Erasmo de Róterdam

David Cusin · Capítulo 4 de 14

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Erasmo de Róterdam

Contexto político, social y económico

CONTEXTO POLÍTICO, SOCIAL Y

 

ECONÓMICO

 

UNA RECUPERACIÓN ECONÓMICA

 

El siglo XIV y el inicio del XV no son buenas épocas para Europa. En el plano

económico, los estados están en una situación muy delicada tras las múltiples

guerras —como la guerra de los Cien Años (1337-1453)— y las epidemias —

como la gran peste negra de 1348—, que acaban con un importante porcentaje

de población. Durante la segunda mitad del siglo XV, a pesar del retorno

episódico de conflictos y enfermedades mortales, empieza una recuperación

económica real, que conduce a un crecimiento demográfico en toda Europa.

Puesto que la población aumenta significativamente en la mayoría de las

regiones, la gente empieza a cultivar tierras en lugares que antes eran

impracticables (ciénagas, montes bajos, etc.) y esto hace que los beneficios

sean más importantes, sobre todo en el norte de Italia y en los Países Bajos.

 

La agricultura no es el único sector con un crecimiento significativo: la

industria, sobre todo textil y minera, experimenta un auge importante, a pesar

de algunas debilidades. El ejemplo de la recién creada imprenta es

particularmente concluyente: algunas ciudades se convierten en verdaderos

centros culturales a partir de los años 1470, sobre todo Basilea, donde Erasmo

manda imprimir una gran cantidad de sus obras.

 

Sin embargo, este auge económico no deja de ser mesurado y las tensiones

sociales de principios del siglo XVI pueden explicarse, en parte, por la subida

de los precios que se produce tras la recuperación económica, y por el

empobrecimiento de una franja de población cada vez más importante.

 

EL RESPLANDOR DEL RENACIMIENTO

El Renacimiento, iniciado en Italia en el siglo XIV, se expande en Europa

durante el siglo siguiente, que es el siglo del nacimiento de Erasmo. Este

movimiento va de la mano de una serie de nuevos valores, de innovaciones

técnicas, culturales, morales, religiosas y políticas que marcan a la sociedad

de forma duradera.

 

Las ideas del Renacimiento penetran tan profundamente en las monarquías

europeas en gran parte porque, a mediados del siglo XV, los poderes centrales

de las grandes monarquías se fortalecen. En 1453, el final de la guerra de los

Cien Años entre los reyes de Francia e Inglaterra abre nuevas perspectivas de

expansión para el reino de Carlos VII (rey de Francia, 1403-1461) aunque, en

el corazón de su territorio, algunos grandes ducados reclaman una

cuasindependencia.

 

El ducado de Borgoña, del que procede Erasmo, es un estado rico en el que

florecen las artes y el comercio, pero también es una entidad territorial muy

importante. Sus orígenes se remontan al siglo IX, y desde entonces se ha

emancipado gradualmente hasta convertirse en una gran potencia en Europa,

de manera que, seis siglos después, su corte es una de las más prósperas del

continente. Sus fronteras se extienden entonces en una amplia zona que va

desde el condado de Holanda en el norte hasta las puertas de Ginebra en el

sur, y desde el condado de Eu (Normandía) en el oeste hasta Friburgo de

Brisgovia en el este; así pues, el conjunto de su territorio se encuentra entre el

reino de Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico. A mediados del

siglo XV, el ducado vive su época dorada, durante la que las letras y las artes

ocupan una posición privilegiada en la sociedad borgoñesa ya que los

príncipes, impregnados de un espíritu renacentista, estimulan en gran medida

a los artistas y los intelectuales. Erasmo aprovechará esta situación.

 

Los reinos de la península ibérica no se quedan atrás y, mientras que Portugal

envía exploradores para conquistar el mundo, los reinos de Castilla y Aragón

forman una alianza que resulta en una España poderosa y prácticamente

unificada.

 

En Italia, por el contrario, no existe ningún poder suficientemente fuerte como

para unificar la península. Así, la paz es particularmente frágil entre los

Medici en Florencia, los Sforza en Milán y la familia de Ferrante de Aragón

en Nápoles, por nombrar solo a los principales grandes señores.