Condición de mujer
Auto de fe
Con voces inmisericordes.
Con coros báquicos y aleluyas.
Con palacios destruidos cuyas ruinas soberbias admiramos.
Con espacios blancos donde flotan irreales
barcos hundidos.
Con una corte de princesas de tarot
y espadas de cartón para los juegos de la tarde.
Con la fuerza del Antiguo Testamento
cuyos apocalípticos pecados son siempre más intensos
que los mediocres desacatos del presente.
Con las herejías ebrias de fe
de los hijos rebeldes de la Iglesia.
Con fantasías nocturnas llenas de presentimientos.
Con los presagios de los sueños
y de las hojas de los tréboles.
Con la turbia mirada de los ocelotes en celo.
Con esta sujeción al deseo
llamada —otro sí— abnegación.
Sin ninguna simplicidad
Te amo.