
Poema del otoño y otros poemas
Darío se sabía gastado antes de tiempo cuando escribió el poema largo que abre el libro. Frente a la certeza de la vejez y la muerte, el poema no opone resignación, sino savia y un carpe diem pagano que insiste en gozar mientras quede cuerpo. Alrededor hay piezas muy distintas, y entre ellas está «A Margarita Debayle», que generaciones de escolares hispanoamericanos aprendieron de memoria. El libro salió en Madrid en 1910. Esta edición, ilustrada por Enrique Ochoa e impresa en 1918, ya es póstuma y añade al final poemas que Darío había reunido en 1914: en «Los motivos del lobo» san Francisco amansa a la fiera de Gubbio y ella acaba volviendo al monte porque los hombres le parecen peores; «La Cartuja» hace de contrapeso, y el poeta del placer envidia el silencio y la penitencia de los cartujos.









