Cerebro
Capítulo 2
–Ya estoy mucho mejor, en serio -repitió Katherine, mirándolos alternativamente.
Uno de los médicos tenía los ojos más verdes que había visto en su vida; parecían esmeraldas. Trató de moverse, pero él la sujetó con más fuerza.
De pronto se le nubló la vista; el médico parecía estar muy lejos. Al mismo tiempo sintió un silbido en los oídos. Su cuerpo pesaba demasiado.
–Estoy mucho…
Hablaba con voz gangosa, moviendo los labios con gran lentitud. La cabeza se le cayó a un lado. Vio que estaba en el suelo de un cuarto que servía de almacén. Luego, la oscuridad.
2
14 de marzo
El señor Wilbur Collins y su esposa se consolaban mutuamente, esperando que les abrieran la puerta. Al principio la llave no entró en la cerradura; el portero la retiró, pensando que quizá no fuera la del número 92, pero entonces vio que la tenía al revés. Cuando la puerta se abrió, se hizo a un lado para dejar paso a la directora del Colegio Mayor Femenino de la universidad.
–Bonito apartamento -dijo la directora.
Era una mujer menuda, de unos cincuenta años, que gesticulaba con rapidez y nerviosismo. Resultaba evidente que se sentía muy incómoda. Los esposos Collins la siguieron, junto con dos policías uniformados.
Se trataba de un apartamento pequeño, de un solo dormitorio, que se anunciaba como «con vista al río». La tenía, pero sólo desde una diminuta ventana abierta en el cuarto de baño cuyas dimensiones eran las de un ropero. Los dos policías permanecieron a un lado, con las manos a la espalda. La señora Collins, de cincuenta y dos años, vaciló ante la puerta, como temerosa de lo que podía encontrar allí. Su esposo, en cambio, entró renqueando hasta el centro de la habitación. La polio, en 1952, le había afectado la pierna derecha, pero no su capacidad para los negocios. A los cincuenta y cinco años, era el segundo personaje en importancia dentro del imperio constituido por el First National City Bank de Boston. Exigía de todos actividad y respeto.