María Antonieta
Mito y controversia
La historiografía republicana de finales del siglo XIX, basándose en el libro VI de Las
confesiones de Jean-Jacques Rousseau (escritor y filósofo suizo, 1712-1778), divulga falsas
ocurrencias. Durante la insurrección de octubre de 1789, la reina, a quien se le habría dicho
que el pueblo se rebelaba porque ya no tenía pan, habría contestado: «¡Si no tienen pan, que
coman pasteles!». Ni siquiera durante su juicio acusan los revolucionarios a María Antonieta
con una crueldad semejante.
MITO Y CONTROVERSIA
Después de su muerte se crea un doble mito. Por un lado, los revolucionarios
de la época, y luego los republicanos del siglo XIX, se apoyan en diversas
meteduras de pata de la reina y en sus posturas durante los inicios de la
Revolución para describirla como una furia sanguinaria, un alma maldita de la
contrarrevolución. Esta opinión la acentúan aún más los periódicos, que
difunden esta idea. El fenómeno toma una mayor magnitud durante la Tercera
República, cuando la monarquía es definitivamente abolida en Francia.
Por otra parte y al mismo tiempo, nace un contramito. Los fervientes
defensores de la realeza, tanto dentro como fuera del Reino, la consideran una
soberana humillada, a la que es necesario proteger contra los sanguinarios
revolucionarios. Llevan al extremo la dignidad de la reina durante su juicio y
su ejecución, para convertirla en una mártir. La Restauración en 1815 no
dudará en limitar el impacto de esta maquinación hasta 1830. Todavía hoy en
día, los fieles no dudan en acudir el 16 de octubre, aniversario de su muerte, a
la capilla expiatoria erigida en París, o a los jardines de Versalles, para dejar
flores.
Por último, un sector más minoritario de historiadores no duda en
considerarla una mujer descerebrada e inconsistente, torpe y frívola,
implicada a su pesar en acontecimientos que no comprende.
Sin duda, la verdad se encuentra a medio camino entre ambas opiniones.