Paisajes, espacios y materialid
PARTE III— Algunos casos de estudio: espacios transformados, nuevos espacios
PARTE III—
Algunos casos de estudio:
espacios transformados, nuevos espacios
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10— SARABIA-BAUTISTA: El paisaje rural tardoantiguo y
altomedieval���
10— El paisaje rural tardoantiguo y altomedieval
en torno a la antigua villa romana de Balazote (Albacete, España):
detección y primeras reflexiones
Julia SARABIA-BAUTISTA
(INAPH, Universidad de Alicante)
Resumen
En este trabajo presentamos la investigación realizada recientemente en el paraje conocido como Camino Viejo de las Sepulturas o villa romana de Balazote (Albacete), donde a partir de técnicas arqueológicas no invasivas, como las prospecciones superficiales con cobertura total o las prospecciones con GPR, hemos intentado detectar y analizar las transformaciones sufridas por esta villa y su entorno a partir de su abandono como residencia aristocrática a finales del siglo V d.n.e. Los primeros resultados obtenidos a partir de los datos de esas prospecciones nos muestran cómo, a partir del siglo VI, se irá consolidando un nuevo paisaje rural relacionado probablemente con la instalación de una comunidad campesina que se asentará cerca de la antigua villa romana, cultivará los campos cercanos a la vega fértil del río Balazote y enterrará a sus muertos en una necrópolis cercana a la aldea o poblado durante varias generaciones (desde los siglos VI–VII hasta al menos inicios del siglo X).
PalabRas clave
Arqueología del Paisaje, Balazote, Tardoantigüedad, Altomedievo, comunidades agrarias.
abstRact
In this work we present the research recently carried out in the area known as Camino Viejo de las Sepulturas or the Roman villa of Balazote (Albacete), where from non-invasive archaeological techniques, such as surface surveys with full coverage or GPR surveys, we have tried to detect and analyse the transformations undergone by this villa and its surroundings from its abandonment as an aristocratic residence at the end of the 5th century AD. The first results obtained from the data of these surveys show us how, from the 6th century onwards, a new rural landscape will consolidate, probably related to the installation of a peasant community that will settle near the ancient Roman villa, cultivate the fields near the fertile plain of the Balazote river and will bury their dead in a necropolis near the village or town for several generations (from the 6th–7th centuries to at least the beginning of the 10th century).
KeywoRds
Landscape Archeology, Balazote, Late Antiquity, Early Middle Ages, agrarian communities.
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1� Introducción
Desde hace unos años, la Universidad de Alicante, a través del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología y Patrimonio Histórico (INAPH), desarrolla varios proyectos de investigación en las comarcas del Campo de Montiel y del Campo de Hellín, en la actual provincia de Albacete, donde destacan los enclaves de El Tolmo de Minateda (Hellín) y del Camino Viejo de las Sepulturas (Balazote) como epicentros en torno a los cuales proponemos comprender los cambios y transformaciones que arrancan en la Tardoantigüedad y se desarrollarán con el proceso de cambio social que supuso la islamización desde su incorporación como territorios adscritos a la Cora o Provincia de Tudmir. Ambos enclaves muestran una secuencia y un devenir histórico similar, aunque al tratarse de dos ámbitos claramente diferenciados ―uno urbano y otro rural―, podemos caracterizar, comparar y contrastar las dinámicas de cambio entre el final del mundo antiguo y el inicio de la Edad Media en sitios y paisajes arqueológicos de diferente naturaleza (Figura 1).
En el Campo de Hellín, las investigaciones más recientes se han centrado en la caracterización del paisaje rural y suburbano surgido en el territorio administrativo de la diócesis del obispado visigodo de Eio, transformada en la medina islámica de Iyyu a inicios del siglo VIII (Tolmo de Minateda). Este espacio se ha mostrado como una zona de excepcional importancia para el reconocimiento material de la transición entre la Antigüedad y la Edad Media, con la caracterización de un patrón de poblamiento rural definido por varios tipos de hábitat, como son los asentamientos en altura, entre los que destacan los castra/turris de Alboraj o Torreuchea, y algunos asentamientos concentrados o aldeas campesinas como las de Loma Lencina o Loma Eugenia (Gutiérrez y Grau 2012; Sarabia 2014; Sarabia et al. 2019).
En cuanto al Campo de Montiel, que es el ámbito en el que nos centraremos en este trabajo, venimos analizando y actuando en la conocida como villa romana del Camino Viejo de las Sepulturas o villa de Balazote desde hace casi una década (Sarabia 2012), pero recientemente hemos iniciado una nueva etapa de investigación con el objetivo de cubrir las lagunas existentes en la secuencia del sitio y caracterizar materialmente el proceso de cambio que sufrió este enclave rural desde su abandono como residencia aristocrática en torno al siglo V. Para ello, hemos salido del sitio y reconocido, a través de prospecciones superficiales georreferenciadas y prospecciones geofísicas (GPR), las evidencias del territorio en el que se emplaza la villa, comprobando la resiliencia de este paisaje de vega fértil, al menos, hasta el periodo andalusí1. Esta nueva etapa de investigación pretende detectar y analizar nuevos espacios de esta villa excavada parcialmente en la década de los años 70 del siglo XX, pero sobre todo ampliar el marco cronológico-histórico en ese planteamiento de la longue dureé que caracteriza a los estudios de paisaje.
2� El caso de estudio: la villa romana del Camino Viejo de las Sepulturas
Desde la década de los años cuarenta del siglo XX se tienen noticias puntuales de hallazgos de materiales romanos de diversa índole en la conocida como finca de Los Villares (Gamo 2017) en el municipio de Balazote (Albacete, España). Gracias a estas noticias, el entonces director del Museo de Albacete, Samuel de los Santos, comenzó a excavar en 1970 una pequeña parcela en un lugar conocido como Camino Viejo de las Sepulturas.
Las campañas de excavación (realizadas entre 1970 y 1976) pusieron al descubierto parte de una gran villa romana, con varias fases de ocupación y transformación (desde el siglo I hasta el V d.n.e.). En 1 Este trabajo ha sido llevado a cabo en el marco del Proyecto “CONTEXT. El contexto como herramienta. Escalas de aplicación en los procesos de cambio en el Alta Edad Media” (PID2019-108192GB-I00) así como de los proyectos “Los paisajes arqueológicos en torno al río Don Juan a través de la prospección arqueológica” y “El paisaje rural en torno a la Villa romana de Balazote a través de la prospección arqueológica: área de influencia y recursos en la larga secuencia de ocupación del sitio”, financiados por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Diputación de Albacete y el Ayuntamiento de Balazote.
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PARTE III— Algunos casos de estudio: espacios transformados, nuevos espacios Figura 1: Límites de la Cora de Tudmīr según E. Molina López (1) y J. Vallvé Bermejo (2) (Gutiérrez Lloret 2011: fig. 2).
Al norte de la provincia o cora se encontraba Balazote.
concreto, se exhumó un sector de la pars urbana, integrada por un área termal ( balneum) y algunas habitaciones residenciales (un total de 40 estancias).
A las estructuras descubiertas en el yacimiento del Camino Viejo de las Sepulturas (desde ahora CVS), se añadieron las halladas en otras intervenciones puntuales, que no han hecho sino confirmar la extensa ocupación de esta zona en época romana, tardoantigua y altomedieval. Se trata de una excavación preventiva llevada a cabo en 1986 al noreste, en La Vega del río Balazote (desde ahora VB), y dos cortas intervenciones en 1987 y 2018 realizadas tras la ejecución de obras junto a la carretera nacional en las que se localizaron dos sepulturas de época visigoda (1987) y unas cuarenta tumbas de época islámica (2018), 154
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Figura 2: Ortofotoimagen de la Vega del río Balazote o Don Juan con la localización de los espacios de vivienda y necrópolis halladas en diversas intervenciones arqueológicas.
configurando lo que parece ser una necrópolis tardoantigua con perduración en época altomedieval al este de los restos exhumados en el Camino Viejo de las Sepulturas (Figura 2).
Los sondeos realizados en la VB evidenciaron la presencia de un espacio abierto o patio que estuvo pavimentado con un opus sectile de época altoimperial en el que se emplearon mármoles de diferente procedencia y gran valor, que en el momento de la excavación ya estaba desmontado. Este sector perteneció probablemente a la pars urbana de una villa altoimperial, con un rico programa decorativo que, a partir del siglo III, será integrado como parte de la villa tardorromana localizada en el CVS, cuando su propietario adquirió un mayor latifundio incorporando entre sus propiedades establecimientos menores como el de la VB. En este momento, es cuando el propietario de la villa del CVS invertirá en la ampliación y monumentalización de la vivienda, incluyendo un gran programa ornamental propio de una villa señorial de gran estatus (Sarabia 2012 2017; Abad et al. 2017).
En resumen, en la villa de Balazote hubo diversas fases constructivas, diversos momentos de vida de este asentamiento rural, con un origen que podríamos situar en el siglo I d.n.e., cuando se concede el rango de colonia a la ciudad de Libisosa ( Colonia Libisosa Foroaugustana), situada a unos 20 km de Balazote, a cuyo territorio administrativo pertenecería este complejo rural. A esta fase original le seguirá una fase de desarrollo y monumentalización de la villa en época bajoimperial (siglos III–IV), que es la que ha ofrecido un mayor número de restos en las excavaciones. Tras este periodo de bonanza, desde finales del siglo IV y durante el siglo V, dejarán de mantenerse los programas decorativos de la vivienda señorial, documentándose únicamente algunas reformas puntuales que evidencian la pérdida del carácter aristocrático que tuvo la villa en los siglos precedentes; algo que sucede de forma generalizada en otros 155
PARTE III— Algunos casos de estudio: espacios transformados, nuevos espacios casos peninsulares (Brogiolo y Chavarría 2008). Es ahora cuando se empezarán a abandonar algunas estancias y únicamente se ocuparán aquellas susceptibles de ser empleadas como ambientes domésticos en los que instalar zonas de cocina (hogares, bancos, piletas), de almacenaje (silos o basureros) o de enterramiento, con algunas inhumaciones documentadas en el antiguo balneum de la residencia del CVS y en el sector de la VB. Es probable que esta fase de ocupación de tipo marginal tenga que ver con la instalación de poblaciones campesinas en el entorno de la villa, en un momento en el que las antiguas élites tardorromanas abandonarán este tipo de establecimiento rural como lugar de residencia. La causa es un cambio en la organización del territorio rural debido a nuevas circunstancias administrativas, económicas, sociales e ideológicas tras la desintegración de las estructuras imperiales. Esto conlleva la aparición de un nuevo tipo de asentamiento vinculado a las antiguas y nuevas aristocracias ( turri/domus fortificada, castrum/castellum), que conlleva también la aparición de un nuevo modelo agrario asociado a población campesina asentada en granjas y aldeas en el entorno de las antiguas villas, donde seguirán explotando el paisaje agrario ya articulado en época romana y reaprovecharán los espacios de esas villas para enterrar a sus muertos o para realizar actividades domésticas y productivas.
Este nuevo patrón rural, que inicia durante el siglo V, se implantará progresivamente, tal y como demuestra la aparición en las inmediaciones del CVS de lo que parece ser una necrópolis comunitaria o colectiva que implica la existencia en los alrededores de un asentamiento campesino estable que enterrará a sus muertos durante varias generaciones. Encontramos algunos enterramientos en fosas excavadas en la tierra, en posición de decúbito supino y orientadas siguiendo el ritual cristiano (pies al este y cabeza al oeste), con algunos ajuares propios del siglo VII y dataciones radiocarbónicas comprendidas entre el 660–770 cal AD (Beta-534159). A partir de época islámica (iniciada en el año 711
tras la conquista de la península Ibérica por poblaciones árabes y bereberes), esta necrópolis parece seguir en uso, pues recientemente han aparecido alrededor de cuarenta tumbas que, aunque comparten morfología y área con los enterramientos cristianos, siguen el ritual musulmán, con cuerpo en posición de decúbito lateral con la cabeza mirando hacia La Meca (Figura 3)2.
La cronología obtenida por las dataciones radiocarbónicas realizadas a uno de los individuos nos ha ofrecido una horquilla que va desde el 776 al 981 cal AD (Beta-534156), lo que nos indica una continuidad en la secuencia de ocupación del área funeraria desde el periodo visigodo, por lo que podríamos estar ante las primeras generaciones de musulmanes de la citada por las fuentes árabes como Balāt al-Şūf (topónimo que dio origen a Balazote) (Franco 1995: 223). La primera mención de este topónimo aparece en las fuentes árabes de época califal (año 935) pero probablemente surge en el contexto de la Cora o Provincia de Tudmir, creada en el 713 tras la firma de un tratado de capitulación entre Abd al-Aziz ibn Musa (hijo del gobernador del norte de África) y el conde visigodo Teodomiro. Este tratado, conocido como Pacto de Tudmir (Gutiérrez Lloret 1996), permitió a la población hispanovisigoda continuar con sus creencias religiosas y mantener sus propiedades a cambio del pago de una tasa fiscal. Como sucede en otros casos de la Cora de Tudmir, como la ciudad de Iyyu (Tolmo de Minateda, Albacete), la convivencia de ritos en los contextos funerarios se atestigua arqueológicamente en las necrópolis plurigeneracionales, donde a partir del siglo VIII encontramos tanto tumbas de ritual cristiano como musulmán (Gutiérrez Lloret 2011: fig. 10), por lo que en el caso de las tumbas islámicas aparecidas en el CVS podríamos proponer una cronología temprana (mediados-finales del siglo VIII) para las primeras inhumaciones con este ritual religioso.
2 Datos de la intervención ofrecidos por la empresa de arqueología Carpetania (Memoria excavación arqueológica en extensión del yacimiento “Necrópolis II del Camino Viejo de las Sepulturas” para “Proyecto de construcción de la EDAR de Balazote, colector y línea eléctrica”).
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Figura 3: Diagrama con las dataciones radiocarbónicas realizadas a cuatro individuos localizados en los niveles tardorromanos de la villa romana del CVS (CVS-001/A) y de la VB (VB-001), así como los correspondientes a la necrópolis de época visigoda (CVS-003/A) e islámica (E43) situada al este y norte del CVS. En las imágenes de abajo vemos dos tumbas colectivas de cronología visigoda con inhumaciones colocadas en decúbito supino y orientación E-O, así como una de las tumbas islámicas donde se aprecia el cambio de ritual con una inhumación en decúbito lateral, orientación E-O, con cabeza mirando al este (fotografía cedida por la empresa Carpetania).
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PARTE III— Algunos casos de estudio: espacios transformados, nuevos espacios 3� Detección y análisis del paisaje tardoantiguo y altomedieval en torno a la antigua villa romana de Balazote
La metodología que venimos aplicando en esta nueva fase de investigación se basa fundamentalmente en el empleo de técnicas arqueológicas no invasivas, como las prospecciones en superficie con cobertura total, geolocalización de evidencias o el uso de la teledetección. La fusión de los datos obtenidos nos permite analizar, a una escala macro y mesoespacial, tanto los patrones de asentamiento como la estructura espacial del paisaje asociado a ellos. En concreto, nuestro objetivo con este tipo de intervenciones ha sido el de intentar detectar la continuidad de ocupación en este paisaje de vega fértil tras el abandono como residencia de la villa tardorromana en torno a finales del siglo V. Ya hemos mencionado el hallazgo de algunas evidencias materiales que así lo demuestran, como la aparición de una necrópolis de época visigoda y andalusí al noroeste de los restos excavados en la villa, contextos históricos que no hemos detectado en la secuencia post-abandono de la villa señorial y que, por tanto, nos indican la existencia cerca a ella de un asentamiento estable, probablemente de carácter campesino, que enterrará a sus muertos durante varias generaciones en la misma necrópolis.
En una primera fase de análisis macroespacial por teledetección, a partir del uso de productos geomáticos como los MDT con cobertura LiDAR, hemos podido detectar algunas anomalías en el terreno vinculadas a posibles caminos abandonados, parcelarios antiguos —como podrían ser restos de la antigua centuriación del territorio de Libisosa— o algunos topónimos relacionados con la red hidráulica andalusí de la vega agrícola. Tras esta primera aproximación, proseguimos con el reconocimiento mesoespacial del paisaje desarrollando una prospección superficial con cobertura total del terreno (estrategia off-site) para cartografiar la distribución de materiales arqueológicos y posibles estructuras en superficie, fundamentalmente al sureste de la zona excavada en la villa romana, en el área conocida como pinar de Vaciacorreos (finca de Los Villares), donde a simple vista se veían grandes orlas de concentración de materiales en superficie, sobre todo de cronologías tardías.
Optamos por prospectar sistemáticamente toda la parte noroccidental de la superficie de esta plantación de pinares, aquella más cercana a los restos excavados en el complejo rural del CVS, tomando como unidad de muestreo cada uno de los carriles en los que se distribuye la plantación de pinos y cubriendo una extensión total de 7,75 hectáreas.
Se han identificado un total de 3.052 fragmentos cerámicos que han sido georreferenciados en un SIG.
De estos fragmentos que se han reconocido en el terreno, hay un conjunto formado por cerámicas de época romana y otro de datación tardoantigua/altomedieval (Figura 4). Para analizar los contextos tardoantiguos y altomedievales de ocupación, se ha procedido al filtrado de esos registros romanos, vinculados sin duda a la fase de construcción y desarrollo de la villa romana del CVS, pues presentan los mismos tipos y cronologías detectadas durante la excavación de la misma: cerámicas romanas comunes de tipología variada, básicamente cerámica de cocina, algunos contenedores grandes y ánforas y, sobre todo, vajilla de mesa como la terra sigillata hispánica y africana. El hecho de que el grueso de los materiales romanos pertenezca a vajilla de mesa y cocina, así como que aparezcan materiales de uso ornamental como placas de mármol, nos indica que los posibles espacios distribuidos en este sector pertenecerían todavía a la pars urbana, pues en el caso de las producciones para el almacenaje, los testimonios son más escasos.
Entre los materiales tardoantiguos y altomedievales reconocidos en este pinar aparecen producciones comunes y de cocina de época visigoda e islámica, como las ollas de tipo 1 de El Tolmo de Minateda (Amorós 2018). Estos materiales nos han permitido obtener una horquilla cronológica provisional para estos contextos que oscilaría entre mediados del siglo VIII hasta alcanzar el inicio del siglo X, con una 158
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Figura 4: Ortofoto del área de estudio localizada en el pinar de Vaciacorreos, junto a los restos de la villa romana del CVS, donde podemos observar la distribución de los registros en superficie pertenecientes a contextos romanos (RO) y altomedievales (AME) tras discriminar los indeterminados. Una vez aplicado el análisis de densidades Kernel de ArcGis a esas orlas de materiales podemos calcular el área de mayor densidad (en tonos rojos) y, por tanto, proponer la existencia de nuevos ambientes pertenecientes a la antigua villa y la ubicación probable del hábitat tardoantiguo y altomedieval. Las tonalidades más verdes corresponderían a los espacios de menor densidad de materiales y que hemos interpretado como espacios de laboreo agrícola o espacios productivos.
clara presencia o frecuentación en estos contextos que responde probablemente al desplazamiento del hábitat a esta zona cercana a la antigua vivienda señorial tardorromana.
Tras esta prospección superficial realizamos una prospección geofísica con GPR en la zona de mayor concentración de materiales georreferenciados en el pinar de Vaciacorreos. El objetivo era comprobar la existencia de estructuras o acciones antrópicas en el subsuelo y así corroborar, por un lado, la extensión de la villa hacia este sector, donde pensamos que se podrían encontrar más ambientes de la pars urbana y rustica de este complejo tardorromano, pero, sobre todo, la existencia de posibles estructuras de hábitat relacionadas con esos contextos de época visigoda e islámica detectados en la necrópolis excavada parcialmente en torno a la villa.
En este sentido, además del sector de mayor concentración de materiales al oeste de los restos excavados, planteamos también la prospección con georrádar de un sector al este de la villa. En este sector, en una intervención de emergencia que se llevó a cabo en 1987, en el margen de la carretera nacional, es donde se detectaron tres enterramientos de cronología visigoda muy cercanos a la sala tricora del balneum de la villa, por lo que nuestro interés al realizar la geofísica en esta área era detectar posibles fosas o unidades negativas que corroborasen la extensión de esa necrópolis tardoantigua y altomedieval.
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PARTE III— Algunos casos de estudio: espacios transformados, nuevos espacios La prospección geofísica se ha planteado en cuadros o grids siguiendo el método de trabajo propuesto por el sistema Noggin de Sensor & Software. El método consiste en la prospección de estos cuadros con una intensidad de 50 cm entre pasadas del sensor cubriendo un cuadro en dirección horizontal y vertical. Se han realizado 20 cuadros de diversas medidas con una interpolación georreferenciada mediante los puntos de inicio y final del primer y último radargrama.
4� Hacia una caracterización del paisaje tardoantiguo y altomedieval en Balazote: hábitat, necrópolis y espacios productivos
Una vez procesados los datos de ambas prospecciones podemos extraer algunas conclusiones preliminares sobre la configuración de un nuevo patrón ocupacional rural en torno a la antigua villa romana, que emerge probablemente a partir del siglo VI pero que se implantará totalmente desde el siglo VII en adelante.
En lo referente a la georreferenciación de materiales localizados gracias a la prospección superficial con cobertura total, nuestro planteamiento ha sido detectar la mayor o menor densidad de concentración de materiales tardíos, lo que nos permite discriminar entre los espacios de hábitat (los de mayor densidad de materiales) y los destinados a otros usos, como los espacios relacionados con las labores agrícolas (Figura 4), donde encontramos materiales dispersos en lo que se conoce como registros off-site (Bintliff y Snodgrass 1988; Waagen 2014). Estas dispersiones no pueden interpretarse únicamente como resultado del deslizamiento de laderas u otros procesos postdeposicionales de carácter natural o antrópico, pues la estructura espacial de esos materiales, como su amplia dispersión y discontinuidad, impide pensar que sean fruto de la alteración de depósitos arqueológicos (Grau et al. 2012). Una vez identificadas las áreas de mayor densidad de registros, los datos extraídos de la prospección geofísica desarrollada en esas zonas nos han proporcionado testimonios estructurales en el subsuelo que sustentan la hipótesis de localización del hábitat tardoantiguo y altomedieval extraída a partir de esa densidad de materiales.
Gracias a todos estos datos, podemos distinguir tres áreas que configurarían ese nuevo paisaje rural de ocupación tardoantigua y altomedieval:
1. Un sector de alta concentración de materiales, tanto de época romana como altomedieval, que se extiende por un área de unos 6500 m2 en la parte más oriental del actual pinar de Vaciacorreos (Figura 4). Esta fuerte concentración de cerámicas, junto a los resultados de la geofísica, confirma la existencia de espacios de hábitat en el subsuelo. Con el GPR se han detectado posibles estructuras que presentan diferentes profundidades y orientaciones y que parecen corresponder tanto a espacios relacionados con la villa (estructuras a partir de los 80–100 cm de profundidad y una orientación estándar entre los 60–70 grados noroeste), como a un posible asentamiento de época visigoda y andalusí establecido en esta zona desde el siglo VI–VII (estructuras a partir de los 40–80 cm de profundidad y con orientaciones entre los 75–90 grados noreste) (Figura 5).
2. Junto a este foco de densa aparición de materiales, se reconoce un amplio sector en los alrededores de este núcleo residencial donde hay cerámicas dispersas sobre un área de unas 7 hectáreas (sobre la base de la superficie prospectada pero que sería más extensa). Llama la atención cómo la gran mayoría de los materiales dispersos fuera de las zonas más densas se adscriben a contextos tardíos, lo que muy probablemente marca una diferenciación en las estrategias de producción entre el periodo romano y el tardoantiguo o altomedieval. Parece que, en este segundo momento, estos registros marcan el espacio de usos intensivos alrededor del asentamiento rural, con huertas cerca de la vega fértil y otros campos de cultivo de laboreo constante. Es posible que algunas concentraciones secundarias de materiales señalen la existencia de áreas complementarias o focos de actividad agraria. Este fenómeno de dispersión de materiales off-site 160
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Figura 5: Imagen en la que hemos representado las anomalías estructurales obtenidas mediante la prospección geofísica con GPR. Hemos diferenciado dos contextos constructivos en base a la profundidad (en mm) de las anomalías y a su orientación.
Figura 6: Propuesta de ubicación de la zona de hábitat, necrópolis y espacios productivos durante la Tardoantigüedad y el Alto Medievo en torno a la antigua villa de Balazote.
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PARTE III— Algunos casos de estudio: espacios transformados, nuevos espacios es común en contextos semejantes de paisajes mediterráneos dónde prospecciones intensivas han proporcionado información detallada. Algunos investigadores han planteado de forma plausible que pudiera tratarse de restos de abonado con desechos domésticos (Wilkinson 1982; Bintliffy y Snodgrass 1988; Waagen 2014), actividad realizada secularmente en este entorno geográfico.
La cantidad de abonado disponible, fruto de la generación de desperdicios domésticos y estiércol animal, estaría directamente relacionada con el tamaño del grupo humano y de la cabaña ganadera disponible. El pequeño y mediano tamaño del asentamiento descrito (6500 m2) nos remitiría a una cantidad de abono ciertamente limitada, lo que, unido a los esfuerzos derivados de su traslado hasta los campos cercanos, de nuevo sugeriría que se reduciría a las parcelas más próximas al poblado.
Uno de los objetivos de nuestras prospecciones ha sido precisamente cartografiar en detalle estos halos de cerámicas y filtrar su composición por épocas y densidades. La finalidad de este procedimiento es identificar los halos de cronología antigua y altomedieval y correlacionarlos con los asentamientos coetáneos. En definitiva, hemos localizado una amplia zona de terreno que fue aprovechada entre la Antigüedad y la Edad Media para usos agrícolas que han dejado una huella en forma de dispersiones cerámicas tenues.
3. Por último, a unos 150 m al este del punto de mayor concentración de materiales, que hemos identificado como posible área del hábitat tardoantiguo y altomedieval, es donde se localizan las evidencias de la necrópolis asociada a estas fases tardías. Ya hemos mencionado que durante 1987
y 2018 se realizaron dos intervenciones de urgencia junto a la carretera nacional. En la primera se localizaron dos tumbas colectivas de cronología visigoda (660–770 cal AD), con fosas excavadas en la tierra y orientadas de este a oeste, mientras que, en la actuación más reciente, se localizaron más de 40 tumbas excavadas en la tierra, con cubierta inclinada de losas de piedra y ritual de enterramiento musulmán (en decúbito lateral con la cabeza mirando hacia el este o La Meca), configurando una auténtica maqbara islámica (Figura 3). Como ya hemos mencionado, una de las áreas elegidas para realizar la prospección geofísica fue este sector de necrópolis adyacente al antiguo balneum de la villa romana, y, aunque no se perciben de forma clara fosas de enterramiento, sí destaca la ausencia de estructuras en toda esta zona oriental, lo que probablemente nos indique el desarrollo de un área cementerial tardía en un espacio desprovisto de ambientes previos (Figura 6).
5� Las sociedades campesinas de época visigoda y andalusí de Balazote: un ejemplo de resiliencia y fijación a la tierra
Para concluir, como hemos visto hasta ahora, el empleo de técnicas no invasivas, como las prospecciones off-site con cobertura total y las prospecciones geofísicas, nos han permitido identificar y analizar la estructura espacial de los paisajes históricos referidos a la facies romana, tardoantigua y altomedieval de la vega del río don Juan o Balazote.
Los resultados del ejercicio comparativo entre estos contextos culturales de transición nos muestran algunas diferencias en el tipo de poblamiento, pero quizá también en las estrategias de producción y sistemas de explotación.
Por lo que respecta al patrón de asentamiento, en este sector del Campo de Montiel se vuelve a constatar el mismo fenómeno detectado en otras áreas de la Meseta meridional, como el mencionado Campo de Hellín, en torno a El Tolmo de Minateda, donde en líneas generales, se proponen cuatro realidades 162
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habitacionales surgidas entre la Tardoantigüedad y el Alto Medievo (Gutiérrez y Grau 2012; Sarabia 2014):
1. La primera estaría formada por aquellas villas altoimperiales con pervivencia hasta el Bajo Imperio, pero sin señales de reocupación de sus espacios de vivienda o agrarios más allá del siglo V d.C.
2. Un segundo tipo lo forman aquellos enclaves rurales de origen altoimperial, con esplendor en el Bajo Imperio y pervivencias más o menos residuales de sus viviendas y su espacio agrícola.
3. El tercer grupo lo forman aquellos asentamientos surgidos entre finales del siglo VI e inicios del VII d.C. en las cercanías de antiguos enclaves tardorromanos, con una clara perduración por tanto del espacio agrícola, aunque no de las viviendas.
4. Y, por último, con la misma fisonomía habitativa que esos asentamientos surgidos cerca de antiguas villas, habrá un grupo de yacimientos emplazados en nuevos espacios agrícolas no explotados previamente.
En el caso de Balazote, el patrón detectado se ajusta a esa tercera realidad de asentamientos, pues hemos comprobado cómo las evidencias y registros arqueológicos analizados durante la investigación nos muestran el surgimiento a finales del siglo VI, y la consolidación durante el siglo VII, de un poblado o asentamiento de carácter campesino en el entorno de la antigua villa tardorromana, con una extensión aproximada de unos 6500 m2, con estructuras o espacios probablemente domésticos orientados entre los 75–90 grados al noreste. Este tipo de poblado muestra por tanto una ocupación anclada en la misma área que el antiguo complejo rural romano pero desplazada desde los espacios originarios hacia otros lugares de la zona, perdurando por tanto la explotación del espacio agrario, pero no el residencial. En general, por lo que conocemos hasta el momento, parece que este nuevo patrón de asentamiento detectado en el ámbito rural de Balazote no se diferencia mucho de los modelos de poblamiento campesino detectados en otras zonas de la península, relativo a las aldeas o poblados de tipo agregado, y hábitats dispersos surgidos o no en torno a las antiguas villas tardoantiguas (Vigil-Escalera 2007; Quirós 2009; Chavarría 2013). En el caso de las aldeas, éstas suelen instalarse sobre pequeñas lomas, cerca de un curso de agua, que ofrece por tanto entornos óptimos para obtener rendimientos constantes y variados que aseguran las necesidades de las poblaciones asentadas en el lugar. Los espacios de hábitat suelen ocupar unos 3000–7000 m² y no suelen presentar estructuras defensivas. Por tanto, se trata de asentamientos campesinos de carácter abierto. En muchos casos, como hemos visto en Balazote, se han documentado enterramientos junto a las zonas de hábitat, lo que supondría la voluntad de estas comunidades por generar necrópolis estables y de carácter plurigeneracional.
Ante estas características, y aunque la información con la que contamos en la actualidad es todavía muy parcial, podríamos decir que en el caso de Balazote estamos ante una de estas aldeas correspondiente a un horizonte plenamente visigodo, con materiales cerámicos fechables en el siglo VII, que perdurará tras la conquista islámica hasta al menos época califal (siglo X). Al igual que se ha caracterizado para otras áreas peninsulares como el norte de Toledo, el País Vasco, la Meseta norte o Cataluña, estas aldeas se describen como una “forma comunitaria de asentamiento que agrupa varias unidades domésticas bajo un determinado ordenamiento social compartido” (Vigil-Escalera 2007: 256); “un territorio habitado y explotado con ciertas dimensiones capaz de generar determinadas dinámicas sociales, y dotado de una cierta estabilidad” (Quirós 2009: 387).
Esta estabilidad y fijación a la tierra que muestran estas comunidades campesinas visigodas y andalusíes parece que encuentra su explicación en los modelos de explotación agraria que se desplegaron en esta 163
PARTE III— Algunos casos de estudio: espacios transformados, nuevos espacios zona. Frente al modelo de poblamiento rural jerarquizado de época romana, basado fundamentalmente en el cultivo extensivo de cereales y la agricultura de plantación orientada al mercado, hemos propuesto un modelo de poblamiento tardoantiguo y altomedieval más autóctono e independiente, basado sobre todo en el desarrollo de una agricultura intensiva de pequeñas parcelas con laboreo contiguo. Muy probablemente el elevado aporte de trabajo para construir, acondicionar y mantener estos espacios agrícolas intensivos explicaría el vínculo plurigeneracional de los grupos a determinados agrosistemas.
También la localización discreta de los recursos óptimos de suelos y agua en la zona contribuiría a la extraordinaria fijación a la tierra de estas poblaciones (Sarabia y Grau 2020).
Los diferentes patrones de asentamiento y modelos agrarios deben relacionarse con otras cuestiones sobre las formas de organización social y aspectos sobre la legitimidad, propiedad y uso de la tierra, que, aunque esquivos a la realidad arqueológica, pueden confrontarse con los adecuados modelos antropológicos. En este sentido, es especialmente relevante la relación del modelo intensivo agrícola con la configuración del Intensive Household Model, propuesto por Netting (1993), autor que anticipa que cuando el uso normal de la tierra se hace mediante un trabajo invertido especializado, como en el abonado, la construcción y la nivelación de terrazas, o la irrigación, habrá un sistema de títulos permanentes por parte de las familias o individuos.
No obstante, apenas podemos apuntar este y otros aspectos que dejamos en el tintero y que deberán ser abordados en futuros trabajos.
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