Las primas

Aurora Venturini · Capítulo 23 de 34

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Las primas

Los invitados de José Camaleón, el profesor

Cuando ingresaron a la fiesta los invitados de José todas las caras se volvieron hacia el lugar del ingreso y vieron a la despareja pareja de los invitados que les faltaban ojos para ver a todos los integrantes del familión nuestro aunque ambos tenían dos ojos que sumados eran cuatro verdes, muy bellos los de la mujer feos y pequeñitos los del hombre más bajito que ella del tipo arratonado muy común que vemos por las calles y que vemos sentados o parados en las oficinas de la administración pero este era profesor ya lo dije de dibujo en una escuela y además cumplía con otras actividades que ahora no recuerdo y ella trabajaba como modelo de ropas y cosméticos y estaba elegantísima aunque mi capacidad introspectiva (diccionario) me advertía algo que a simple vista no se notaba y con respecto al señor quitando lo de elegante ocurría lo mismo y yo sentí erizamiento de piel y ganas de salirme del sitio que ocupaba al lado de Petra que me codeaba para que yo no perdiera detalle ella sentada sobre tres almohadones puestos encima de la paja del asiento de la silla para alcanzar la mesa.

Descanso.

Y de pronto me doy cuenta de que al lado de mi silla del otro lado del que ocupaba Petra había una silla vacía y que la mujer linda ya se ubicaba al lado de José y bueno el señor invitado que venía con la señorita de ojos verdes vino y se sentó j unto a mí del lado desocupado y muy sonriente pidió permiso y dijo la suerte me acompaña y no entendí pero Petra preguntó qué suerte lo acompañaba y él respondió sentarse al lado de una chica tan preciosa que naturalmente sería yo. Era. Por cierto que no contesté nada y por mí lo hizo Petra que contestó sí que tuvo suerte porque mi prima es artista con nombre Riglos y el señor aclaró Riglos, la pintora, pero caramba qué maravilla y además intentó darme un beso en la mejilla y yo sacudí la cabeza como hacen los perros recién bañados y el señor hizo como si no se diera cuenta y siguió sonriendo bajo el gran bigote de pelo duro que le cubría la boca pero no el aliento que sabía a antiguas comidas cuyos lastres (ídem) quedaron ocultos entre diente y diente muela y muela y no sabía yo si resistiría y le dije a Petra vení sentate junto al señor que ustedes tienen ganas de conversar y Petra me dijo que donde estaba y desde ahí veía todo pero yo insistí y ella temió mi vómito ya casi evidente y cambió de lugar y como era mujer mundana hizo que el señor trajera los almohadones a mi silla que ahora ella ocuparía trabajo que hizo el señor no de buena gana y lo noté porque el bigote se le movió hacia abajo.

Descanso.

El señor trataba de saltear la presencia de Petra para conversar conmigo de arte pictórico y dibujo y Petra le sugirió que descansara y gozara de la festichola, diré que Petra manipulaba un vocabulario chabacano producto del trabajo que practicaba afuera y me pareció que al señor le chocaba porque poco a poco hablaba menos entonces yo tercié (ídem) y le pregunté si la señorita linda era su novia y él me dijo en eso andamos pero… nada serio porque ella es divorciada y tiene hijas y yo viudo tengo hijos y el asunto es complicado y yo le sugerí que viera al otro lado de la mesa qué entusiasmada estaba la divorciada ensamblada (ídem) charlando con José Camaleón y al hombre no le hizo gracia y Petra agregó que entre él y José a la dama le quedaba mejor José y que él resultaría parejita con ella por lo bajito aunque no liliputiense y que si aceptaba ella ahí mismo proclamaría el noviazgo de ambos y el señor dijo no.

Yo grité desde mi lugar de asiento en dirección a José cómo se llamaban la pareja que él había invitado y José trabajosamente desconectándose de la señora divorciada y novia del señor vecino mío en la mesa dijo pero qué barbaridad… no los presenté… la señorita se llama Anita del Porte y mi amigo Abalorio de los Santos Apóstoles.

Todo el mundo aguantó la risa por lo de Abalorio de los Santos Apóstoles pero nadie soltó ni minga de risita y todos prosiguieron engullendo y chupando vino y en mi tablita quedaban a la espera de un mordisco todas las exquisiteces pero yo tenía el estómago revuelto y la cabeza repleta de motivaciones para crear en telas porque los cartones ya los había dejado para ensayar y mis exposiciones de categoría requerían expresividades reposando o danzando o sufriendo en finas telas grandes que luego yo misma llevaba a encuadrar con fina madera o metal según el caso solicitud del comprador o lo que fuera. El dinero Petra o bien me lo guardaba o lo depositaba yo en el banco. Petra me aconsejó que nunca confesara a nadie cuánto tenía porque los vivos abundan y los avivados pululan y yo confiaba en Petra más que en mí misma que para la casa entregaba demasiado mucho más de lo que consumía para taparle la boca a cualquiera y así alguna vez me sonrieron y saludaron con uno de esos besos en la mejilla que se estampan de paso.

Y así fue que Abalorio me preguntó cuánto costaba el cuadro titulado Serenata en Otoño, y yo le dije que valía mil quinientos pesos y él contestó que era lo que él ganaba durante seis meses de cátedra y le pregunté qué era la cátedra y él me dijo las clases de matemáticas de la secundaria y en cuanto a lo que enseñaba particular de pintura para ganar esa cantidad requeriría la labor de un año y Petra como langosta saltona susurró mi primita Yuna sí que es buena candidata pero vos, lo tuteó al señor, quedate con la divorciada o aceptame a mí que no gano ni la mitad que Yuna pero más que vos que me parece te hacés el pobrecito y sos un profesor y yo ejerzo el oficio más viejo del mundo no puedo ganar más que vos y le estoy buscando un candidato presentable a Yuna con autos y viajes a Europa y no porque ella no pueda obtener los beneficios mencionados sin mi ayuda sino porque mi prima es un ángel de bondad y cualquiera puede engatusarla y yo soy prostituta y sabia en cuestiones del bajo fondo y vos tenés las uñas sucias de rascarte o de rascar a tu novia que a lo mejor es pura pinta y tiene el culo roñoso y después se calló y juro que Petra sabía actuar y que los fundamentos expuestos a la orejota de Abalorio solo fueron oídos por Abalorio que estaba sonriente pero pálido como un papel y mirándose las uñas sucias.

José levantándose de su silla fue a reponer viandas (ídem) en las tablitas no tuvo necesidad de llenar los vasos sí de reponer botellas porque nadie dejaba ni una gota y a mí me preguntó José si estaba a gusto y yo lo miré con cara de chica de Modigliani, la de la corbata y bastó porque no preguntó ya.