Los doce códigos del amor

Elva Abril · Capítulo 8 de 20

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Los doce códigos del amor

Código 5: Luna en Leo y el miedo a no ser visto

CÓDIGO 5

LUNA EN LEO

Y EL MIEDO A NO SER VISTO

(Luna en Leo o en casa 5

o en tensión con el Sol)

Si te enamoras de las flores y no de las raíces, en otoño no sabrás qué hacer.

ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY

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LA PRESIÓN DE SER JULIA ROBERTS

No hay película en la historia del cine romántico que lo haya petado tanto como Pretty Woman. El personaje de Vivian Ward convirtió a Julia Roberts en «la novia de América». Además, la carrera de esta actriz parecía no tener altibajos, desde El informe Pelícano hasta Quédate a mi lado, pasando por Erin Brockovich o Todos dicen I Love You. Era la envidia de cualquier artista y la admiración del mundo entero, que besaba el suelo por donde ella pasaba.

Pero el éxito frente a las cámaras no se correspondía con el de fuera de ellas. Esa nube de fama que la envolvía no debió de ser sencilla de gestionar en su vida privada, porque, no nos engañemos, encontrar pareja no es fácil para las personas famosas. Por si no lo sabes, existen aplicaciones para ligar creadas específicamente para los vip. Supongo que siempre debe sobrevolar la duda de si el otro se enamora de la persona o del personaje, y de este modo cierran el círculo asegurándose de que están todos en la misma situación.

La propia Rita Hayworth, en su día, dijo: «Los hombres que he conocido se han acostado con Gilda y luego se han despertado conmigo».

Volviendo a Julia, salió con Daniel Day-Lewis, con Benjamin Bratt, con Liam Neeson y con Matthew Perry, entre otros varios compañeros de reparto. Incluso llegó a estar comprometida con Kiefer Sutherland, pero anuló la boda tres días antes por una infidelidad de él, casi lo peor que le puedes hacer a Leo. Quienes, como Julia, tienen esta Luna necesitan mucho

reconocimiento, sentirse únicos y especiales. Quieren que se les priorice para contar con un lugar especial en la vida y el corazón de su compañero.

Por eso un desplante puede ser una verdadera puñalada, lo mismo que si se los ignora, se les ningunea y ya ni te digo si se les sustituye por otra persona.

Para sentirse seguros, quienes tienen la Luna en Leo, necesitan notar que se les ve y se les da importancia.

El origen de esta necesidad puede ser muy variado. A veces la persona viene de ser el niño de los ojos de mamá o del quinto tratamiento de fertilidad de sus padres, y tiene el recuerdo de haber sido recibido con alfombra roja. En ocasiones pasa todo lo contrario, ha sido poco mirado.

Recuerdo una conversación con una consultante con esta Luna, me decía que sus padres la habían mandado a un internado mientras que su hermana mayor se quedó en casa. Se sintió desplazada porque era invisible a todo lo que iba sucediendo en la familia, y ahí se formó la herida que posteriormente intentó curar convirtiéndose en una de los mejores consteladores familiares del país.

La popularidad suele proporcionar autoestima a quien la ha perdido por el camino.

Cuando esta chica entró en crisis vocacional, se dio cuenta de que las constelaciones eran algo que se le daba bien, había crecido muy rápido en un momento en el que apenas tenía competencia y se había hecho un nombre con relativa rapidez, sin pararse a pensar desde dónde llevaba a cabo las sesiones o si realmente eso la llenaba. Vio que tener la clase llena y ser cabeza de cartel en el congreso de turno quedaba muy bien para la foto en las redes sociales, pero en el fondo a ella no le gustaba trabajar con tanta gente. Al contrario, era buena en el tú a tú, en la intimidad, en el grupo reducido, pero, claro, eso no era tan espectacular.

Si intentas ser quien no eres malgastarás la persona que eres.

Lo importante aquí es percatarse de que hay una herida con respecto a la visibilidad, por exceso o por defecto, ya sea porque la persona está acostumbrada a ser la protagonista y no quiere bajarse de su altar, o porque no lo ha sido nunca y lo desea con anhelo. En ambos casos requerirán una pareja que les haga sentirse únicos e inigualables, como Richard Gere superando el vértigo para llevarle el ramo a Julia en la escena final de la peli. Así entran en su zona de confort y pueden relajarse. Pero esto tendrá contrapartidas, como todo.

Quienes necesitan ser el centro de atención corren el riesgo de eclipsar al resto y provocarán en otros la misma herida de la que huyen.

Por eso es tan importante que tomen conciencia de las veces en que la energía se centra en ellos y que puedan repartirla entre los demás para que nadie quede apartado.

Al contrario de lo que pueda parecer, la necesidad de visibilidad no implica que tengan que ser especialmente extravertidos, sino que cuando están en confianza quieren que se les note, que se los tenga en cuenta y se les dé un lugar de relevancia en la conversación. Que se hable de ellos o con ellos.

Recuerdo a Julia Roberts en la peli Notting Hill, cuando Hugh Grant la lleva a cenar a casa de su hermana; todos flipan con la novia famosa que se ha echado y se olvidan por completo del pobre Hugh. En la cena, todos acaban contando sus dramas, hasta que ella irrumpe con el suyo y aniquila los otros. No digo que no lo haga con la intención de ayudar a los demás a relativizar lo suyo, digo que a menudo estas personas no se sienten cómodas callando sus circunstancias y cediendo el protagonismo a otro. Y en estas pequeñas cosas se van comiendo el terreno hasta dejar al otro a cero. A menos, por supuesto, que lo vean y lo regulen. Aquí aparece una de las

principales dificultades de esta Luna en pareja: ver al otro, cederle espacio y compartir trono.

Es el turno de analizar la Luna en Leo o con aspecto tenso con el Sol. ¡Al loro!, porque esto incluye a todos los que hayan nacido en luna llena o en luna nueva.

Cuando la Luna está en calidad de llena es porque el Sol está haciéndole oposición, por eso la ilumina por completo. Pero, aunque parezca muy romántico, ya hemos visto que la oposición es un aspecto de tensión y habrá que trabajarlo como tal.

De la misma forma, cuando alguien ha nacido en luna nueva, eso significa que el Sol y la Luna están bien juntitos en la carta (es lo que sucede cuando miramos al cielo y la Luna apenas se ve). Recordemos que la conjunción también es un aspecto tenso, por tanto, hay que ponerse las pilas, exactamente igual que con la oposición o la cuadratura.

Una leyenda urbana dice que las embarazadas paren más cuando la Luna está con estos aspectos. Si es cierto, ya podemos empezar a coger subrayador algunos de nosotros y a ver quién se atreve a lanzar la primera piedra. Yo no puedo, lo confieso.

En este apartado veremos la principal dificultad de este signo, la tendencia a acaparar atención y verse solo a sí mismo, así como su mejor potencial, el carisma del líder nato que consigue que todos brillen a su alrededor. Encendamos los focos, que ahí vamos.

SOY LO QUE SOY

Tal como cantaba Gloria Gaynor I am what I am and what I am needs no excuses (soy lo que soy y lo que soy no necesita excusas). Gloria también tiene el Sol en tensión con la Luna. Esta frase posee una parte que desprende rigidez y pocas ganas de amoldarse a lo que los demás necesiten,

pero también es una lanza en pro del amor propio y el orgullo por lo que uno es. Leo tiene estas dos partes, habrá que trabajar la primera para que derive en la segunda con naturalidad.

Cuando uno no sabe darse amor propio, no le queda otra que mendigar atención a los demás.

Entonces se vuelve adicto al aplauso ajeno, cree que eso le da valor y así se siente querido. Para crear una versión idílica de sí mismo, a fin de que todos se enamoren de él y quieran estar a su lado, se pone máscaras, pero lo único que logra es sentir una presión terrible por tener que estar a la altura de lo que esa careta exige.

Algunos parecen incluso arrogantes, fruto de la tensión que tienen en su interior por no perder lo que en apariencia les funciona. De cara afuera, parecen seguros y dicen cosas como la canción de Gloria Gaynor, pero por dentro están temblando por temor a que alguien descubra quién se esconde ahí detrás. Por eso se ofenden con muchísima facilidad y les importa tanto la imagen que la gente tenga de ellos.

El mayor temor de quienes tienen la Luna en Leo es que se les humille o se les deje mal en público, porque piensan que al bajar del altar perderán el motivo por el cual son queridos.

Es como si el marido de Julia Roberts nos dijera que la muchacha ronca y se tira muchos pedos. Dejaríamos de verla como la diosa que la prensa nos vende y ni compraríamos su colonia ni iríamos a ver sus pelis. Esa es la creencia de esta Luna y el motivo por el cual las personas que nacieron con ella viven intentando seguir siendo la niña de los ojos de papá o la novia de América al precio que sea.

Si buscamos que los demás nos pongan en un altar para creernos importantes, haremos lo que ellos quieran y perderemos personalidad y, sobre todo, libertad.

Y, claro, el vacío interior puede ser más grande que la catedral de Burgos.

Cuando esto sucede, la persona se vuelve introspectiva, tímida y no se quiere mostrar ni ser el centro de atención, con lo que se desconecta de lo que en realidad necesita. Y si uno mismo no sabe darse lo que le va bien, muy difícilmente podrá hacerlo alguien desde fuera. Por consiguiente, hasta que no aprendamos a cultivar el amor por nosotros mismos, no podremos avanzar en las relaciones con los demás.

Para ello deberemos recuperar el protagonismo de nuestra propia vida, dedicarnos tiempo, energía y dinero. Pero no solo eso, deberemos atrevernos a preguntarnos quiénes somos más allá de lo que nos haga populares o que los otros nos admiren. Y ser consecuentes con eso, aunque para conseguirlo perdamos a algunos por el camino.

Mientras escribo estas líneas me vuelve a venir a la mente Julia Roberts y me fijo en que cuando salía con actores populares que le proporcionaban portadas de revista y más fama, la cosa no iba muy bien, que digamos. Pero desde que ya no necesita demostrar nada a nadie ha podido encontrarse a sí misma, está casada desde hace veinte años con un cámara de cine anónimo y se permite escoger las películas en las que quiere participar, sean superproducciones o no.

Empezamos a brillar cuando no tenemos nada que demostrar.

Y ahora que la autoestima ya no viene de un puñado de likes o de unas palabras bonitas, ya no es necesario acaparar la atención ni ser el centro de nada más que de la propia alma. Y aquí es cuando la relación con uno mismo y con los demás evoluciona, porque ya no hace falta estar por encima de nadie para asegurarse el amor.

Una gran persona no te hará sentir pequeño porque su ego no se alimenta del tuyo, sino del suyo.

Entonces uno puede priorizarse sin despreciar a otros o directamente ni

verlos. No es lo mismo decir «Solo yo» que «Lo mío es importante». Lo primero conlleva egoísmo y lo segundo, responsabilidad. Dicho de otra manera, una cosa es que uno reclame su momento porque sabe que es necesario atenderse y otra que siempre tenga que ser su momento para ser feliz. A veces esto es fácil de ver en otros y muy difícil de reconocer en uno mismo, pero ahí radica la clave de todo.

LA NECESIDAD DE RECONOCIMIENTO

Uno de los principales problemas a la hora de relacionarse de quienes tienen esta Luna es que, aunque parezca una contradicción, en el fondo no se ven a sí mismos. Procuran que los demás los vean a toda costa y obtener visibilidad por algún lado. Si Julia Roberts no sabe quién es, se creerá lo que las revistas digan. Y, en consecuencia, será muy susceptible a lo que opinen de ella.

La realidad es que si no nos vemos a nosotros mismos, los demás no nos verán.

¿Te han regalado alguna vez algo que no va para nada contigo? A mí sí, muchas veces. Es cierto que puede ser debido simplemente a la torpeza de quien regala, pero en la mayoría de las ocasiones es porque nosotros hemos dado una imagen equivocada de lo que somos. En el amor ocurre lo mismo, si mostramos una máscara, el otro se enamorará de ella y no de lo que hay tras ella, y luego no sabrá cómo tratarnos ni qué darnos.

Además, uno no puede vivir con la sensación de tener que interpretar un papel para seducir al personal. Por eso tiene que ir con cuidado con lo que vende y con aquello por lo que quiere que se le valore, porque después habrá que sostener ese peso. Si el amor únicamente aparece cuando uno de los dos es popular, especial o exitoso, se acabará cuando la máscara caiga.

Porque tarde o temprano caerá, uno no puede fingir constantemente, y menos en una relación de confianza y cercanía como debería ser la de pareja.

Los endiosamientos separan porque, si uno queda muy lejos del otro, se dificulta la complicidad.

Cuando rompemos esa necesidad de grandeza, tanto nuestra como de otros, podemos ver lo que hay y relacionarnos con honestidad eligiendo al compañero que mejor se adapte a lo que somos. Si no, es como si pretendiéramos que un león no nos comiera porque somos vegetarianos.

Vivimos anhelando que todo gire a nuestro alrededor, como si todos fueran como nosotros o los otros tuvieran que parar el mundo por satisfacer nuestras necesidades. Y eso agota a los demás.

CUÁNDO APAGAR EL FOCO

Ahora que nos vemos, podemos definir con quién queremos estar.

Obviamente, sabemos que la Luna está en Leo o en tensión con el Sol, por eso nos convendrá unirnos a personas que nos cedan el lugar en el escenario bien iluminado, no entre bambalinas, y no porque lo necesitemos desesperadamente para sentirnos queridos, sino porque nos gusta ese lugar.

El matiz es importante.

El otro tiene que ser compatible con eso, ya sea porque le encantan nuestras ganas de mostrarnos o porque su zona de confort es la contraria, quedarse un pasito atrás. Eso sí, que alguien no pida demasiado protagonismo abiertamente no significa que no tengamos que dárselo en algún momento, porque todos somos humanos y hay que saber compartir altar.

Una vez vino a uno de mis cursos una señora que, mientras yo explicaba

este tema, se rompió y se puso a llorar. Al terminar le pedí que se quedara por si necesitaba hablar y me contó que llevaba años tirándole en cara a su marido lo mucho que viajaba por trabajo y el poco tiempo que le dedicaba a ella. Me dijo que ese día se había dado cuenta de que lo primero que hacía él al llegar al hotel era llamarla, que le traía obsequios de cada uno de sus viajes, como cuando eran novios, y que el día de la llegada siempre se bloqueaba las primeras horas para estar juntos y contarle lo que había estado haciendo. Creo que recordaré la cara de esa mujer toda la vida, su mirada desprendía una felicidad increíble aunque sus ojos estaban empapados de lágrimas. Se las secó y me anunció que iría directa a casa para darle las gracias a su pareja por todo lo que hacía por ella.

A veces el otro no puede proporcionarnos más atención de la que nos da porque cruzaría la línea peligrosa de quitársela a sí mismo.

Por eso era tan importante el primer punto del que hemos hablado unas líneas más arriba: aprender a conseguir esa atención por nosotros mismos, porque así regulamos la que pedimos fuera. Esto es aplicable a las relaciones, pero también al trabajo y a casi cualquier ámbito de nuestra vida. Si solo nos sentimos protagonistas si otros nos dan ese lugar en su vida, crearemos relaciones tóxicas en las que pediremos más de lo que podemos dar. En cambio, si nos acostumbramos a proporcionarnos esa palmadita en la espalda por nuestra cuenta, crearemos relaciones sanas porque el otro nos podrá dar hasta donde quiera y pueda. Así romperemos esa dependencia, ganaremos en seguridad y aumentará la calidad de nuestras relaciones.

La autoestima solo lo es si responde a lo que nosotros vemos y nos damos a nosotros mismos, no a lo que los demás vean o hagan.

Llegados a este punto, es momento de darle una vuelta de tuerca más al asunto. Voy a contar por qué valorarse uno mismo es un concepto que

queda muy bonito a la hora de escribir pero es tremendamente difícil para estas lunas.

CÓMO DESPERTAR AL SEDUCTOR NATO

Para seducir a otros primero tenemos que estar enamorados de nosotros mismos. Pero no en el sentido narcisista de la expresión, sino que hemos de tener una buena autoestima para permitir que otros brillen sin tener miedo a que nos hagan sombra. Pero a veces eso no es tan sencillo y nos encontramos con la dicotomía de hacer lo que sentimos o hacer lo que sabemos que los demás admirarán y reconocerán. Gran dilema para la Luna en Leo: ser auténtico o ser admirado. Ahí está la explicación de por qué astrológicamente este aspecto se da cuando el Sol y la Luna entran en tensión. La persona se debate entre hacer lo que necesita para sentirse querida por los demás o ser fiel a lo que es. ¿Quererme o que me quieran?

Esta es la cuestión.

Que nadie se ponga dramático, que si este signo rige las artes escénicas no es por casualidad. Hay un modo de resolverlo: marketing.

Leo es carismático y quienes tienen esta Luna son seductores por excelencia. Y no me refiero a la seducción sexual, que también, sino a la capacidad de meterse al otro en el bolsillo y conseguir lo que desean, ya sea un aumento de sueldo, un descuento o una cita. Leo es esa hermana mayor que le dice a la pequeña: «Déjame a mí hablar con mamá, yo la convenceré para que nos deje salir hasta las doce». Se trata de dominar la forma, el tono y el momento. Eso sí, para despertar este arte habrá que aprender a ver al otro, y recordemos que esa es la mayor dificultad de Leo, ceder el foco.

Si no aprendemos a seducir, puede que tengamos tanto miedo al rechazo que no nos atrevamos a sentir.

Imaginemos a una chica que acaba de descubrir que es lesbiana pero sabe que si se lo dice a su padre dejará de ser su hija preferida y perderá los privilegios que eso le proporciona. El riesgo es tan grande que su subconsciente podría llegar a bloquear lo que siente por las mujeres. Por eso la libertad va tan unida a la seducción. Si la chica conecta con el padre, comprende el porqué de sus creencias y se pone en su lugar, encontrará la manera de contárselo para que él lo acepte y ella pueda seguir siendo su hija favorita. No buscamos manipular sin más, buscamos que todos seamos felices haciendo compatibles nuestras realidades y formas de ser.

El buen seductor no es el que se siente ganador al conseguir lo que quiere, es el que se lo pasa bien metiéndose al otro en el bolsillo, sabiendo que ambos disfrutan por igual. El padre está feliz por seguir adorando a su hija y ella contenta de amar a quien quiere manteniendo el apoyo de su progenitor.

No se trata de buscar la felicidad propia a costa de la ajena. Se trata de que a través de la felicidad propia consigamos la ajena.

EL LÍDER EN LA VIDA Y EN LA PAREJA

Voy a ser muy sincera, la Luna en Leo cuesta de reconocer. Hay personas que ayudan a los demás para obtener reconocimiento, pero no son conscientes de ello. Hay quien se queja constantemente para conseguir atención, pero no lo ve. Hay quien enferma para tener a sus familiares a su alrededor, pero no lo hace conscientemente.

Que nadie se me ofenda antes de tiempo, no quiero decir que sean malas personas ni que no sepan ver más allá de su máscara, te hablo desde mi propia experiencia. Yo tengo la Luna en conjunción al Sol y me ha costado muchos años darme cuenta de las veces que me he enfadado solo para llamar la atención de alguien. Al fin y al cabo, soy la única hija de una madre que enviudó joven y centró su vida en su niña.

Las relaciones se me han complicado en muchas ocasiones por ver en los triunfos de otros una amenaza que pudiera eclipsarme y cargarse el motivo por el cual me ganaba el reconocimiento ajeno. ¿Te suena eso de culpar a otros de lo malo pero atribuirse los triunfos? Qué desastre.

Menos mal que lo vi (¡sigo en ello!): me percaté de la infelicidad a la que eso me llevaba y lo imposible de relacionarse desde ahí. Mandé la corona a tomar viento. Prefiero ser menos ideal y contar mis miserias con tranquilidad, como estoy haciendo ahora mismo. Eso me une a ti porque es más real, porque quiero que quien se enamore de mí lo haga de lo que hay, y no de lo que me gustaría que hubiera. Y eso lo cambia todo.

El verdadero líder es el que brilla sin quemar a nadie.

El liderazgo exterior solo sucede cuando hay liderazgo interior. Cuando uno consigue llegar a este punto de inflexión, logra estar orgulloso de quien es y con su mera presencia contagia a todos con su carisma. Entiende que en el cielo hay millones de estrellas y cada una luce su momento, sin apagar a nadie, sin competencia. Sabe que habrá personas que serán como la Luna, que necesitarán que se las ilumine desde fuera para verse a sí mismas. Leo es el que se encarga de hacer eso, de inspirar a otros al igual que las influencers inspiran a miles de personas solo con su forma de vestir. Sin imponer nada, sin forzarlo, solo mostrando. Así se atrae a quien le gusta tener un líder cerca en el que fijarse.

El buen líder no es aquel que gusta por cómo es, sino por cómo se sienten los otros consigo mismos al estar con él.

Eso es brutal. Eso es contagioso. Es un imán. Eso hace que, sin pretenderlo, la gente lo mire, lo reconozca y lo valore sin forzar nada. Es esa luz que desprende el Sol de manera natural solo por cómo es y alimenta de amor propio a todo aquel que esté cerca. Así, quien ha sufrido la herida de la falta de atención se convierte en alguien que se ve a sí mismo y otorga

una mirada especial a quien tiene cerca, al crear un ambiente en el que todos se sienten reconocidos, valorados y atendidos.

Miedo: No ser valorado

Apego: Visibilidad

Reacción: Susceptibilidad

Aprendizaje: Verse por sí mismo

Potencial: Liderazgo personal

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