Las primas

Aurora Venturini · Capítulo 28 de 34

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Las primas

Segundo brindis

Petra había copiado en su agenda el número de teléfono y dirección de Abalorio de los Santos Apóstoles y su novia Anita del Porte que ahora el sujeto decía que era su novia y nos pusimos de acuerdo para llamarlos a la hora del brindis con cualquier motivo inventado, ya se nos ocurriría, por ejemplo mi cumpleaños. Teníamos que cercarlo por los cuatro costados al sujeto José Camaleón —y lo haríamos— y después de que se casara con Betina decía Petra que se fuera a la mierda.

Trajeron a Betina vestidita como una nenita, de plumetí rosa y moñitos en la cabeza que le recogían de ambos lados el escaso cabello rubio. Los zapatos de presilla, infantiles, color blanco hacían juego con las medias blancas, cortitas; casi no tenía piernas y yo sentía una pena mortal que no me desbarrancaba porque en mi bolsillo tenía el estuche con el anillito de compromiso para la novia que llegado el momento el novio regalaría con las palabras ceremoniales de los compromisos.

En la silla nueva ayudada por mamá que parecía haberse humanizado trataba de no salpicarse el vestidito con la servilleta rosa atada al cuello y los pequeños ojos le brillaban porque le habían pintado los labios y las increíblemente deformadas uñas.

Y fueron pasando los platos traídos por Petra y Rufina que ya estaba cumplida con lo declarado. El sujeto comía con desgano y como se acercaba el brindis, trajeron las dos botellas de champagne obsequio de aquellos dos primos que vinieron y partieron enseguida y cuyos nombres nunca acerté y supe quiénes eran porque mamá que habló y dijo que hacía más de veinte años estaban finados insistí en que los vi y que las dos botellas estaban guardadas por Petra y no se habló más del tema.

Petra alerta observaba la puerta porque llegaría el momento solemne del brindis y aún no llegaba la pareja de Anita y Abalorio que llegó trayendo un paquetito de obsequio para la del cumpleaños, yo, que lo recibí y agradecí desapareciendo y lo dejé en mi habitación. Se sentaron juntos formalmente y Petra y yo que los vimos así de formales en una ocasión y que después vimos a Anita como ustedes ya saben, no les quitábamos los ojos de encima y el novio que debía denunciarse como tal estaba más pálido que una calavera del museo.

El fin de todo es el postre y una vez pensé viendo a un señor difunto en el ataúd rodeado de esa gran servilleta bordada o algo así, que parecía un postre que se le ofrecía a alguien y me enteré de que cadáver significa carne dada a los vermes y me dije que el gran postre o señor de la gran servilleta alrededor era eso, pero comprendo que soy mal pensada y que no hay que burlarse de las costumbres piadosas y me arrepiento pero es así lo que parecen los finados una ofrenda y cuando me muera ya pedí que me cremen porque a los gusanos les tengo repugnancia aunque ellos no pidieron nacer gusanos y les tocó, pero igual me dan náuseas y el postre de Betina me trajo a la memoria la paquetería póstuma de aquel buen señor y empezaron a trozar el postre.

Petra fue a buscar las botellas de champagne que había guardado para descorcharlas cuando alguna se casara seguro que no pasó por su cerebro que sería Betina y yo ayudé a llenar las copas y propuse un brindis y levantando mi copa dije vamos a brindar por el casamiento de Betina con el profesor José Camaleón que se llevará a cabo por ceremonia civil el dos de noviembre a las once de la mañana en el Registro Civil y como ya le había dado al novio el anillito él metió la mano en el bolsillo y le colocó el anillito en el anular de la mano izquierda a la novia y la besó ligeramente en la mejilla y ella gritaba sí… sí… sí…

Y yo seguí después de felicitarlos diciendo que pronto Betina sería mamá y que si se fijaban en la barriga de ella se darían cuenta de que le faltaba poco y que aunque el novio era algo viejo igual serían dichosos y en ese momento Anita se desmayó en brazos de Abalorio de los Santos Apóstoles que no pudo soportarla porque lo superaba en altura y peso y los dos cayeron al piso con gran estrépito y rompieron dos copas.

Anita del Porte se levantó y Abalorio también inocente creyó que Anita se había emocionado y prefirieron irse en el viejo auto de ella y Betina seguía gritando sí… sí… sí…

Mamá estaba dormida y creo que no se enteró de nada porque tomaba pastillas tranquilizantes, Rufina, Petra y yo nos chupamos casi todo el champagne de los misteriosos primos que dejaron las botellas y partieron y que según mamá estaban difuntos hacía mucho tiempo y que nunca pudieron ser ellos los que trajeron las botellas. Rufina y el sujeto profesor levantaron la mesa, Rufina cantaba.

Ahora dije al novio de Betina tiene que llevar en brazos a su futura esposa al dormitorio que yo le regalé y verá que la cama es para dos y como usted prácticamente ya es esposo puede dormir junto a ella y cuidarla durante la noche así Rufina descansa.

Betina levantó los seudopodios con manos y dedos ungulados para que el novio la alzara y él la levantó y la llevaba al dormitorio y Rufina le avisó con voz alta que después limpiara la silla cosa que ella ya no haría porque la pareja debe cuidarse el uno a la otra y lo que había en el receptáculo abajo de la silla nueva era grande porque al crecer la minusválida hace todo crecido y que él tenía obligaciones irrenunciables y que cuando fuera a dictar clases si quería que ella limpiara a la señora Betina debía pagarle porque ella trabajaba para una familia y no para dos y a todo dijo sí el novio con Betina en brazos hasta que la llevó al dormitorio nuevo y fatigado de tanto trabajo y emociones se dejó caer al lado de Betina luego de cubrirla con una manta y se durmió.