
Miau
Don Ramón Villaamil lleva meses recorriendo Madrid, escribiendo cartas a los antiguos compañeros y pidiendo audiencia en Hacienda, a la espera de una credencial que no llega: le faltan dos meses de servicio para jubilarse con los cuatro quintos del sueldo. En casa están su mujer Pura, su cuñada Milagros y su hija Abelarda, a quienes en el paraíso del Teatro Real apodaron las Miaus por la cara de gato, empeñadas en sostener las apariencias con un presupuesto inexistente. Cerca giran el yerno, Víctor Cadalso, guapo y sin escrúpulos, que asciende por lo mismo que a otros les cierra las puertas, y el nieto Luisito, un niño enfermizo que se desmaya y habla con Dios. Galdós satiriza la burocracia de la Restauración sin perder la compasión, y cierra con uno de sus finales más duros.






