Condición de mujer

Cristina Peri Rossi · Capítulo 42 de 50

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Condición de mujer

Gotan

 

Yo adivino el parpadeo

de las luces que a lo lejos

van marcando mi retorno.

No, nadie te esperó, nunca.

No te esperaron los árboles

que habías plantado

ni la estatua del indio herido

en bronce enmohecido

no te esperó tu tía abuela

que murió llamándote

ni la silla de mimbre que vendieron,

ni la calle

que cambió de nombre

el mar no espera nunca

y en su ir y venir

no hay Arrabal amargo

no hay Mi Buenos Aires querido

cuando yo te vuelva a ver

No está Osvaldo Soriano con su gato

recogido en la rue

que maullaba en francés

ni la dulce francesita que te salvó de los flics

una noche de invierno, en París

No está Raquel que vendía periódicos

y preservativos y sabía el nombre de los árboles

aún de los más viejos

No adivino el parpadeo de las luces

que a lo lejos van marcando mi retorno

No hay retorno:

el espacio cambia

el tiempo vuela

todo gira en el círculo infinito

del sinsentido atroz

No quiero volver con las sienes marchitas

las nieves del tiempo platearon mi sien

No quiero un arrabal amargo metido en mi vida

como una condena de una maldición

ni que tus horas sombrías torturen mis sueños

No quiero que el camarero del Sorocabana

me pregunte, treinta años después:

«¿Un capuchino, como siempre?»

Siempre no existe,

Gardel murió

y la Tana Rinaldi también emigró.

Quiero otra luz, otro mar,

otras voces, otras miradas

romper este pacto de nostalgia

que nos ata, como una condena de una maldición

y no volver a soñar con el barco que atraviesa una mar

oscura para devolverme a la ciudad donde nací.

No hay Volver

no hay arrabal

Sólo la soledad es igual a sí misma.