Condición de mujer
El parto
Desde el fondo del vientre,
como una montaña,
la oscura fuerza del deseo.
El deseo, oscuro como una semilla.
La semilla cerrada y muda
como una ostra.
Los labios de la ostra
lentamente abriéndose,
como la vulva, la vulva, húmeda y violeta,
a veces, fosforescente.
Babel, echada hacia adentro,
como una semilla. Guardada
como una ostra. Ensimismándose,
como el caracol encogido.
Babel torre, Babel casa escondida.
«Es largo esconderse nueve meses», dice Babel,
henchida.
La palabra, apuntando hacia afuera.
La palabra, sobresaliendo del vestido.
La palabra, empujando su brote,
su alegría, su maldición.
Babel por las calles como una virgen,
como si nada escondiera. Babel bailando en bable.
Babel vestida.
Y de pronto, súbitamente, el grito.
Descendiendo por las piernas abiertas, el grito.
Desfondándose en las sábanas, el grito.
Licuándose en las caderas duras como anclas, el grito.
Forzándose a salir, el grito.
Brutal, ojeroso, hondo, gutural,
onomatopéyico,
negro, desentrañado,
el grito:
partido en dos,
hecho de sangre,
voz de la víscera,
palabra sin lugar en el diccionario.