
Los raros
Rubén Darío escribía para La Nación de Buenos Aires cuando fue reuniendo estas semblanzas de escritores que le importaban, la mayoría franceses y todos raros en el sentido que él daba a la palabra: gente aparte, inclasificable. Pasan por aquí Verlaine, Villiers de l'Isle Adam, Leconte de Lisle, Léon Bloy, Lautréamont, y también Poe, Ibsen, José Martí y el portugués Eugénio de Castro. Hasta Max Nordau, que dedicó un libro entero a llamar degenerados a varios de ellos. No es crítica académica: son retratos breves de un poeta que admira en voz alta, mezcla la anécdota con la cita y no disimula sus antipatías. La edición de 1905 sumó dos capítulos, sobre Camille Mauclair y Paul Adam, y un prólogo donde Darío recuerda que le tocó dar a conocer el simbolismo en América y que por eso lo llamaron decadente.










