Erasmo de Róterdam
Erasmo y Lutero: un entendimiento quimérico (1516-1529)
ERASMO Y LUTERO: UN ENTENDIMIENTO
QUIMÉRICO (1516-1529)
No se puede hablar de Erasmo sin mencionar a Martín Lutero y su visión de
la Reforma. Sin embargo, cuando Erasmo escucha hablar de Lutero por
primera vez, en una carta del secretario del elector de Sajonia en 1516, está en
la cúspide de su gloria y no le presta demasiada atención a este doctor en
Teología. En efecto, los dos hombres tienen ideas distintas: para Lutero, la
predestinación tiene un papel clave y hay que poder actuar con justicia para
ser justo, mientras que Erasmo defiende la idea de que el hombre es
responsable de sus actos ante dios, por lo que es él quien tiene que elegir si
hace el bien o no. Aunque estas dos visiones de las cosas no son compatibles,
se podría decir que ambos hombres persiguen un objetivo común: una
reforma de la Iglesia, entonces inadaptada a las necesidades de la sociedad y
cuyos abusos son múltiples y condenables. Sin embargo, cada uno de ellos
aborda este cuestionamiento de forma muy distinta, lo que desencadena una
dura lucha teológica e intelectual que les enfrenta durante quince años.
MARTÍN LUTERO
Originario de Eisleben, en Turingia (Alemania), Martín Lutero es hijo de un empresario de
minas. Recibe una educación de jurista en Mansfeld, Magdeburgo y Eisenach, durante la que
trabaja en la gramática, la retórica y la lógica. Sus estudios no le gustan y deja la Universidad
de Erfurt en 1505 para entrar en una cofradía agustina. Nombrado doctor en Teología en
1512, ocupa la cátedra de Enseñanza Bíblica de la Universidad de Wittenberg. En 1517,
cuando el papa le pide al arzobispo de Maguncia el establecimiento de indulgencias para
utilizarlas para la restauración de la basílica de San Pedro, Lutero se conmueve y protesta
ante él con sus 95 tesis: la Reforma está en marcha.
Retrato de Martín Lutero.
Lutero defiende sus ideas con un fanatismo y una violencia difícilmente
aceptables para Erasmo: ya hemos visto hasta qué punto este último detesta
los excesos en materia de religión y, además, el erudito de Róterdam
considera que el reformador alemán es demasiado inflexible para poder
transigir con él. Y es que Lutero es, ante todo, un predicador ferviente que se
basa en sermones fogosos para convencer a las masas. Erasmo, por su parte,
es un intelectual más reservado, que comparte sus ideas sin predicarlas. Sin
embargo, en 1519, mientras la Reforma gana terreno, Lutero se dirige
directamente a Erasmo esperando hacerse con la aprobación de esta gran
autoridad en el mundo intelectual europeo. Este lo rechaza de forma educada,
prefiriendo ser neutro y animándolo para que muestre moderación. A partir de
ese momento, Lutero ve en Erasmo un enemigo al que tiene que superar por
todos los medios. Hay que tener en mente que esta revolución preconizada
por Lutero significa para Erasmo el fin de la Ecclesia Universalis («la Iglesia
universal») y de todo lo que esta puede representar a nivel de la unión de las
naciones y los pueblos. Como gran partidario del pacifismo y de una cierta idea europea, Erasmo está convencido de que esta escisión implicará futuras
guerras y, por consiguiente, un retorno a la barbarie.
Entonces, Erasmo publica De libero arbitrio («Sobre el libre albedrío»)
(1524) para dar a conocer al mundo su posición con respecto a esta cuestión
teológica tan discutida por los luteranos. Lutero responde un año después con
el De servo arbitrio («Sobre el siervo albedrío») (1525), que reafirma las
diferencias fundamentales que separan a ambos hombres, a pesar de tener
puntos en común innegables. La Reforma gana terreno, y Erasmo siente que
su sueño de una Europa unida en el plano espiritual levanta el vuelo. Continúa
publicando importantes obras, pero estas no tienen el alcance esperado. Tres
de sus últimos libros, De la urbanidad en las maneras de los niños (1530),
Concordia de la Iglesia (1534) y Discusión sobre el libre albedrío: respuesta
a Martín Lutero (1534), muestran que el ecumenismo todavía le interesa al
final de su vida. Poco antes de su muerte, rechaza incluso el capelo de
cardenal, recordándoles así a todos que nunca en toda su vida ha estado atado
a ningún tipo de lealtad.