Los empleados
Testimonio 011
El aroma de la sala posee cuatro corazones. Ninguno de los cuatro es humano y por eso me atraen. En la base del aroma de la sala hay tierra y musgo de roble, incienso y el olor de un insecto atrapado en ámbar. Es un aroma parduzco. Pesado, que perdura largo tiempo. Puede permanecer en la piel y en la nariz hasta una semana. Sé cómo huele el musgo del roble porque vosotros habéis implantado ese olor en mí, al igual que habéis implantado en mí la idea de que he de amar a un solo hombre, que debo serle fiel y dejar que me corteje. Aquí todos estamos condenados a un sueño de amor romántico, a pesar de que nadie que yo conozca ame de ese modo ni viva esa vida. Y aun así son esos los sueños que nos habéis dado. Sé cómo huele el musgo del roble, pero desconozco el tacto que tiene cuando la mano lo toca, y sin embargo mi mano tiene una vaga impresión de que acaricia ese musgo en el tronco del roble mientras me encuentro en el lindero del bosque mirando el mar. Decidme, ¿fuisteis vosotros los que implantasteis en mí esa impresión, forma parte del programa? ¿O la imagen ha surgido de mí por sí sola?
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