Venus marítima

Pierre Gripari · Apéndice

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Venus marítima

I

Pierre

Gripari

VENUS MARÍTIMA

Pierre Gripari Venus marítima I

Cuando los venusianos vuelvan a la Tierra, el mundo comprenderá porqué Jesucristo no rió jamás.

Una bella mañana de junio de 1972, María Teresa Vcellini, obrera agrícola, guardará las cabras de su amo, un campesino llamado Mastro Girogio Munari, del pueblo de Mano, en Sicilia.

Sentada sobre una roca, balanceando sus piernas desnudas, estará cantando para sí, y si ninguna malicia, una canción de las más discutibles que, malignamente, le habrá enseñado un turista francés:

"Baciam' Baciam'

E il piacer' dei Numi..."

Mientras, una de sus cabras se apartará de las otras y se aventurará al borde del acantilado donde, al menos movimiento falso, corre el peligro de caer al mar. Atenta a su deber, la joven bajará de su roca y trepará hasta el borde del acantilado, por otro camino, a fin de impedir que el imprudente animal siga adelante.

Como la pendiente es muy empinada, lo últimos metros tendrá que hacerlos a cuatro patas.

Cuando quiera levantarse descubrirá ante ella un andromorfo rubio, vistiendo un manto azul y una corta capa blanca, con cabellos largos color paja y pensativos ojos azules.

La joven María Teresa no conocerá la duda ni la indecisión. Para ella, este andromorfo venusiano, por extraños que sean sus ropajes, no puede ser más que Jesucristo. En consecuencia, caerá de rodillas, transportada de alegría, los brazos tendidos hacia él y riendo abiertamente, mostrando sus blancos dientes.

Pero entonces Jesucristo extraerá de su cinturón una lámpara de rayos supra-verdes y, con un relámpago bien dirigido, decapitará a la desgraciada.

Tres semanas más tarde, el jefe de la expedición venusiana presentará sus excusas al gobierno italiano. "Los Venusianos - explicará - no hacen servir sus dientes más que para morder y mi compatriota, mal informado de las costumbres de esta tierra, habrá tomado la sonrisa de la pastora por un gesto de amenaza..."