Hyperion 02 - La caída de Hyperion
Capítulo 10
siniestra-, como si hubiera encontrado un tobogán de hielo a quince kilómetros del suelo.
–Ojalá hubiera una ventana -repitió Leigh Hunt.
El interior de la nave era sofocante. Los saltos resultaban extrañamente tranquilizadores, como si brincáramos por el oleaje a bordo de un velero.
Cerré los ojos varios minutos.
10
Sol, Brawne, Martin Silenus y el cónsul llevan los pertrechos, el cubo de Móbius de Het Masteen y el cuerpo de Lenar Hoyt por el largo declive que baja a la entrada de la Esfinge. La intensa nevisca gira sobre las dunas cambiantes en una compleja danza de partículas arremolinadas. Aunque el comlog indica que la noche llega a su fin, no hay vestigios de la aurora hacia el este. Las repetidas llamadas por la radio del comlog no traen ninguna respuesta del coronel Kassad.
Sol Weintraub se detiene ante la entrada de la Tumba de Tiempo llamada Esfinge. Siente la presencia de la hija como una tibieza contra el pecho debajo de la capa, el vaivén de la tibia respiración del bebé contra la garganta. Alza una mano, toca el pequeño bulto y trata de imaginar a Rachel como una mujer de veintiséis años, una investigadora que se detuvo ante esta misma entrada antes de entrar para verificar los misterios antientrópicos de la Tumba de Tiempo. Sol menea la cabeza. Han pasado veintiséis largos años y una vida desde ese momento. Al cabo de cuatro días será el cumpleaños de su hija. A menos que Sol encuentre al Alcaudón, que llegue a un trato con la criatura, a menos que haga algo. Rachel morirá al cabo de cuatro días.
–¿Viene usted, Sol? – pregunta Lamia. Los otros han guardado el equipo en la primera sala, en el estrecho corredor de piedra.
–Voy -responde Sol, y entra en la tumba. Lámparas globulares y luces eléctricas bordean el túnel, pero están apagadas y cubiertas de polvo. Sólo la linterna de Sol y el fulgor de una de las pequeñas linternas de Kassad alumbran el camino.
La primera sala es pequeña, cuatro metros por seis. Los otros tres peregrinos han apoyado los bártulos contra la pared trasera y extienden lienzos y mantas en el centro de la sala. Dos linternas sisean y proyectan una luz fría. Sol se detiene para mirar alrededor.