
Mare nostrum
A Ulises Ferragut lo criaron dos fuerzas contrarias: un padre notario que lo soñaba jurista célebre y un tío médico retirado en la costa valenciana que le enseñó los barcos y el mar de los latinos. Ganó el tío. Se hizo piloto, corrió medio mundo y acabó comprando un mercante al que puso Mare nostrum en memoria suya. Blasco Ibáñez lo mete en plena Primera Guerra Mundial, cuando los submarinos alemanes convierten ese mar viejo y luminoso en una trampa. En Nápoles conoce a Freya Talberg, y por ella acaba abasteciendo en secreto a los sumergibles enemigos. La factura llega por donde más duele, con su hijo Esteban a bordo de un barco torpedeado, y desde ahí la novela es una historia de venganza. Hay mucho Mediterráneo en estas páginas, y ninguna duda sobre de qué lado escribía el autor.












