Los doce códigos del amor
Código 6: Luna en Virgo y el miedo a no ser perfecto
CÓDIGO 6
LUNA EN VIRGO Y EL MIEDO
A NO SER PERFECTO
(Luna en Virgo o en casa 6
o en tensión con Mercurio)
El amor nace por los pequeños detalles y muere por la carencia de ellos.
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EL ARMA DE SEDUCCIÓN DE NATALIE
PORTMAN
Pocas actrices hay en Hollywood tan inteligentes como Natalie Portman.
Aunque muchos la tengan en la cabeza por haber interpretado a la reina Amidala de Star Wars, quizá pocos sepan que es licenciada en Psicología nada más y nada menos que por la Universidad de Harvard. Natalie tiene la Luna en Virgo, y para ella una mente brillante es más importante que una cara bonita. Es una Luna práctica que busca sentirse útil a los demás, y tal vez piense que es más práctico entender el funcionamiento del cerebro que saber actuar. En una entrevista publicada en el New York Post declaró que no le importaba si la universidad arruinaba su carrera como actriz, prefería ser inteligente a una estrella de cine.
Virgo es un signo laboral. Quien nace con esta Luna necesita cumplir la función que le des en tu vida y así sentirse querido al ejecutarla.
Hay vocación de servicio en Virgo; quiere ensuciarse las manos para sentir que así ayuda a los demás y pone su esfuerzo en beneficio de la felicidad de las personas a las que quiere. Cuando se le asigna una tarea, entra en modo escáner para asegurarse de que no se le pasa ningún detalle de lo que tiene que hacer.
Mi amiga Miriam tiene esta Luna y es un placer invitarla a comer porque siempre insiste en ayudar a recoger la mesa y se presta para tirar la basura cuando se va, pero también le acomplejan sus inseguridades, ya que cree que si no es la invitada perfecta la vamos a dejar de convocar. Esto hace que
se ponga tensa desde que llega hasta que se va. Cuando tiene una cita le pasa lo mismo. Vive en un permanente estado de alerta tratando de no llegar ni muy pronto ni muy tarde, atenta a que sus piernas estén bien cruzadas y que la conversación fluya para que la persona con la que se ha citado no se sienta incómoda. Y, claro, en este estado de tensión permanente es imposible relajarse y disfrutar de esa cita. No se suelta y, por tanto, no puede conectar con otra persona y decidir si le gusta o no.
Quienes estén en Virgo analizan cada detalle para asegurarse de que lo están haciendo bien, pues creen que en su perfección está su valía.
No puedo dejar de pensar que Natalie Portman conoció a su marido en el rodaje de Cisne negro porque él era el encargado de enseñarle a bailar. Y no hablamos de un bailarín cualquiera, sino de alguien que ha dirigido el ballet de la Ópera de París. Deduzco que debe de ser un hombre disciplinado y meticuloso, ya que, al fin y al cabo, su profesión va de corregir, mejorar y perfeccionar la coreografía hasta que quede impecable. Esta parte de él se entendió a las mil maravillas con Natalie, que posiblemente era la primera en querer parecer una bailarina profesional en la peli. Otra cosa es llevarse esto a casa y sentir que todo tiene que estar perfecto, desde el lavavajillas hasta la planificación del viaje de verano, porque este nivel de exactitud lleva a la obsesión o a la neurosis, y a la larga, resulta paralizante.
En este apartado analizaremos a la Luna más meticulosa, desde su principal talón de Aquiles, el exceso de análisis, hasta su capacidad de entrega a quien más quiere.
Espero ser concreta en mis palabras y no salirme del guión. Ten piedad, querido lector, y quédate con la idea y no con la corrección de la tilde, que seguro que más de uno se ha desconcentrado al ver que he escrito «guión», con acento cuando desde hace años la normativa dice que no debe llevarlo.
No sabes lo tensa que me pone escribir este capítulo a sabiendas de que
habrá tantos ojos virginianos analizando cada palabra. Me preparo una infusión bien healthy y comenzamos.
ME HIZO UN EXCEL DE LOS BIBERONES
Al hablar de la inteligencia de Virgo, quizá más de uno le encuentre cierto paralelismo con la Luna en Géminis; es normal, ya que ambos signos se rigen por el planeta de la comunicación: Mercurio. Por tanto, a los dos les dará seguridad entender las cosas para poder gestionar las emociones, la diferencia es que en el caso de Géminis la inteligencia es conceptual y en el de Virgo, práctica. Por ejemplo, cuando Géminis pasa por un duelo necesita saber que existen unas fases y que él va por la tercera; cuando lo comprende se calma. A Virgo el concepto no le basta, quiere saber qué función cumple la tristeza en nuestro organismo, en las relaciones, y cómo demostrarlo de forma cuantitativa.
A quienes tienen la Luna en Virgo no les interesa solamente la idea, quieren concreción y resultados; les apasionan los Excel, las estadísticas y los diagramas.
Mi marido tiene la Luna en la casa 6, la de Virgo, y cuando nació nuestro hijo colgó en la nevera un Excel para anotar las tomas del bebé. Yo no tengo ni un solo planeta en ese signo ni en esa casa, así que no me acordaba nunca de hacer anotaciones en él y cuando me preguntaba por la última toma le respondía que había comido haría un par de horas… o tres. Esa falta de concreción le ponía de los nervios porque se sentía inseguro, no sabía si lo estábamos haciendo bien o el bebé pasaba hambre, así que después del primer mes decidimos regirnos por aquel Excel a rajatabla.
Seguir el Excel tenía una parte buenísima: estábamos tranquilos de hacerlo correctamente y podíamos planificar los biberones si íbamos a salir.
Pero también tenía su parte mala: eliminaba nuestro instinto y corríamos el riesgo de sobrealimentar al bebé al no esperar su llanto. La organización nos fue bien, pero la rigidez nos llevó a desconectarnos del niño, al igual que le pasaba a mi amiga Miriam con sus citas.
El exceso de control nos desconecta de nuestras emociones, lo que impide que podamos fluir con ellas.
Buscar que todo responde a una norma predecible nos calma de primeras, pero vivido en exceso nos llevará a una prisión emocional que se cargará nuestra capacidad adaptativa cuando la vida nos traiga cosas que no estén en el plan. Las personas con la Luna en Virgo necesitan llevar una agenda, saber qué van a hacer el fin de semana y por qué quedar con unos amigos y no con otros. No fluyen bien en el caos porque no quieren improvisar.
Quien hace las cosas sobre la marcha no puede dominar todos los detalles ni ofrecer perfección en su resultado, y eso les conecta con el riesgo de no sentirse queridos, como he explicado al principio. Ahí surgen los pensamientos repetitivos y la neurosis.
La ansiedad es un clásico en las lunas en Virgo, ya que viven en alerta constante al tratar de dominar algo que no se puede controlar: la vida.
Uno no puede decidir qué le pasará, hacia dónde evolucionarán sus sentimientos o los de la otra persona, pero sí puede acomodarse a lo que venga, al igual que los barcos adaptan sus velas al viento que sopla en cada momento. El proceso de sanación de esta Luna lo empezaremos por aquí, aflojando rigidez y aprendiendo a amar la imperfección de la vida y de la condición humana. Solo así podremos abrir los brazos a lo que esté por venir y gestaremos el amor fluido en nosotros y en nuestra pareja. En el siguiente apartado explicaré una de las claves para lograrlo.
EL PERDÓN CONTIENE LA FÓRMULA DEL
AMOR
Ya he dicho que para quienes están en esta Luna los detalles son importantísimos, de modo que no servirá de nada que le pidamos que no se fije en ellos. Pero también es cierto que si les prestan demasiada atención, no encontrarán a nadie lo suficientemente perfecto. Si se pasan con el análisis, provocarán la parálisis. Siempre habrá algo que falle: la persona escogida tendrá taras, el momento no será exacto ni la situación la adecuada, con lo que se frustrará cualquier intento de relación.
Buscar una pareja exenta de fallos es un suicidio, porque la vida no es así. Si esperamos a ser perfectos para sentirnos merecedores de amor, invertiremos la vida entera y no lo conseguiremos. Somos caóticos, erróneos y descompensados por definición. No se trata de buscar algo perfecto, puesto que eso solo hará que nos obsesionemos con nuestros fallos, sentiremos inferioridad con respecto a otros y volveremos a la necesidad de control, con lo que se creará un círculo destructivo. Se trata de provocarlo, de crearlo, de llevar nuestra idea de perfección a algo que pueda existir.
La primera regla para crear una buena pareja será entender la naturaleza de la vida e incluir el error como parte del plan. Estoy hablando básicamente de perdonarse. Perdonar no es disculpar ni justificar. Perdonar es aceptar que nadie es un robot excelente en todo lo que hace. Lo verdaderamente importante es nuestra actitud ante las imperfecciones y las ganas que tengamos de mejorarlas. Eso es lo que une a dos personas, los detalles al servicio de una misión común, no las pequeñeces aisladas.
La sanación de la Luna en Virgo pasa por perdonarse y perdonar.
La idealización es algo infantil, puesto que los niños tienen una idea
imaginaria de cómo son sus padres y la vida en general. Cuando crecen se dan cuenta de que los adultos son imperfectos, entonces se transforman en adolescentes. Luego inician una fase en la que se descubren a sí mismos como adultos y perdonan a sus padres al reconocer la realidad a la que todos nos enfrentamos. Finalmente, cuando este adulto es capaz de perdonarse a sí mismo, llega la sabiduría. En ese momento sabrá perdonar también a los demás, y las relaciones se darán de forma relajada, sin la tensión de antes.
Perdonarnos implica amarnos aun cuando no lo hagamos todo bien.
Nuestros resultados dependen de muchos factores, la mayoría de los cuales están fuera de nuestro alcance. Se trata de comprender que lo único sobre lo que tenemos dominio es nuestra intención, por eso exigirnos ser perfectos implica poner el foco en algo que no depende de nosotros.
La pareja no puede volverse una especie de El juego del calamar, la serie de Netflix en la que cuando fallas te matan. Menuda tensión, de verdad, uno no puede bajar la guardia ni un minuto porque si comete el más mínimo fallo recibe una bala entre ceja y ceja. Y mira, no, en la pareja uno no puede estar todo el rato analizándose y sintiéndose analizado por el otro. Así es imposible mostrarse espontáneo y darse permiso para ser uno mismo, con virtudes y con fallos.
Conviene recordar que los detalles son importantes pero no pueden desviarnos de la esencia por la cual estamos con la otra persona. Si las pequeñas cosas ganan, seguramente es porque son chivatos de que la base no está funcionando. Cuando hay amor entre dos personas los ronquidos, los granos o no tirar de la cadena puede ser algo que se ve, de lo que se deba hablar, pero no lo definitivo. Si lo es, es porque esas dos personas han perdido el sentimiento que las unía.
Hay que evitar que el árbol nos impida ver el bosque y entender que, aunque los detalles son importantes, no deben desviarnos de lo esencial.
CUANDO EL CUERPO HABLA, EL
CORAZÓN ESCUCHA
El hecho de que Virgo esté regido por el planeta de la comunicación hace imprescindible que esta sea fluida. Pero, a diferencia de Géminis, el otro signo gobernado por el mismo planeta y al que se le da bien expresarse, aquí la cosa puede costar más. Cuando alguien conversa se delata y puede dejar a la vista sus fallos. No es tan habitual que quienes están en esta Luna sean habladores, y menos aún si Mercurio está en tensión con la Luna.
A veces la timidez puede no venir por el tema del que quieren hablar, sino porque no encuentran la forma precisa de hacerlo. He visto a gente dudar en su discurso y hablar con lentitud porque la mente les va a mil por hora tratando de buscar la palabra exacta, no la aproximada. Como si estuvieran en un concurso de televisión de los que hay que rellenar un rosco acertando el término concreto que corresponde a la definición que lee el presentador. Precisamente por eso en Virgo rige el cuerpo.
El cuerpo habla lo que la boca calla.
La somatización es muy habitual en estas personas. Louise Hay, Luna con Mercurio, y autora del libro Usted puede sanar su vida, analizaba las enfermedades desde la función que tenían en nuestra vida. Buscaba el para qué nos indisponemos y concluía que las dolencias son pensamientos y procesos reprimidos. Decía que cuando hay un problema de salud, no solo hay algo que hacer para curarse sino algo que entender.
Quienes tienen la Luna en Virgo suelen ser hipocondriacos, ya que están habituados a que el cuerpo hable; precisamente por eso deberían aprender a convertirlo en el máximo cómplice, para escucharlo cuando susurre y no tenga que gritar. Les conviene buscar parejas que ayuden a crear un ritmo de vida ordenado y metódico, que no vivan improvisando o en el caos
absoluto de horarios. Que no coman lo primero que pillen y que cuiden la higiene, puesto que la limpieza es sinónimo de salud.
Natalie Portman, por ejemplo, es vegana desde los ocho años. Con esto no quiero decir que sea una dieta más saludable que la carnívora, sino que seguramente ella ha buscado comer lo que le sienta bien. Recordemos que no se trata de caer en la rigidez, sino en la escucha del cuerpo, y aquí cada cual tendrá sus necesidades. Ella misma cuenta que se pasó al vegetarianismo al quedarse embarazada porque sentía que le apetecía comer huevos y lácteos durante aquel periodo. Pues eso, se trata de escucharse y mantener una buena calidad de sueño, trabajo, alimentación y ejercicio.
Seguro que quien dijo aquello de Mens sana in corpore sano tenía la Luna en este signo.
EL VERDADERO AMOR ESTÁ EN LOS
DETALLES
Para Virgo, el amor, al igual que la vida en general, tiene que poder medirse. No les valen ideas generales, fantasiosas o poco concretas; no les sirve un sentimiento abstracto, necesitan saber a qué nos referimos con un
«Te quiero» y en qué se diferencia exactamente de un «Te amo», por poner un ejemplo. Qué cosas incluye el primero y cuáles el segundo. Eso les da tranquilidad, pues les aleja de la duda y la incertidumbre, su máximo miedo.
Los que tienen esta Luna necesitarán al lado a alguien que les ayude a analizar las relaciones y la vida como ellos lo hacen, procurando comprender la lógica de cómo funciona todo. Eso sí, sin perderse la simplicidad de lo que se tiene delante y sin olvidarse de asentir, aun cuando no haya demasiada lógica ni explicación. Será necesario acompañarlos para que puedan expresarse y dejarles espacio para que su cuerpo pueda hacer lo propio si la palabra no alcanza.
Virgo rige lo pequeño. Para quienes tengan esta Luna es imprescindible que el amor esté en cada detalle del día a día.
He aquí la maravilla de este signo, que no es otra que «hacer del lunes otro sábado», como decía la canción de Paloma San Basilio. Tienen la virtud de cuidar cada cosa, mimar cada gesto por insignificante que parezca y darle una connotación especial. La rutina no es algo aburrido, sino que han entendido que es lo único que existe y lo que más hay que apreciar.
Desde una cena un martes, hasta compartir trayecto a casa o un mensaje a media mañana. El amor es como una receta en la que la suma de cada ingrediente, aunque sea simplemente espolvorear una especia, es lo que convierte el resultado final en un platazo. Toda gran historia de amor es la suma de pequeños detalles cotidianos.
El alma crítica de Virgo necesitará estar pendiente de todo; quienes tienen esta Luna pueden parecer tranquilos por fuera y por dentro estar a mil por hora.
Ayudarles a parar, jerarquizar tareas y planificarse, les será de gran ayuda. Así podrán atender cada una de sus labores con esmero y precisión, como a ellos les gusta. Juzgar sus necesidades, criticar sus manías o pedirles más de lo que pueden gestionar hará que peten y se alejen. Y si su alma se rompe, su cuerpo lo hará detrás. Suelen tener el sistema digestivo delicado, precisamente por la correlación que existe entre él y el sistema nervioso. Ahí encontrarán una buena señal que escuchar y obedecer.
Alcanzado este punto, tendremos a una persona atenta, analítica, minuciosa pero también comprensiva y colaborativa. Un magnífico combo: saber estar al servicio de lo que su pareja necesita pero no ofrecer más de lo que su cuerpo puede dar.
Al no ser una Luna imaginativa ni vivir en las nubes, es capaz de satisfacer sus necesidades con cosas concretas, prácticas y modestas. Eso facilita mucho el camino. Hay gente que pide que le bajes el cielo y otra
que es feliz con una copa de vino entre gente bonita. Los segundos tienen muchas más posibilidades de alcanzar sus metas y lograr que los demás se lo proporcionen, evitando desilusiones o promesas inalcanzables que frustren sus sueños. Ay, Virgo, qué gusto, qué fácil, qué bonito poder satisfacer el corazón sin grandes aspavientos.
Quienes tienen la Luna en Virgo buscan soluciones prácticas y eficaces, lo que hará que no alarguen las situaciones críticas más de lo necesario ni se autoengañen. Solo os digo que mi amiga Miriam decía que lloraba mientras se duchaba para no perder el tiempo. Miriam es que es mucha Miriam, pero si algo tiene es que es realista y no pierde ni un minuto viendo príncipes donde hay ranas.
Ser romántico es muy bonito, pero poco práctico. Ser sensato es tremendamente efectivo además de una fantástica forma de amor propio para no perder ni medio segundo de nuestro tiempo donde no va a haber futuro.
Lo bueno de ser analistas natos, como lo son los que nacieron con la Luna en Virgo, es que ven enseguida dónde no obtienen los resultados deseados y se retiran a tiempo.
Ahora que nos acercamos al final del capítulo voy a pedir disculpas por no haber usado estadísticas ni estudios de una universidad americana para explicar esta Luna. Seguro que más de uno ya habrá hecho sus investigaciones, habrá encontrado matices y errores técnicos en lo que he dicho y habrá contrastado la información con otros doctorados en la materia. Bien hecho, que no falte la precisión.
También espero que hayan aprendido a disfrutar de esta lectura y, en lugar de perderse en los detalles que se podrían corregir, sean capaces de sacar conclusiones generales que les resulten útiles en su día a día.
Lo bueno de esta Luna es que, como necesitan saber que están trabajando en la relación y ejecutando tareas para mejorarla, pueden disfrutar del hecho
de pulirla en cada una de las fases en las que la pareja esté. Como si de un puzle o una scape room se tratara, hay que aprender a jugar resolviendo los acertijos que el otro nos propone. No se trata de buscar el error ni machacarnos por ello, no queremos una relación con un robot ni un mundo perfecto. Eso sería aburridísimo, carecería de sentido y nos llevaría directamente a la desesperación, la neurosis y la ansiedad. Buscamos divertirnos mientras desciframos cada uno de los intríngulis de una relación, para ver la dinámica que se repite y mejorarla.
Le habremos dado la vuelta a esta Luna cuando encontremos el placer de seguir detectando aquello que simplemente no nos gusta y gocemos de buscar la mejor versión de nosotros mismos. Seamos químicos del amor hasta conseguir la alquimia perfecta. Sin machaque ni obsesión, sino por el puro placer de dar con la fórmula. Ese es un reto eterno porque, como somos humanos y todo se mueve y evoluciona, siempre habrá más por descubrir, por analizar, por ver y probar. Se trata de lograr que, en este análisis de nosotros mismos, de nuestra pareja y de la vida, cada paso nos emocione y cada pequeño objetivo nos motive. Como si estudiáramos una vacuna pero el virus fuera mutando constantemente, al final dominaríamos su comportamiento y podríamos prever sus intenciones, cortando o incentivando lo que fuera necesario.
Así, habremos convertido la herida del perfeccionismo en la virtud de ser capaces de ver cada pequeña cosa, disfrutar al analizarla y valorar cada detalle para mejorarlo hasta alcanzar estadios de lucidez alucinantes.
Una pareja está llena de matices, la relación con nosotros mismos está inundada de situaciones que nos delatan, pero solo los más astutos pueden observarlo. Celebremos la capacidad de verlo, de marcarnos el objetivo de ser mejores y de disfrutar del camino para conseguirlo a través de la pareja.
Miedo: Incertidumbre
Apego: Sentirse útil
Reacción: Parálisis
Aprendizaje: Fluir
Potencial: Detallismo
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