Mi vida con los Dubois

Ariadna Baker · Capítulo 4 de 21

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Mi vida con los Dubois

Cap�tulo 3

Capítulo 3

Junio 1980

Entré en la cocina media hora antes de la partida con Jules, que ya estaba ahí tomando un desayuno mientras charlaba con Camille.

Nos dimos los buenos días y me alegró verlo sonriente, no como se fue el día anterior que descubrió lo que me había pasado, se veía que le había sentado como una patada en el estómago.

Me senté con ellos, había preparado una pequeña bolsa de viaje.

—Nos vamos en tren —murmuró arqueando la ceja.

—Nunca me he montado en tren.

—Pues siempre hay una primera vez —dijo Camille haciéndome un guiño.

Terminamos de desayunar y un taxi nos llevó hasta la estación de trenes donde después de esperar veinte minutos, abordamos uno.

Me quedé impactada al verlo por dentro, además íbamos en primera clase.

—¿Sabes que estamos inaugurando los trenes de alta velocidad?

—¿En serio?

—Sí —me hizo un guiño con esa sonrisa que no dejaba de tener en su rostro —Por cierto, ¿no tienes más familia?

—Bueno, eso es otra historia, pero por lo poco que te conozco es mejor que no te cuente nada ya que eres capaz de ir de Toulouse a Nantes para buscar explicaciones —me reí con timidez.

—Cuenta, cuenta, tenemos tiempo —puso una pierna sobre la otra.

—Pues hay poco que contar, realmente mis padres que eran de Nantes y allí se conocieron, se encontraron con que ningunas de las dos familias dieron el visto bueno a su relación y, ellos, que se amaban por encima de todo, decidieron poner tierra de por medio e irse a vivir Toulouse para comenzar una nueva vida.

—Ajá, ¿y?

—Solo eso —me reí.

—Pues no me lo creo —hizo un gesto con los labios de tener claro que no le convencía esa historia —No es entendible que algo se acabe así, lo normal es que haya un trasfondo, de lo contrario, con el tiempo hubieran intentado alguna de las partes un acercamiento, date cuenta que ambos tienen familia, pero ni tu familia paterna ni la materna hizo nada y, además, tu padre o tu madre también lo podían haber hecho ¿No te das cuenta que si nadie dio un paso es porque hay un tema mucho más serio, que, una no aceptación? Porque yo puedo no aceptar algo, pero, si eso conlleva perder a alguien que se supone que quieres por encima de todo, como son los hijos, pues algo se hace y, pongamos que no, vale, ¿tan orgullosos eran tus padres como para no dar un paso al frente y presentarles a su hija? —se encogió de hombros —Yo soy adoptado y no soy tonto, mis padres adoptivos sé que dan la vida por mí, pero algo me dice que no me dejaron en un convento así porque sí, tiene que haber un trasfondo, pero, por respeto a ellos, no moveré nada hasta el día en que ellos ya no estén. Quiero saber la realidad del por qué me dejaron, sea la que sea, eso no va a quitar que voy a seguir amando a mis padres hasta que me muera, porque ellos me han dado una vida, me lo han dado todo y soy lo que soy por ellos, pero quiero saber mi otra historia y, estoy seguro, de que la hay.

—Yo creo a mis padres —murmuré con tristeza recordándolos —pero reconozco que, en parte, tienes razón y a veces es necesario buscar respuestas como en tu caso, que es algo mucho más fuerte, hablamos de encontrar a tus padres biológicos, pero en el mío, no veo porque me tendrían que mentir. De todas maneras, nunca hablé con ellos del tema porque pensé que les podía doler.

—Pues deberías de buscar respuestas, solo se vive una vez, es una pena irse sin saber cosas que forman parte de nuestras vidas.

—Lo mismo esas cosas nos hacen mucho daño.

—Yo prefiero sufrir sabiendo la verdad, que viviendo feliz y en una mentira.

—También tienes razón — y es que, tenía que dársela, mi punto de vista era desde la cobardía visto así.

—¿Has tenido pareja?

—Sí —me sonrojé, no me esperaba esa pregunta.

—¿Y lo dejaste para venirte a París?

—No, me dejó él a mí seis meses antes.

—¿Te dejó a ti? —preguntó con cara de incredulidad.

—Sí —reí mirándolo —¿Por qué pones esa cara?

—Hay que ser muy tonto para dejar a una chica tan bonita como tú —

decía abriendo las manos.

—Bueno, gracias por el cumplido.

—No es ningún cumplido, es la realidad, eres una chica que cualquier hombre quisiera tener, pero dime, ¿se puede saber por qué osó en hacer tal cosa? —preguntó mirando hacia la ventanilla del vagón.

—Bueno, según él, yo no tenía edad para estudiar sino para trabajar como él y que formásemos una familia. Me dio a elegir entre él y la carrera, así que seguí estudiando —sonreí —Él sabía que no la dejaría por nada, creo que la usó como pretexto porque había conocido a la que poco después presentó a la gente como su pareja.

—¿Lo ves? Todo tiene un trasfondo.

—Ya —sonreí y esta vez fui yo quién miró hacia el exterior.

—¿Qué te parece la experiencia en tren?

—Nada que ver con el autocar, además, esto es a todo confort.

—Primera clase —me hizo un guiño y me eché a reír. Era una de las personas con más carisma que había conocido.

—¿Te puedo preguntar la edad?

—Claro. Treinta y dos años, once más que tú.

—Veo que la sabes.

—Leí el informe de tus datos para el trabajo.

—¿Y tú no tienes pareja?

—No me aguanta nadie.

—No me lo creo.

—Prueba a ser mi novia dos días y te aseguro que antes del plazo ya me has dejado.

—¿Tan malo eres? —reí.

—Prueba… —me retó, imagino que en broma.

—No, déjalo, no puedo poner en riesgo mi trabajo —apreté los dientes aguantando la risa.

—Siempre podemos firmar una cláusula previa al romance.

—¿Romance? —arqueé la ceja mientras negaba.

—Sí, tú, yo y un primer viaje juntos ¿no te parece romántico?

—De lo más romántico —se me escapó la risilla —Un viaje para pelearnos con el cura con el que cerré el trato.

—No vamos a pelear, no hace falta.

—¿Entonces?

—Seré breve y contundente.

—¿Qué le vas a decir?

—Ya lo escucharás, no me seas impaciente, cariño —miró mis labios y me puse roja, acalorada, nerviosa y miré para la ventanilla —¿Por qué has dejado de mirarme? —reía mientras lo decía.

—Jules, por favor, que soy muy tímida —apreté los dientes y puse cara de terror.

—¿Te gusto?

—¡Jules! —reí.

—No es nada malo que me lo digas.

—Nos acabamos de conocer.

—Error, nos conocimos ayer y ya has dormido y todo en mi casa. Vamos muy rápidos, creo que es el camino.

—Ah no, no aguantes la risa.

—Es para parecer más intenso —frunció el entrecejo.

—Imagino que cuanto más llevemos de trayecto, te irá bajando esa intensidad ¿verdad? —me mordí el labio.

—Si te muerdes el labio, creo que la cosa irá a peor.

—No lo hago más —dije moviendo las manos hacia adelante y él se echó a reír.

Aquel viaje estaba siendo de lo más entretenido y es que, Jules era una persona que hacía que las horas pasaran de forma amena.

Además de divertido, me daba cuenta de que era una persona de lo más culta, tenía conocimientos de todo tipo y estaba informado de cosas, que normalmente, yo no le ponía interés, pero escuchado desde su punto de vista, comenzaban a despertarme curiosidad, por ejemplo, el tema de la ufología me dejó asombrada con las explicaciones que me dio sobre el tema de los avistamientos de O.V.N.I.S.

Otro tema del que me estuvo hablando mucho fue sobre Cuba y su régimen Castrista. Me hizo un recorrido por todo lo que había acontecido desde que Fidel Castro, al mando de una acción armada, asaltó el cuartel de Moncada para derrocar a Batista. Me quedé fascinada de cómo me daba las fechas de todo eso que fue en julio del año mil novecientos cincuenta y tres.

Eran jóvenes revolucionarios todos los que apoyaron a su líder Fidel.

Me dijo que me prestaría un libro sobre la historia de la revolución cubana, cosa que le agradecí porque contado desde su voz, ya me había parecido apasionante.

Fue un viaje fascinante con un hombre que me enseñó en unas horas lo que no había aprendido en mucho tiempo, conste que yo era muy buena estudiante, pero de las materias exigidas para conseguir la carrera, para todo lo demás estaba de lo más desinformada, me estaba dando cuenta que demasiado nula en ese aspecto. Me había enriquecido mucho ese día…

Llegamos a Toulouse y sentí como si hiciera mucho tiempo que me hubiera ido, inclusive un escalofrío recorrió mi cuerpo, era como una sensación de sentir que algo iba a pasar en mi vida, pero ¿qué más me podía suceder?

Nos dirigimos a un hotel donde pidió una habitación doble, hasta el día siguiente no íbamos a ir a hablar con el cura.

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