Reunion
¡lou!
¡LOU!
Yo me crié pobre como una rata, sabes. Sin un puto duro, en una chabola, básicamente, en Bedford. Así que lo entiendo. Ya pillo el rollo. Todo esto…
a mí me parece tan extraño como a ti. En serio. Y lo respeto, el plan que llevas. El ímpetu. De verdad. Así que. mira, he aceptado compartir el ascenso, desde luego. Te lo mereces, tanto como yo. ¿Vale? Vale. No dejes que nadie te diga lo contrario. Joder, estoy emocionado. Por esto, por nosotros, ¡el dream team! Bueno, ya está. Solo quería decírtelo. En fin. Los chicos van a bajar a tomar una rápida para celebrarlo.
¿Te vienes?
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De vuelta a mi mesa, saboreo ese raro momento de silencio. Con Lou y los demás fuera celebrándolo, siento aquí una calma desconocida.
Curiosamente, reparo de nuevo en la fisicidad de mi espacio de trabajo. Yo tengo la ventana de la esquina. Lou se sienta enfrente: una mampara de tres palmos de alto forrada de fieltro es lo único que nos separa durante los miles de horas que pasamos aquí juntos. Los diversos equipos que dirigiremos entre los dos a partir de ahora ocupan las hileras de monitores y las máquinas que zumban levemente a mi alrededor.
Este éxito, este logro: todo por lo que he luchado. En mis manos. Tengo los dedos aferrados a una viga del techo proverbial. Tengo una silla de despacho ergonómica de dos mil dólares y unos auriculares bluetooth que parpadean, satisfechos, desde el cubo brillante del cargador. Dos monitores de treinta y dos pulgadas que transmiten rojo y verde con una intensidad imponente. Y una pila de tarjetas de visita: cada una con mi nombre y mi cargo corporativo —hará falta una nueva remesa— impresos en papel grueso junto al logo del banco en relieve.
Todo.
Lo tengo todo.
En el paisaje que me rodea, el cielo se funde: los rojos y naranjas se tornan azul oscuro y noche. Miro a través de los ventanales con filtro antiUV los colores sin duda distorsionados por el cristal; más allá de los rascacielos, hacia el horizonte difuminado de un gris verdoso. Tengo los dedos dormidos, pero la cara me arde, me pica. Cierro la sesión de mi terminal, meto las cosas en el bolso y me encamino a los ascensores.
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