
El intruso
Bilbao vive su fiebre del hierro: las minas de las Encartaciones devoran la montaña, los altos hornos no se apagan y encima de todo eso crece una fortuna colosal, la de Sánchez Morueta. Su primo, el doctor Luis Aresti, ha preferido quedarse abajo, curando a los mineros en barracones donde se muere de accidente o de miseria, y desde ahí mira el negocio con muy pocas ilusiones. Mientras tanto, en la casa del magnate entra otro poder: el confesor jesuita que se gana a doña Cristina y acaba decidiendo por la familia. Blasco Ibáñez escribió esto en 1904, con las huelgas, el nacionalismo naciente y los choques de Begoña todavía calientes. Es novela de tesis, anticlerical y peleona, pero lo que se te queda dentro es el paisaje humano de la zona minera.






