El chico de arriba
Capítulo 11
11
Con cierto nerviosismo, me alejé de Kylan. Retrocedí varios pasos con la mirada fija en Dan. Había cambiado tanto en seis meses… Su pelo castaño estaba más corto y su cuerpo, más definido. Incluso había adelgazado y formado músculos en los meses que no nos habíamos visto.
Me temblaron las piernas al verlo ahí. Lo había extrañado mucho. Quería achucharlo con fuerzas mientras él me rodeaba con sus brazos, como lo había hecho muchas veces tiempo atrás, pero mantuve mi orgullo. Dan me había dicho que no podía seguir en una relación conmigo porque deseaba estar un tiempo a solas y poder reorganizar su vida después del divorcio de sus padres. Decidió pasar un tiempo con su padre y no supe más de él, hasta ese momento. No se había despedido, ni había llamado ni mandado mensajes. No había intentado comunicarse conmigo de ninguna manera.
Seis meses de silencio de su parte y ahí estaba, parado frente a mí.
Antes de ser novios, habíamos sido mejores amigos, pero ni así era digno de mi cariño. No se merecía que corriera a abrazarlo y a decirle lo mucho que lo había extrañado en todo este tiempo. Tomé a Kylan del brazo y me lo llevé a rastras detrás a cualquier lugar que fuera lejos de Dan.
Fuimos hasta la puerta del club y salimos. Al instante, solté a Kylan.
Alzó las cejas al verme caminar, o mejor dicho, tambalearme de un lado a otro. Aún sentía los efectos del alcohol en mi sistema. Ver a Dan me había
espabilado un poco. Pero solo eso.
Mi mente aún seguía confusa por todo.
—Así que ese es tu ex… —dijo metiéndose las manos en los bolsillos delanteros de su pantalón.
Asentí. Era incapaz de hablar.
Y tampoco podía creer que Dan hubiera venido a la fiesta de nuestra mejor amiga.
Así que a eso se refería Amber cuando dijo que Dan había vuelto… No solo a la ciudad, sino también a nuestras vidas.
Dan era el mejor amigo de Amber y yo su mejor amiga. Nos habíamos conocido en el edificio y, como habíamos coincidido también en las clases del colegio, habíamos acordado incluir a Dan en nuestro grupo. Bueno, Amber lo había decidido y yo acepté al ver que era un gran chico. Pero todo se complicó cuando empezamos una relación. Para Amber no era fácil ser la mejor amiga de la ex de su mejor amigo. Era una mierda. Ella siempre se sentía entre la espada y la pared.
Intenté calmarme, pero me era imposible. Desde ahí se podía oír el jaleo de la música que salía del club. Kylan observaba cada uno de mis movimientos, por lo cual no podía pensar con claridad. Estaba nerviosa, haber visto a Dan me había dejado inquieta. Creía haberlo olvidado durante las vacaciones, pero no era así. Todavía podía sentir ese dolor amargo de cuando me había dejado.
La puerta del club se abrió de golpe y escuché varios pasos, pero no me giré. Kylan se acercó a mí de forma protectora. Me di la vuelta para afrontar a quien fuera que estuviera frente a mí. No era una persona, eran varias.
Dan, Kem y Amber salieron por las puertas del club. Fue Kem quien corrió hacia mí.
—¿Estás bien? —dijo con suavidad, pero mirando de reojo a Dan. Al parecer, ya se podía imaginar quién era—. ¿Quieres irte?
Amber abrió la boca, sorprendida.
—Pero es mi fiesta —dijo consternada y me miró suplicante—. Ruby, no te vayas. Te juro que no sabía que vendría, yo no lo invité. Lo que te dije antes era porque sabía que llegaría hoy, pero no tenía idea de que se presentaría aquí.
Dan carraspeó.
—Estoy aquí, ¿sabes? —murmuró—. Y fue Ada quien me invitó, por cierto. Me dijo que Ruby quería hablar conmigo, por eso he venido. Pero ya veo que no es así… —dijo mirando a Kem, tan cerca de mí.
No quería irme de la fiesta, pero tampoco quería lidiar con Dan.
Era muy bajo por parte de Ada haberlo invitado y haber dicho aquello.
Esa chica necesitaba unas palabras mías. No tenía derecho a mentirle. ¿Qué tenía en el cerebro?
—No me iré —hablé en voz alta dirigiéndome a Kem, pero mirando a Amber con una sonrisita—. Es el cumple de mi mejor amiga.
No había mejor explicación que esa para quedarme.
Me acerqué a ella rápidamente y la abracé. Aproveché para acercarme a su oído.
—Sabes que a pesar de todo te quiero mucho, ¿verdad? —dije sonriéndole.
Ella entornó los ojos, pero aun así me devolvió el gesto. Estaba más borracha que yo.
—Por supuesto, nena. Yo también te quiero mucho —respondió—. Y lo siento por mi hermana. No sé por qué lo ha hecho, pero lo vamos a averiguar. Ahora está un poco indispuesta en el baño, pero hablaré mañana con ella cuando esté sobria.
Le apreté la mano.
—Gracias.
Amber y yo caminamos tomadas de la mano hacia el interior del club.
Ella me dirigió a la pista de baile, pero al llegar ahí, el DJ detuvo la música y tomó un micrófono.
—Bueno, chicas y chicos, ¡es hora de que empiece la verdadera celebración! —dijo con voz alegre.
Todos en el club gritaron ante eso, vitoreando y silbando. Amber miraba hacia el DJ fijamente con curiosidad, pero no dejaba esa sonrisa de felicidad extrema. Bloqueé de mi mente a Dan y a cualquier otro chico para disfrutar del momento. Ya eran casi las dos de la mañana.
—Así que invito a Amber a subir aquí. ¡Ven aquí, cumplea ñera!
Amber se sorprendió cuando una luz casi nos ciega al enfocarnos, pero le hizo caso al DJ. Conmigo agarrada de la mano, caminó hacia la cabina.
Estaba casi al fondo de la discoteca, pero logramos pasar cuando la gente de la pista de baile nos abrió paso. Antes de subir a la plataforma, mi amiga me soltó la mano y trepó con la ayuda del chico. Me quedé parada abajo, muy cerca de ellos. Gracias al cielo la plataforma no era tan alta y, a pesar de lo bajita que era yo, no tuve que levantar la cabeza y romperme el cuello para poder mirar a Amber.
—Bien, preciosa. Primero queremos empezar de la mejor forma. Tu hermana Ada ha ayudado a tus padres a organizar todo esto y ahora quiere dedicarte unas palabras. —El DJ miró alrededor, como si buscara algo.
Pareció encontrarlo en su campo de visión porque señaló con la vista al frente—. ¡Ada, allí estás, chica! Ven aquí.
Me giré en esa dirección y vi a Ada al lado de Kem, no muy lejos de nosotros. Entorné los ojos por instinto, cada vez que la miraba estaba al lado del vecino de arriba. Parecía no querer separarse de él ni por un segundo.
Ya estaba más repuesta, caminaba con decisión hasta la plataforma del DJ.
Sus tacones sobresalían en el lugar al ser tan llamativos y estar enfocados por las luces estroboscópicas. Con ayuda del DJ, subió también con su hermana. Le quitó el micrófono al chico y sonrió hacia todo el público.
Muchos de sus amigos la vitorearon.
—Muchas gracias por invitarme a subir, Roy —exclamó con alegría y
desenvoltura, no parecía tener vergüenza de hablar frente a mucha gente. A diferencia de mí, yo tenía pánico a hablar en público—. Quiero agradecer a todos los presentes aquí por haber asistido a esta celebración de mi hermanita y sus dieciocho años…
Me desconecté del todo al sentir unas manos presionar mi cintura desde atrás. El aroma de esa persona inundó mis sentidos y me alertó de quién era.
Por un minuto, dejé mi mente en blanco y sentí ese tacto, como lo había querido sentir en secreto varias veces desde que lo había conocido. Me quedé quieta esperando, no sé qué, pero llegó. Sentí su mano recorrer mi espalda hasta mi cuello, lo acarició antes de presionar sus labios ahí. Y esta vez no me dio un ataque de risa, sino que suspiré levemente. Me giré, con ello perdí el contacto de su boca, pero logré mirarlo a los ojos.
—Kem —exhalé el aire que estaba conteniendo.
Me sentía acalorada y no sabía si era por sus labios en mi cuello o por el alcohol que había bebido. Lo que sí sabía era que estaba en llamas y quería apagar el fuego cuanto antes. Y sabía que la única manera era que Kem volviera a presionar sus labios sobre mí.
No me importaba la gente que me rodeaba ni los que estaban en la plataforma hablando. Un líquido caliente fluyó por mis venas cuando Kem acercó su cuerpo al mío, apretando todas las partes correctas de nuestra anatomía.
—Ruby, estás preciosa —me susurró en el oído.
Sonreí al escucharlo. Parecía decir mi nombre en los momentos serios y este era uno de ellos. No sabía qué me pasaba, solo que sentía algo muy fuerte hacia él.
No me importaba hacer algo vergonzoso para apagar el fuego que había en mí. El alcohol me había nublado los pensamientos y las acciones razonables. Estábamos en un club repleto de gente, pero eso me daba igual.
Kem bajó sus manos a mis caderas y yo llevé las mías detrás de su cuello, haciendo que bajara un poco su cabeza. Sentí que sus labios tocaron
la comisura de mi boca, depositando ahí un suave beso.
Me estremecí.
—No sabes las cosas que me haces, Bizcochito.
Volví a la realidad cuanto escuché los gritos y silbidos de muchas personas. Sentí que mi cara se puso caliente. Miré a Kem, su cara estaba iluminada por una luz blanca muy fuerte. Abrí los ojos como platos al darme cuenta de lo que era. Me giré y me solté del agarre de Kem, mirando hacia la tarima avergonzada. Amber me mostró una mueca divertida, su hermana Ada me asesinaba con la mirada.
Roy, el DJ, sostenía el micrófono.
—Al parecer, alguien ya se estaba divirtiendo —dijo. Todo el público silbó y gritó cosas que mis oídos bloquearon—. Ven aquí, te estamos esperando, mejor amiga de la cumpleañera.
A paso rápido, caminé hacia ellos y, sin ayuda de nadie, me subí a la plataforma. El DJ me indicó que dijera unas palabras para mi mejor amiga.
Con una sonrisa incómoda de borracha, tomé el micrófono que Roy me tendía. Hablé de cuando nos conocimos y cómo nos hicimos amigas a muy temprana edad.
Había bebido licor, por lo que no me daba tanta vergüenza hablar frente a todos nuestros amigos, incluidos los de Ada y muchos más desconocidos.
Minutos después de mi borracho discurso, volví a bajarme de la plataforma y me escabullí entre la gente. Amber me siguió de cerca. Fuimos juntas al reservado en el que habíamos estado antes.
—¿Qué rayos ha sido eso? —preguntó Amber sentándose en el gran sillón negro. La imité y me coloqué a su lado.
—No sé de qué hablas, Am —dije haciéndome la desentendida.
Al ver su cara, solo pude reírme. Seguía aturdida por el alcohol, solo por eso solté lo siguiente:
—Kem se ha acercado y ha intentado besarme.
Amber abrió los ojos como platos, luego se rio a carcajadas.
—¿Y tú no? Por favor, estabais tan pegados que parecía que os ibais a comer el uno al otro.
Esta vez fue mi turno de partirme de la risa, pero volví a ponerme seria cuando aparecieron Kem, Kylan, Henry y Dan en el reservado.
Quise morirme al verlos caminar hacia nosotras. Henry se acercó a Amber y tomó su mano para llevársela a un lado. Antes de irse, mi mejor amiga le lanzó un último vistazo a Kylan. Yo me quedé mirando incómoda hacia la pista de baile, tratando de ignorar a los tres chicos.
Dan fue quien se me acercó.
—Ruby, creo que debemos hablar.
Hice una mueca, pero acepté. Eso era cierto, había tantas cosas que debía explicarme que no podía quedarme más con la duda.
—No lo creo —aseveró Kem interponiéndose entre Dan y yo—. Ruby está borracha y les prometí a sus padres llevarla a casa sana y salva.
—Tú no… —empecé a decir al darme cuenta de que mentía.
—No ahora, Bizcochito —me interrumpió él, mirándome ferozmente—.
Creo que deberíamos ir a casa.
Dan alzó las cejas.
—¿A casa? ¿Qué, vivís juntos? —se burló él.
—No, pero Ruby y yo somos vecinos. Vivimos en el mismo edificio —
sonrió mirándolo fijamente.
Dan borró su mueca burlona.
—Yo también vivo en ese edificio. En el primer piso para ser exactos —
informó.
Kem parecía molesto con ese hecho.
—Bueno, niños, es hora de irnos —aclaré mirando a Kem y luego a Dan
—. Quiero volver a casa.
Me disculpé de Amber con un gesto, Henry y ella estaban atentos a la escena. Me fui a despedir de ellos, pero mi amiga se alejó de mí.
—¡No! —exclamó—. Yo también me iré con vosotros.
Fruncí el ceño.
—¿Estás segura, Am? —Según mi reloj, eran más de las dos de la mañana. Amber era una persona fiestera y sabía que podría aguantar más que eso.
—Sí, yo iré con vosotros. —Parecía más interesada en Kylan que en Henry—. La cumpleañera necesita dormir, estos tacones me están matando.
—¿De verdad quieres irte de tu propia fiesta?
Solo habíamos cantado el «Cumpleaños feliz» cuando el DJ lo había anunciado a medianoche. No había partido el pastel ni le había dado un mordisco.
—Sí, prefiero irme a casa. Avisaré a Ada. —Se alejó con Henry detrás de ella.
Quince minutos después, absolutamente todos estábamos en un taxi rumbo a nuestro edificio. Era de lo más incómodo del mundo. Kem había llamado a un Uber XL para que cupiéramos. Por desgracia, cuando Amber le comentó a su hermana que iría a casa, Ada tuvo la valentía de venir con nosotros.
El coche donde íbamos estaba lleno de incomodidad. De tan tenso que estaba el ambiente, creo que no se podría haber cortado ni con un cuchillo ni con una sierra.
Amber sonreía y hablaba con Kylan, también recibía la atención de Henry. Su actitud me dio a entender que ellos tres eran los únicos que no sentían el ambiente cargado. Pero Kylan se giró de su asiento un par de veces para mirarme y dedicarme una sonrisita, lo que hacía que la situación fuera más tensa debido a Kem, que miraba mal a su hermano, y Ada, que miraba a Kem fijamente.
Amber a mi lado parloteaba sin parar sobre la gran noche, Kylan asentía algunas veces mientras que Henry la escuchaba con una sonrisa en el rostro.
En la parte delantera, Ada parecía dormir una siesta sobre el hombro de Kem, que de vez en cuando le quitaba la cabeza para que no chocara con su
hombro. Parecía tener la cabeza muy pesada porque no dejaba de caer sobre él.
Dan estaba sentado a mi lado. Hizo caso de mis palabras y no me habló en todo el camino a casa. Fue difícil permanecer a su lado sin tocarnos ni rozarnos, pero me alegré de que así fuera. Estaba ansiosa por bajarme del coche y librarme de aquella confusa sensación en el cuerpo.
Para mí fue un alivio llegar treinta minutos después a casa por la pequeña desviación que hicimos para dejar a Henry en la suya.
Al llegar a nuestro edificio, bajamos del coche y caminamos por la silenciosa calle hasta entrar al vestíbulo. Amber parecía tener una máquina en la boca, porque no dejaba de hablar ni de coquetear con Kylan, que parecía poco interesado en ella.
Cansada de los tacones, me los quité. Me importó muy poco andar descalza.
Antes de poder subir las escaleras, Dan me tomó del brazo.
—¿Ya podemos hablar, Ruby?
Le fruncí el ceño.
—¿Qué es tan importante que debemos hablar ahora y no mañana? —
pregunté bostezando—. Me muero de sueño y solo quiero dormir.
Dan suspiró resignado, pero supo entenderlo.
—Sí, tienes razón, es tarde. —Apretó los labios—. Uh, mañana hablamos, Ruby.
Escuchar mi nombre de sus labios en vez del apelativo cariñoso que usaba conmigo, «amor», fue un tremendo choque para mí.
Subí las escaleras sin despedirme de él.
Caminé con Amber a mi lado, Ada estaba dormida y Kem la llevaba en brazos. Intenté no mirarlos fijamente mientras subíamos las escaleras. Al llegar a mi piso, me despedí de Amber y Kylan con una sonrisa cansada.
Entré a casa y enseguida pude escuchar los ronquidos de papá.
Caminé de puntillas hasta mi habitación y luego hasta el baño, donde me
quité la ropa y me desmaquillé para poder dormir tranquila.
A pesar de estar muy cansada, mi mente no dejó de rememorar lo sucedido esa noche. No pegué ojo hasta la mañana siguiente.
OceanofPDF.com