
La incógnita
Manolo Infante llega a Madrid con un acta de diputado recién estrenada y la vanidad del provinciano que quiere hacerse un sitio. Desde el primer día escribe a su amigo Equis, un madrileño recién confinado en Orbajosa, y le cuenta lo que ve: los pasillos del Congreso, las tertulias y, sobre todo, a su prima Augusta, casada con el íntegro Tomás Orozco. Infante la desea y la vigila. Cuando Federico Viera aparece muerto y nadie sabe si fue suicidio u homicidio, las cartas se convierten en una investigación torpe y celosa, escrita por alguien que solo alcanza a ver la superficie de las cosas. Galdós no resuelve nada aquí. El desenlace es una broma insólita para 1889: Equis devuelve el paquete de cartas convertido en Realidad, la novela dialogada que cuenta por dentro lo mismo que Infante no supo leer.






