Aristóteles II

Aristóteles · Capítulo 289 de 295

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Aristóteles II

Capítulo 24

como el Juicio de las Armas, Filoctetes, Neoptólemo, Eurípilo, La mendicación, Las lacedemonias, El saco de Ilión, El retorno de las naves, Sinón y Las troyanas.

 

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Especies y partes de la epopeya

 

Además, en cuanto a las especies, la epopeya debe tener las mismas que la tragedia, pues ha de ser simple o compleja, de carácter o patética; y también 10

las partes constitutivas, fuera de la melopeya y el espectáculo, deben ser las mismas; pues también aquí se requieren peripecias, agniciones y lances patéticos. Asimismo deben ser brillantes los pensamientos y la elocución. Todo esto lo practicó Homero por vez primera y convenientemente. En efecto, cada uno de los dos poemas es, en cuanto a su composición, la Ilíada simple y patética, y la Odisea compleja (pues hay agniciones por 15

toda ella)[171] y de carácter; y, además, en elocución y pensamiento los supera a todos.

Pero la epopeya se distingue por la largura de la composición y por el verso. En cuanto al límite de la extensión, es conveniente el que hemos dicho; es preciso, en efecto, que pueda contemplarse simultáneamente el principio y el fin. Y esto será posible si las composiciones son más breves 20

que las antiguas y se aproximan al conjunto de las tragedias que se representan en una audición. Pero la epopeya tiene, en cuanto al aumento de su extensión, una peculiaridad importante, porque en la tragedia no es posible imitar varias partes de la acción como desarrollándose al mismo

tiempo, sino tan sólo la parte que los actores representan en la escena;[172] 25

mientras que en la epopeya, por ser una narración, puede el poeta presentar muchas partes realizándose simultáneamente, gracias a las cuales, si son apropiadas, aumenta la amplitud del poema. De suerte que tiene esta ventaja para su esplendor y para recrear al oyente y para conseguir variedad con episodios diversos. Pues la semejanza, que sacia pronto, hace que 30

fracasen las tragedias.

En cuanto al metro, la experiencia demuestra que el heroico es el

apropiado.[173] Pues si alguien compusiera una imitación narrativa en otro tipo de verso, o en varios, se vería que era impropio. Y es que el heroico es el más reposado y amplio de los metros (por eso es el que mejor admite 35 palabras extrañas y metáforas; pues también la imitación narrativa es más extensa que las otras); en cambio, el yámbico y el tetrámetro son ligeros, y

aptos, éste para la danza, y aquél, para la acción.[174] 1460a Y estaría aún más

fuera de lugar mezclarlos, como Queremón.[175] Por eso nadie ha hecho una composición larga sino en el heroico; y es que, como hemos dicho, la naturaleza misma enseña a discernir lo que se adapta a ella.

Homero es digno de alabanza por otras muchas razones, pero sobre 5

todo por ser el único de los poetas que no ignora lo que debe hacer. Personalmente, en efecto, el poeta debe decir muy pocas cosas; pues, al hacer esto, no es imitador. Ahora bien, los demás continuamente están en

escena ellos mismos, e imitan pocas cosas y pocas veces.[176] Él, en cambio, tras un breve preámbulo, introduce al punto un varón, o una mujer, 10

o algún otro personaje, y ninguno sin carácter, sino caracterizado.

Es preciso, ciertamente, incorporar a las tragedias lo maravilloso; pero lo irracional, que es la causa más importante de lo maravilloso, tiene más cabida en la epopeya, porque no se ve al que actúa; en efecto, lo relativo a la persecución de Héctor, puesto en escena, parecería ridículo, al estar unos 15

quietos y no perseguirlo, y contenerlos el otro con señales de cabeza; pero

en la epopeya no se nota.[177] Y lo maravilloso es agradable; y prueba de ello es que todos, al contar algo, añaden por su cuenta, pensando agradar.

Fue también Homero el gran maestro de los demás poetas en decir cosas falsas como es debido. Y esto constituye paralogismo. Pues creen los 20

hombres que cuando, al existir o producirse una cosa, existe o se produce otra, si la posterior existe, también la anterior existe o se produce; pero esto es falso. Por eso, en efecto, si la primera es falsa, tampoco, aunque exista la segunda, es necesario que [la primera] exista o se produzca o se suponga; pues, por saber que la segunda es verdadera, nuestra alma concluye falsamente que también existe la primera. Y un ejemplo de esto puede verse 25

en el [178] Lavatorio .

Se debe preferir lo imposible verosímil a lo posible increíble. Y los argumentos no deben componerse de partes irracionales, sino que, o no deben en absoluto tener nada irracional, o, de lo contrario, ha de estar fuera 30

de la fábula, como el desconocer Edipo las circunstancias de la muerte de

Layo,[179] y no en la obra, como en Electra los que relatan los Juegos

Píticos,[180] o en Los Misios el personaje mudo que llega de Tegea a Misia.

[181] Por consiguiente, decir que sin esto se destruiría la fábula es ridículo; pues, en primer lugar, no se deben componer tales fábulas; pero, si se introduce lo irracional y parece ser admitido bastante razonablemente, también puede serlo algo absurdo, puesto que también las cosas irracionales 35

de la Odisea relativas a la exposición del héroe en la playa serían evidentemente insoportables en la obra de un mal poeta; pero, aquí, el poeta encubre lo absurdo sazonándolo con los demás primores. 1460b