¡Ahí te quedas!

Jenny Del · Capítulo 24 de 29

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¡Ahí te quedas!

Capítulo 24

Nos fuimos a desayunar a casa de Mel, nos avisaron que tenían el desayuno listo y aparecimos con los ojos casi pegados, no me quité ni el pijama de tirantes con pantalón cortito que llevaba.

— Desde luego, es que no me dejáis ni dormir… — protesté.

—Encima que te preparamos el desayuno, ¡serás ingrata! — respondió mi amiga.

—Anda, échame café y deja de darme la charla — le saqué la lengua.

—He llamado a mis padres y les he contado la película…

—¿En serio?

—Aja...

—¿Qué te han dicho?

—Que cuando volvamos, iremos con ellos a comprar los trajes de novia, que nos lo regalan — se encogió de hombros.

—¿De verdad?

—Aja…

—¿Pero, no dijeron más nada?

—Qué estaban muy contestos y que se imaginaban algo por las fotos del Facebook de los cuatros en Punta Cana. Ya sabes que mi madre le da Like a todo y comenta…

—Sí, no es tonta…

—Lo que me dijeron es que lo de estar yendo y viniendo por el tema del centro lo ven una locura, que dejemos el trabajo en manos de nadie, según ellos deberíamos de barajar la posibilidad de alquilárselo a las chicas por una buena cantidad y desentendernos, pero que eso es cosa nuestra…

—Tienen razón, al final tenemos que pagar autónomos, hacienda, luz y muchas otras cosas. Si se lo alquilamos a ellas por tres mil euros con todo,

nos quitamos de problemas, nos repartimos mil euros cada una y dejamos un fondo en la cuenta para cualquier cosa que pueda surgir. Aquí no tenemos apenas gastos, no sé, es cuestión de hablarlo.

—Pues vamos a hablar con las chicas, cerramos la sociedad y les dejamos el local en alquiler con todo dentro, además, tenemos un dinero ahorrado. Si nos aburrimos, ponemos aquí un centro.

—Nosotros os lo montamos cerca de la clínica — dijo Mel.

—Tú calla, que prontito me quieres poner a currar… — respondió bromeando Rebeca.

—¿Yo? Por mí no currabas, te mantengo toda mi vida — dijo riendo.

—Chicas, yo veo bien la opción de vivir aquí relajadas, que alquiléis el negocio y no estar pendiente a nada, solo a cobrar todos los meses y adiós.

Más adelante si queréis trabajar aquí, podéis montar algo, o hacer lo que queráis — dijo Paul mientras acariciaba mi mano.

—Ahora en lo que pienso, es en dejar preparado el banquete y la ceremonia, que todos tenemos claro que será por lo civil y en ese lugar, así que debemos ir a dejar reservado el día que nos den de agosto. Luego ir a Tenerife y dejar cerrado el tema del centro, firmarlo todo, dejar el apartamento y traer nuestras cosas aquí, además de ir con mis padres a comprar los trajes — soltó Rebeca.

—¡Pues manos a la obra! — dijo Mel.

—A todo esto… ¿Dónde queréis ir de luna de miel? — preguntó Paul.

—¡Joder! Voy a viajar este verano más, que en toda mi vida — dijo Rebeca riendo.

—Viajar es vida — respondió Paul.

—¡Pues vámonos a vivir! — reí.

—Yo propongo un crucero, es mi sueño — dijo Rebeca.

—¡Ostras, sería genial!

—Pues no hay más que hablar, Mel y yo nos encargamos. Ustedes a mandar, que nosotros os complacemos.

—Paul y yo, nos vamos a Ibiza de despedida de solteros — bromeó Mel.

—¡Un mojón!, ustedes la despedida ya la tuvisteis, así que quietecitos que no vais ni a la esquina sin nosotras, que ya conocemos de primera mano vuestros antecedentes… — solté.

—Bueno, yo estaba soltero — dijo Mel, con una risa buscona hacia su hermano.

—Tu calla, si no quieres cobrar… — respondió Paul.

—Vamos a cambiarnos, ahora nos vemos y salimos a conocer el lugar ese para celebrar la boda, y hacemos un poquito de ruta por la isla, que aun no la conocemos — dije.

—¡Buena idea! — respondió Paul, dándome un golpe en la pierna para que nos levantáramos.

Nos duchamos y cambiamos, nos fuimos con los chicos al Amanecer, un precioso lugar nada más verlo, era impresionante, todo cuidado de manera exquisita. Tenía unos jardines de ensueño, una pérgola para la ceremonia frente al mar, era de película. Rebeca y yo estábamos anonadadas, nos había impresionado más de lo que esperábamos.

Nos dieron fecha para el primer fin de semana de agosto, a la vuelta de la esquina, un mes, solo un mes para convertirnos en sus esposas.

Elegimos un menú que costaba un pastón, pero lo iban a pagar ellos, así que para qué protestar. Nosotras elegimos los detalles, nos enseñaron fotos de otras bodas y las dos decidimos como lo queríamos todo.

De ahí nos fuimos a la clínica de los chicos. Aquello parecía más un hospital por lo grande que era, todo de lujo y un montón de gente en la sala de espera. Se notaba que aquello era una mina de oro.

Nos presentaron a los demás dentistas y enfermeras, todos muy simpáticos, aunque por dentro, debían estar flipando del cambio de Paul, de la noche a la mañana.

La isla de Lanzarote no estaba tan explotada como Tenerife, era más natural, más salvaje, había algo especial en ella. En aquellas calas, en todo.

No sé, pero me gustaba, se veía menos concurrida y más tranquila.

Por la tarde fuimos a la agencia de viajes, allí recibieron a los chicos con mucha alegría, sabían que Paul había cancelado su viaje de novios por anular su boda y que luego reservó cuatro plazas para Punta Cana, aunque la cara del chico al oír que nos íbamos de luna de miel fue un poema.

Elegimos un crucero por las islas griegas, con una compañía muy reconocida e impecable. Elegimos el paquete de, todo incluido con dos suites con terrazas. Todo lo mejor para un viaje inolvidable.

Nos encargamos de dejarlo todo listo los siguientes días. Cinco días después, volvíamos los cuatro a Tenerife para dejar todos los temas cerrados.

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