El chico de arriba

Marie Jenn · Capítulo 23 de 57

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El chico de arriba

Capítulo 23

23

Normalmente, cada día al despertar encontraba una nota de Kem en mi balcón o un mensaje en mi móvil.

Aquel día fue diferente.

No encontré nada.

Me preparé para ir al colegio y me monté al coche de Amber a la hora establecida. El ambiente en el coche era incómodo. Kylan me miraba, pero no me hablaba. En cambio, Dan me hablaba, pero no me miraba.

Cuando llegamos al colegio y los chicos se adelantaron para ir a clase, Amber se acercó a mí con actitud curiosa. No le había contado lo de Kylan, era un tema que no quería tocar con ella porque no quería romper sus ilusiones al confesarle que era yo la que le gustaba. Prefería mantener la boca cerrada e ignorar lo que había sucedido días antes. Era lo mejor para todos.

—¿No has notado algo raro en Kylan? —me preguntó entrelazando su brazo con el mío. Caminábamos por el aparcamiento y hacia la puerta principal del colegio.

—¿En qué sentido? —Me hice la loca.

—Raro —repitió, luego se explicó con mejor—. Es decir, interactúa menos con nosotras y ahora solo prefiere pasar tiempo con Henry y Dan, como si nosotras nos existiéramos. A ti no te habla y a mí ni siquiera me mira. ¿No es raro?

Intenté no mostrarme nerviosa.

—Sí, pero nosotras no le hemos hecho nada, así que debe de ser cosa suya. —Me encogí de hombros. Al instante cambié de tema, sabía que eso la distraería lo suficiente como para no insistir. Sabía lo intensa que podía ser—. ¿Dónde está Henry? ¿Por fin te ha pedido que seas su novia?

Amber rio, sonrojándose.

—Henry es un gran chico y puede que esté enamorado de mí, pero solo lo veo como un amigo. —Soltó un suspiro—. Al único a quien quiero es a Kylan. Y me mata que no me mire. ¿Acaso le gusta otra chica? Necesito saber quién es esa idiota.

Me quedé helada.

—Creo que estás un poco agresiva, ¿no?

—Es que yo lo vi primero —se quejó.

Hablaba de Kylan como si fuera un objeto y no una persona, lo cual me hizo fruncir el ceño. Amber siempre había sido la consentida de sus padres por ser la menor. Sus caprichos debían cumplirse sí o sí, si no, el mundo explotaría.

—Y si yo lo vi primero —insistió—, debería estar enamorado de mí, no de otra chica.

—Am, en el corazón no se manda. Nadie lo hace.

Fue su turno de fruncirme el ceño.

—¿De qué lado estás, mejor amiga?

Me soltó cuando llegamos a su taquilla y la abrió de golpe. Yo me quedé parada a su lado sin saber cómo manejar el asunto sin molestarla. Amber podía explotar con muy poco y, en este momento, no quería discutir con ella.

—Ayúdame a averiguar quién le gusta, por favor —me pidió—. Es obvio que se siente más cómodo contigo que conmigo. Le caes muy bien a tu cuñado.

Sus palabras me hicieron reír, pero de los nervios. La cosa no iba por ahí.

Para nada. Además, estaba justo delante de la persona que le interesaba a Kylan. Era molesto saberlo porque mi amistad con él siempre estaría ensombrecida por esa verdad, pero traté de no mostrarme ansiosa. Si no, Amber me lo terminaría sonsacando sin querer.

—Lo intentaré —fue mi única respuesta.

Luego miré mi móvil al darme cuenta de que seguía sin saber nada de Kem desde la tarde anterior. No me había visitado en el balcón ni tampoco había bajado por la mañana para cuidar a Kiwi. Por suerte, ya se había acostumbrado a estar solo, pero aun así me quedaba preocupada.

Solté un suspiro justo cuando Amber cerraba la puerta de su taquilla.

—¿Qué pasa? —Su sonrisa se hizo grande—. ¿Kem está sexteando contigo, puerca?

Le empujé el hombro.

—Tonta. —Me reí nerviosa—. Claro que no, aún no hemos llegado a ese punto. Pero eso no es lo importante, sino el que no me haya escrito ni hablado desde ayer por la tarde. No he podido ubicarlo y Kylan no sabe dónde está.

Los ojos de Amber bajaron rápidamente al suelo. Algo cruzó por ellos que pasé desapercibido, pero cuando levantó la mirada estaba cardada de culpa.

—¿Qué? —le increpé al darme cuenta de que ella sabía algo.

—Nada, solo que… —Miró a otro lado en vez de encararme—. Ada no ha pasado la noche en casa. Me escribió ayer diciendo que iría a la fiesta de un amigo de la universidad.

—Ya, ¿y eso qué tiene que ver con Kem? —Apretó los labios. Solté un suspiro, exasperada—. Escúpelo ya, Am.

—Ada me envió una foto anoche.

Rápidamente sacó su móvil y lo desbloqueó, pareció buscar algo antes de girar la pantalla para mostrarme lo que había allí.

Era una imagen un poco borrosa porque había poca luz y era obvio que la

hicieron en una fiesta debido a las luces estroboscópicas. Kem salía con una botella de cerveza, bebiendo. Su pose era despreocupada y parecía estar muy cómodo. Tenía los párpados cerrados y la expresión más calmada que había visto en él.

—¿Estuvo con Ada?

Mi pregunta era tan tonta que Amber se quedó callada, con la mirada apenada.

—La imagen no muestra nada —lo defendió—. Solo se le ve con una cerveza, nada más.

—Sí, con Ada. —Entorné los ojos. El timbre para la primera clase sonó, pero ninguna le hizo caso—. Sin ofender, Am, pero tu hermana quiere robarme el novio.

—¡Claro que no! —discutió como si lo que hubiera dicho fuera un disparate.

Ojalá lo fuera, así me evitaría muchos problemas, pero solo era la verdad.

Me daba mucha pena que no pudiera verlo porque solo pensaba en que era su hermana y yo su mejor amiga. Más le valdría no apoyar a nadie, estaba entre la espada y la pared. Inconscientemente, tomé el collar de mejores amigas que nunca me quitaba y lo apreté con fuerza mientras la escuchaba.

—Puede que a Ada le gustara cuando lo conoció —la justificaba—, pero lo respeta y sabe que tú eres su novia. Solo salen como amigos, nada más.

Arqueé una ceja.

—¿No es la primera vez que salen?

—Jesús, Ruby, ¿desde cuándo eres tan celosa? No eras así con Dan.

Traté de infundirme paciencia.

—Am, esto no se trata de mi exnovio. Estamos hablando de Kem y Ada.

Esto tengo que resolverlo por mi cuenta. Me voy.

Al instante, intenté volver a llamarlo, pero su móvil estaba apagado. Mi mejor amiga miró a ambos lados del pasillo, donde la gente corría a las aulas.

—¿Adónde diablos vas? ¡Tenemos clase!

Me alejé de ella caminando con rapidez por el pasillo mientras vociferaba:

—Hoy yo no. Tengo un asunto urgente que atender.

Media hora más tarde, llegué a casa con algo de esfuerzo y después de haber esperado más de quince minutos en la parada del autobús. Había salido corriendo y sudaba como un caballo por llevar las medias hasta las rodillas y una blusa tan apretada que me quitaba el aliento.

Dejé la mochila sobre la cama y corrí al balcón en busca de Kiwi. Seguía allí, durmiendo plácidamente en su camita. No lo acaricié por temor a despertarlo. Fui directa a las escaleras de emergencia y trepé por ellas.

Aterricé en el balcón de Kem con un ruido sordo que pasó desapercibido, los cláxones de los coches sonaban al pasar y el eco rebotaba en los edificios. Miré las puertas de vidrio y, como no pude ver nada dentro por el reflejo del sol, abrí poco a poco. Me deslicé dentro de la habitación y me sentía como un ninja en una misión secreta.

Miré a todos lados y por fin encontré a Kem. Estaba acostado en la cama, con el brazo sobre la cara y el cuerpo volteado en mi dirección. Me aseguré de que la puerta del dormitorio estuviera cerrada con llave antes de deslizarme en su cama, a su lado.

No se despertó enseguida, sino que se tomó su tiempo antes de parpadear con fuerza y mirar a su alrededor, como si fuera la primera vez que lo hiciera. Cuando sus ojos se clavaron en los míos, pude notar que recuperaba la consciencia poco a poco.

Se aclaró la garganta antes de hablar.

—¿Ruby?

Mi expresión molesta se notaba a leguas, así que no la disimulé para nada. Todo lo contrario, lo miré con una ceja alzada. Se notaba que tenía resaca porque se llevó las manos a la cabeza y dibujó una mueca de desagrado mientras su estómago hacía ruidos raros.

—Por fin te encuentro —dije muy a mi pesar.

Kem parpadeó como si fuera una rata de laboratorio observada por muchos científicos. Me crucé de brazos y seguía hablando para no perder más el tiempo:

—¿Qué ha pasado? ¿Por qué no has contestado a mis mensajes? ¿Porque has salido de fiesta con Ada?

—Yo no… —Frunció el ceño, se detuvo un momento. Cerró los párpados y se tocó la sien por ambos lados—. Es decir sí, fui a la fiesta, pero no recuerdo… Espera, ¿cómo he llegado aquí?

—¿Sigues borracho?

Levanté su mentón para observarlo directamente, pero se alejó ante mi contacto como si quemara. Esa acción me tomó desprevenida, por lo que bajé la mano lentamente hasta dejarla en mi regazo.

Kem soltó un suspiro frustrado y, con los ojos aún cerrados, apretó las manos en puños y se restregó la cara con fuerza.

—Menuda mierda de resaca. —Cuando me miró, su expresión parecía triste—. Bizcochito, no es lo que piensas. Solo fui a esa fiesta un rato y ni siquiera fui con Ada, me la encontré allí. No sabía que iría, la daba un amigo en común que yo conocí de mi otra ciudad y ella, de la universidad.

Tomé un par de tragos, pero no recuerdo mucho.

Asentí, con los brazos cruzados como si en realidad lo entendiera.

—Ada te hizo una foto.

—¿De qué hablas? —Su cuerpo se congeló.

—Una foto donde se te ve bebiendo junto a ella. —Respiré hondo—.

Sabes lo que siente por ti y que yo le afecto muy poco. Le importa un reverendo pepino que tengas novia. Ada es peligrosa, no deberías fiarte tanto de ella.

Bajó la cabeza sintiéndose regañado.

—No pasó nada —murmuró con un hilo de voz.

—No tiene que pasar algo para que ella crea que tiene una oportunidad

contigo. Simplemente la tomará y ya.

Volvió a restregarse la cara y se acostó sobre la almohada a mi lado, extiendo el brazo hasta alcanzarme la mano.

—No me importa nada ni nadie que no seas tú, Ruby. El mundo puede estar quemándose hasta los cimientos, pero yo solo estaré pensando en ti.

Apreté los labios, consciente de lo poderosas que podían ser esas palabras.

—Prométeme que no volverás a acercarte a ella.

—No me acerqué a ella por voluntad propia, lo juro.

—¿Qué pasa si un día voy a una fiesta y me encuentro a Dan? ¿Te gustaría que me emborrachara con él y me hiciera fotos para mandárselas a su hermano y que él te lo muestre a ti? ¿Cómo te lo tomarías?

Kem tenía los labios finamente apretados y la mandíbula dura.

—No me gustaría nada.

—Entonces entiendes cómo me siento.

—Prometo no volver a acercarme a ella. Lo juro, Bizcochito.

Cuando me estrechó, sentí entre sus brazos un fuerte apretón que me dejó sin aire, pero no me importó con tal de sentir su piel alrededor de la mía.

Había apagado ese miedo que profesé cuando no respondió a mis llamadas, pero entonces solo quedaba un profundo alivio que terminó por desbordarse cuando juró no volver a acercarse a Ada.

Era obvio que esa chica era una amenaza.

Esperaba poder pelear contra ella, porque no quería que venciera y se interpusiera entre Kem y yo.

No lo permitiría.

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