Roy Grace 2 - Muerte prevista
Capítulo 61
–Por favor, no salga ni lo ahuyente. Me pondré en contacto con usted dentro de unos minutos. Voy a colgar y le llamaré dentro de dos minutos.
–Sí -dijo-. Gracias, muchísimas gracias.
Nick seguía enfrascado en su llamada y no hizo caso a sus gesticulaciones frenéticas. Desesperada, le arrancó el teléfono de la oreja.
–¡Ven conmigo! – le dijo-. ¡¡¡Ya!!!
Capítulo 61
Tom, temblando de los nervios, estaba sentado en su estudio con un vaso de Glenfiddich, intentando centrarse en los e-mails que, como fuera, tenía que mandar acerca de la presentación de mañana por la mañana a su equipo; tenía que hacerlo esta noche. Cada dos minutos, clicaba el botón de enviar y recibir de su correo electrónico. Todo seguido de un largo trago de whisky.
A las once y veinte, el vaso estaba vacío y, como necesitaba otro, fue abajo. El agente Willingham estaba en la cocina, preparándose un café.
–¿Quiere uno, señor Bryce? – le preguntó.
Tom levantó el vaso y, consciente de que arrastraba ligeramente las palabras, dijo:
–Gracias, pero necesito algo un poco más fuerte.
–No le culpo.
–¿Quiere uno? – le ofreció Tom, abriendo la botella.
–Estoy de servicio, gracias, señor, no.
Tom se encogió de hombros como diciéndole «Allá tú», llenó el vaso hasta el borde de whisky, hielo y agua -pero, básicamente de whisky- y volvió arriba. Cuando se sentó a la mesa, vio que había entrado otro mensaje de postmaster@escarabajo.tisana.al, con un documento adjunto. El asunto decía, simplemente, «Mensaje de Kellie».
Le temblaba tanto la mano que apenas podía mantener el cursor sobre el documento adjunto. Hizo doble clic.
El documento pareció tardar una eternidad en abrirse. Luego, de repente, toda la pantalla quedó en negro… y apareció la cara de Kellie.
Apenas iluminada, como una artista actuando en un escenario bajo la luz de un solo foco, miraba al frente, desde la oscuridad. Todavía con el vestido de la noche anterior, estaba atada de pies y manos a una silla.
Alrededor del cuello llevaba una cadena con un colgante de plata que Tom