
La tierra de todos
Un marqués arruinado por las deudas de su mujer acepta la oferta de Robledo, viejo amigo ingeniero, y cambia París por un poblado de barro a orillas del río Negro, en plena Patagonia. Allí se construye una presa que debe convertir el desierto en tierra de labor, y allí trabajan en paz náufragos de medio mundo: italianos, españoles, franceses, norteamericanos. La llegada de Elena, la bella Elena, basta para romperlo todo. Robledo la compara con la de Troya. Un contratista y un ingeniero terminan batiéndose a muerte, y lo que viene después se lleva por delante al marido. Blasco Ibáñez escribió el libro en 1922 y conocía el terreno: había fundado allí una colonia valenciana que fracasó. Doce años después, en un bar sórdido de Montmartre, vuelve a encontrarla. Lo que calla al volver al hotel dice tanto como el encuentro.






