Cómo funciona la música

David Byrne · Capítulo 75 de 102

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Cómo funciona la música

5. El alquiler tiene que ser barato… y mantenerse barato

Si tuviéramos que trazar la conexiones entre arte y música, diría que los Ramones y Blondie eran bandas de pop art, mientras que Talking Heads sería arte minimalista o conceptual con cadencia de rhythm and blues. Suicide era minimalismo con elementos de rockabilly, y Patti Smith y Television eran expresionistas románticos con, a veces, un ligero enfoque surrealista. Por supuesto, no es tan simple como eso; no todo se puede asociar con movimientos artísticos. Algo que las bandas tenían en común era que todos trabajábamos dentro del marco de una forma popular que nos gustaba y de la que en años anteriores nos habíamos apartado. Como resultado, todos buscamos ocasionalmente inspiración en otro lado; en otros medios, como bellas artes, poesía, acciones de arte, performances drag o barracas de feria. Todo nos servía de punto de referencia. La obligación de buscar fuera de la música era algo positivo. Quizá se hizo por desesperación, pero estimuló a todo el mundo a hacer algo nuevo.

 

5. EL ALQUILER TIENE QUE SER BARATO… Y

MANTENERSE BARATO

El CBGB estaba en un barrio duro. Hoy (fig. A) hay allí tiendas de comida para sibaritas y restaurantes sofisticados, pero en aquellos tiempos el Lower East Side y la zona del Bowery (fig. B) estaban en bastante mal estado. Había borrachuzos por todas partes, y no era nada romántico ver a alguno de ellos bajándose los pantalones y echar una cagadita en un pasillo del Associated Supermarket: era nauseabundo y deprimente, igual que muchas otras cosas que teníamos que soportar. Pero los alquileres eran baratos: ciento cincuenta dólares al mes por el sitio que Tina, Chris y yo compartíamos en Chrystie Street, aunque no había lavabo, ducha ni calefacción. Tanto pagas, tanto obtienes.

En invierno a veces no sabías si el tipo que veías tendido en la nieve estaba simplemente borracho o colocado, o si el cuerpo comatoso tirado en la acera era ya cadáver. Nuestro apartamento estaba cerca de la zona de prostitutas más tiradas y repugnantes de la ciudad. Al este, la heroína se vendía más o menos abiertamente en cada esquina, y la clientela usaba los edificios abandonados cercanos para chutarse. Tiradas por las aceras veías papelinas vacías marcadas con el logotipo de las diferentes «marcas». Tener éxito en ese mundo, convertirse en una estrella del downtown, no era lo que en un sentido convencional se llama «triunfar» en el negocio de la música. Quizá nos sentíamos triunfadores porque nuestros colegas nos aceptaban, pero desde el punto de vista de nuestros padres y de la gente de fuera, seguíamos viviendo en la miseria.

Pero sobrevivir y crear allí significaba que formabas parte de un lugar en el que tenías cierta sensación de comunidad. Aunque, comparados con los precios actuales, los alquileres en la zona eran increíblemente baratos, los tres que empezamos Talking Heads compartíamos un loft para ahorrar dinero, igual que hacía todo el mundo. El loft de Blondie estaba un poco por debajo del CBGB, en el Bowery, y Arturo Vega, asesor de estilo de los Ramones, tenía una casa justo a la vuelta de la esquina.

Cierto romanticismo sobre la historia cultural de la zona nos influía. Personajes que nos habían sido de gran inspiración seguían siendo habituales del vecindario. William Burroughs vivía cerca de allí, igual que Allen Ginsberg, y nos imaginábamos que de alguna manera éramos continuadores de su legado. No eran estrictamente músicos, pero nos inspiraban tanto como la mejor música que nos había precedido. Aunque ni Ginsberg ni Burroughs podían ser considerados «románticos», con su actitud respecto a la vida y al arte formaban parte de una mística que, a nuestros ojos, daba cierto glamour a la sordidez.

Un alquiler barato permite que artistas, músicos y escritores vivan sin demasiados ingresos durante sus años de formación. Les da tiempo para que se desarrollen, y da tiempo para que se formen las comunidades creativas que nutren y apoyan a sus miembros. Todo el mundo sabe que, cuando esos barrios se aburguesan, la gente local y los elementos creativos más precarios son expulsados. Pero no todos los barrios con alquileres baratos propician el surgimiento de una escena. Recientemente estuve viviendo cerca de la calle Treinta Oeste de Manhattan, donde los alquileres habían sido baratos, sin que por ello surgiera ninguna comunidad. No basta con un alquiler asequible.