Ante la bandera

Julio Verne · Capítulo 9 de 19

Páginas del PDF

Ante la bandera

Capítulo IX

nuevo. El aparato no tardará en sumergirse. En efecto, bien pronto siento un movimiento de descenso, debido a la introducción del agua en los cajones del tug. A este movimiento sucede otro de propulsión que lleva al barco submarino al través de las capas líquidas. Tres minutos después se detiene y noto la impresión de que subimos a la superficie.

Nuevo ruido de la escotilla, que se abre. La puerta de mi camarote está franca, y en algunos pasos heme sobre la plataforma.

Miro…

El tug acaba de penetrar en el interior mismo de Back-Cup. ¡Allí está el misterioso retiro donde vive el Conde de Artigas con sus compañeros, fuera de la humanidad, por así decirlo!

IX

DENTRO

Al día siguiente, sin que nadie me impidiera ir y venir a mi antojo, he podido operar mi primer reconocimiento en la vasta caverna de Back-Cup.

¡Qué noche he pasado bajo el imperio de extrañas visiones, y con qué impaciencia he esperado el día!

Se me había conducido al fondo de una gruta, a un centenar de pasos del ribazo junto al que se detuvo el tug. A esta gruta de diez pies, que alumbraba un globo incandescente, se llegaba por una puerta, que fue cerrada tras mí.

No tengo por que asombrarme de que la electricidad sea empleada como

agente luminoso en el interior de esta caverna, puesto que sirve de propulsor al barco submarino. Pero ¿dónde se fabrica? ¿De dónde viene?

¿Es que en el interior de esta cripta existe una fábrica con su maquinaria, sus dínamos y sus acumuladores?

Mi celda está amueblada con una mesa, sobre la que se han colocado algunos alimentos; un lecho, un sillón de paja y un armario, que contiene ropa blanca y diversos trajes. En el cajón de la mesa hay papel, un tintero y pluma. En un rincón de la derecha un tocador con los utensilios de costumbre. Todo ello muy limpio.

Pescado fresco, carne en conserva, pan de buena calidad, cerveza y whisky: de esto se compone la primera comida. Apenas como; ¡tan preocupado estoy!

Sin embargo, es preciso que recobre fuerzas, que adquiera calma…

Quiero descubrir el secreto de este puñado de hombres que se ocultan en las entrañas de este islote… y le descubriré ¿De forma que bajo el caparazón de Back-Cup es donde se oculta el Conde de Artigas? Esta cavidad, cuya existencia no sospecha nadie, le sirve de vivienda habitual cuando la Ebba no le pasea por el litoral del nuevo mundo, y tal vez por el antiguo. Aquí está el retiro desconocido que él ha descubierto, y al que se llega por una entrada submarina, esta puerta que se abre a veinte o treinta pies bajo la superficie oceánica.

¿Por qué vivir separado de los habitantes de la tierra? Qué habrá en el pasado de este personaje? Si, como imagino, el nombre y el título que lleva son falsos, ¿qué motivos tiene este hombre para ocultar su identidad? ¿Es un proscrito que prefiere este lugar a cualquiera otro?¿Será un malhechor, cuidadoso de asegurar la impunidad de sus crímenes, la imposibilidad de las pesquisas judiciales? Tengo el derecho de suponerlo todo tratándose de un personaje tan sospechoso, y lo supongo todo.

Vuelvo a hacerme esta pregunta, a la que aún no he podido responder de un modo satisfactorio: ¿Por que Tomás Roch ha sido raptado de Healthful-

House en las condiciones que se sabe? ¿Espera el Conde de Artigas arrancarle el secreto de su Fulgurador, y utilizarle para defender a Back-Cup en el caso en que una casualidad descubriera el sitio de su retiro?

Pero si tal caso llegara, se reduciría por el hambre a Back-Cup, pues el barco submarino no bastaría para avituallarle. Por otra parte, la goleta no tendría probabilidad de franquear la línea, y sería señalada en todos los puertos. Así es que, ¿de qué podía servir el secreto de Tomás Roch en manos del Conde de Artigas? Decididamente, no lo comprendo.

A las siete salto de mi lecho. Si estoy preso en las paredes de esta caverna, por lo menos no lo estoy en el interior de mi celda. Nada me impide abandonarla, y luego…

A treinta metros adelante se prolonga una especie de muelle que forman las rocas y que se desarrolla de derecha a izquierda. Varios marineros de la Ebba se ocupan en desembarcar los fardos, en vaciar la cala del tug. Una media luz, a la que mis ojos se habitúan gradualmente, alumbra la caverna, que está abierta en la parte central de su bóveda.

Por aquí- pienso- se escapan los vapores, o mas bien la humareda que nos ha indicado el islote a una distancia de tres o cuatro millas.

Y en el mismo instante una serie de reflexiones atraviesa mi cerebro.

Back-Cup no es, pues, un volcán, como se ha pensado, como yo mismo he creído. Los vapores, las llamas que hace años se notaron, eran artificiales.

Los ruidos que espantaron a los pescadores bermudanos no tenían por causa una lucha de fuerzas subterráneas. Estos diversos fenómenos eran fingidos.

Se manifestaban por la voluntad del dueño de este islote, que quería alejar a los habitantes instalados en el litoral. Y lo ha conseguido. El Conde de Artigas ha quedado como único dueño de Back-Cup. Sólo con el ruido de detonaciones, sólo dirigiendo hacia ese falso cráter el humo de los despojos traídos por la corriente, ha podido hacer creer en la existencia de un volcán que despertaba inopinadamente, en la inminencia de una erupción que jamás se ha producido!

De este modo han debido pasar las cosas; y, en efecto, desde la partida de los pescadores bermudanos, Back-Cup no ha cesado de arrojar espesas columnas de humo por su cúspide.

Entretanto, la claridad interna va en aumento; la luz penetra por el falso cráter a medida que el sol sube por el horizonte. No me será, pues, imposible calcular de una manera bastante precisa las dimensiones de esta caverna. He aquí el resultado de mis observaciones.

Exteriormente, el islote Back-Cup, de forma casi circular, mide mil doscientos metros de circunferencia, presentando una superficie interior de cincuenta mil metros, o cinco hectáreas. Sus paredes tienen en la base un espesor que varía entre treinta y cien metros.

Síguese de aquí que, excepto el espesor de las paredes, esta excavación ocupa todo el macizo de Back-Cup que se eleva sobre el mar.

Respecto a la longitud del túnel submarino que pone la parte exterior en comunicación con la interior, y por el que ha penetrado el tug, estimo que debe de ser de unos cuarenta metros.

Estas cifras permiten formar idea de la extensión de la caverna; pero por vasta que sea, recordaré que el antiguo y el nuevo continente poseen algunas cuyas dimensiones son más considerables, y que han sido objeto de estudios espeleológicos muy exactos.

Efectivamente: en la Carniole, en el Northumberland, en el Derbyshire, en el Piamonte, en Morée, en las Baleares, en Hungría, en California, existen grutas de una capacidad superior a la de Back-Cup.

Tales son también la de Han-sur-Lesse, en Bélgica; en los Estados Unidos, las de Mammouth y del Kentucky, que no comprenden menos de doscientas veintiséis bóvedas, siete ríos, ocho cataratas, treinta y dos pozos de una profundidad ignorada, un mar interior en una extensión de cinco a seis leguas, del que los exploradores no han podido tocar aun el extremo límite.

Yo conozco estas grutas del Kentucky por haberlas visitado, como miles de turistas han hecho. La principal me servirá de término de comparación para Back-Cup. En Mammouth, como aquí, la bóveda está soportada por pilares de forma y altura diversas, que le dan el aspecto de una catedral gótica, con sus naves, careciendo, por lo demás, de la regularidad arquitectónica de los edificios religiosos. La única diferencia es que, si el techo de las grutas del Kentucky se despliega a ciento treinta metros de altura, el de Back-Cup no pasa de unos cincuenta en la parte de la bóveda que agujerea circularmente la abertura central, por la que se escapan el humo y las llamas.

Otra particularidad de gran importancia, que conviene indicar, es que la mayor parte de las grutas cuyos nombres he citado son fácilmente accesibles, y debían, por consecuencia, ser descubiertas un día u otro.

Esto no sucede con Back-Cup. Indicado en los mapas de estos parajes como un islote del grupo de las Bermudas, ¿quién había de sospechar que en su interior se abría una enorme caverna? Para saberlo preciso era penetrar en él, y para penetrar se necesitaba disponer de un aparato submarino semejante al tug que poseía el Conde de Artigas.

Y, en mi opinión, sólo a la casualidad se debe que éste haya descubierto el túnel que le ha permitido fundar esta inquietante colonia de Back-Cup.

Entregándome ahora al examen de la porción de mar contenida entre las paredes de esta caverna, noto que sus dimensiones son bastante reducidas-apenas de trescientos a trescientos cincuenta metros de circunferencia.–

Realmente no es mas que un lago rodeado de rocas, pero muy suficiente para las maniobras del tug, pues su profundidad no es inferior a cuarenta metros.

Claro es que, dadas la situación y la estructura de esta cripta, pertenece a la categoría de las que son debidas a la invasión de las aguas del mar.

Semejantes a ella, y de origen a la vez neptuniano y plutónico, son las grutas de Crozon y de Morgate, en la bahía de Douarnenez, en Francia; de Bonifacio, en el litoral de Córcega; la de Thorgatten, en la costa de

Noruega, cuya altura se estima en unos quinientos metros; y, en fin, las de Grecia, las grutas de Gibraltar, en España, y de Turena, en Cochinchina. La naturaleza de su caparazón indica que son el producto del doble trabajo geológico indicado.

El islote de Back-Cup está en gran parte formado por rocas calcáreas.

A partir del ribazo del lago, estas rocas suben formando taludes de suave pendiente, dejando entre ellas un tapiz arenoso de menudo grano, adornado aquí y allá por amarillentos montones duros y apretados de hinojo marino.

Después, en espesas sabanas, se encuentran montones de algas, unos secos, mojados otros, exhalando aún los acres olores marinos. No es éste el único combustible que se emplea en Back-Cup, pues veo un enorme stock de aceite, que ha debido ser traído por el tug y la goleta. Pero, lo repito, la humareda que arroja el cráter es debida a la incineración de estas hierbas desecadas.

Continuando mi paseo, distingo en la parte septentrional del lago a los habitantes de esta colonia de trogloditas: – ¿no merecen este nombre?– La parte de la caverna que es llamada Bee-Hive, es decir, “la colmena”, lo justifica plenamente. Allí se han labrado por la mano del hombre varias hileras de celdillas, donde viven estas abejas humanas.

En la parte Este, la disposición de la caverna es muy diferente.

Por esta parte se enderezan y multiplican centenares de pilares naturales que sostienen la bóveda. Es un verdadero bosque de árboles de piedra, cuya superficie se extiende hasta los extremos límites de la caverna. Entre estos pilares se entrecruzan gran número de sinuosos senderos que permiten llegar al fondo de Back-Cup.

Por el número de colmenas de Bee-Hive, se puede calcular de ochenta a ciento el total de los compañeros del Conde de Artigas.

Precisamente ante una de estas celdas, separada de las otras, está ese personaje, con el que hace un instante se han reunido el capitán Spada y el

ingeniero Serko.

Después de cambiar algunas palabras, los tres bajan hacia el ribazo, deteniéndose sobre el muellecillo, cerca del cual flota el barco submarino.

En este momento, unos doce hombres, después de haber desembarcado las mercancías, las transportan en el bote al otro lado del lago, donde extensas fortificaciones, acanaladas en el macizo lateral, forman los almacenes de Back-Cup.

El orificio del túnel bajo las aguas del lago no es visible. He observado, en efecto, que para penetrar allí el remolcador se ha hundido algunos metros bajo el agua. En la gruta de Back-Cup no pasa, pues, como en las de Skaffa o Morgate, cuya entrada está siempre libre hasta en la época de las mareas altas. ¿Existe otro paso que comunica con el litoral, un corredor natural o artificial? Yo lo buscaré, pues es cosa muy importante.

En realidad, el islote de Back-Cup merece el nombre que tiene. Es una enorme taza colocada al revés, forma que afecta no sólo al exterior, sino en la parte interior, cosa que yo ignoraba.

He dicho que Bee-Hive ocupa la parte de la caverna al Norte del lago, es decir, la izquierda penetrando por el túnel. En la parte opuesta están los almacenes de provisiones de todas clases, fardos de mercancías, pipas de vino, de aguardiente, barriles de cerveza, cajas de conservas, artículos múltiples que llevan marcas de distintas proveniencias.

Diríase que los cargamentos de veinte navíos han sido desembarcados en este sitio. Algo más lejos se eleva una importante construcción, rodeada de un muro de planchas, cuyo destino es fácil conocer. De un pilar que le domina parten gruesos hilos de cobre, que alimentan con sus corrientes las poderosas lámparas eléctricas suspendidas de la bóveda. Entre los pilares hay buen número de estos aparatos, que permiten alumbrar la caverna hasta en sus mayores profundidades.

Me hago esta pregunta: ¿Se me dejará ir libremente por el interior de Back-

Cup? Lo espero. ¿Por qué había de prohibírmelo el Conde de Artigas? ¿No estoy encerrado entre las paredes de esta caverna? ¿Acaso es posible salir por otro sitio que por el túnel? ¿Cómo franquear esta puerta de agua que está siempre cerrada?

Además, y en lo que a mí se refiere, admitiendo que pudiese atravesar el túnel, ¿no sería notada en seguida mi desaparición? El tug llevaría a unos doce hombres al litoral, que sería registrado hasta en sus más escondidos rincones… Sería inevitablemente apresado de nuevo, conducido a Bee-Hive, y esta vez privado de la libertad de ir y venir…

Debo, pues, arrojar toda idea de fuga hasta que no tenga alguna probabilidad de buen éxito. Se puede tener la certeza de que, si se me presenta una circunstancia favorable, no dejaré de aprovecharla.

Circulando entre las colmenas referidas, observo a algunos de los compañeros del Conde de Artigas que han aceptado esta monótona existencia en las profundidades de Back-Cup. Repito que he calculado su número en unos ciento, a juzgar por el de las celdas de Bee-Hive.

Cuando paso, esta gente no se fija en mí. Examinados de cerca, me parecen pertenecer a distintos países. No distingo entre ellos ninguna comunidad de origen, ni el lazo que habría si fueran americanos del Norte, europeos o asiáticos. El color de su piel varía del blanco al cobrizo y al negro, el negro de la Australasia más bien que el de África.

En resumen: en su mayor parte parecen pertenecer a la raza malaya, tipo muy fácil de reconocer. Añado que el Conde de Artigas pertenece ciertamente a esa raza especial de las islas neerlandesas del Oeste Pacífico, y el ingeniero Serko es levantino, y el capitán Spada español o de la América española.

Pero si los habitantes de Back-Cup no están unidos por el lazo de la raza, lo están seguramente por el de sus instintos y apetitos. ¡Qué fisonomías más inquietantes, qué aspecto más feroz, qué tipos más salvajes! Se ve que son de naturaleza violenta, que nunca han sabido dominar sus pasiones, ni

retrocedido ante exceso alguno. Pienso en que tal vez, después de una larga serie de crímenes, robos, incendios, asesinatos, atentados de toda especie ejercidos en común, han tenido el pensamiento de refugiarse en el fondo de esta caverna, donde pueden tener la seguridad de una impunidad absoluta.

¡En este caso, el Conde de Artigas sería el jefe de una banda de malhechores, con sus dos ayudantes, el capitán Spada y el ingeniero Serko, y Back-Cup un nido de piratas!

Sí… Tal es la idea que se ha incrustado en mi cerebro, y mucha sería mi sorpresa si el porvenir me demostrara que me había equivocado.

Aparte esto, lo que observo en mi primera exploración hace que mi opinión se confirme y autorice las más sospechosas hipótesis.

En todo caso, sean quienes sean ellos y las circunstancias que en este lugar les han reunido, los compañeros del Conde de Artigas me parece que han aceptado sin reservas su poderosa dominación. En desquite, si una severa disciplina les mantiene bajo su mano de hierro, es probable que ciertas ventajas compensen esta especie de servidumbre en la que han consentido.

¿Cuáles?

Después de haber rodeado la parte del ribazo en que desemboca el túnel, llego a la ribera opuesta del lago. Como ya había notado, sobre esta ribera está el depósito de las mercancías traídas por la goleta Ebba en cada uno de sus viajes. Vastas excavaciones hechas en las paredes, pueden contener y contienen gran número de fardos.

Más allá se encuentra la fábrica de energía eléctrica. Al pasar por delante de las ventanas, distingo algunos aparatos de invención reciente, muy perfeccionados. Nada de esas máquinas de vapor que necesitan el empleo de la hulla y exigen un mecanismo complicado. No: como lo había supuesto, son pilas de un extraordinario poder las que alimentan las lámparas de la caverna y los dínamos del tug. Sin duda, también esta corriente se aplica a diversos servicios domésticos, tanto para dar calor a Bee-Hive como para la preparación de los alimentos.

En una cavidad vecina es aplicada a los alambiques que sirven para la producción del agua dulce. Los habitantes de Back-Cup no se ven en la necesidad de recoger la lluvia que cae en abundancia en el litoral del islote; a algunos pasos de la fábrica de energía eléctrica hay una gran cisterna, semejante, salvo la proporción, a las que he visto en las Bermudas. En éstas se trataba de proveer a las necesidades de una población de diez mil habitantes… Aquí de un centenar de… ¡No sé aún cómo calificarlos!

Es evidente que, tanto su jefe como ellos, han tenido serias razones para habitar en las entrañas de este islote… Pero ¿cuáles son?

Se explica que los religiosos se encierren entre los muros de su convento con la intención de separarse del resto de la humanidad.

Pero ¡los súbditos del Conde de Artigas no tienen aspecto de benedictinos ni de cartujos!

Continuando mi paseo al través de este bosque de pilares, llego al límite de la caverna. Nadie me ha molestado, nadie me ha hablado, ni a nadie ha parecido inquietar mi presencia. Esta parte de Back-Cup es curiosa en extremo, comparable a las maravillas que ofrecen las grutas de Kentucky o de las Baleares. No hay que decir que el trabajo del hombre no se muestra en ninguna parte. Sólo aparece el trabajo de la naturaleza, y no sin asombro, con miedo casi, se piensa en las fuerzas telúricas capaces de engendrar tan prodigiosas substracciones. La parte situada más allá del lago recibe oblicuamente los rayos luminosos del cráter central. Pero por la noche, iluminada por la luz eléctrica, debe tomar un aspecto fantástico. En ningún sitio, a pesar de mis pesquisas, he notado rastro de comunicación exterior.

El islote ofrece asilo a numerosas parejas de pájaros, gaviotas, golondrinas de mar, huéspedes habituales de las playas bermudanas…

Aquí parece que jamás han sido cazados, que se les deja multiplicarse a su placer, y no se espantan de la vecindad del hombre.