La ley de Murphy
La ley de Murphy
Arthur Bloch
ePUB v1.1
Mezki 02.01.12
Título Original: The complete Murphy's law
Traductor: Ana Martínez Mendoza
Autor: Bloch, Arthur
©1992, Temas de Hoy
Colección: El papagayo
ISBN: 9788478801589
INTRODUCCIÓN
¿Nunca ha sonado el teléfono de su casa en el preciso instante en que usted se
sentaba en el excusado? ¿Tampoco ha aparecido el autobús que llevaba horas esperando justo cuando se ha encendido un cigarrillo? ¿Nunca ha llovido a cántaros, precisamente el día que había llevado el coche a lavar, ni ha dejado de llover nada más comprar un paraguas? Es posible que usted se diera cuenta en ese momento de que se estaba tramando algo, que existía un principio universal más allá de su comprensión y que estaba muerto de rabia por que le pusieran un nombre. También, es posible que usted deseara recurrir a la Ley de Murphy, el Principio de Peter o la Ley de la Gravitación Selectiva, si es que había oído hablar de ellas, sólo para darse cuenta de que se le había olvidado el nombre exacto.
Aquí tenemos un pequeño compendio de referencias, que parten del juicio y de la
sabiduría de nuestros tecnólogos, burócratas, humanistas y observadores antisociales más deliciosamente dementes. Lo han elaborado y nos lo presentan con la finalidad de proporcionarnos un ligero «alivio kármico». Hemos hecho un listado lo más completo posible. Mientras investigábamos estos preceptos interdisciplinarios, nos encontramos con numerosas redundancias (que apoyaban la validez de las observaciones), frecuentes reclamaciones sobre la paternidad de los mismos y facturas de donantes anónimos. No tenemos más remedio que agradecer la contribución del inimitable Zymurgy, que afirmó: «Una vez que se abre una lata de gusanos, la única manera de volver a enlatarlos es usar una lata mayor.» Al aplicar este fragmento múrphico al presente volumen, nos dimos cuenta de que este proyecto, una vez emprendido, crecería en volumen y envergadura a medida que nuestra búsqueda de la verdad mera revelando más principios, nuevos y viejos.
A lo largo de la historia, los eruditos y los sabios nos han divertido con las leyes
del Universo, las estructuras sutiles aunque inmutables que rigen el orden cósmico. Hemos recibido las Leyes Morales de los religiosos; las Leyes del Karma de los místicos; las Leyes de la Lógica de los racionalistas y las Leyes de la Estética de los artistas. Ahora es el turno de los tecnólogos y de aguzar nuestro oído colectivo.
La filosofía oficial de la tecnología, de toda ciencia en sí, es la desesperación. Si
lo duda, considere las Leyes de la termodinámica tal y como se exponen en el Teorema de Ginsberg. El universo hierve a fuego lento como un estofado gigante que llevara en la lumbre cuatro billones de años. Antes o después, seremos incapaces de distinguir las zanahorias de las cebollas.
«Pero, ¿qué pasa a corto plazo, con el tradicional sistema cerrado?», se puede
preguntar usted, mirando por la ventana de su lujoso apartamento mientras toma un sorbito de martini con vodka y observa a una multitud de criaturas de Dios que se afanan en sus asuntos. Bueno, lo único que tenemos que hacer es contemplar este asunto, como ilustra la auténtica burocracia, a través de los ojos de Peter, Parkinson y otros. Nos daremos cuenta de que sólo es cuestión de tiempo que las partículas microscópicas, a las que llamamos «asuntos importantes y de Gobierno», pierdan la capacidad de salir bien, a pesar de ser como son, lo mismo que les pasa a sus homologas universales.
«Estamos al otro lado del tapiz», dijo el padre Brown, el famoso clérigo detective
de G. K. Chesterton. Y la verdad es que sí. Como mucho lo que se nos concede ver de la gran obra celestial del mejor fabricante de tapices son algunos cabos sueltos y algunas hebras.
Muy pocos, en su búsqueda de la verdad, se han atrevido a explorar los bordes del
tapiz y a desafiar las iras del guardián del tapiz. A ellos les dedicamos este volumen.