Banquete de sangre
Carta adjuntada a la anterior.
Jack, soy yo, por el amor de Dios, la chica, la que te abrió puerta, la que te da el gabán, soy yo. ¿Cómo?
No lo sé. Me cogieron, Polidori vino por mí, y después… no. Horrible, Jack, fue horrible. Pero al fin acabó.
Abrí los ojos. Piel tostada, levanté la mano, Dios, Jack, pechos, tenía pechos. Chillé, chillé y chillé. No daba crédito a mis ojos, esperé, despertar de la pesadilla, volver a ser yo. Pero nada. Han pasado las semanas y sigo aquí, sigo siendo… una muchacha, yo, George Mowberley, ministro de Asuntos Indios, una mujeruca negra. Una broma de Lilah, me figuro. Pero no tiene gracia, Jack, es aterrador, Jack, Dios, vivo aterrado a todas horas. Temo que también he perdido la cordura, no puedo pensar, sólo trabajar, fregar, servir, atender a Suzette, de lo contrario vuelve el terror, insoportable. Una vez intenté escapar; casi paralizado de terror. Pero me sobrepuse, robé una embarcación, crucé el Támesis hasta los muelles. ¿Te acuerdas, Jack? Una noche me perseguiste por allí. Adonde van los caballeros, putas baratas, que se vayan a la mierda. La otra noche, todo volvió a ser igual, los caballeros a la caza de putas. Uno de ellos me cogió, yo no pude escapar, Dios, Jack, no, no. Sálvame, Jack. Ni te lo figuras. Lilah quiere que me manden allí otra vez. Te folian a cambio de calderilla. La suciedad, dentro, violado, el dolor, el abatimiento. Pero Suzette es todavía peor. Ahora me llama. Un nudo en el estómago, me obliga a tumbarme en el suelo, sus dientes, Jack, afilados, navajitas de afeitar, una niña, Jack, Dios, una niña, me succiona los pechos, que no tienen leche, sólo sangre, me chupa la sangre, con sus labios me chupa la sangre.
Ahora viene. Otra vez el terror. Ayúdame, por favor. Dios mío. Dios mío. ¡Ayúdame!
Carta del doctor John Eliot al