Paisajes, espacios y materialid
03— Arqueología de los despoblados medievales y los lugares habitados en el País Vasco. Historias compartidas y puntos de inflexión
03— QUIRÓS CASTILLO: Los despoblados medievales y los lugares habitados en el País Vasco���
03— Arqueología de los despoblados medievales
y los lugares habitados en el País Vasco�
Historias compartidas y puntos de inflexión
Juan Antonio QUIRÓS CASTILLO
(Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea)
Resumen
En los últimos años se ha llevado a cabo en el País Vasco un amplio proyecto arqueológico basado en el estudio de despoblados medievales con el fin de analizar el poblamiento altomedieval. Más recientemente se ha intervenido en varios pueblos aún habitados con el fin de verificar hasta qué punto los procesos observados a través del estudio de los despoblados se pueden hacer extensivos a este segundo grupo de localidades. Los tres objetivos principales de este artículo son, por un lado, analizar los procesos formativos de estas localidades en términos de larga duración; comparar estas microhistorias con las proporcionadas por los despoblados; valorar críticamente las limitaciones y las ventajas que supone indagar en diferentes tipos de yacimientos. En esta ocasión se presentan brevemente los resultados obtenidos en las intervenciones realizadas en Azazeta (Álava), Aizarna y Astigarribia (Guipúzcoa).
Se concluye que en el País Vasco el despoblamiento ha sido un fenómeno normal de reequilibrio de sistemas territoriales complejos, y que existe un paralelismo entre los dos tipos de localidades. Son, principalmente, algunos puntos de inflexión que determinan el abandono de un reducido número de poblados.
PalabRas clave
Despoblados, Alta Edad Media, Arqueología Rural, Punto de Inflexión, Conflictos.
abstRact
In the last few years early medieval settlement systems have been extensively studied in the Basque Country taking into consideration some deserted villages. Recently, some archaeological projects have been also carried out in still-inhabited villages and towns in order to explore in what extent the microhistories attested in the deserted villages can be extended to this kind of settlements. The three main objectives of the project are, firstly, to analyse the formative processes of these currently occupied localities in terms of long duration; secondly, to compare these patterns with the depopulated sites; and finally, to assess critically the limitations and advantages of investigating different types of sites.
On this occasion, the results obtained in the interventions carried out in Azazeta (Álava), Aizarna and Astigarribia (Guipúzcoa) are briefly presented. It is concluded that in the Basque Country depopulation has been a normal phenomenon of re-equilibrium of complex territorial systems, and that there is a parallelism between the dynamics attested in the two kinds of localities. A few situational turning points have determined the abandonment of a small number of towns.
KeywoRds
Deserted Villages, Middle Ages, Rural Archaeology, Turning Point, Conflicts.
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1� Introducción
Una de las principales innovaciones que han tenido lugar en términos metodológicos y operativos en los últimos decenios en varios países europeos ha sido la realización de numerosas intervenciones arqueológicas en el seno de pueblos habitados, superando de esta manera la tradicional noción de descubrimiento con la que se había acometido la excavación de lugares despoblados (Rippon 2008; Dyer y Everson 2012; Jones y Hooke 2012). Y aunque los antecedentes más inmediatos de esta práctica se pueden rastrear en las intervenciones realizadas en las ciudades que dio lugar a partir de los años 60 a la denominada Arqueología Urbana surgido en el contexto de la reconstrucción de los cascos urbanos afectados por las destrucciones de la Guerra Mundial (Galinié 2012), la arqueología de los espacios rurales aún habitados ha merecido una menor atención hasta fechas recientes. Estas intervenciones, realizadas en un primer momento en términos puramente experimentales, han tenido su traducción en el desarrollo de nuevas políticas de protección y socialización patrimonial, lo que ha permitido la generalización de este tipo de estrategias en varios países europeos, tal y como ilustra una reciente monografía colectiva (Fernández Fernández y Fernández Mier 2019). Como resultado de ello ha sido necesario (re)definir la noción misma de yacimiento arqueológico en el mundo rural, así como las formas de construcción social de patrimonio.
De hecho, desde hace un par de decenios en varios países europeos se han ido llevado a cabo toda una serie de proyectos arqueológicos en el interior de los pueblos, granjas y espacios rurales desde una diversidad de perspectivas (p.e. Verspay et al. 2018). En el caso del Reino Unido, por ejemplo, los proyectos realizados por Christopher Gerrard y Mike Aston en Shapwick (Gerrard y Aston 2007; Aston y Gerrad 2013), por Richard Jones en el área de Whittlewood, o Carenza Lewis en East Anglia (el denominado English CORS project), son algunos de los hitos más significativos (Lewis 2007). A diferencia de otros proyectos llevados a cabo en Francia, Países Bajos y otros países, en Inglaterra muchas de estas intervenciones no han sido realizados en contextos preventivos, sino que han sido impulsados desde perspectivas de investigación y socialización. Además, se han seguido distintas estrategias. En el caso de Shapwick y Whittlewood se ha priorizado el análisis intensivo de una única localidad o un territorio reducido, mientras que en East Anglia se están estudiando numerosas localidades con distintos grados de intensidad, buscando obtener resultados que sean estadísticamente significativos (Lewis 2014).
En el caso de la Península Ibérica esta es una de las muchas asignaturas aún pendientes de las arqueologías medievales y postmedievales. Y aunque se cuenta ya con importantes experiencias en Asturias (Fernández Mier y Fernández Fernández 2019) o en Galicia (Ballesteros et al. 2006), no es una práctica generalizada debido a que, por un lado, no hay una praxis ni una normativa que favorezca su extensión, especialmente en ausencia de elementos monumentales declarados (Fernández Fernández y Fernández Mier 2019). Además, tampoco se ha desarrollado en sentido propio una arqueología preventiva de los paisajes agrarios, salvo excepciones puntuales. Con todo, en los últimos años se están produciendo algunas innovaciones que deben ser tenidas en cuenta.
El objeto de este artículo será, precisamente, el de presentar algunos proyectos que se están realizando en el País Vasco en los últimos años con el objeto de (a) analizar las dinámicas históricas que proporciona el estudio de los pueblos habitados, con particular atención a las etapas altomedievales; (b) comparar estas dinámicas con cuanto observado en los despoblados; (c) valorar críticamente las aportaciones y las limitaciones que proporcionan ambos registros, así como las posibilidades de integrarlas en narrativas complementarias.
Este texto está articulado en tres partes. En primer lugar, se abordan los presupuestos normativos y los antecedentes que tiene esta práctica en el País Vasco; a continuación, se presentarán brevemente dos caso de estudio y, por último, se realiza una discusión abordando la naturaleza de estos registros.
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PARTE I— Reflexiones teóricas y metodológicas
2� Antecedentes en el País Vasco
Aunque la arqueología de los lugares habitados en el medio rural es una practica reciente en el País Vasco, hay algunas experiencias previas que hay que tener en cuenta. En particular hay que referirse a tres escenarios que tienen como punto de partida común la existencia de políticas de protección patrimonial.
A raíz de la aprobación en el año 1990 de la Ley de Patrimonio Cultural Vasco la administración autonómica se ha ido dotando de varios instrumentos de catalogación, protección e intervención sobre el patrimonio arqueológico, de manera que no han faltado ocasiones de experimentación y creación de propuestas originales.
Uno de los primeros ámbitos de preocupación ha sido la arqueología de y en las villas o pequeñas ciudades de origen medieval del País Vasco. Casi todos los 64 cascos históricos existentes han sido declarados Bienes Culturales, lo que ha comportado que durante decenios la arqueología preventiva se haya desarrollado principalmente en estas localidades. Además, el Gobierno Vasco impulsó, en colaboración con las entidades locales, la realización de los denominados Estudios Histórico-Arqueológicos destinados a crear documentos de planificación urbanística regulando las intervenciones preventivas.
Entre los años 1991–2001 se redactaron este tipo de documentos en 23 villas. Uno de los principales instrumentos empleados por los arqueólogos para diagnosticar la mayor de estas localidades, que muchos autores han definido como “aldeas fortificadas”, ha sido la realización de sondeos de limitada extensión orientados a definir el espesor de los sedimentos, las secuencias ocupacionales preservadas y el grado de conservación de las estructuras. No obstante, puesto que las intervenciones han tenido una finalidad principalmente proteccionista, raramente han generado formas activas de participación de la comunidad local (Bengoetxea Rementeria 2016).
En cambio, los proyectos preventivos realizados en los espacios rurales han proporcionado resultados menos consistentes. El seguimiento de obras o de trazados lineales raramente han afectado lugares habitados. Pero además, ha prevalecido una noción de yacimiento que prioriza los espacios domésticos y monumentales. Como consecuencia de ello, los principales resultados se han obtenidos en despoblados en forma de silos, cementerios y, raramente, estructuras domésticas. Un segundo ámbito de actuación ha sido el entorno de monumentos, en particular iglesias y/o cementerios situados en el interior de pueblos habitados. Estas intervenciones han hallado espacios funerarios, así como, en ocasiones, estructuras domésticas y otras evidencias arqueológicas de interés, como son las dos recientes intervenciones realizadas en los yacimientos alaveses de Santa Eulalia de Atiega o Nuestra Señora del Lago (Niso Lorenzo 2008; Loza Uriarte 2016).
Por último, una tercera línea de actuación promovida por el Gobierno Vasco y algunas diputaciones forales ha sido la catalogación de determinados tipos de entidades patrimoniales ‘no tradicionales’
en espacios habitados. Esta línea de actuación, en la que terminan fundiéndose la protección y la investigación básica, ha promovido la valorización de elementos concretos de forma individualizada.
Entre los bienes analizados en los últimos años hay que señalar el estudio de los seles, de los espacios forestales, de ferrerías, de caseríos o de ermitas e iglesias menores. Y aunque la principal consecuencia ha sido la creciente consolidación de una arqueología de época moderna (Grau Sologestoa y Quirós Castillo 2020), también se han realizado importantes aportaciones al estudio de las sociedades medievales.
En definitiva, la arqueología preventiva y la gestión del patrimonio arqueológico por parte de las administraciones ha constituido un factor clave de renovación de los estudios arqueológicos en el País Vasco. Sin embargo, y hasta fechas recientes no se han definido proyectos de investigación que tengan como fin el análisis holístico de las aldeas aún habitadas.
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Figura 1: Mapa de localización del País Vasco y de las principales localidades mencionadas en el texto.
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PARTE I— Reflexiones teóricas y metodológicas
A continuación, se presentan los resultados preliminares obtenidos en dos proyectos realizados en pueblos aún habitados: uno en la vertiente cantábrica caracterizada por el predominio de caseríos dispersos y por un paisaje de colinas; el segundo en la montaña alavesa, donde los pueblos están mucho más concentrados y persisten densas manchas forestales. En el primero de los casos los espacios de uso común han sido desmantelados en época moderna y contemporánea, mientras que en el municipio de Arraia-Maetzu un porcentaje muy elevado de su superficie sigue actualmente formando parte de los Montes de Utilidad Pública.
3� Dos casos de estudio en el área cantábrica y mediterránea del País Vasco
3.1. Aizarna (Zestoa, Gipuzkoa)
El primer ejemplo es la localidad de Aizarna, una parroquia rural del municipio de Zestona (Guipúzcoa) de poco más de 200 habitantes situada a unos 7 km de la costa. Aizarna cuenta con un pequeño núcleo en el que se levanta la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, mencionada desde finales del siglo XIV, aunque una parte sustancial de la comunidad reside en caseríos dispersos documentados desde los siglos XV y XVI. El territorio de Aizarna ha sido estudiado en el marco de la reciente tesis doctoral de Josu Narbarte (Narbarte 2019), y este estudio ha sido parcialmente publicado en varias sedes (Narbarte et al. 2018; Narbarte et al. 2019; Narbarte 2020). El proyecto ha tenido como fin analizar en términos de larga duración la formación de los paisajes tradicionales de Guipúzcoa tomando en consideración una diversidad de testimonios (textuales, toponímicos, materiales, orales) y metodologías (análisis espaciales, geoarqueología, excavación, geoquímica, etnoarqueología, etc.) aplicadas a dos de los barrios que conforman esta localidad: Akoa y Aizarna (Figura 2).
Los paisajes del área cantábrica del País Vasco están caracterizados física y emocionalmente por el predominio de los caseríos dispersos, grandes construcciones multifuncionales desde la que se gestionan Figura 2: Sondeos realizados en Aizarna (Zestona, Gipuzkoa) por Josu Narbarte.
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explotaciones agrarias segmentadas (Santana 2000). En términos arquitectónicos los caseríos son de origen bajomedieval (Susperregi et al. 2017), pero carecemos de elementos suficientes para conocer sus antecedentes, comprender la articulación del campesinado medieval y premedieval, las formas de construcción de los paisajes agrarios y, en definitiva, historiar en términos holísticos y de larga duración estos espacios.
Las dos líneas de investigación principales que se han seguido en el proyecto de Aizarna han sido, por un lado, analizar la genealogía de los paisajes agrarios actuales a través de las fuentes orales, documentales, los análisis espaciales y la realización de varios sondeos geoarqueológicos en los campos de Aizarna y el barrio de Akoa. En paralelo se ha sondeado el núcleo en el que se sitúa la parroquia con el fin de analizar los espacios aún habitados.
Pueblo de Aizarna
Campos de Aizarna
Barrio de Akoa
Fase 5 (s� XX)
Relleno uso agrario
Relleno uso agrario
Relleno uso agrario
Transformación de las prácticas agrarias,
Fase 4 (s� XVII-XX)
Relleno uso agrario XVII-
XX
abonado con cal
Fase 3 (s� XIV-XVI)
Erosión aluvial y nueva Terraza agraria
terraza s. XV-XVI
bajomedieval
Fase 2 (s� VI-VII)
Terraza agraria s. VI-VII Terraza agraria s. VI-VII
Relleno con materiales
bajoimperiales (s. IV-V)
Fase 1 (s� I-IV)
Estructura de madera de
época romana (s. I-II)
Tabla 1: Tabla de síntesis con las principales ocupaciones identificadas en Aizarna (Gipuzkoa) según Josu Narbarte.
La correlación de los resultados obtenidos en las diferentes intervenciones ha permitido definir cinco fases de ocupación que cubren dos mil años (Tabla 1):
1. Las huellas de actividad antrópica más antiguas se han hallado en el sondeo realizado en proximidad de la actual parroquia (AIZ3), y consisten en una estructura doméstica de madera fechable en época altoimperial que posteriormente ha sido cubierta por otro depósito con materiales bajoimperiales. Los materiales recuperados muestran su completa inserción en redes de intercambio interregionales.
2. En el barrio de Akoa y en los campos de Aizarna las primeras evidencias identificadas se corresponden con sendas terrazas de uso agrario que han sido fechadas en los siglos VI y VII.
El desbroce previo fue realizado mediante la quema sistemática de las laderas sobre la que se dispuso un potente relleno de uso agrario.
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PARTE I— Reflexiones teóricas y metodológicas
3. En los campos de cultivo de Aizarna se documenta en la Baja Edad Media una actividad erosiva de carácter aluvial, sobre la que se implanta una nueva terraza agraria fechada entre los siglos XV y XVI. También en el barrio de Akoa se dispone en este momento un nuevo relleno de uso agrario, confirmando que la implantación de la red de caseríos ha comportado una profunda transformación de los espacios agrarios.
4. La cuarta fase de época moderna está definida por una transformación de las prácticas agrarias mediante el abonado con cal, la introducción de cultivos americanos y la implantación de una policultura intensiva.
5. Por último, en el siglo XX se ha producido la mecanización de las tareas agrarias y la introducción de fertilizantes químicos.
En definitiva, la intervención llevada a cabo en Aizarna ha permitido iluminar aspectos claves de los paisajes rurales previos a la fundación de los caseríos en la Baja Edad Media. Por otro lado, en los últimos años se han empezado a hallar en excavaciones realizadas en algunos caseríos ocupaciones domésticas realizadas con postes de madera y, en algunas ocasiones, también silos. Entre los principales ejemplos se puede citar el caso de Igartubeiti en Ezkio (Ibañez et al. 2003) o de Landetxo Goikia en Mungia (Aguirre Ruiz de Lopetegi 2006). La única construcción fechada hasta el momento es el caserío de Besoita-Ormaetxea en Berritz (Bizkaia), donde se han hallado dos cabañas sucesivas de los siglos X–XII (Campos López 2020). No obstante, al igual que en otros despoblados, Aizarna muestra que a la hora de estudiar las sociedades rurales altomedievales pueden ser mucho más elocuentes los espacios cultivados que los espacios habitados.
3.2. Azazeta (Arraia-Maetzu, Álava)
Azazeta es una pequeña localidad de montaña situada a unos 800 msnm en proximidad del homónimo puerto de montaña que domina la llanada alavesa. Documentada desde el siglo XI, apenas cuenta con referencias textuales de época medieval. En cambio, se conservan numerosos pleitos de época moderna relativos a conflictos con las comunidades vecinos sobre los espacios mancomunados (González Salazar 2005). El proyecto arqueológico ha tenido como fin indagar un pueblo de montaña situado en proximidad de los despoblados excavados en la llanada alavesa con el fin de comparar ambos registros y evaluar las formas de resiliencia de las comunidades de montaña.
La intervención arqueológica ha seguidos dos líneas de actuación: por un lado se han hecho ocho sondeos de extensión limitada en los huertos, campos y espacios vacíos del pueblo con el fin de analizar las secuencias preservadas (Figura 3); por otro lado se ha recurrido a enfoques regresivos (encuestas etnoarqueológicas, toponimia, arqueología de las sociedades contemporáneas y arqueología de los comunales) con el fin de analizar otras dinámicas sociales que afectan al conjunto de la espacialidad aldeana.
Los sondeos han proporcionado una notable diversidad de depósitos que han sido fechados definiendo una serie de horquillas cronológicas a partir de los materiales cerámicos recuperados, siguiendo la metodología propuesta por C. Lewis (2007). Más concretamente se han diferenciado los conjuntos alto y plenomedievales (siglos X–XIII), los bajomedievales (siglos XIV–XVI), los de época moderna (siglos XVII–
XVIII) y los del período contemporáneo (siglos XIX–XX). Además, se han realizado caracterizaciones geoarqueológicas con el fin de definir los procesos formativos y las formas de uso del suelo.
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Figura 3: Localización de los sondeos realizados en Azazeta (Arraia-Maetzu, Álava).
La correlación de los resultados obtenidos en los sondeos, el estudio de los materiales y las secuencias, han permitido definir cinco fases de ocupación (Tabla 2):
1. Las primeras evidencias de ocupación son de época altomedieval y se localizan en el entorno de la iglesia. Son depósitos de naturaleza doméstica. Los materiales mejor identificados se pueden asignar a los siglos X–XIII, aunque hay algunos fragmentos que se podrían adscribir a la Alta Edad Media.
2. Resulta llamativo, en cambio, lo escasamente representados que están los materiales de los siglos XIV–XVI, que han podido ser detectados en únicamente tres de los ocho sondeos.
3. En cambio, a partir del siglo XVII se multiplica el número de contextos, tanto en huertos como en terrenos cultivados. La naturaleza y composición de estos materiales permite asociarlos a prácticas de abonado realizadas mediante el empleo de residuos domésticos. La masiva presencia de estos siglos podría deberse a un cambio en las prácticas de abonado, recurriendo al uso masivo de residuos domésticos; o bien una profunda reordenación de los espacios domésticos y de cultivo intensivo en Azazeta removiendo los depósitos más antiguos. Otra posibilidad, convergente con la anterior, es que en este período haya tenido lugar una intensificación productiva como consecuencia de la introducción de los cultivos americanos en línea con cuanto observado en 51
PARTE I— Reflexiones teóricas y metodológicas
SONDEOS
1
2
3
4
5
6
7
8
Sector
N
N
N
N
N
S
S
N
Localización
Iglesia
Iglesia
Caserío
Caserío
Carretera
Periferia
Periferia
Iglesia
Profundidad
1,75
1,15
1,25
1
1,1
0,9
1,3
0,5
UEs
9
7
4
5
12
6
7
4
Uso actual
Huerto
Huerto
Cultivo
Escombrera
Huerto
Huerto
abandonado abandonado
Cultivo
Cultivo
XIX-XX
Rellenos
Espacio de
Espacio de constructivos
Espacio de
cultivo
cultivo
Huerto
Huerto
Espacio de
cultivo
cultivo
XVII-XVIII
Espacio de
Huerto
cultivo
XIV-XVI
?
X-XIII
Nivel
doméstico
Paleosuelo
No det�
Sustrato
Sustrato
Sustrato
Sustrato
geológico
geológico
geológico
No se alcanza geológico
el estéril
No se alcanza
Sustrato
Base
el estéril
geológico
Sustrato
geológico
Tabla 2: Tabla de síntesis con las principales ocupaciones identificadas en los sondeos realizados en Azazeta (Arraia-Maetzu, Álava).
Aizarna. Esta última posibilidad podría explicar, además, la aparición en la documentación de numerosos conflictos por la gestión de los espacios de pasto y forestales compartidos con las comunidades del entorno.
4. A partir de finales del siglo XIX o el siglo XX vuelve a producirse un cambio en las prácticas de abonado con la introducción del abonado químico en las huertas de cultivo intenso, mientras que la basura doméstica se ha seguido utilizado en los campos de cultivo más distantes, invirtiéndose la tendencia documentada en siglos anteriores como resultado de la creciente disponibilidad de nuevos medios de transporte.
En términos conductuales se ha podido establecer una correlación entre las formas de uso actual del suelo y la naturaleza de los depósitos más antiguos. Los sondeos realizados en huertas actuales presentan estratigrafías más complejas que los hechos en espacios de cultivo extensivo. Aunque las entrevistas etnográficas han señalado que los procesos de abonado con residuos domésticos se concentran en el entorno más cercano a las viviendas, de manera que en caso de excedente se utilizarían para ir abonando los espacios más lejanos, los resultados arqueológicos contradicen este presupuesto. En Azazeta la distancia es solo uno de los factores que determina la intensidad del abonado con residuos domésticos.
La intervención no se ha limitado únicamente al entorno del espacio habitado, sino que ha contemplado el análisis regresivo de los espacios de producción más distantes a partir del estudio de la toponimia y las fuentes orales.
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4� Discusión
Los datos disponibles en el País Vasco son aún reducidos, por lo que las siguientes valoraciones deben considerarse como provisionales. En todo caso, en los próximos meses está previsto intervenir en más localidades (Payueta, Tobillas), y hay otros proyectos —como los realizados en San Esteban de Goiburu (Pérez Centeno 2008)— que han proporcionado resultados convergentes con cuanto observado en los ejemplos anteriores.
Estructuraremos la discusión en torno a tres ejes principales: la comparación entre los lugares aún habitados y los despoblados; la caracterización de las sociedades altomedievales a partir de los registros de los espacios habitados; las consecuencias que se derivan de trabajar en lugares habitados o en despoblados.
1. ¿Hasta qué punto las tendencias observadas en los lugares habitados son divergentes respecto a cuanto observado en los despoblados? Para las fases más antiguas, hay importantes puntos de convergencia y de solapamiento. Vuelve a confirmarse que la Alta Edad Media es el período crítico de formación de las aldeas actuales, aunque en el marco de procesos de larga duración que arrancan en la prehistoria reciente y/o en época romana. Esta tendencia se ha podido observar tanto en despoblados como Zornoztegi, Torrentejo o Aistra (Quirós Castillo 2012; Quirós Castilllo 2017; Quirós Castillo 2019), como en lugares habitados (Aizarna o S. Esteban de Goiburu). Además, en muchas localidades la acción colectiva es más visible a través de los paisajes agrarios (Aizarna, Abanto o Torrentejo), que a través de los lugares de habitación (Varón Hernández et al. 2012; Quirós Castillo y Nicosia 2019). Ahora bien, tanto en los despoblados como en los lugares habitados las microhistorias locales muestran la existencia de lo que podríamos denominar “puntos de inflexión”. En el caso de los despoblados estos puntos de inflexión vendrían determinados por la contracción, fisión, migración, microdesplazamientos hasta llegar a la fractura de una determinada comunidad. Y aunque en ausencia de excavación extensivas no es demasiado fácil determinar cómo y cuándo tuvo lugar este proceso, estos puntos de inflexión se han desarrollado en distintos momentos históricos. En San Julián de Aistra un primer punto de inflexión parece tener lugar en el siglo X–XI, y un segundo en el XIV (Quirós Castillo 2017); en Zornoztegi es el siglo XIII el período crítico, aunque hay indicios de debilidad de la comunidad desde la centuria anterior (Quirós Castillo 2019); en Zaballa tuvo lugar en el siglo XIII, cuando la aldea se transformó en una explotación de carácter señorial condicionando el futuro de la comunidad, aunque el despoblamiento fue forzado a mediados del siglo XV (Quirós Castillo 2012); en Torrentejo parece que ha sido a lo largo del siglo XIV (Quirós Castillo y Nicosia 2019). Pero también en los lugares habitados se observan puntos de inflexión que comportan una profunda redefinición de la espacialidad, las prácticas sociales y la identidad comunitaria. En Aizarna la creación del paisaje de los caseríos en los siglos XV–
XVI y la desamortización de los comunales, han sido dos episodios críticos en la microhistoria de esta comunidad. En Azazeta los siglos XVII–XVIII parecen constituir asimismo un momento fundamental en la comunidad. La primera conclusión que se debe obtener de esta reflexión es que las nociones de despoblado o lugar habitado son demasiado gruesas e imprecisas para categorizar microhistorias que deben ser descodificadas y analizadas de forma individualizada con el fin de identificar el significado de estos “puntos de inflexión”. O mejor aún, que la contraposición neta entre ambas categorías puede ser equívoca, y de hecho en lugares como Aistra se ha llegado a conformar una comunidad de gestión de determinados bienes compartidos y en conflicto entre las dos localidades que presuntamente acogieron los vecinos de la antigua aldea (Quirós Castillo 2017).
2. ¿Qué informaciones proporcionan sobre las sociedades altomedievales la arqueología de los lugares habitados? En esta ocasión, y por motivos de espacio, únicamente se tomarán en consideración dos temáticas.
53
PARTE I— Reflexiones teóricas y metodológicas
En Aizarna se ha podido documentar la construcción de espacios de uso agrario intensivo a lo largo de los siglos VI–VII. La entidad de los rellenos agrarios y sus características permiten pensar que se trata de un proceso llevado a cabo por un colectivo dotado de cierto grado de organización, probablemente una comunidad de co-residentes o comunidad aldeana. No se trata de un caso aislado, puesto que Abanto (Bizkaia) también se ha podido constatar un fenómeno similar en estas mismas fechas (Varón Hernández et al. 2012). Los procesos de construcción colectiva de paisajes agrarios son más precoces en el área cantábrica que en el sector mediterráneo documentado a través de los despoblados alaveses.
¿Se trata de una tendencia que se puede generalizar a toda el área cantábrica? ¿A qué se debería esta asimetría territorial? Aún no resulta posible dar respuesta a ambas preguntas, pero resulta paradójico constatar que los aún limitados proyectos realizados en lugares habitados prácticamente carentes de documentación escrita altomedieval, como son Bizkaia o Guipúzcoa, obliguen a repensar y reformular algunas de las presunciones que se habían ido elaborando a partir del sólido registro de los despoblados alaveses.
En segundo lugar, en Azazeta se ha podido observar, la existencia de una ocupación doméstica altomedieval en el entorno de la iglesia parroquial. La ubicación de iglesias locales sobre ocupaciones domésticas previas es un patrón común en numerosas localidades alavesas indagadas desde fechas altomedievales (p.e. Atiega, Zaballa, Zornoztegi, Gasteiz, Larrara, Torrentejo, etc.). Para la realización de estas iglesias no se escoge un área abierta o libre de construcciones, sino que se implantan en el seno mismo de las aldeas con distintas modalidades y procedimientos. En Zaballa la implantación de la iglesia comportó la privatización y ocupación del espacio aldeano, lo que se tradujo en el desplazamiento del hábitat. En Gasteiz, Torrentejo, Atiega o Larrara la iglesia se implantó sobre construcciones ya existentes, y en Zornoztegi la iglesia llega incluso a reutilizar parte de las arquitecturas ya existentes. En Aistra o en Zornoztegi la construcción de la iglesia determinó el abandono de otras arquitecturas socialmente relevantes en la memoria y en las prácticas sociales locales. Y aunque algunos siguen considerando que sea irrelevante determinar la relación existente entre las iglesias y los espacios de habitación, no cabe duda de que estos ejemplos muestran que los procesos de monumentalización de la memoria social en términos de distinción y/o construcción de identidades colectivas son críticos a la hora de comprender las agencias y los paisajes aldeanos, tanto en términos espaciales como sociopolíticos. Y este fenómeno es observable tanto en despoblados como en localidades actualmente habitados.
3. Por último, querría centrar la atención sobre los ejes metodológicos, operativos y teóricos con los que se opera cuando se indagan los despoblados o los pueblos habitados� Resulta indudable que los distintos contextos operativos determinan las intervenciones, a la que generan oportunidades y establecen limitaciones. No obstante, en mi opinión, la existencia de agendas de investigación comunes, el rigor y la densidad interdisciplinar con la que se construyen los registros en ambos escenarios, la atención a los análisis holísticos de los espacios aldeanos en cada contexto o la prioridad otorgada a los análisis diacrónicos explica por qué también hay puntos de convergencia. El cuadro adjunto (Tabla 3) sintetiza, a la luz de la experiencia acumulada en estos años en el País Vasco, tanto las diferencias como los elementos comunes.
5� Conclusiones
En definitiva, creo que hay que concluir que —en rigor— la arqueología de los despoblados y la de los lugares habitados no son complementarias en si mismas, sino que iluminan temáticas diferentes porque, en el fondo, cada yacimiento es diferente. No cabe duda de que en época medieval el despoblamiento ha sido un fenómeno normal de re-equilibrio dentro de sistemas territoriales complejos (Dyer y Jones 2010). Pero a su vez no dejo de ser un fenómeno excepcional y puntual. Incluso en períodos de transformaciones intensas de los paisajes rurales, como ha sido la Baja Edad Media. Por todo ello, el 54
03— QUIRÓS CASTILLO: Los despoblados medievales y los lugares habitados en el País Vasco...
DESPOBLADOS
PUEBLOS HABITADOS
Estrategias
Posibilidades de intervención extensiva
Sondeos, intervenciones más limitadas
Alteración de los
depósitos
Prácticas agrarias
Continuidad de uso y prácticas agrarias
Disponibilidad de fuentes orales; enfoque
Fuentes
Limitada disponibilidad de fuentes orales;
discontinuidad toponímica
regresivo; otros recursos (arquitecturas,
caminería, cartografía, etc)
Conflictos en torno a la apropiación del
Conflictos en términos de larga
Fortalezas
despoblado; análisis de los factores de
desestabilización y ruptura de la cohesión duración; estudio de la resiliencia de las comunitaria
comunidades locales
Reconstruir la espacialidad de las aldeas;
Limitaciones
conexión entre espacios habitados y
Fragmentación de los registros de los
lugares explotados
espacios habitados
Socialización
Difícil implicación de las comunidades
Implicación de las comunidades locales
locales
facilitada
Basada en la construcción de una
Patrimonialización
memoria distante (alteridad, olvido,
Basada en la reactivación y construcción
mistificación)
de una memoria próxima
Políticas de
Incluidos en las políticas de protección
Carentes de políticas de protección
protección
patrimonial
específica (salvo monumentos)
ELEMENTOS COMUNES
Larga duración: priorizar el espacio sobre el tiempo; proyectos multidisciplinares complejos, priorizando geoarqueología; agenda de investigación compartida
Tabla 3: Tabla comparativa de las intervenciones realizadas en despoblados y en lugares aún habitados.
estudio del despoblamiento debe ser considerado como una oportunidad para analizar la diversidad y complejidad que caracterizan a las sociedades históricas.
En consecuencia, la contraposición no debe ser establecida entre los lugares habitados y los despoblados, sino entre los estudios sitocéntricos y los análisis regionales y contextualizados. Las verdaderas divergencias existen entre aquellos proyectos interesados únicamente en los lugares de habitación, frente a los que consideran todo el paisaje social. La verdadera discrepancia se da entre aquellos 55
PARTE I— Reflexiones teóricas y metodológicas
trabajos centrados en un único período histórico respecto a aquellos que consideran la larga duración, priorizando el espacio sobre los particularismos académicos.
Agradecimientos
Este trabajo ha sido realizado en el marco del Proyecto “Agencia campesina y complejidad sociopolítica en el noroeste de la Península Ibérica en época medieval” (Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, AEI/FEDER UE HUM2016-76094-C4-2-R), del Grupo de Investigación en Arqueología Medieval, Patrimonialización y Paisajes Culturales / Erdi Aroko Arkeologia, Ondaregintza eta Kultur Paisaiak Ikerketa Taldea (Gobierno Vasco, IT1193-19) y del Grupo de Estudios Rurales (Unidad Asociada UPV/EHU-CSIC). Agradezco a Josu Narbarte Hernández todas las informaciones que me ha proporcionado relativas a Aizarna. El proyecto de Azazeta ha contado con la participación de Lorena Elorza Gonázalez de Alaiza, Aitziber González y Josu Narbarte. Este texto fue entregado para su publicación en abril del 2020.
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