Los doce códigos del amor
Manual de instrucciones de las lunas
MANUAL DE INSTRUCCIONES DE LAS
LUNAS
OceanofPDF.com
POR QUÉ ANALIZAMOS LA LUNA Y NO
VENUS
En una carta natal hay doce signos, doce casas y diez planetas. Cada uno de nosotros tenemos los planetas distribuidos en los signos y las casas, según el día, la hora y el lugar en que nacimos. La carta natal es una foto del cielo en el momento exacto de nuestro nacimiento; el cielo no estaba igual el 13
de marzo de 1979 a las 6:50 en Madrid que el 1 de abril de 1984 a las 5:00
en Nueva York. Y como el cielo no para de moverse, las cartas no paran de variar. Cada uno de nosotros tenemos una carta única e intransferible.
Incluso los gemelos nacen con minutos de diferencia.
Cuando analizamos una carta natal establecemos paralelismos entre cada una de estas configuraciones y los distintos patrones psicológicos. Por ejemplo, según dónde y cómo esté Marte, sabremos cómo una persona determinada gestiona la rabia. Asociamos Marte con la acción, y la emoción que le atribuimos es la rabia. Si está en un signo o casa de fuego, saldrá en forma de explosión y, si está en un signo o casa de agua, lo hará de forma más sensible e introspectiva. Esto marcará si la persona es una luchadora nata o si prefiere huir del conflicto. Se entiende, ¿verdad? Pues así iremos procediendo con todos los planetas. Estableceremos equivalencias de su situación en la carta con los patrones psicológicos hasta definir a la persona.
En el terreno de las relaciones, muchos consideran que el planeta del amor es Venus y que, por tanto, para analizar nuestras relaciones tenemos que fijarnos en él. Yo discrepo, considero que lo primero que hay que analizar es la Luna, porque, a mi entender, trasladamos a nuestra pareja lo que no está resuelto con nuestros padres. Louise Glück, poeta
estadounidense, dijo: «Miramos el mundo una sola vez, en la infancia; el resto es memoria». No puedo estar más de acuerdo con ella.
La Luna nos habla de las heridas infantiles y de cómo vivimos el primer amor: el de la madre (o persona equivalente), patrón que luego repetiremos en todos nuestros vínculos.
Esto no significa que haya que responsabilizar a nuestra progenitora de cuanto nos pasa en las relaciones, que más de uno habrá encontrado el filón.
La Luna la traíamos desde el nacimiento, cuando nuestra santa madre aún no había dicho ni mu. Nacemos con esa mirada predeterminada sobre el mundo, y a través de ella interpretamos lo que nos pasa, por eso podemos ver a dos hermanos con lunas diferentes, según lo que interpreta cada uno.
Una vez recibí en mi consulta a una chica que me contaba que al llegar a casa les daba besos y achuchones a sus hijos y que el mayor le decía que era una pesada, que les interrumpía el juego, mientras que el segundo nunca tenía suficiente y se recreaba en los mimitos de mamá. ¿Les daba pocos o muchos besos? Les daba los mismos a los dos: para uno eran demasiados; para el otro, pocos.
No se trata de juzgar lo que nos hicieron, sino de ver cómo interpretamos lo que pasó.
A partir de ahí generamos creencias base que en la vida adulta tendemos a repetir. La Luna nos da pistas sobre ello. Su signo, su casa y sus aspectos indican cómo damos y recibimos el alimento (físico y emocional). Las primeras relaciones marcan lo que para nosotros es nuestra zona de confort.
Por ejemplo, alguien a quien su madre le gritaba, aunque eso no le gustase, buscará personas que lo traten mal; en su mente, de manera inconsciente, quien le quiere hace eso. Y alguien a quien abandonaron asocia amor con ausencia y, por consiguiente, será un imán para personas que prioricen otras cosas por encima de la relación. Así reafirmamos
nuestro patrón principal, que es, para nosotros, terreno conocido.
Si nuestra pareja no valida nuestro patrón principal, la mente no interpreta lo que nos da como afecto y, por tanto, será imposible que nos enamoremos de ella.
Así es como las dinámicas se repiten. Y aún diré más: el patrón inicial también es lo que nos damos a nosotros mismos cuando necesitamos amor.
A veces, la mayor ausencia es no atenderse a uno mismo y el peor de los maltratos es el autoinfligido. Lo veremos más adelante en los apartados correspondientes.
La buena noticia es que, aunque llegamos al mundo con una configuración base, todo se puede reprogramar. Los últimos estudios en neurociencia afirman que las conexiones neuronales se pueden alterar. Si bien la neurona A conectaba con la B y daba un resultado C, podemos enseñar a esta neurona A a conectar con la C y dará un resultado distinto.
Querida Alaska, lo de «Yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré» ha muerto.
El primer paso para sanar nuestra Luna es entender que el hecho de que cierta dinámica sea para nosotros una zona de confort no significa que nos vaya bien. Quien viene de un abandono está habituado a él, pero eso no es sinónimo de que le guste ni es algo que le convenga: significa que es lo que conoce y eso atraerá, puesto que atraemos lo que somos y no lo que queremos.
Nuestra zona de confort nos da seguridad, pero no tiene por qué darnos felicidad. Por eso es tan importante identificarla y, si es necesario, cambiarla.
Es fundamental entender que si hasta ahora hemos atraído un tipo de relación es porque nosotros éramos eso. Quien permite que el otro esté ausente es porque él está profundamente ausente para sí mismo y atrae a alguien que repite lo que él emite. Es posible que hayas leído esto y te haya
explotado la cabeza, pero cuando lo comprendas y lo apliques a tu vida, lo habrás entendido todo y el éxito estará asegurado. Podrás atraer lo que quieras.
Es imprescindible que tomemos conciencia de nuestros patrones lunares, incluidos los planetas que interactúan con ellos. Así podremos cambiarlos si nos conviene y, entonces sí, acceder a Venus. La diosa Afrodita es un planeta adulto que rige el intercambio en equilibrio. Pero si estamos heridos por todos lados nos vinculamos por nuestra necesidad de protección, desde el miedo, desde la repetición de patrones, desde la Luna. Es fácil enamorarnos de alguien que le ponga una tirita a nuestro niño herido. Pero si hemos tomado conciencia de ello y lo hemos trabajado, podremos elegir de manera libre y adulta con quién queremos relacionarnos, porque ya no necesitamos que nadie cure nada. Cuando las heridas están abiertas, mandan ellas; cuando están cerradas, mandas tú, y entonces y solo entonces puedes elegir con quién quieres estar.
Y aquí empiezan las buenas relaciones, en las que nadie sana a nadie, sino que ambos miembros de la pareja forman un equipo. En términos astrológicos diremos que hasta que no sanemos la Luna (apego infantil) no accederemos a Venus (intercambio adulto).
CÓMO CALCULAR LA CARTA NATAL
Lo primero que necesitas tener delante es tu carta natal. Y sí, carta astral y carta natal es lo mismo. Si me hubieran pagado dinero cada vez que me lo han preguntado estaría escribiendo este libro desde las Bahamas. Esta y la pregunta de los gemelos son las más recurrentes. Pero esta última la dejo para cuando escriba un libro sobre niños.
Para saber cuál es tu Luna no debes mirar el mes en el que has nacido.
Cuando decimos que somos un signo u otro estamos hablando del Sol.
Con la Luna las cosas no funcionan igual, puesto que cambia de signo cada dos días y medio. Por tanto, uno puede ser Tauro pero tener la Luna en cualquiera de los signos. No es algo que se pueda saber de memoria, sino que se debe calcular con un programa informático. Basta con que pongas en internet «Calcular carta natal» y encontrarás porrocientas webs. Introduce tus datos de nacimiento y obtendrás el gráfico de tu carta.
CÓMO ANALIZAR TU CARTA NATAL
En astrología existe una tríada básica: a cada signo le corresponde una casa y un planeta. Por ejemplo, al signo de Aries, que es el primero, le corresponde la casa 1 y el planeta Marte. A Tauro le corresponde la casa 2 y el planeta Venus, y así sucesivamente con todos los signos. Todos tienen una casa que les equivale y un planeta que les rige. Tener la Luna en Géminis o en la casa 3 es equivalente.
La mayoría de las personas que se ponen a analizar un planeta en su carta, por ejemplo la Luna, dan la mayor importancia al signo. «Yo tengo la Luna en Tauro y mis relaciones son así o asá», dicen como si me estuvieran descifrando el mapa del tesoro; no tienen en cuenta que quizá esa Luna está en Tauro pero en la casa de Aries y conjunta al planeta de Capricornio, y eso cambia toda la ecuación. Quienes solo analizan el signo, hacen un balance superficial de la situación, por eso llevan años analizando su Luna sin apenas obtener resultados. El análisis es incompleto, y así la sanación resulta imposible.
Por otra parte, no todas las cosas que afectan a un planeta, la Luna en este caso, intervienen con la misma fuerza. Y esto es importantísimo. Tenemos que establecer jerarquías, y el signo no es lo primero. El signo en el que está la Luna no tiene por qué informarnos de una herida emocional; unas veces
tal vez lo haga, otras no. En mi experiencia, el signo solo informa de algunas características que tiene esa Luna, pero el verdadero indicador de la existencia de una herida es la presencia de otro planeta en tensión.
Veamos un ejemplo. Si la Luna está en Capricornio, signo del deber, nos puede indicar que la persona en cuestión ha aprendido a hacerse cargo de sus emociones sin ayuda de otros y que se siente cómoda asumiendo responsabilidades. Esta sería una explicación sobre el signo de Capricornio, una característica de esa persona que no le causa problemas en las relaciones. En cambio, que alguien tenga la Luna conjunta a Saturno, el planeta regente de Capricornio, sí puede indicarnos que esa persona tuvo que hacerse mayor antes de tiempo, gestionar cargas que no le correspondían, y que ahora teme relacionarse por miedo a que eso signifique otro peso que sostener. ¿Se entiende la diferencia? En el primer caso solo había el signo de Capricornio y nos indicaba una característica de la personalidad; en el segundo había tensión con el planeta de Capricornio, y ahí sí existía una herida asociada. Da igual que esta última Luna esté en un signo u otro, si hay tensión con un planeta, este eclipsa el resto de la información.
El signo en el que está la Luna solo proporciona atributos; es la presencia de un planeta en tensión lo que nos indica que hay una herida.
Como ves, no hay que fijarse tanto en los signos o las casas, aunque también. No digo que no añadan una información valiosa, pero si queremos sanar, primero tendremos que buscar los indicadores traumáticos y centrarnos en los planetas que estén en aspecto tenso con la Luna.
¿Y qué es un aspecto tenso? Existen tres. Al primero lo llamamos
«conjunción», y se da cuando un planeta está pegadito a la Luna. Se identifica porque se marca una línea roja entre los dos planetas cuando están a menos de 10 grados. En este ejemplo la Luna está a 11 grados y
Saturno a 13; como entre ellos hay menos de 10 grados, se crea una conjunción. En una carta es muy fácil verlo porque ambos planetas están juntos, como en esta ilustración.
CONJUNCIÓN
Un segundo aspecto tenso es la cuadratura. Esta tiene lugar cuando entre la Luna y el otro planeta se crea un ángulo de 90 grados. Se ve porque se forma una línea roja corta. También le daremos un margen de 10 grados por arriba o por abajo. Si esto último te lía mucho, simplemente comprueba si se forma la línea roja. En caso afirmativo, es que hay una cuadratura; si no se forma, nada.
CUADRATURA
El último aspecto tenso es la oposición. Se crea cuando el otro planeta está justo al otro lado de la Luna o, dicho de otra manera, a 180 grados. Se marca con una línea roja larga. También le daremos un margen de 10
grados.
OPOSICIÓN
En resumen: si quieres analizar tu Luna, puedes mirar el signo o la casa en la que la tienes y analizar el apartado correspondiente, pero lo verdaderamente importante es que observes si tiene líneas rojas en relación con uno o varios planetas, y, si es así, ya puedes coger el subrayador.
Todavía falta un paso más. Si tu Luna tiene planetas en tensión, tendrás que ver a qué signo equivale ese planeta para que puedas localizar en estas páginas el apartado que te conviene consultar.
He aquí el cuadro de equivalencias.
La Luna en casa 1 o en tensión con Marte equivale al signo de Aries La Luna en casa 2 o en tensión con Venus equivale al signo de Tauro
La Luna en casa 3 o en tensión con Mercurio equivale al signo de Géminis La Luna en casa 4 equivale al signo de Cáncer
La Luna en casa 5 o en tensión con el Sol equivale al signo de Leo La Luna en casa 6 o en tensión con Mercurio equivale al signo de Virgo La Luna en casa 7 o en tensión con Venus equivale al signo de Libra La Luna en casa 8 o en tensión con Plutón equivale al signo de Escorpio La Luna en casa 9 o en tensión con Júpiter equivale al signo de Sagitario La Luna en casa 10 o en tensión con Saturno equivale al signo de Capricornio La Luna en casa 11 o en tensión con Urano equivale al signo de Acuario La Luna en casa 12 o en tensión con Neptuno equivale al signo de Piscis Habrás visto dos curiosidades.
La primera es que al signo de Cáncer no le he asociado ningún planeta.
Esto es porque se rige por la propia Luna, y nadie puede tener la Luna conjunta a la Luna porque eso equivaldría a tener dos lunas en una carta, algo imposible.
La segunda es que algunos signos comparten planeta regente (por ejemplo, Venus rige tanto a Tauro como a Libra, y Mercurio es regente de Géminis y Virgo al mismo tiempo). Si, por ejemplo, tienes la Luna en tensión con Mercurio o Venus, te animo a que leas ambos signos y busques con cuál te identificas más. O que simplemente sumes los dos a tu ecuación.
Tú eliges.
Si todo esto se te hace una bola monumental, tengo buenas noticias. Hay otra forma de trabajar este libro. Puedes leer todos los signos y reflexionar sobre cuáles hablan de ti y cuáles no. A veces tenemos patrones adquiridos del entorno, y hay otras posiciones que afectan a las relaciones de pareja, como los planetas en la casa 7, los dispositores, los grados de dodecatemoria de la Luna y otras mil y una cosas que no vamos a trabajar aquí porque este libro acabaría siendo una tesis doctoral aburridísima.
Antes he dicho que una persona puede tener cuatro, cinco o seis patrones, pero no es posible tenerlos todos, y tampoco es posible no identificarse con ninguno. Todos somos humanos y tenemos las mismas emociones, pero en
grados diferentes. Seamos capaces de diferenciar lo que sentimos como seres emocionales que somos y de identificar una herida real o un patrón de repetición que interfiere en nuestros vínculos.
Lo más provechoso tal vez sea leer los doce patrones y analizar cuáles hablan de nuestras heridas y cuáles no. Y a partir de aquí sumar los que nos conciernen y ponernos manos a la obra. Tan sencillo como eso.
QUÉ SIGNOS AFECTAN A TU LUNA
Para saber qué heridas afectan a una Luna hay que buscar los signos equivalentes a los planetas que están en tensión con ella y trabajarlos uno a uno. Veamos un ejemplo, que eso siempre ayuda.
En primer lugar, miraremos en qué signo está la Luna; por ejemplo, Aries (código 1). Luego añadiremos la casa en la que está (las casas son las 12
porciones en las que dividimos una carta, simbolizadas con números); por ejemplo, la casa 3 (código 3). Después habrá que añadir lo verdaderamente importante: los planetas que interactúan con ella; pongamos que tienes una cuadratura de Plutón (código 8) y una oposición de Neptuno (código 12). El código final de esta Luna sería 1-3-8-12, por lo que tendrías que prestar especial atención a estos cuatro apartados y trabajar lo que allí se propone.
Así pues, si alguien te dice que tiene la Luna en Aries es como si te dijera que es mujer. Es poca información, puesto que no es lo mismo ser mujer en Afganistán que en Nueva York. Y aquí ocurre algo parecido. Tener la Luna en Capricornio, en casa 1 y sin apenas aspectos es completamente diferente de tenerla en idéntico signo pero en casa 8, con Plutón y dos planetas más en tensión. La ecuación cambia de manera radical.
¿Comprendes ahora por qué preguntar el signo del horóscopo a alguien no sirve para casi nada?
RED FLAGS (BANDERAS ROJAS) A continuación te advertiré de una serie de aspectos que es importantísimo que tengas en cuenta. Por favor, no te saltes este apartado ni lo leas en diagonal. Sé que es un poco corta rollos, pero el buen entendimiento de este libro se basa, en parte, en esto.
1. No hay verdades absolutas. Te voy a explicar conceptos que espero que te ayuden a ver aspectos de ti que no conocías o que necesitabas reafirmar, pero no te tomes nada como una verdad absoluta. Cuando hablamos de personas, hay tantas variables como gente en el mundo. Esto no es una ciencia exacta en la que uno más uno siempre suman dos. Lo que escribo está basado en mi visión y mi experiencia. Para poder explicarlo, tengo que agrupar y, en algunos casos, generalizar. Te animo a que encuentres tus matices, llegues a tus propias conclusiones y descartes lo que no te sirva.
2. No proyectes. Conocer la Luna (o la carta) de alguien no significa que podamos hacer juicios sobre esa persona. Aunque tú y yo tengamos como emoción básica la tristeza, ni tú ni yo vivimos la tristeza de igual modo.
Porque yo no he vivido en tu piel, en tu familia ni en tus circunstancias, ni tú en las mías. Por favor, no creas conocer a alguien por mucho que seas capaz de analizar la Luna en su carta natal. Eso es un error. Lo único que conseguirías es hacerte una imagen preestablecida de esa persona y perderte el gusto de conocerla. Y esto te incluye a ti mismo.
3. No hay ninguna posición más favorable que otra, ni ningún signo mejor que otro. Lo importante no es lo que tienes, es lo que haces con lo que tienes. He visto posiciones aparentemente complicadas con resultados magníficos, y al revés. No etiquetes un arquetipo lunar como más fácil que otro, porque esta jerarquía no existe. Piensa, además, que la carta tiene otros nueve planetas y una serie de elementos que también juegan la partida a favor o en contra.
4. Este libro tiene una función divulgativa. No es una terapia ni un tratamiento para ninguna patología psicológica. Si crees que necesitas ayuda, no dudes en acudir a un profesional de la salud mental.
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