Colosseum
Colosseum
Jordi Nogués
Colosseum
ePub r1.0
Titivillus 15.07.2019
Título original: Colosseum
Jordi Nogués, 2016
Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1
A Lupe,
tuya fue la chispa que encendió esta idea
y mío, todo el reconocimiento
Para el lector
La presente novela es una ficción histórica —comúnmente llamada novela histórica—, y sus principales objetivos son entretener y aportar conocimientos de cómo pudo haber sido la construcción del Coliseo de Roma.
Solo la Arqueología ha sido capaz de aportar algo de luz sobre la forma en que pudo construirse el citado monumento. La Historia ni siquiera menciona al arquitecto que dirigió las obras, y aunque se han propuesto nombres como Rabirius, Severo o Gaudencio, las fuentes primarias no nombran directamente a ninguno de ellos ni a ningún otro. Así pues, el lector entenderá que los hechos relatados a continuación sean una ficción histórica. Sin embargo, y a pesar de ser ficticios, tampoco podemos descartar que algo parecido a lo relatado sucediera en realidad.
Resulta particularmente curioso que, en la época en la que vivieron algunos de los más grandes historiadores que ha dado la Roma antigua — Tácito, Suetonio, Flavio Josefo o Plinio el Viejo—, ninguno de ellos mencione aspectos concluyentes sobre el proceso constructivo de lo que ha resultado ser el principal referente iconográfico del Imperio romano. Las breves referencias sobre su inauguración o los motivos que impulsaron a su construcción no son argumentos suficientes para establecer una estructura histórica con suficiente peso. Tal vez por eso esta sea la primera novela que busque explicar algo tan complejo.
El nombre con que se conoce en la actualidad este edificio, Coliseo, le fue otorgado en la Edad Media. Dicen que la causa fue que se hallara situado junto a una colosal estatua de Nerón. En la época en que fue construido, y así se llamó durante los siglos inmediatamente posteriores, fue bautizado como el Anfiteatro Flavio, que es también como se conoce en los círculos más especializados de la Historiografía, la Historia del Arte o la Arqueología. El título de la novela obedece a la sana intención de acercar al lector al verdadero protagonista de todo el relato, pero en su interior —a partir de ahora— no hallarán ni una sola vez la nomenclatura más moderna.
Los grandes personajes históricos —Vespasiano, Tito, Julia Berenice, Lucio Licinio Sura, el abogado Larcio Licinio o el arquitecto Rabirius— son, por supuesto, reales. Pero el resto de personajes que protagonizan esta novela son ficticios.
El concepto de Imperator —emperador— era una fórmula nominal que el Senado atribuía al primer dirigente de Roma y representante. Así, por ejemplo, el título oficial de Vespasiano era IMPERATOR•VESPASIANVS• CAESAR•AVGVSTVS. Sin embargo, era un cargo con un acusado tufo a militarismo, y por ello entre los senadores y el propio Imperator seguía usándose, de manera habitual, el tratamiento de Princeps que habían otorgado a Augusto, cuyo recuerdo como gobernante ideal permanecía inalterable. El Princeps era, en esencia, el primer senador, el primer ciudadano de Roma. Medio milenio atrás, Pericles, en Atenas, había ostentado un nombre muy parecido: protos aner, primer ciudadano.
Es a partir del siglo III d. C. que el emperador ya gobierna como tal con titulaturas tan monárquicas como «Deus et Dominus», entre otras. A partir de ahí, todo resto del «Princeps» de los dos primeros siglos del primer milenio queda ya diluido. Los propios ciudadanos de la urbe tenían verdadero pánico a las fórmulas de gobierno unipersonal imperantes en los reinos orientales, y cuyo formato también usó Roma en sus inicios.
Es por ello que en esta novela, ambientada en el siglo I d. C., para el cargo que ostentaban primero Vespasiano y después su hijo Tito se ha usado el título de Princeps.
La cronología usada por los romanos para contar los años era distinta a la actual. Ellos usaban como fecha de inicio el año 753 a. C., cuando supuestamente fue fundada la ciudad; con el consiguiente ab urbe condita («Desde la fundación de la urbe»). Así, por ejemplo, nuestro año 79 d. C., según su calendario, sería el 832 a. u .c. Con la intención de facilitar la comprensión de la presente novela he usado nuestra forma de contar los años: la era cristiana. Esta es, al fin y al cabo, una lectura cuya base primordial es entretener y dar una suficiente referencia histórica, y espero que el lector comprenda perfectamente este propósito.
«Quamdiu stabit Coliseus, stabit et Roma;
quando cadit Coliseus, cadet et Roma; quando cadet Roma, cadet et mundus»
(Mientras el Coloso se mantenga en pie, Roma se mantendrá en pie; cuando caiga el Coloso, Roma caerá; cuando Roma caiga, caerá el mundo)
Beda, el Venerable (672-735)
(en referencia al Coloso situado junto
al Anfiteatro Flavio)