Paisajes, espacios y materialid
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Territorios en transición y creación de nuevos paisajes
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Variables e invariables en el caso de Egitania (ss� IV–VIII) Tomás CORDERO RUIZ
(IEM | NOVA FCSH)1
Resumen
El estudio del interior de la antigua provincia romana de Lusitania durante la Alta Edad Media (ss.
IV–VIII) está lastrado, a pesar de los importantes avances realizados en los últimos años, por la falta de trabajos sistemáticos de investigación. Un problema historiográfico que dificulta el conocimiento de los diferentes procesos políticos, económicos, sociales y cultuales, que interactuaron entre sí en el tiempo comprendido entre la desaparición del Imperio Romano de Occidente y la conquista islámica.
En el trabajo presentado se pretende abordar este desafío investigador a través del examen global de la ciudad de Egitania (Idanha-a-Velha, Portugal) y su territorio, núcleo que alcanzaría un protagonismo capital el interior lusitano durante este período. Un estudio articulado con base al análisis de cómo interactuarían diferentes establecimientos rurales con este núcleo urbano y entre ellos mismos. En este sentido, la revisión crítica del registro material y de las escasas fuentes escritas disponibles permite aventurar hipótesis de trabajo, aunque cabe destacar que el aumento de la documentación nos lleva a un escenario de nuevas preguntas y problemas de investigación difíciles de resolver.
PalabRas clave
Alta Edad Media, comunidades rurales, patrones de ocupación, territorios históricos.
abstRact
The study of the interior of the old Roman province of Lusitania during the Early Middle Ages is weighed down, despite the important advances made in recent years, due to the lack of systematic research. A historiographic problem that makes it difficult to understand the different political, economic, social and religious processes that interacted with each other in the time between the disappearance of the Western Roman Empire and the Islamic conquest. The aim of the presented work is to address this research challenge through the global examination of the city of Egitania (Idanha-a-Velha, Portugal) and its territory, a nucleus that would achieve an important role in the interior of Lusitania during this period. An articulated study based on the analysis of how different rural establishments would interact with this urban nucleus and with each other. In this sense, the critical review of the material record and the few written sources available allows us to venture new hypotheses, although it should be noted that the increase in documentation leads us to a scenario of questions and research problems that are difficult to solve.
KeywoRds
Early Medieval Period, rural communities, settlements patterns, historic territories 1 Este trabajo ha sido financiado por fondos nacionales a través de la FCT – Fundação para a Ciência e a Tecnologia I.P., dentro del marco de la norma transitoria – DL57/2016/CP1453/CT006.
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1� Antes de Egitania: la civitas Igaeditanorum y su territorio La fundación de la civitas Igaeditanorum en el último tercio del siglo I a. C. jugó un lugar central en la organización del territorio interior de la provincia romana de Lusitania (Mantas 2010: 181; Alarção 2019: 105–06) (Figura 1). La capital de los Igaeditani ocuparía una posición estratégica en la vía que uniría los núcleos de Augusta Emerita y Bracara Augusta, eje vertebrador del sistema de comunicación romano en esta área peninsular (Carvalho 2012). Además, actuaría como núcleo irradiador de la red de vías secundarias que articulaban el poblamiento rural a su alrededor (Lacerda et al. 2019: 222–25). Esta predominancia, sin embargo, no se ha traducido en un conocimiento exhaustivo de la realidad material de esta ciudad, localizada en la actual aldea de Idanha-a-Velha. La documentación disponible sobre la configuración de su paisaje urbano durante el período romano es todavía limitada, encontrándose en la historiografía disponible consideraciones que continúan en mayor o menor medida lo ya dicho por F. de Almeida a mediados de la pasada centuria (Almeida 1956: 90–94). No obstante, en las últimas décadas, a los avances producidos en el campo epigráfico (Sá 2009) se le han sumado los datos procedentes de nuevas intervenciones arqueológicas2, permitiendo avanzar en el conocimiento de la configuración del paisaje urbano (Cristovão 2005; Carvalho 2009) y del registro cerámico tardoantiguo (Carvalho et al. , en prensa).
Los denominados termini de São Salvador (CIL II 460) y Pêro Viseu (HEp 14 2005: 424), permiten constatar que la definición del ager igaeditaniensis es coetáneo a la construcción del forum urbano (Carvalho 2009: 127), enmarcándose su constitución dentro del programa de reorganización territorial del interior lusitano realizado a inicios del siglo I (Cordero Ruiz 2019a: 481–84). Un territorio con un patrón de poblamiento similar al documentado en otras zonas de Lusitania, definido por la proximidad de los asentamientos rurales a: i) los escasos núcleos urbanos existentes; ii) las principales vías de comunicación; iii) las explotaciones auríferas; iv) algunas zonas con buenas perspectivas de explotación ganadera y agrícola (Figura 2). Unos paisajes articulados por un gran número de establecimientos de pequeña entidad, un escaso número de villae y la presencia de algunos vici (Carvalho 2007; Sánchez-Palencia et al.
2012; Cordero Ruiz 2019b).
2� Tiempos de cambio: de Igaedis a Egitania
La actual muralla de la aldea de Idanha-a-Velha, que puede remontarse hasta finales del siglo III e inicios del siglo IV (Cristovão 2002: 16–23), condicionaría el desarrollo urbanístico egitano durante el resto del período altomedieval. Su edificación delimitó un perímetro con una extensión menor al romano altoimperial y supuso, además, el expolio masivo de materiales pertenecientes a la civitas Igaeditanorum.
Las diferentes fases edilicias que pueden documentarse a lo largo de su perímetro han generado distintas hipótesis sobre su momento de construcción (De Man 2011: 171–75). No obstante, a pesar de la aparente solidez de alguno de los argumentos esgrimidos, lo cierto es que estas tesis, a excepción de la expuesta por J. Cristovão, no están fundamentadas en estudios estratigráficos y teorizan en base a datos/interpretaciones que no tienen un respaldo arqueológico directo.
Las primeras manifestaciones cristianas documentadas en Idanha-a-Velha se encuadran en un horizonte cronológico inmediatamente posterior a la construcción de la muralla, definido entre la segunda mitad del siglo IV e inicios del siglo V. Tiempo en el que se fecha la construcción de las dos piscinas bautismales localizadas, cada una de ellas, al norte y al sur de la actual Sé de Santa María (Fernández Fernández et al. 2019). Esta nueva datación permite recusar tesis formuladas anteriormente, fundamentadas en base 2 Este trabajo está encuadrado dentro del proyecto de investigación IGAEDIS “Da Civitas Igaeditanorum à Egitânia. Construção e evolução da cidade e de finição dos seus territórios da época romana até à doação dos Templarios”. Aprobado por la Direção Geral do Património Cultural y coordinado por la Universidade Nova de Lisboa, la Universidade de Coimbra y la Câmara de Idanha-a-Nova.
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Figura 1: Núcleos urbanos de la Lusitania romana (Fuente: autor).
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Figura 2: Mapa de distribución de los asentamientos rurales de cronología romana documentados en el territorio de la civitas Igaeditanorum (Fuente: autor).
a criterios histórico-artísticos y que han condicionado la interpretación de ambas estructuras y de su imbricación con el resto de la ciudad durante el período suevo-visigodo (Cordero Ruiz et al. 2020).
En los últimos años, la realización de un proyecto de investigación centrado en el análisis del territorio de Egitania durante el período altomedieval3, ha permitido determinar algunas de las principales transformaciones producidas en este espacio a inicios del período suevo-visigodo. No obstante, es preciso reseñar que el conocimiento del mundo rural egitano presenta todavía muchas cuestiones abiertas, especialmente por la escasez de contextos arqueológicos precisos. Uno de los cambios más significativos sería la considerable reducción del número de asentamientos durante el siglo V, tendencia similar a la documentada en otras áreas de Lusitania (Cordero Ruiz 2013: 300–08) aunque particularmente baja en este territorio. En este caso, la tasa de continuidad se sitúa en un 15.8 % sobre un total de 510
casos estudiados (Cordero Ruiz 2019b: 75) (Figura 3). Este índice, sin embargo, está todavía demasiado condicionado por los problemas que presenta la correcta adscripción cronológica de los establecimientos rurales datados en este período, problema extendido al resto del territorio peninsular (Vigil-Escalera Guirado 2015: 92–94). Así pues, aunque no debe tomarse como un valor absoluto, también es verdad que este indice refleja una realidad material documentada en los últimos años en el área egitana. Por otro lado, en algunos asentamientos su continuidad de su ocupación parece coincidir con signos de 3 Este trabajo se ha realizado dentro del proyecto de investigación postdoctoral Change and continuity inrural early medieval Hispania. Comparative multidisciplinary approach to the countrysidesof Egitania (Idanha-a-Velha, Portugal) and Emerita (Mérida, Spain), financiado por la Fundação para a Ciência e a Tecnologia (SFRH/BDP/100124/2014).
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Figura 3: Mapa de distribución de los asentamientos rurales de cronología altomedieval documentados en el territorio de Egitania (Fuente: autor).
cierta vitalidad económica, consideración derivada de la disposición de pavimentos musivos, con una interpretación, tal vez, demasiado aventurada, en asentamientos tipo villa entre finales del siglo IV e inicios del siglo V (Maciel 2006).
3� Egitania, sede episcopal
Egitania se integraría dentro del reino suevo en la primera mitad del siglo V, constituyéndose durante el resto de la centuria como el principal centro urbano de su cuadrante suroeste y, también, como un importante punto estratégico de la frontera establecida entre los reinos suevo y visigodo. Un confinium que delimitaría dos entidades semejantes, pero en el que se sucederían realidades heterogéneas y donde las poblaciones que lo ocupaban tenderían a aliarse con un poder u otro en función de sus propios intereses (Cordero Ruiz 2019a: 488–89). En este contexto, la importancia del antiguo núcleo romano no parece que deba relacionarse con la consolidación de la autoridad sueva en la ciudad y su territorio sino, más bien, con el afianzamiento del poder y la influencia dentro del reino de las élites locales egitanas.
El estatus de la ciudad dentro del reino suevo sería reforzado por su condición de sede episcopal. La primera alusión a este rango, y también al nombre de Egitania, se encuentra en las actas del denominado Concilio de Lugo ( c. 569), en las que se alude a un tal Adoricus como Egestanae episcopus. Una mención reiterada en el II Concilio de Braga (572), donde la diócesis egitana volvió a ser representada por el mismo obispo. La creación de este episcopio se produciría en un momento anterior al año 569, seguramente como refrendo de una comunidad cristiana cuya presencia en la ciudad es posible remontar, al menos, 64
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Figura 4: Sedes episcopales lusitanas de época visigoda (Fuente: autor).
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PARTE II— Territorios en transición y creación de nuevos paisajes hasta mediados del siglo IV (Cordero Ruiz 2019a: 490–91; Cordero Ruiz et al. 2020: 147-48). Por otro lado, el Parrochiale Suevum aporta alguna luz sobre la organización territorial de la diócesis al incluir dentro de su jurisdicción las parroquias de Monecipio y Francos. El estudio de su localización y del porqué de su toponimia ha copado tradicionalmente su estudio. Sin embargo, en ambos casos, no ha sido posible precisar con seguridad estos aspectos, aunque parece plausible apuntar que su conformación como entidades administrativas sea original y no tenga relación con el anterior sistema romano (Cordero Ruiz 2019a: 491–93).
La diócesis de Egitania, al igual que las de Veseo, Conimbriga y Lamecum, se reintegraría en la iglesia lusitana y al control del metropolitano de Mérida tras la conquista visigoda del antiguo reino suevo (Figura 4).
Una reunificación mencionada en el Concilio Provincial de Mérida del año 666 y que debió producirse de manera efectiva dentro de las reformas llevadas a cabo por Chindasvinto y Recesvinto, para reforzar el poder de la monarquía visigoda (Cordero Ruiz 2019a: 469). Así pues, los obispos egitanos estarán presentes en los concilios celebrados en el reino visigodo durante los siglos VI y VII. Centurias en las que la ceca establecida en Egitania emitiría moneda para los diferentes monarcas comprendidos entre Recaredo I y Rodrigo, localizándose también otra en la parroquia de Monecipio durante los reinados de Recaredo I y Sisebuto (Pliego Vázquez 2009: 127–28).
Este cuadro histórico no encuentra una realidad material en el territorio egitano y presenta una problemática comprobación en el núcleo urbano, donde parece preciso redefinir de nuevo el debate arqueológico. El marco cronológico determinado por el estudio realizado en las piscinas bautismales (Fernández Fernández et al. 2019) en conjunto con las nuevas intervenciones arqueológicas que se están desarrollando en la aldea de Idanha-a-Velha, hacen difícil aceptar las últimas tesis propuestas sobre la ciudad altomedieval (Sánchez Ramos y Morín de Pablos 2019: 107-132), especialmente porque su modelo evolutivo se fundamenta en supuestos crono-estratigráficos sin una constatación arqueológica precisa (Cordero Ruiz et al. 2020: 147-48). En este momento, el estudio del paisaje urbano de Egitania se encuentra en un punto de inflexión donde la realización de estudios sistemáticos que aborden su estudio integral y que rehuyan el manido y encorsetado debate sobre el sector donde se localiza la actual Sé de Santa María, se presentan como la mejor oportunidad para abordar globalmente su evolución durante este período.
4� Elementos variables e invariables en el campo egitano
La reunificación de la antigua estructura provincial eclesiástica lusitana desembocó en la aparición de una importante disputa entre las diócesis de Egitania y Salmantica. Un pleito generado por la no devolución de unos territorios adscritos con anterioridad a la sede egitana y que habían sido transferidos a la salmantina durante el período suevo. La querella fue expuesta y en el Concilio Provincial de Mérida del año 666 (canon VIII), donde se fijó el retorno de las tierras enajenadas a Egitania y la verificación de los límites entre ambas diócesis (Díaz 1995: 55). Estos litigios territoriales fueron frecuentes durante el período visigótico, aunque, probablemente, la gran mayoría de ellos no fueron recogidos en los textos conciliares hispanos. En el caso lusitano podría mencionarse como ejemplo similar la creación de la diócesis de Caliabria en la primera mitad del siglo VII, que supuso la apropiación de espacios que habrían pertenecido previamente a la de Veseo (Tente et al. 2018: 190–92). Una fundación que, por otro lado, refrendaría el poder de las élites locales de esta zona y la construcción de una nueva territorialidad fundamentada en relaciones personales y alejada de la modelada previamente por las antiguas ciudades romanas. Esta evolución estaría relacionada con la conformación de un paisaje rural, al menos en algunas zonas del interior lusitano, caracterizado por el paso de un patrón de ocupación disperso a otro agrupado y organizado en torno a sitios fortificados en altura (Tente 2017: 29–34; Martín Viso 2018: 198–211).
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El hallazgo de tremisses en asentamientos en altura ha sido señalado como una de las evidencias de la conformación de esta nueva realidad rural, especialmente en relación con la presencia de las elites lusitanas en estos establecimientos fortificados. Esta hipótesis, coherente y bien fundamentada, necesitaría, tal vez, de una constatación más sólida (Martín Viso 2008). La presencia de estas monedas y de hallazgos dispersos de la misma cronología en estos sitios son buenos indicios, pero precisan de un contexto arqueológico mejor acotado. No obstante, en su favor, cabe recalcar que en aquellos yacimientos donde se han podido realizar intervenciones arqueológicas, los datos obtenidos corroboran su planteamiento (Tente y Mastín Viso 2012). En el caso del territorio egitano, los sitios de Monsanto y Penha Garcia han sido señalados como posibles lugares de residencia de las élites locales (Martín Viso 2008: 17–18). Esta aseveración parece correcta, pero continúa lastrada por la escasa visibilidad y la difícil identificación de los contextos arqueológicos altomedievales en ambos lugares. Un problema que puede extrapolarse al escaso conocimiento que aun hoy se tiene de los patrones de ocupación en esta área y en el resto del interior lusitano (Carvalho 2016: 399–401).
La continuidad de ocupación en antiguos asentamientos de origen romano durante el período suevo-visigodo no es una realidad bien conocida, aunque es posible intuirla en algunas de las escasas villae que se sitúan en esta zona. El caso mejor conocido es el Dos Barros, donde fue posible constatar una ocupación habitacional de carácter campesino sobre la antigua zona residencial de la villa entre los siglos V y VI, centuria en la que sería definitivamente abandonada (Carvalho y Costa Cabral 1994: 73).
Esta persistencia puede observarse en otros tipos de asentamiento rural, situación que indicaría la continuidad aun no bien definida de los patrones de ocupación de época romana, aunque tal vez nos encontremos ante una realidad no muy diferente a la constatada en el actual territorio de Castelo de Vide (Prata 2018). En el yacimiento de Torre dos Namorados (Ângelo y Ribeiro 2000), se han excavado diferentes estructuras habitacionales y agropecuarias altomedievales construidas gracias al expolio de las edificaciones que conformaban el vicus romano sobre las que se edificaron, compuesto por asentamientos de diferente tipo que se extendían a lo largo de un área de 7 ha. Una continuidad que se extendió a lo largo de todo el período medieval (Ângelo 2012). Un caso similar presenta la Capela de São Pedro de Capinha, en cuyas proximidades podría localizarse el conocido como vicus Talabara (Carvalho y Encarnação 1994) y donde es posible documentar una alta densidad de asentamientos de diferente índole que pueden ser encuadrados en los períodos romano y altomedieval. Los trabajos arqueológicos permitieron conocer parte de una necrópolis de inhumación, con sepulturas dispuestas con orientación este-oeste, asociada con los restos de un edificio realizado con materiales reutilizados de época romana (Alburquerque y Guimarães dos Santos 2007). Estos elementos son datados entre los siglos V y VII e interpretados como los restos de una iglesia de planta rectangular rematada por una cabecera, a la que cabría asociar los restos de una piscina bautismal (Guimarães do Santos y Alburquerque 2018: 53-54; Guimarães do Santos et al. 2019). No obstante, esta interpretación, aunque sugerente, no parece definitiva debido a la ausencia de elementos de carácter litúrgico, la falta de una definición precisa del supuesto edificio cultual y la escasa información ofrecida sobre la propuesta piscina bautismal. Además, cabría argumentar que la construcción aquí de una iglesia entre inicios del siglo X y finales del siglo XII (Guimarães do Santos y Alburquerque 2018: 59–61), condicionó la morfología del edificio y, tal vez, su interpretación como basílica suevo-visigótica.
Otros edificios de categoría similar al ejemplo de São Pedro de Capinha actuarían como núcleos de atracción u organización del asentamiento rural altomedieval, aunque en los casos expuestos a continuación no es evidente su relación con un poblamiento anterior de época romana. En el sitio de Granja de São Pedro, la realización de una prospección pedestre permitió documentar la presencia de un edificio de grandes dimensiones realizado en mampostería, reforzado por sillares de granito en las esquinas y, seguramente, cubierto por tégulas. Este trabajo fue combinado con la creación de un Modelo Digital del Terreno (MDT) del área circundante (gracias a la colaboración del Grupo de investigación 67
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NEXUS de la Universidad de Extremadura). Su funcionalidad es todavía elemento de debate, aunque cabría argumentar su uso religioso. Una hipótesis de trabajo derivada del hallazgo aquí de fragmentos de decoración marmórea iguales a los hallados en el interior de la Sé de Idanha-a-Velha (Almeida 1956: fig. 96). De otro lado, en el área circundante, localizada en un punto de gran predominio visual sobre la ribera del río Aravil, no se documentaron en superficie evidencias materiales, tampoco con la ayuda del MDT, que permitan suponer la existencia de un poblamiento asociado directamente con esta construcción (Figura 5).
El yacimiento de Vale da Loja presenta una realidad similar. En este caso, también se documentó la presencia de un edificio de grandes dimensiones levantado en mampostería y reforzado por sillares y cubierto por tégulas, identificándose, además, los restos de un posible suelo de ladrillos. Esta construcción presenta, al contrario que en Granja de São Pedro donde apenas se intuía, una clara orientación este-oeste, advirtiéndose en su lado oriental un posible ábside. La información disponible atestigua el hallazgo entre los restos de este edificio de elementos decorativos, capiteles y otras piezas marmóreas, que podrían encuadrarse dentro del período altomedieval, aunque no es posible confirmar este extremo ya que estos materiales se encuentran actualmente en paradero desconocido. De otro lado, aquí sí fue posible constatar la vinculación del edificio con los restos de un asentamiento de mayores dimensiones.
Sin embargo, a pesar de que ha sido clasificado como un posible poblado romano (Henriques et al. 1993: 177), no encontramos materiales permitieran confirmar esta cronología.
Figura 5: MDT del sitio de Granja de São Pedro con localización del edificio documentado (Fuente: autor).
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Figura 6: Distribución de materiales en superficie y sepultura excavada en la roca en el sitio de Tapada da Orden (Fuente: autor).
Las tumbas excavadas en la roca son, en correspondencia con en el resto de la región portuguesa de Beira Interior (Prata 2014; Tente 2015; Martín Viso 2016; Tente et al. 2018), uno de los hitos más señalados del paisaje altomedieval. En el caso egitano, la presencia de estos monumentos funerarios se vincula con asentamientos rurales de diferente índole. Por un lado, con asentamientos de gran extensión y complejidad como Torre dos Namorados (Ângelo 2018.), el castillo de Monsanto, donde es posible apreciar una concentración de estas sepulturas a los pies de la capela de São Miguel do Castelo, o el área circundante a las ermitas de São Pedro de Vir-a-Corça y Santa Madalena. Por otro lado, con establecimientos que, a tenor de las prospecciones realizadas, presentarían una entidad menor a la de los ejemplos anteriores y donde es posible localizar concentraciones no ordenadas y no mayores a seis sepulturas. Estos serían los casos de Parra, Fonte de São Tiago, Toulica o Tapada da Orden (Figura 6).
La relación entre poblamiento y sepulturas presenta una difícil definición en aquellos casos englobados en la primera categoría, exceptuándose el ejemplo de Torre dos Namorados, una circunstancia ligada a las numerosas transformaciones que han sufrido estos lugares a lo largo del tiempo. Esta dificultad no es diferente a la encontrada en los yacimientos de menor entidad, donde la falta de intervenciones arqueológicas impide obtener una imagen clara de su evolución histórica. Por otro lado, a pesar de estos escollos, parece plausible plantear la falta de un patrón de ocupación vinculado con la presencia de estos monumentos funerarios. En cuanto a su cronología, los escasos datos disponibles apuntan al período comprendido entre los siglos VI–VIII, sin que pueda descartarse una datación posterior en los casos de São Pedro de Vir-a-Corça, São Miguel do Castelo y Santa Madalena.
La aparición de cecas en el interior de Lusitania durante el período visigodo: Caliabria, Coleia, Totela, Veseo, Egitania y su parrochia Monecipio (Pliego Vázquez 2009: 123–28), podría, tal vez, relacionarse con una continuidad de la explotación aurífera en aquellas áreas, muchas de ellas localizadas dentro del antiguo ager igaeditaniensis, que habían sido intensamente explotadas durante época romana (Sánchez Palencia et al. 2011). Esta hipótesis de trabajo no tiene un refrendo material claro, aunque parece una explicación lógica ante la continuada actividad que presentan las cecas mencionadas y, especialmente, la de Egitania, donde se emitió moneda de manera ininterrumpida entre los reinados de Recaredo I y Rodrigo. Por otro lado, también cabe tener en cuenta el modo en que las elites del interior lusitano utilizaron la tributación visigoda, encajando la acuñación de tremisses para establecer y afianzar su poder en conveniencia con la iglesia (Martín Viso 2008: 17).
La carencia de un registro material preciso impide, por ahora, trazar un panorama claro sobre las consecuencias que tuvo la conquista e implantación islámica en el territorio egitano. A esta dificultad se le suma la falta de una tradición historiográfica propia que aborde el análisis del siglo VIII y del resto del período emiral en esta área, momento en que Egitania pasó a ser conocida como Antaniya. Este vacío 69
PARTE II— Territorios en transición y creación de nuevos paisajes ha sido tradicionalmente cubierto por las escasas noticias documentales que hablan sobre la creación de la kūra de Antaniya, tal vez una circunscripción territorial mayor o el reflejo de entidad existente antes de la conquista del 711 (Cordero Ruiz 2019a: 501–02), el asentamiento de las tribus beréberes Nafza, Hawwãra y Miknãsa y su rebelión, apoyadas por grupos muladíes, contra el poder emiral a lo largo de los siglos VIII y IX (Franco Moreno 2011). Sin embargo, estas noticias no tienen por ahora una constatación material que permita ahondar en su análisis. La investigación realizada en los últimos años apenas parece indicar que el proceso de implantación islámica en este territorio es paralelo a la desarticulación del poblamiento rural egitano definido durante el período suevo-visigodo. Una evolución más intuida que constatada arqueológicamente y muy condicionada por la gran cantidad de preguntas que suscita este proceso.
5. Consideraciones finales
La parcialidad de la documentación disponible especialmente para en el núcleo urbano, dificulta el análisis global de Egitania y su territorio durante el período altomedieval. No obstante, en los últimos años, la revaluación de la información material y documental disponible, junto a la realización de nuevas excavaciones arqueológicas y de diferentes prospecciones de superficie, ha permitido esbozar un nuevo marco de estudio que pretende analizar de forma integrada el registro material urbano y rural.
La fundación de la civitas Igaeditanorum en el último cuarto del siglo I a.C., formaría parte del programa administrativo desplegado por Roma en el interior de Lusitania durante este período. Esta organización propiciaría, al menos en este caso, la conformación de un patrón de ocupación definido por su articulación en relación con las principales vías de comunicación y explotaciones auríferas, destacándose la aparición de un gran número de asentamientos de pequeña entidad y algunas villae y vici. La configuración del urbanismo igaeditano presenta aún numerosos interrogantes, aunque los trabajos realizados en el foro de la ciudad y en varios espacios domésticos, facilitan obtener una mejor visión de la complementariedad y evolución conjunta de la ciudad y su territorio.
La construcción de la muralla de la actual Idanha-a-Velha gracias al expolio masivo de la antigua ciudad romana marcaría el inicio de las transformaciones que caracterizan la realidad egitana durante el período altomedieval. La más significativa sería la aparición de una materialidad cristiana desconocida hasta la fecha, definida por la construcción de dos piscinas bautismales, de manera casi sucesiva, entre la segunda mitad del siglo IV e inicios del siglo V. No obstante, no es posible vincular ambas construcciones con otras edificaciones religiosas debido a la falta de una documentación arqueológica precisa y contrastada. Por otro lado, no parece que estas piscinas puedan ser tomadas como prueba de la cristianización generalizada de la ciudad y su territorio. No obstante, su presencia denota el arraigo de una comunidad que podría explicar el posterior nombramiento de la ciudad como sede episcopal.
Durante el período suevo-visigodo, Egitania se constituiría como uno de los principales núcleos urbanos de la antigua Lusitania romana. En este tiempo, a la importancia de su episcopado se le unirá la notable actividad de su ceca durante los siglos VI y VIII. Por otro lado, en el territorio egitano se constata una importante reducción del número de asentamientos rurales a partir del siglo V. Este proceso, seguramente iniciado en la centuria anterior pero aún poco conocido, sería coetáneo a la constitución de un nuevo paisaje rural en el que destacaría la probable presencia de elites locales en establecimientos fortificados o la aparición de grandes edificios, de carácter religioso o no, que actuarían como núcleos de atracción u organización del asentamiento rural altomedieval.
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