
Algo de todo
Valera juntó aquí seis piezas sueltas, casi todas de encargo, y el título no engaña. Abre confesando que prometió un artículo sobre la primavera y no sabe escribirlo, y la broma a su costa da el tono. Sigue un retrato de la cordobesa que duda de que exista un tipo provincial en el siglo del ferrocarril y el telégrafo, una meditación de 1870 que parte de la penuria posterior a la revolución para preguntarse qué hace el dinero con las almas, el discurso de 1879 en la Academia sobre las escritoras españolas y Santa Teresa, y dos prólogos, al Fausto de Goethe y al Shakespeare traducido por Jaime Clark. En este último prólogo Valera se retrata a sí mismo: espíritu frío, tardo para los arrebatos de admiración aunque no incapaz de ellos, demasiado vacilante para no ver el contra al lado del pro.






