Que te vaya como mereces
Fragmento de declaración del ministro ante el fiscal
Se rodeó un perímetro de tres kilómetros con fuerzas capacitadas en lucha contra guerrilla urbana. Las bocacalles, las azoteas de los edificios y puntos estratégicos. No se cortó el tráfico todavía. Se dejó a alguien a cargo de ese gran anillo. Se rodeó el barrio de igual manera, con mucho cuidado y con gente especializada en armas de precisión. Se dejó un jefe. Todo en las sombras, porque estamos hablando de las tres de la mañana. Los quince hombres de la acción central se aproximaron al hotel desde ambas esquinas de la calle. Se mimetizaron en las sombras y en el monte de bolsas negras de la basura, y esperaron la orden. Dos hombres redujeron a la gente del mostrador. Otro hombre buscó al de seguridad del hotel y no lo encontró. Se quedó al acecho. Ingresaron en fila los restantes y subieron las gradas como gamos. Uno continuó hasta el noveno piso y allí se quedó durante la acción. Otro se quedó en el séptimo. Uno no ingresó y se mantuvo atento en la puerta para ordenar a los huéspedes curiosos, llegada la hora de la trifulca, que se metieran en sus cuartos y se cerraran con llave.
Abrimos la puerta con una navaja especial, señor juez, e ingresamos como una tromba. No necesitábamos encender la luz porque teníamos los anteojos de visión nocturna. El ruso o croata reaccionó de inmediato y saltó de la cama en un segundo. El belga se asustó y apretó el gatillo sin mirar, y fue ultimado en el acto. El irlandés nos engañó, porque quiso rendirse pero se metió bajo la cama y descerrajó su arma. Uno de los nuestros le cayó en la espalda y quiso maniatarlo, pero no se dejó y por eso se le cortó el cuello y se lo remató con bala en la nuca. El ruso o croata comenzó a dispararnos desde el baño, parapetado en la tina, y nosotros le reventamos una granada de gas. Todavía nos disparó unos minutos, pero luego comenzó a vomitar y maldecir. Nosotros le disparamos en la cara.
Cuando comprobamos que la misión estaba concluida, dimos parte y desaparecimos del hotel. El anillo grande se cerró y el barrio fue patrullado por militares.
El ministerio convocó a conferencia de prensa in situ. Expuso todas las armas de los terroristas. Expuso los vídeos, las computadoras y hasta el lote de celulares. De allí son las fotografías. Y mostró los cuerpos con toda la restricción de ley porque a veces los medios no reparan en los niños. Ya se sabe.
Estos sujetos fueron traídos de diversos lugares para comandar toda la acción terrorista. Eran mercenarios con frondosos antecedentes. Alguno estuvo en la guerra de los Balcanes. Su intención era generar zozobra en la ciudad de Santa Cruz y que la violencia creciera. Sabían de armas, sabían preparar a los novatos y sabían de estrategias militares. Eran un peligro real para la patria, señor juez.
Sus aliados criollos eran connotados regionalistas y oportunistas, se sabe. Unos más que otros, pero ninguno de ellos pensaba en Bolivia. Hace algunos años que se vino tramando esto, cuando cambiaron al presidente del comité cívico (un buen hombre) y colocaron, en su lugar, a un pistolero llegado de los Balcanes, precisamente. Allí empezó todo. Buscaron ponerse en contacto con los mercenarios y se organizaron con tesorería y logística. Cuando se posesionó el presidente, se puso en marcha el plan. Primero muy lentamente. Trabando aquí, imposibilitando allá. Chantajeando. Peleando por clarificar su propio liderazgo. Después ejercitando acciones más duras, más audaces, impropias en un régimen de Derecho. Usted recordará cómo nos extrañamos con el bombazo en casa de una autoridad eclesiástica. Pero nosotros también empezamos a trabajar. Infiltramos gente, hicimos labor de seguimiento, nos fuimos enterando de nombres y de planes. Y advertimos que varios querían ser el líder supremo y se ponían zancadillas, y se daban la espalda, y luego a uno de ellos se le ocurrió meter bala a los campesinos en la selva, y el otro ordenó un reventón, y un tercero huyó, y el cuarto y el quinto. El gobierno se sostuvo con acciones precisas, muy firmes. Por eso es que esperamos el momento oportuno para atacar el cuarto del hotel. No podía ser antes ni después. Y los terroristas cayeron en la balacera. Nadie puede decir lo contrario. Y menos lo que vienen diciendo estos graciosos: que el gobierno trajo a los mercenarios para justificar su represión cruenta a los líderes naturales de la región. Nada de eso puede ser cierto. ¿Y sabe por qué? Porque no se extrañe que muchos de esos líderes terminen trabajando con nosotros en cuestión de años. De hecho, algunos ya lo están. No sé si ha leído el periódico últimamente. Nosotros queremos la unión nacional. El partido único. Y ellos quieren dinero.