
Genio y figura
Dos amigos llevan años discutiendo si el carácter se enmienda o si genio y figura duran hasta la sepultura. El vizconde de Goivo-Formoso, determinista, pone de ejemplo la vida de una mujer que ambos trataron; el amigo que narra advierte que los ejemplos nada prueban y la cuenta igual. Rafaela, gaditana, se abrió camino en Lisboa como cortesana (la llamaban la Generosa), casó con un viejo capitalista brasileño y reinó en los salones de Río de Janeiro. Viuda y rica, se instaló en París, donde vivió con discreción dentro de la colonia iberoamericana. Buena parte del libro es su propia confesión escrita, franca, divagadora y sin arrepentimiento, sobre su pasado y sobre la hija que educó para que fuese lo que ella no pudo ser. Valera lo cuenta con ironía socarrona y acaba mucho más sombrío de lo que el tono promete.






