El chico de arriba

Marie Jenn · Capítulo 43 de 57

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El chico de arriba

Capítulo 43

43

Tengo un recuerdo borroso de las siguientes semanas.

Me dediqué a solo ir a estudiar y a aburrirme en casa todo el día, ya que el tiempo pasaba muy lento y no tenía nada que hacer. Gracias a mi buena amiga Debie, pude superar los momentos de hastío.

Decidió pedir un cambio de horario en la cafetería para tener tiempo libre a la misma hora y lo logró. Era una muy buena amiga, cada día después del colegio me recogía e íbamos a mi casa caminando y conversando de la vida.

Ella estaba enterada de todas mis cosas al igual que yo de las suyas. Por desgracia, se tenía que ir de mi casa antes de que mis padres regresaran y no teníamos mucho tiempo para babear acerca de los actores de las series que veíamos.

Podía decir que Debie se había convertido en mi mejor amiga. Ni siquiera tuve que pensar en Kem, en Ada o en su bebé. Con el simple hecho de pasar tiempo con ella, se me pasaban los problemas. Debie me había animado a continuar con la banda, pero por desgracia yo no quería arriesgarme a más. No podía dejar que me castigaran de nuevo.

En el colegio, cada vez que me topaba con Amber en clase, ella tenía la mala costumbre de mirarme y entornar los ojos, como si no me soportara.

En serio, tenía muchas ganas de darle una bofetada para que los pusiera en blanco de verdad, pero me contenía.

Ya no tenía amigos en el colegio. Kylan estaba ausente, lejos de Amber y

de mí. Henry, por supuesto, seguía a Amber a todas partes. Incluso frecuentaba a los populares del colegio, se habían convertido en la pareja del momento. Por no hablar de mí, que no conocía ni a la tercera parte del colegio. Pasaba el tiempo más sola que una parca, pero me alegraba de haber sacado las amistades falsas de mi vida.

Los días siguieron transcurriendo sin ningún otro altercado. Después de haber tomado la decisión de alejarme de Kem, estaba más en paz. Me sentía libre.

Sí, en parte me dolía. Pero sabía que la vida era una montaña rusa de emociones en la que no podías detenerte. Solo quedaba aprender a dirigirla como tú querías y disfrutar de cada momento, de cada segundo, porque la vida había que vivirla y no dudar.

Mi meta era aquella. No podía rendirme y estar llorando por los rincones por un amor perdido ni por una gran amistad terminada. Cuando Dan me dejó, lo pasé mal, pero aprendí a sobrellevarlo. Y sabía que pasaría lo mismo con Kem. Llegaría a olvidarlo, a superarlo y a rehacer mi vida. Lo mismo con Amber.

A quien no podía superar era a mi Kiwi, me dolió muchísimo dejarlo con Kem. Esperaba fervientemente que pudiera darle mucho amor y cuidado, que estuviera bien y feliz al lado de su nueva familia. Aunque me partía el corazón no haberlo visto en semanas.

Aquel viernes por la noche, Debie no quería desaprovechar el tiempo.

Había planeado que fuéramos a la cafetería Dolce Casa, pues por fin había logrado convencer a Percy y Mandy para que la banda de sus amigos tocase allí cada fin de semana. Era otra forma de atraer clientes y, de paso, su fama aumentaba. Ni que decir tiene que mis padres no lo aceptarían, así que pensaba mentir. ¿Qué más podía hacer? Era una gran noche para la banda y no podía faltar.

En mi habitación, Debie estaba buscando ropa en mi armario. Le había afirmado mil veces que no iba a actuar con sus amigos, pero ella me

ignoraba.

—Tienes que verte caliente —murmuró inspeccionando las prendas.

Sacó un vestido floreado y frunció el ceño como si aquello le diera asco—.

¡Por Dios! ¿Qué es esto? —Lo sacudió mirándolo por todos lados—.

Queremos que te veas sexi, no como una princesita. ¿No tienes vestidos ajustados o ropa decente para ir a un club?

Arqueé mis cejas.

—Iremos a Dolce Casa, no a un concierto de rock. —Me levanté de la cama, donde estaba recostada viendo a Debie maldecir mi ropa y me acerqué a ella con la intención de detenerla—. No me vestiré como una cualquiera si es lo que estás pensando.

Debie se llevó una mano al pecho dejando el vestido floreado caer sobre mi cama.

—¿Crees que yo te vestiría como una furcia? —preguntó con incredulidad marcando su voz. Negó con la cabeza—. Ay, mi niña, no me conoces aún. ¡Te verás como una absoluta estrella de rock, nena!

Arrugué el ceño.

—Ya te he dicho que no voy a cantar.

Debie entornó los ojos.

—Bla, bla, bla —murmuró—. No importa si no cantas, tienes que estar presentable.

—¿A quién voy a ver, al presidente? —pregunté con sarcasmo.

Una sonrisa se dibujó en su cara.

—Para los admiradores secretos.

Me reí.

—Debie, detente.

Ella me ignoró, se giró para seguir buscando en mis cajones como si fuera su armario.

—Mira, tía, tienes que estar guapísima. ¿Me oyes? Mark y Lucas están fastidiando a Allan contigo. Al parecer le gustas.

Alcé las cejas.

—¿Perdón? —Me crucé de brazos—. No estoy tratando de conseguir novio, Debie.

En el tiempo que lo conocía, Allan me parecía un gran chico, pero solo lo veía como un amigo. Nada más. Odiaba que los demás intentaran emparejarme con él de cualquier manera.

Ella suspiró antes de darse la vuelta y encararme.

—No te digo que tengas novio, Ruby. Solo opino que debes salir más, conocer gente y divertirte. No permitas que lo que te ha pasado influya en tu vida social. ¿Por qué no te das una oportunidad a ti misma y te relacionas con otras personas? —Se señaló—. Míranos a nosotras. Nos conocimos de casualidad y ahora somos mejores amigas. Esto es lo que necesitas, ampliar tus horizontes y conocer gente nueva que te ayude a superar a la vieja.

Me reí, aunque sonara extraño, estaba de acuerdo con ella y sus sabias palabras. Aunque eso de conocer gente nueva me aterraba, porque yo no era así. No era sociable, mi vida antes de todo el caos de Kem era leer libros y ser feliz en mi habitación.

Extrañaba mucho aquello.

Me moría por encerrarme y perderme entre las páginas de mis libros, pero sabía que no era lo correcto. Tampoco quería ser asocial y no tener amigos. Debie era mi única amiga y estaba agradecida por eso.

Pero tenía razón. No podía meterme en mi caparazón por siempre.

Suspiré.

—Bien. —Sonreí, Debie ya estaba dando saltitos—. Iré, me divertiré esta noche y haré muchos amigos. —Ver la cara de Debie me hacía gracia—.

Pero con la condición de que no me obligues a cantar.

Ella entornó los ojos, sonriente y con un semblante de determinación.

—No será necesario.

Antes de que mis padres llegasen, Debie se retiró a su casa para prepararse.

Tenía la tarde libre en la cafetería. Solo iríamos para disfrutar de la noche y gozar de la banda. Ya me había seleccionado la ropa de manera exclusiva.

Habíamos acordado un plan: cuando mis padres vinieran, yo les pediría permiso para salir con Amber, como si todo estuviera bien entre nosotras.

No creía que se fueran a negar.

Me bañé y, justo cuando salía de la ducha, los escuché llegar. Salí al pasillo para recibirlos. Con una sonrisa y varias súplicas de mi parte, aceptaron que saliera con la condición de que regresara acompañada. Mi límite era hasta las dos de la madrugada, así que tenía varias horas por delante.

Me cambié y me preparé con la ropa que Debie había elegido. Incluso me maquillé, aunque no tan bien como veía en los tutoriales de YouTube, pero era algo. Pensé en pedirle a mi amiga que me enseñara, era una experta.

Cuando estuve lista, con una falda de cuero corta y negra, algo ajustada y con medias negras hasta los muslos dejando ver parte de mis piernas, le envié un mensaje a Debie avisándole de que estaba a punto de salir. Su plan era recogerme en mi apartamento para ir juntas a la cafetería. Las botas altas me llegaban a los muslos y el tacón alto que llevaba me apretaba un poco los pies, pero amaba mis botas nuevas. Mi look no era rockero, pero se asemejaba. El top corto de lentejuelas que llevaba bajo mi chaqueta de cuero ayudaba con el estilo.

Cuando Debie me escribió diciéndome que estaba subiendo las escaleras a mi apartamento, decidí salir de la habitación. Mis padres, gracias a Dios, parecían estar en su dormitorio y sin ánimos de salir. Murmuré un breve

«adiós» fuera de su puerta sin esperar una respuesta y salí rápidamente de ahí.

Debie estaba frente a mí con una sonrisa feliz en la cara. Su ropa era un sencillo vestido negro, muy corto, acompañado de mayas negras y botines rojos.

Estaba guapísima.

—¡Estás preciosa, Ruby! —exclamó examinándome de arriba abajo varias veces.

—Tú también, Debie. —Sonreí mirando su rostro maquillado muy bonito. Hice puchero—. ¿Has traído maquillaje? Quiero que me pongas guapa, yo soy un desastre.

Debie levantó un bolsito.

—Aquí está la fuente de poder. —Lo sacudió haciendo que sonara—. En el taxi te maquillo. Vamos, nos está esperando.

Bajamos las escaleras. El lugar estaba muy silencioso y vacío, por lo que en las paredes retumbaba el sonido de nuestros tacones al bajar. Cuando llegamos al primer piso, al vestíbulo, me quedé helada.

A varios metros de mí estaban Kem, Ada, Amber, Henry, Kylan, Kara y Jessica.

Dios mío.

Debie, a mi lado, me agarró el brazo con fuerza.

—No te detengas, Ruby —me susurró al oído.

Pero era imposible. Nuestros pasos los habían alertado, así que todos los presentes giraron a vernos.

Hice una mueca, aterrada con tantos pares de ojos sobre mí, analizándome. Yo solo quería correr y hacerme una bolita.

El lugar estaba tan silencioso que podía escuchar una mosca volar o un alfiler caer. Pero la gota que colmó el vaso fue cuando la puerta del único apartamento de ese rellano se abrió y reveló a Dan. Mi exnovio le sonrió a Amber. Cuando se dio cuenta del ambiente tenso, se giró hacia las escaleras, donde yo estaba. Se quedó quieto observando mi ropa con detenimiento. Como si nunca me hubiera visto así vestida.

Mierda.

¿Por qué tenía la peor suerte del mundo? ¿Por qué?

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