¡Ahí te quedas!

Jenny Del · Capítulo 5 de 29

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¡Ahí te quedas!

Capítulo 5

Mocita dame el clavel,

Dame el clavel de tu boca,

Que pa eso no hay que tener

Mucha vergüenza ni poca.

Yo te daré el cascabel,

Te lo prometo mocita,

Si tú me das esa miel

Que llevas en la boquita.

Clavelitos, clavelitos,

Clavelitos de mi corazón.

Hoy te traigo clavelitos

Colorados igual que un fresón.

Si algún día clavelitos

No lograra poderte traer,

No te creas que ya no te quiero,

Es que no te los pude traer.

No me lo podía creer, en los pies de nuestra cama Mel y Paul cantando…

Solté una risa y abrí un poco los ojos.

— Ya podríais habernos despertado con otro tema más moderno… —

dijo Rebeca.

—Qué poco románticas — dijo Mel —. Escucha hermano, vamos a cantarle la canción pesada y repetitiva esa. Un, dos, tres…

Despacito

Quiero respirar tu cuello despacito

Deja que te diga cosas al oído

Para que te acuerdes si no estás conmigo

—¡¡¡Ya!!! Vais de mal en peor… — protestó Rebeca ante nuestras risas.

—¡Qué sosa eres hija! — dijo Mel — Ya no le cantamos más a Rebeca, solo a Susi, ella al menos se ríe.

—A ver — dije para disculparla —, resulta que mi amiga — le acaricié la mano — tiene un despertar muy especial y hasta que no se toma un café, es la niña del exorcista.

—Pues por eso os hemos despertado, para que nos dé tiempo a desayunar juntos antes de que os vayáis a trabajar — me guiñó un ojo Paul.

—Mañana os voy a despertar yo cantando por la Rocío Jurado — dijo Rebeca, antes de dirigirse al baño.

Nos miramos los tres, aguantando la risa, la verdad es que aquellos hermanos tenían el cielo ganado con nosotras.

Bajamos a desayunar y el buffet era impresionante, nos sentamos en una mesa al aire libre, para poder fumar.

Nos tocó una camarera que solo sonreía a los chicos, se llamaba Fanny, según ponía en la chapa de su camisa.

—Que estúpida es, ¿no? — dijo Rebeca con mala cara.

—Un poquito… — respondí.

—No le echéis cuenta, tendrá un mal día — dijo Paul.

—¡Los cojones un mal día!, para sonreírles a ustedes, no lo tiene —

soltó mi amiga.

Soltamos una carcajada, a Rebeca había que saberle aguantar su mal despertar. Vi de lejos que la tal Fanny, le decía algo a su compañera mientras miraba hacia nuestra mesa.

—¿Lo ves? Ya les he declarado la guerra.

—Relájate Rebeca… — sonreí.

—¿Pero lo has visto?

—Que sí, lo he visto, pero ¿qué más da…?

—Pues mucho, imagínate que uno de ellos es mi marido y vengo de luna de miel, no es una buena actitud para una trabajadora, eso no es ser profesional.

Ahí sí que estallamos en risas los tres. Rebeca nos miraba con el semblante serio y la chica volvió para traernos el café que faltaba.

—Aquí tiene el café señor — dijo con una amplia sonrisa poniéndolo delante de Paul.

—Qué simpática eres… — dijo con ironía y una falsa sonrisa mi amiga.

—Gracias — dijo retirándose sin apartar la mirada a los chicos.

—A ver si se cae la tonta — volvió a decir Rebeca sin quitar su cara seria.

—Que maldad tienes, hija… — dijo Mel.

—Poca, para lo que le puede pasar como me vuelva a tocar los ovarios

— dijo con una sonrisa perversa.

—Paul, ¿te imagina dejar a Rebeca y a mamá a solas…?

—¡Calla! Lo había pensado — soltaron una carcajada.

—A mi tu madre me dura un telediario — dijo chulescamente.

—Sí, no lo dudo, y hasta menos… — respondió Mel.

—Juntas no duráis ni cinco minutos — dijo Paul.

—Bueno, ella en su isla y yo en la mía — no había forma de que se callara.

Al final terminamos todos descojonados y a Rebeca, se le fue pasando ese mal humor mañanero.

Nos acompañaron hasta el coche y quedamos en volver a la salida del trabajo.

—Hija los tiene acojonados, los acabamos de conocer, nos han pagado esta semana de hotel y tú en plan borde, deberías controlar ese mal humor un poquito.

—¿Tú ves normal que nos despierten con el clavelito?

—¡Rebeca! Si es lo más bonito que nos han hecho al despertar.

—Será a ti, a mí me han hecho cosas mejores… — hizo una mueca.

—Sí ya…

—Y a la Fanny esa, tú verás, le pienso dar la semanita.

—Qué drástica eres hija, piensa que solo quiso ser simpática, está bien que solo lo hacia con los chicos, pero pasa ya de ella mujer, no vamos a joder las vacaciones de ellos y las nuestras por esa tía.

—Ya veremos… La tengo entre ceja y ceja.

—Bueno, pues eso ya te lo vas a quitar.

Llegamos al trabajo, la mañana pasó volando, increíble pero cierto. Hubo mucha clientela y eso hizo que las horas se esfumaran rápidamente.

Volvimos al hotel y ellos, nos esperaban en la terraza de la piscina donde había un pequeño buffet para los clientes que no les da tiempo de ir al restaurante en el horario de almuerzo, así que cogimos pizzas y unas hamburguesas, a ellos se les iluminó la cara al vernos. La verdad, es que eran dos encantos.

Las miradas de Paul, me hacían sentir cada vez más, que me querían decir algo. Estaba segura de que, en breve, pasaría algo entre nosotros, en el fondo lo deseaba, aunque el complejo de culpabilidad siempre rondara por mi cabeza, pero Lucas pasaba de mí, y yo, ya era libre. Entre nosotros no quedaba nada, todo estaba terminado.

Pasamos todo el día en la piscina, incluso cenamos allí, después de tomarnos unos cocteles, subimos a ducharnos y a dormir para ir a trabajar al día siguiente.

Me dormí pensando en todas las miradas, charlas y momentos de esos que se te graban en la retina. Estaba feliz junto a Paul, pero me daba miedo de que corrieran los días, se fuera y lo que es peor aún, que jamás volviera a saber nada de él.

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