
El caballero encantado (cuento real… inverosímil)
de Benito Pérez Galdós

Un profesor de filosofía afincado en Madrid empieza su relato negando que exista: no tiene carne ni hueso, dice, y es solo hechura del pensamiento ajeno. Hecha la advertencia, Máximo Manso cuenta lo que le pasó mientras se creía vivo. Tenía las horas medidas y presumía de no necesitar a nadie, hasta que se le fueron metiendo en la vida la vecina carnicera, su discípulo Manolito Peña, la sablista doña Cándida y sobre todo Irene, la institutriz a la que convirtió en mujer ideal sin preguntarle nunca su opinión. Mientras tanto, su hermano, indiano recién llegado, se abría paso en la política con un lema hueco. El humor es seco, la amargura va en aumento, y el final deja a Manso mirando desde muy lejos a la gente por la que se desvivió.