaban un poco hinchados y rojos.
—¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
—¿Podemos hablar? —pidió, regalándome una sonrisa sin despegar sus labios y, a la vez, mirándome con pena.
Tomé una gran bocanada de aire y miré hacia el salón, donde Matthew se encontraba con sus ojos sobre mí, observándome con detenimiento. Mi nerviosismo comenzó a invadir mi cuerpo cuando él se paró y a pasos decididos se acercó hasta mí.
—¿Quién es? —preguntó detrás de mí.
Oh, Dios.
Los ojos de Luke se clavaron en el chico que estaba a mis espaldas y después regresaron a mí. Su semblante ahora estaba serio y vacío, sentí por detrás la mano del otro chico sobre mi hombro.
—Hola, Luke —saludó este. Su voz sonaba sarcástica dejando en claro que la presencia del rubio le había desagradado, lo más probable por interrumpir la escena anterior.
—Jones —pronunció, y se dirigió a mí—. Entonces ¿podemos hablar?
Abrí un poco más la puerta y me giré para poder ver a mi novio y después al chico. Los ojos verdes de Matthew me miraban con dureza, dándome a entender que le dijera que no a Luke. Me sentí un poco mal y presionada por ambos. Si le decía que sí a mi amigo, mi novio se enojaría; por el contrario, Luke no se merecía esto. Sabía que él estaba mal, no podía dejarlo así.