La economía de la manipulación
Primera parte
Facturas impagadas y crac financiero
1
Nuestro camino está sembrado de
tentaciones
Casi todos los estadounidenses reconocen a Suze (pronúnciese «Susie») Orman. Cuando George le preguntó a un economista amigo suyo sobre ella, tuvo la reacción esperada. Él había visto su programa de televisión solo durante diez segundos. Nuestros amigos economistas no pueden soportar su tono de voz de mamá-es-la-que-sabe/te-dije-que-hicieras-eso. Encuentran que sus consejos de inversión son simplistas. Más aún, curiosamente por ser economistas, que tratan de ocuparse de esas cosas, piensan que sus consejos se centran demasiado en el dinero. Pero esa es la reacción opuesta que obtenemos de una de las personas más sabias que conocemos, Teodora Villagra, que era cajera en la cafetería del Fondo Monetario Internacional. Siendo una refugiada de la Nicaragua de Daniel Ortega, se compró su propia casa en Capitol Hill; su hijo justo se había graduado en la universidad libre de deudas, con un título en ingeniería eléctrica; lo que es aún más notable, ha mantenido conversaciones del tipo continuará-en-la-próxima-ocasión con cientos de clientes diarios, mientras sumaba lo que se debía y contaba el cambio. «Suze Orman no trata sobre el dinero, trata sobre la gente», nos dijo Teodora. Se había comprado un libro de consejos financieros de Suze Orman para ella misma; más aún, había regalado uno a una compañera cajera. Escuchar a Teodora y a la propia Suze Orman nos lleva a apreciar lo que previamente había sido un puzle para nosotros: por qué el público de Orman atesora cada una de sus palabras. Juntar las piezas de este puzle, a su vez, ayuda a dilucidar un importante problema económico que afecta a miles de millones en todo el mundo.
Suze Orman versus la economía básica El libro más popular de Orman (con más de tres millones de ejemplares vendidos) es The 9 Steps to Financial Freedom: Practical and Spiritual Steps
So You Can Stop Worrying[1] [«Los 9 pasos para la libertad financiera: Pasos prácticos y espirituales para que puedas dejar de preocuparte»]. Su retrato del gasto de los consumidores, y del ahorro, es totalmente contrario a la manera en que los economistas piensan (y a la manera en que está descrito en los libros de texto de economía). El típico libro de texto de introducción a la economía nos hace pensar en una visita al supermercado. Hemos presupuestado una suma de dinero para gastar —de forma poco imaginativa— en manzanas y naranjas. A diferentes precios, con este presupuesto, podemos comprar diferentes combinaciones de estas, y compraremos la combinación que nos haga más felices. Eso, nos dicen, determina cuántas manzanas y cuántas naranjas compraremos a cada precio; estas correspondencias entre el precio y la cantidad que el consumidor desea comprar —se nos informa más adelante— son su
«demanda para manzanas» y su «demanda para naranjas»[2]. Esta historia intencionadamente edulcorada no es en ningún modo tan inocente como parece. No es ciencia. Pero es retórica poderosa. A los universitarios de primer año, que son el público objetivo de este libro de texto, se les hace una declaración; más tarde no solo la compra de manzanas y naranjas, sino «todas» las decisiones económicas se harán de esta manera: los decisores tienen un presupuesto (como en el ejemplo de las manzanas y naranjas), eligen diferentes opciones en función de los precios y toman la decisión que rinde el resultado preferido. Es retórica poderosa, porque en el contexto de la sección de frutas del supermercado es difícil imaginar que alguien se comportara de forma diferente.
La historia es convincente por otro motivo. Es poco probable que el universitario de primer año que lee el libro oponga resistencia porque no se puede imaginar cómo esta parábola sobre manzanas y naranjas será usada con escaso cuestionamiento posterior en muchos contextos diferentes en las restantes páginas del libro, en sus cursos posteriores de economía, o —más aún— en su programa de posgrado si se convierte en un economista profesional. Pero la retórica del libro de texto ha conseguido que se trague algo por completo: esta es la forma en que la gente piensa, en general, cuando está tomando decisiones. Pero ¿es así? Casi con seguridad es así en algunos contextos, como el de la sección de frutas del Safeway. Pero el ejemplo hubiera sido mucho menos poderoso si, en su lugar, hubiera descrito, por ejemplo, a una novia de las páginas de Wedding Magazine, donde el presupuesto y el precio parecerían preocupaciones secundarias, en la preparación del Día Más Importante de Su Vida. Y eso nos lleva de vuelta a Suze Orman, y no solo a por qué tiene ese público que la adora, sino también a por qué esas audiencias son mucho más que un ejemplo caprichoso.